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viernes, 13 de julio de 2012

TSL/CGL - "Criterios generales para la construcción de agrupamientos sindicales y constitución de Comisiones Gremiales Libertarias como línea de tendencia desde el anarquismo"





 
Introducción: el paso previo
La idea de construir en cada lugar o rubro de trabajo núcleos afines combativos libertarios no es una tarea que pueda empezar de la nada por el solo hecho de leer un texto afín. Es necesario que a esos núcleos en el lugar de trabajo los motoricen militantes anarquistas. Por esto proponemos ir al paso previo que estamos por constituir al cimentar núcleos de militantes anarquistas que se dediquen estratégicamente a dinamizar/impulsar luchas en ámbitos laborales. Es decir: en cada localidad o provincia debemos animarnos a levantar núcleos coordinados de militantes gremiales anarquistas -bajo una misma línea de principios rectores de nuestra práctica, bajo la misma ética libertaria-. Esos núcleos a los que proponemos denominarlos Comisiones Gremiales Libertarias (CGL) debemos hacerlos funcionar periódicamente (semanal o quincenal o mensual) en cada lugar para ir fortificando la intervención nuestra en cada lugar de trabajo.
En este sentido el espacio de base es el fuerte de este texto escrito hace 5 años por los compañeros de la TSL. Solo proponemos aquí el reconocimiento de una nueva herramienta de tendencia que nuclee a los militantes ácratas con intención en lo gremial.
A modo de ir finalizando la introducción hemos extraído algunas ideas y premisas militantes a partir de la discusión de un texto de José Prats ("El sindicalismo") y otro de Frank Mintz ("Autogestión y Anarcosindicalismo en la España…") con el fin de dar paso a la constitución de estos nuevos espacios (las CGL) que intentan motorizar los otros espacios (los espacios en cada lugar de trabajo, los espacios denominados de base):
· Entendemos la militancia sindical como la construcción hoy y ahora del socialismo de los oprimidos en contraposición del "socialismo burgués o de los intelectuales" (pregonado por partidos burgueses o partidos obreros dirigidos por intelectuales o profesionales que canalizan la movilización de los trabajadores y oprimidos hacia el sistema democrático representativo burgués).
· Entendemos que los sindicatos, las federaciones de sindicatos y el movimiento de trabajadores en su conjunto debe sostener autonomía total de los partidos políticos, del Estado y de la Patronal con el fin de no recibir directivas supeditadas a los intereses
políticos y económicos. Los únicos intereses del movimiento de los trabajadores es el de la clase social.
· Entendemos nuestro camino no como uno nuevo sino como la continuación de la línea sindical practicada históricamente por lo que sería una tendencia clasista y revolucionaria, independiente del Estado (a dif. del Peronismo), la patronal (a dif. del sindicalismo amarillo) y los partidos (a dif. del sindicalismo objeto de los partidos marxistas) . Esta línea construye desde la base, con acción y democracia directa.
· Los tiempos de nuestra clase no son los tiempos de la militancia: A veces la construcción es lenta y tiene retrocesos a pesar de que quisiéramos fuera más acelerada, radicalizada o revolucionaria. A veces estamos lentos y la coyuntura demanda salir a la calle a plantear todo. Lo importante es que la labor de los anarquistas sea de calidad en cuanto a la generación y multiplicación paulatina de compañeros y compañeras con mayor participación y acción en cada lugar de trabajo.
· La transformación social no debemos esperarla de arriba sino que debemos construirla hoy desde abajo.   
· “El apartamiento de nuestra presencia anarquista en el movimiento de trabajadores y los gremios es un suicidio político”. Los anarquistas debemos participar activamente de la vida laboral y sindical en cada lugar de trabajo ya que cuanto mas influencia tengamos mas principios libertarios habrá en la práctica de la vida del conjunto de los trabajadores. Así mismo debemos velar por la libre asociación de trabajadores ajustándose a los principios de solidaridad dejando neutra su distinción de sexo, credo, raza, nacionalidad, lengua, ideas políticas o religiosas.



· Advertimos 3 niveles o anillos diferentes de involucramiento militante en el sector de los trabajadores oprimidos:

1ª parte
En la perspectiva del cambio social, revolucionario, entendemos que las organizaciones de base de los trabajadores/as ocupan un rol vital e irremplazable. Con este marco general, impulsar y dinamizar la organización de los compañeros/as en nuestros ámbitos laborales es una tarea a la cual debemos destinar gran parte de nuestro esfuerzo militante.
¿Cómo agruparnos? ¿Cuando? ¿Con quien? La idea del presente texto es dar una orientación general para construir instrumentos de y para los trabajadores/as en sus laburos. Como toda orientación general carece de profundidad para una ámbito de trabajo particular. Adecuar estas líneas para un ámbito específico será tarea de cada militante, con el apoyo de la tendencia.

Arrancando desde la nada
En el inicio entendemos vital buscar compañeros/as para agruparse de alguna manera, solo es imposible hacer nada. Todo enfrentamiento con la patronal (sea el Estado o un privado) debe ser de conjunto, solos somos "carne de cañón". Por otro lado partimos de la base de que la conciencia política de nuestros compañeros/as de trabajo generalmente es pobre, en una perspectiva clasista. El criterio ideal para armar una agrupación es que este integrada por compañeros que sean solidarios, luchadores, honestos, laburantes. En cualquier laburo abundan compañeros con esas características, la cuestión es que no ven la necesidad e importancia de agruparse para plantarse de conjunto ante la patronal.
Si bien lo anterior es una base y representa una línea amplia o no sectaria de construcción, nunca debemos perder de vista el clasismo, la solidaridad, la acción directa, la democracia de base y la independencia del estado, la iglesia y los partidos políticos en gral. Al hablar de clasismo entendemos priorizar el interés histórico del conjunto de los trabajadores/as, con su contenido anticapitalista y antiimperialista. Si bien no es fácil desarrollar estos contenidos, representa la orientación a llevar.
Una consideración especial necesita la militancia de izquierda partidaria. En el caso de compartir nuestro tiempo laboral con ellos, es interesante el acercamiento pero no es imprescindible. No todas las corrientes tienen los mismos criterios. Muchas veces conflictos nos llevan a juntarnos y esos lo debemos ver como el puntapié inicial para un agrupamiento más amplio.
A la par de buscar compañeros/as, es importante caracterizar el ámbito laboral en general (metalúrgicos, estatales, gráficos, etc.) y particular (el espacio diario de trabajo). También la tradición o experiencias de lucha de los mismos, el rol el delegado, la relación con el sindicato, la relación de fuerzas con la patronal, entre otros puntos. Esto nos permite formar un criterio para ver como movernos.
Todo apoyo externo a cualquier compañero inserto en un trabajo especifico (pintadas, volanteadas) debe tener en cuenta lo anterior.

Que temáticas trabajar?
Hay que focalizar en uno o dos temas sentidos por el conjunto y sentar posición sobre eso, no conviene diversificar mucho, en todo caso se puede hacer un boletín, y ahí si tocar varias temáticas.
Determinar los temas a trabajar merece a veces un análisis detenido. Seguridad e higiene, acoso laboral, herramientas legales, salario muchas veces son de interés, hay que fijarse cual es el mas sentido por el conjunto y hacer eje en ese. Como criterio general debemos ver las contradicciones que se desarrollan entre los trabajadores y la patronal estatal o privada, ver que temas se pueden encarar de forma inmediata y de resolución positiva. También fomentar procesos y/o herramientas de democracia directa (participación desde las bases).
Acá vemos la importancia de la información, o sea estar al tanto de datos generales de importancia en el ámbito (estatutos del empleo público, convenios colectivos, legislación sindical general) y la formación, o sea capacitación técnico (o en caso de no tenerla saber a quien recurrir).

Objetivos de una agrupación
Como libertarios nuestro objetivo inmediato debe ser generar organismos de los/as trabajadores/as que sirvan para luchar por sus intereses y aporten para construir desde hoy otro tipo de relaciones sociales en el sentido de un mundo sin oprimidos ni opresores.  O sea instrumentos de los trabajadores/as que permita construir otro tipo de poder, que permita revertir la relación de fuerzas entre los trabajadores/as y los patrones (la burguesía o el Estado)  a favor de los primeros.
Si bien la dinámica nos demuestra que generalmente es difícil desarrollar de entrada una línea anticapitalista, avanzar en las contradicciones antes señaladas buscando la participación y decisión del conjunto de los/as trabajadores (teniendo en cuenta sus propios intereses) nos permite avanzar lenta pero firmemente en una dirección anticapitalista. Por lo tanto aunque no sea explicito la agrupación debe ser anticapitalista, o sea que entienda que los intereses de trabajadores y patrones son contrarios y no hay conciliación posible, que es una lucha que va a existir mientras existan las clases. Esa postura implica una manera de ver el mundo.
La agrupación gremial, en el caso de no contar con el sindicato, cuerpo de delegados u otra instancia orgánica (en otros casos aun contando con el mismo) será la herramienta que intentara de que la lucha no sea solo gremial sino más política. En este sentido es que hablamos de que la misma aporta a la toma de conciencia del resto de los compañeros/as, o sea que estos se hagan cargo y resuelvan sus problemas desde sus propios intereses, acercando estos procesos en la mediada de lo posible a los ámbitos laborales diarios. La organización que se da en estos niveles es una medida del desarrollo de conciencia. En forma complementaria, la agrupación gremial, es la que intentara trascender del ámbito laborar, vinculando al mismo con el resto de los trabajadores/as de otros ámbitos, aportando experiencias de lucha.
Batallar para que el funcionamiento de las agrupaciones y sindicatos en las que participamos practiquen de verdad la democracia directa, o sea se fomente la participación y la toma de decisión. El combate contra la burocratización y la burocracia es un proceso continuo. Los estatutos de la inmensa mayoría de los sindicatos son profundamente antidemocráticos, hechos a la medida de la burocracia sindical peronista.

martes, 3 de julio de 2012

El anarquismo en la historia de las luchas sociales argentinas (1900-1945)



El siguiente texto recompone una disertación hecha por Fernando López Trujillo -ex militante de Resistencia Libertaria-, durante una charla en Paraná el 22 de marzo de 2004. Publicado en “Documentos para el debate Nº3”, Organización Socialista Libertaria.

De la FORA anarcosindicalista a la CORS, herramienta sindical de la FACA
Para comenzar a hablar del anarquismo a principios del siglo XX en la Argentina, tenemos que separar lo que es anarcosindicalismo y lo que es anarquismo como política sindical. Se tiende a identificar el desarrollo de la FORA en la Argentina como anarcosindicalismo, sin embargo, el anarcosindicalismo es una conjunción tardía. Lo que nosotros conocemos como sindicalismo anarquista a principios de siglo, es una experiencia original que no ha tenido similar en Europa. La FORA es una organización político-sindical. Organiza obreros, pero no en tanto obreros sino en tanto anarquistas, comprometidos con la "finalidad" del Comunismo Anárquico.
No es exactamente una central sindical como se ha tendido a verla, no organiza sindicatos sino sociedades de resistencia. Su estrategia es la resistencia, pero no considera que en caso de pasar a la ofensiva tendrá a su cargo -en forma casi excluyente- la organización de la nueva sociedad como planeaba el anarcosindicalismo industrialista de los años '20 y '30 en Europa. Incluso confiaban la organización de la sociedad a la constitución de comunas y otros entes municipales autónomos, pareciera que para los foristas el conocimiento de un oficio no se consideraba una cualidad privilegiada en lo que hace al diseño de la nueva sociedad. Coherentes con una visión preindustrial del movimiento proletario no podían percibir que las asociaciones obreras creadas en el "lugar de trabajo" mismo, en el mismo centro del poder industrial y capitalista, cargan con
un poder decisivo para la transformación de la sociedad. Este, el anarco sindicalismo, fue la respuesta que dio el anarquismo a la sociedad industrial, al movimiento obrero industrial, durante la década del 20. Las características más conocidas del anarcosindicalismo se da en lo que fue la CNT española. En la Argentina, a partir de 1922, va a surgir una central obrera anarcosindicalista que es la Unión Sindical Argentina (USA). Esta organización se constituye a partir de lo que fue la Revolución Rusa, que partió aguas en el movimiento anarquista local y surgió como corriente un sector que reivindicaba la dictadura del proletariado a los que los foristas llamaban anarco bolcheviques. Esta central obrera no fue un caso exclusivo de la Argentina, esto ocurrió en varios países de América Latina. En Brasil, por ejemplo, se dio origen al Partido Comunista Brasilero a partir de una central obrera de este tipo. En la Argentina se forma la ALA (Alianza Libertaria Argentina) como un Partido Anarquista. El permanente enfrentamiento entre anarquistas que estaban por la construcción de una organización especifica y los que estaban por la construcción de una organización anarcosindicalista, o por lo menos una organización sindical que diera contención a todas las corrientes, se manifestó durante los años 20 en forma violenta, lo que significaba tiroteos en el puerto permanentemente, entre trabajadores foristas y trabajadores de la USA.
Debido a esto se dice qué dentro de los años 20 los anarquistas se mataron más entre ellos que lo que los mató la represión: hacia el año 24 "La Protesta" resuelve atacar un local de un grupo anarquista en La Pampa, editores del periódico "Pampa Libre", y en ese ataque mueren varios militantes. Los enfrentamientos van a continuar durante los años 27 y 28. En el año 29 Severino Di Giovanni, permanentemente atacado desde "La Protesta", resuelve eliminar a López Arango, secretario de redacción de este periódico.
Lo que quiero clarificar con esto es que los continuos enfrentamientos durante los años 20 dentro del movimiento anarquista van a determinar una debilidad flagrante antes del año 30, cuando asuma, tras el golpe, Uriburu.
El golpe de Uriburu tiene como finalidad concreta destruir ese movimiento, prácticamente lo logró a través de una represión feroz, creo que hasta la última comisaría perdida en algún pueblo de La Pampa o Jujuy tuvo militantes anarquistas presos; se llenaron tocas las cárceles del país, se llenó la isla Martín García, se llenaron los barcos de la Armada en el puerto; el anarquismo proveyó los cuerpos para los fusilamientos y para las torturas.
En 1932, mediante elecciones fraguadas, se busco la recomposición de la institucionalidad democrática. La década del 30 se va a denominar la década infame no sólo por el retroceso del país, por la corrupción, sino también por el fraude electoral. Justo asume, precisamente, sobre la base del fraude patriótico, y sobre esa base del fraude patriótico también va a haber otro gobierno conservador en el '38. La represión permanece durante todos los años '30, en el año '35, a cinco años del golpe, y en una sola noche, son aprehendidos mas de 3500 obreros, foristas y anarquistas, que van a ser alojados en las peores cárceles del país. La peor de esas, la más conocida, la más famosa, es el penal de Usuahia. Esta cárcel tenía las características de lo que era la Siberia en Rusia: era un penal desaparecido en medio de la nieve, donde eran alojados los presos "peligrosos" (y para el régimen presos peligrosos era algún asesino que había salido en el diario Crítica, famoso porque había masacrado a 20 o 30 personas, y los anarquistas). Allí se ponía a los anarquistas a picar piedras durante años. Hay militantes que pasan allí 7, 8 y hasta 10 años.
En 1930 se inaugura la cárcel de Devoto, en Buenos Aires (todavía se está discutiendo si la demuelen o no, si la tiran abajo). A esa cárcel la inauguran los anarquistas, y en los tres pabellones que hay las autoridades dedican un pabellón exclusivo para ellos. Esto permite que estos anarquistas, que no pudieron discutir a lo largo de 10 años, se vean obligados a discutir ahora, a partir de la obligada convivencia en el penal.
En este sentido, es curioso ver como las autoridades carcelarias se plantean esta concepción casi de entomólogo, o sea, de ir juntando los bichos y clasificándolos. Entonces hay un pabellón de comunistas, un pabellón de socialistas y un pabellón de anarquistas. En el pabellón de anarquistas, durante los meses de agosto, septiembre y octubre de 1931, se desarrolla un congreso del que no sabemos muy bien cuanta gente participó, y del que sólo se conserva una carta publicada en un periódico de la colectividad italiana en Nueva York (la Adunata dei Refratari –en italiano-), donde aparecen 73 firmantes de un acuerdo interno. Este acuerdo interno firmado por 73 militantes del congreso, nos permite hacernos una idea de la cantidad de participantes, que yo considero entre 600 o 700 . ¿Porque digo 600 o 700? Por que si bien en el pabellón residían permanentemente 300 militantes, todos los días ingresaban nuevos presos y nuevos presos eran trasladados a cárceles del interior.
En este congreso se hizo una autocrítica por los conflictos vividos durante los años 20 y se llegó a la conclusión de que el sectarismo y la lucha interna, llevaron a debilitar el movimiento de tal manera, que fuera incapaz de resistir el golpe del '30. Cuando se da el golpe ninguna de las centrales obreras existentes en esa coyuntura fueron capaces de, siquiera, llamar a un paro o a una huelga; y me refiero tanto a la -CGT recientemente creada, como a los remanentes de la USA, como a la FORA y al Sindicato Socialista: todos ellos prefieren expresar una cierta neutralidad frente al golpe. Muchos militantes de la época, con bastante lucidez, comenzaban a pensar ya en los días previos al 6 de septiembre de 1930 que el golpe se venia, que tenía un carácter fascista, y que iba a significar una inmensa represión para el movimiento popular en general, no sólo para el anarquismo en particular. Estos militantes convocaron a la FORA y a los demás organismos sociales a crear un tipo de alianza para enfrentarlo. Uno puede encontrar notas en ese sentido en La Protesta, escritas por Diego Abad de Santillán, en La Antorcha, por Badaracco, por González Pacheco, por militantes como el Secretario General de la Federación Obrera Marítima, Morán, que convocan a un paro, a tratar de coordinar algún tipo de acción de resistencia. Lo cierto es que no hubo resistencia que esa neutralidad, que supongo yo, en algún momento se planteó como forma de no confrontar al gobierno militar, no les sirvió absolutamente para nada. El gobierno militar no sólo llenó de cárceles el país, sino que institucionalizó la tortura: la picana eléctrica se estableció como forma de tratamiento para todo preso político del país. Uno de los que primero uso la picana era Lugones, jefe de la policía de Buenos Aires, hijo del escritor Leopoldo Lugones. También empiezan a aparecer los primeros fusilados. Casi inmediatamente después del golpe van a fusilar a Joaquín Penina, un militante tolstoiano, al que la policía de Santa Fe descubre con volantes y panfletos, lo saca de la casa y lo fusila en la calle. Un tiempo después es aprehendido Di Giovanni y es fusilado junto a Scarfó; pero, al margen de estos fusilados, pomposamente, con marchas militares, con pelotón de fusilamientos y demás, también desaparece Morán, secretario general de la Federación Marítima, quien es detenido y no aparece nunca más (se lo supone fondeado en el Riachuelo). De la misma manera desaparece Rosigna, que había sido detenido en Montevideo después de una persecución novelesca. Allá pasará varios años preso en la misma cárcel que violara a través de un túnel desde el exterior en la famosa "Fuga de la Carbonería El Buen Trato". Le sale la extradición y es trasladado a una comisaría en la provincia de Buenos Aires, y al igual que Moran, no va a aparecer nunca más.
Esta es la situación de la que emerge el movimiento anarquista durante los años 30. El congreso del año 31 al que hacíamos referencia mas arriba, permite una recomposición frente a esa decadencia. Surge la idea de reunir a los anarquistas del país en un congreso que se va a desarrollar en Rosario en el año 1932. El movimiento anarquista para el año 32 no es un movimiento masivo, es decir, no tiene el carácter masivo que había tenido durante los años 20, pero sigue siendo un movimiento extenso.
Con esta "extensión" me refiero al hecho de que no hay lugar en el país donde no se hayan constituido agrupaciones anarquistas, o donde no haya sindicatos de carácter anarquistas. Es decir que numéricamente se ha deteriorado el movimiento, pero mantiene vira extensión a lo largo de todo el país. En el congreso de 1932 participan agrupaciones, de Rosario, Santa Fe, La Plata, Buenos Aires, que tradicionalmente fueron los lugares donde se asentó el movimiento libertario, porque además fueren tradicionalmente los lugares donde se asentó el movimiento obrero, el movimiento obrero de un país que era clásicamente agrícola y ganadero, que por sus características tenía su asentamiento fundamental en los alrededores del Gran Buenos Aires, La Pampa húmeda, Santa Fe, Entre Ríos y Corrientes. Pero en el congreso del 32 vamos a encontrar también agrupaciones de Córdoba, de Mendoza, de Jujuy, de Salta, de Tucumán, de Río Negro, de Santiago del Estero, es decir, lo que nosotros podemos ver es que, aunque deteriorado numéricamente, el movimiento sigue siendo importante. Este movimiento, en el congreso del año 32, resuelve la construcción de una organización específica. Es curioso ver en los debates de entonces como se plantea la construcción de una organización específica como si no hubiera existido previamente una organización especifica, como si no se recordara que durante los años 20 se había desarrollado la Alianza Libertaria Argentina (ALA), que había tenido agrupaciones en una enorme cantidad de provincias, o sea que era una organización de carácter nacional. Sin embargo, como esta organización había sido tachada de anarco bolchevique, los anarquistas que se reúnen en e! año 32 en Rosario resuelven no hacer mención a este antecedente. A partir de entonces se resuelve hacer una serie de giras por todo el país, giras de propaganda en función de la construcción de una organización específica.
Esta organización especifica finalmente tiene fundación en la ciudad de La Plata, en un congreso que se desarrolla en la clandestinidad, porque en el año 35 había vuelto a apretar la represión. Esta represión era esporádica, había durado con una tendencia descomunal hasta el año 32. En el año 32 se resuelve justamente este congreso en Rosario porque en Santa Fe había elecciones, y eso permite cierta tranquilidad como para poder realizar un congreso público, pero hacia el año 35 nuevamente la represión ha crecido y este congreso se desarrolla en la clandestinidad.
En este congreso, en La Plata, se funda la Federación Anarco Comunista Argentina (FACA), que es el intento más serio que hubo en la Argentina de una organización específica. En realidad la fundación en el '35 es puramente formal, pues la organización ya existe desde hace 2 o 3 años, ya tiene un órgano de prensa que se distribuye a nivel nacional, que es Acción Libertaria, ya tiene una inserción gremial muy poderosa (justamente en el congreso del 32 una de las discusiones es la necesidad de activar el trabajo intersindical en las organizaciones sindicales reformistas, para lo cual había que empezar a abandonar el trabajo exclusivo de la FORA y comenzar a trabajar con todo el movimiento obrero). A partir de las discusiones respecto al trabajo sindical que debían darse los anarquistas, se comienzan a construir intersindicales, y eso permite a la FACA una inserción en el movimiento obrero de todo el país, bastante considerable para esa época. En Entre Ríos, por ejemplo, se funda la Federación Comarcal de Entre Ríos, que comienza a funcionar en Diamante y en varias ciudades del interior de la provincia. Sobre el río Uruguay, el accionar especifico de esta Federación se suma al de otra agrupación anarquista que se ha constituido en Buenos Aires aproximadamente por la misma época, que era la agrupación Spartacus, más decididamente plataformista.
La plataforma de Mahkno llamo a un documento "La Plataforma de los Comunistas Anarquistas", que va a iniciar un profundo debate en Francia hacia el año 26, con los emigrados anarquistas que proceden de la Revolución Rusa, a partir de una reflexión critica sobre los errores cometidos, errores que permitieron el copamiento de la Revolución, su derrota y su exilio, además de la muerte de la mayor parte del movimiento. Estos compañeros desarrollan en Francia la discusión sobre la necesidad de construcción de un partido, de una organización anarquista férrea que mantenga una unidad ideológica, ya no la concepción de una federación amplia que agrupe anarquistas de distintas tendencias y corrientes. Ya no una organización de la propaganda sino una organización de acción revolucionaria. Esta discusión se traslada a la Argentina, y la hace propia la Alianza Obrera Spartacus.
A fines de 1935 se desarrolla la huelga de la construcción, la huelga nacional de la construcción, una huelga que duró más de 3 meses y en la que participaron miles de obreros. En diciembre de ese año, y en enero del año '36, se declara la huelga general en apoyo a los compañeros de la construcción. Es una huelga de carácter insurreccional que mantiene ocupada la ciudad de Buenos Aires y alrededores a lo largo de 3 días. En este contexto insurreccional se da el lanzamiento de la FACA. Inmediatamente después, en julio del 36, estalla la guerra en España, y todo el movimiento anarquista, así como la izquierda en general, va a estar abocada a la solidaridad con la causa de la Republica. Desde 1936 hasta 1939 (en realidad formalmente no fue hasta el 39 sino hasta el 41, porque los emigrados españoles, los exiliados españoles, van a seguir siendo atendidos por diversas agrupaciones solidarias construidas por el movimiento anarquista, por el movimiento socialista y por el movimiento comunista, tras la derrota de las fuerzas republicanas), se desarrolla una intensa actividad solidaria, que desvía la atención del movimiento anarquista.
Hacia el año 1942 se plantea una recomposición del aparato sindical y se constituye la CORS (Comisión Obrera de Relaciones Sindicales). Esta es la forma en que la FACA encara la construcción sindical, en función de constituir una central obrera paralela en alianza con la USA, que apenas sobrevivía de su escisión de la CGT en 1933.
Estoy haciendo este raconto para llegar al peronismo, al surgimiento del peronismo en la Argentina.

miércoles, 20 de junio de 2012

Militancia Anarquista en la Córdoba del Cordobazo (1969)


Por Colectivo Tierra y Libertad (Río Negro), Ensamble Libertario (Neuquén), Coordinadora Libertaria de Córdoba y Ezequiel Blanda (San Francisco Cba). Publicado en Marzo de 2006 en la agencia de noticias A-Infos bajo el título “Anarquismo en Córdoba en los 70”.


A 30 años del golpe militar genocida, muchos de los militantes libertarios estamos empezando a recuperar nuestra historia, a reconocernos en los compañeros y compañeras que nos antecedieron en la lucha, a reivindicar su accionar, a traer a los primeros lugares los nombres de los compañeros y compañeras que ya no están, abrazando emocionadamente a los que protagonizaron la lucha libertaria en los 70 y hoy están con nosotros. Por eso quienes estamos recuperando estos testimonios queremos compartir con los compañeros que recién empiezan a tener noticias de la militancia libertaria de aquella época fragmentos de la palabra de los protagonistas. (…) 

Adriana (trabajadora y militante del Sindicato del Caucho): (…) Si no fuera capaz de sentir que cada uno desplegó sus sueños creyendo que aportaba una vida mejor, y se jugó por ellos y por los otros, BIEN PREFERIRIA ESTAR MUERTA (en una carta. Marzo de 2005).

Jorge (agricultor, miembro de la coopertativa de productores de Santa Rosa de Río Primero): hay que aclarar que nuestro encuentro con el anarquismo es de encontrar un sentido a la vida, de jugarse en ella y encontramos un camino. (…)

Cacho(trabajador en la construcción miembro del grupo de Jóvenes de Colonia Lola): Me acuerdo que viene el Cordobazo, nosotros éramos una barra y no fuimos a laburar. A los obreros de las fábricas de la zona (Yofre), la cana les corta el paso al centro y van para la plaza y hacen una asamblea. Cuando se estaba desarrollando la asamblea cae la cana a reprimirla y los obreros resisten y nosotros naturalmente nos pusimos del lado de los trabajadores. Se combatió todo el día, se hizo retroceder a la cana. Con un grupo de gente nos fuimos al centro y lo digo emocionadamente viví uno de los momentos mas hermosos de la vida, de la libertad. Cuando se retiró la cana del centro, hubo unos 5 minutos de algarabía, era la libertad. Después se empezó a correr la voz “viene el ejercito!, viene el ejercito!”.
A partir del Cordobazo se da un fenómeno, la discusión política. Aparecen los perros, con los montoneros, otros peronistas, el partido comunista, los chinos y se arman todas las noches discusiones en la plaza. Pero ahí había una cosa que no me cerraba, este asunto de la espontaneidad que para mi se había dado en la gente del pueblo y en la lucha del cordobazo y los otros insistiendo en la dirección revolucionaria del partido y los sindicatos en el Cordobazo.

Horacio (empleado y maestro en la escuela Libertad): yo vi que en Colonia Lola (humilde barrio obrero) había una gran cantidad de chicos que no iban a la escuela. Me lo comentaban las madres. Tenía una bicicletita que me había armado el abuelito Mario, con la que iba al trabajo, y todas las tardes pasaba casa por casa preguntando “¿doña tiene algún niño que no vaya a la escuela?”. ¿Por que no iban a la escuela? Porque no había escuela en Colonia Lola y la escuela más cercana era la escuela España o en el barrio Acosta pero no los recibían porque no tenían zapatillas. Eran pobres.

Piru (docente y militante de UEPC -Unión de Educadores de la Provincia de Córdoba-): Formamos una guardería en el barrio atendida por los propios vecinos. Todo eso después de haber tomado el centro vecinal. Que se tomó en el 72. Estaba en manos de una gente que no hacía nada. Una de las cosas interesantes que creo que habría que destacar, es que nosotros nunca trabajamos como una vanguardia. En la escuelita estaban los que eran maestros, por supuesto, pero en la guardería había dos chicas voluntarias amigas, simpatizantes pero las que la atendían diariamente eran del barrio. Y en el centro vecinal, también la integraban gente del barrio y no nosotros. En la comisión de salud conseguimos que vinieran médicos a atender gratis. Las que atendían ahí a la gente que iba, eran mujeres del barrio que se turnaban. Nosotros habíamos hecho antes un semicursito donde se enseño a poner inyecciones, primeros auxilios mínimos como para atender en el centro de salud. Nosotros trabajábamos con otros grupos, por ejemplo en la instalación del agua hasta el fondo del barrio, se consiguió con dos chicos que eran del Peronismo de Base. Hacíamos los bailes para juntar fondos para todas las cosas, para mantener el centro. Lo que paso en Colonia Lola, es que la gente entendió rápidamente que los problemas los podían solucionar juntos. La gente cuando no está manoseada por el poder y los partidos, tiende naturalmente a la libertad, a la solidaridad, a que no haya jefes, a la autoorganización.

Juan Antonio (constructor y estudiante de arquitectura): ¿plantéo político? primero que no lo pensábamos así, en el Taller Total –TT- (denominación de la metodología de enseñanza en la Facultad de arquitectura) había que trabajar para que todo tendiera a ser lo mas participativo y con propuestas cada ves mas revolucionarias que tendieran a un cambio social referido, concretamente, a lo especifico de la carrera. Si estudiás arquitectura, diseñas y estas interviniendo en el medio ambiente, en la ciudad y tenés que hacerlo desde una perspectiva colectiva y discutirlo con el usuario. Una de las cosas que nos planteábamos es que, no solo lo plantearon los anarcos, ya se planteaba el cambio del enfoque del rol docente alumno. El TT lo que planteaba era que el rol docente alumno es un rol intercambiable donde el docente aprende del accionar del alumno y el alumno aprende del conocimiento del docente y el alumno y el docente aprenden y se educan en una interacción con la sociedad pero no con toda la sociedad en su conjunto sino actuando localmente por ejemplo en un barrio. Nos planteábamos la transmisión y elaboración de conocimiento colectivamente donde intervenían los docentes y alumnos de la facultad y los vecinos del barrio. Llegar un conocimiento de la problemática de la sociedad y que este sea de una elaboración colectiva.

Juan Antonio:(nuestra publicación) eran circulares, no es que decíamos vamos a hacer una publicación y vamos a organizarnos para que salga cada tanto, sino que le pusimos circulares porque eso se escribía cuando hacia falta, cuando un frente lo estaba reclamando, ese era el sentido, por eso los circulares no salían todas las semanas. Leíamos a Bakunin, Proudhon, Malatesta a todos estos guasos pero cuando discutíamos políticamente discutíamos dentro de la realidad en la que estamos inmersos, dándole un enfoque anarquista. No andábamos diciendo “…porque como dice Bakunin…”.(…)
No había forma de explicarle a los activistas, a los militantes, pero si era mucho mas fácil para la gente común. Esos la entendían así. Por eso funcionaban bien las cosas en Colonia Lola, en el TT que habían un montón de vagos que no tenían ninguna idea política.

Cacho: en nosotros se da el redescubrimiento de un lenguaje técnico que es el de la militancia que tiene una definición y tradición anarquista y el nuevo lenguaje que necesitábamos nosotros si o si para comunicarnos con el común del pueblo, como con los estudiantes. ¿Cómo hacías para explicarle el tema de la autogestión?

Renato (ingeniero en RUBBER -fábrica de caucho a partir de la cual comienza a gestarse el sindicato-): El objetivo era tener un predicamento en la clase obrera. Después de las asambleas (de los trabajadores del caucho) nos reuníamos en mi casa. Analizábamos: “tu hablaste mucho, hablaste pendejadas. No es cuestión de que estés hablando, deja que hablen los obreros, si tú no eres obrero. Estas insertado en los obreros, te estás proletarizando, estás aprendiendo a ser obrero, escúchalo al obrero. Ese discurso es para tu facultad, ve y dilo en la facultad y que te escuchen todos. Pero con los obreros escucha a los obreros.” En eso éramos inflexibles. Yo escuchaba todas las asambleas ¿por que?, porque era un acuerdo, teníamos que desarrollar un sindicato.
Y pensaba y trataba de convencerlo al Rafa de que el sindicalismo había cumplido una función pero que no era útil para esta etapa, porque era comprable, manejable, era sofocable, un montón de cosas. El sindicalismo se reducía a pedir aumento de sueldo, no era para hacer la revolución, si ya está, en eso no sirve lo cambiamos, hagamos otra cosa. ¿Cómo podemos hacer para implementar una agenda? ¿Cómo incorporamos a las amas de casa, a esta cosa? Hicimos como un cuestionario, para todos los obreros de RUBBER, hicimos algunos números mas para los obreros de Coquenion que estaban al lado, explicando que el problema no era de RUBBER, el problema era la clase obrera y que el problema era la explotación y que no podíamos ir los obreros solos a esta pelea, tenían que ir las compañeras nuestras, nuestros hijos, porque la revolución es esa. Que vayan a la casa y lleven el cuestionario y que la mujer llene, cuanto gastan en recreación y ahí se enteró mucha gente que tiene que haber un dinero para diversión, tu sabes lo conmovedor que es eso. Un obrero me decía “Escúcheme Renato, en eso diversión que hay que poner” “y tu tienes derecho a divertirte, tienes derecho de ir al cine una vez al mes.”
Hicimos la lista para que el obrero se la lleve a la casa. Para que diga cuanto es lo que gastas en arroz por mes, entonces en base a eso hacer la lista, sumar cuanta ropa consume al año y en base a eso decir “tú tienes que ganar tanto”. Cuando encontramos los valores, el aumento tenía que ser del 400% no del 20% que pedía el obrero. Entonces la mujer en la casa sabía que tenía que ir una vez al mes al cine. Una reivindicación natural, mínima, que su hijo tenía que tener dos pares de zapatos al año por lo menos. Todo ese listado para concienciar a la familia para que después la mujer no le haga lío en la casa. Porque en esa época la mujer le hacia problema “¿andas de huelga otra vez? Escuchame una cosa si vos sabes que eso es lo que tenemos que ganar para poder vivir, ¿por qué te pones así?” Te das cuenta. Cual era la idea que desde la casa, la familia sepa que tenían que pelear no por un aumento del 20% sino por lo que necesitaban para vivir decorosamente. Si es el 20 es el 20, pero si es el 80 hay que luchar por eso. Que ganábamos con eso, que empezábamos un proceso comunitario, no solo sindical, una organización de la comunidad con sus reivindicaciones porque este que es del caucho no se va a sumar a este que es del aluminio, si el problema no es que sea el caucho o el aluminio, es de la sociedad. Es una nueva concepción del sindicato. Yo creo que es así. La revolución la hace el pueblo no el sindicato y el pueblo son las mujeres nuestras, los hijos nuestros. No es que nos tienen que seguir, la hacen porque están convencidos que es lo que hay que hacer. Te das cuenta. Es un proceso largo, pero no nos vamos a enganchar en la teoría de hacer la revolución pasado mañana a las tres de la tarde porque esa no existe.
Yo rescate una frase de Juan Antonio que era muy de él: “Que hay que ser anarquista hasta para lavarse los dientes” y yo no me olvido nunca de eso. Creo que tenía razón.

Entrevistador: ¿y ustedes en la RUBBER que otros conflictos tuvieron con los patrones?   

Benito (obrero peronista de la fábrica RUBBER. Participó activamente en el Sindicato del Caucho): Varios. Porque después comenzó, cuando se deshizo el sindicato, ya se comenzaron a abusar mucho de nosotros, ya nos manejaban, nos pagaban con bonos.

Entrevistador: ¿Qué recuerdos tenés de Rafa (Sec Adjunto del Sindicato), de la Chancha (Luis Finger, tesorero del Sindicato y militante del PRT desaparecido desde 1976), del Turco (Sec Gral del Sindicato)?.

Benito: yo tengo muchos recuerdos muy buenos, porque con nosotros los muchachos se portaron muy bien. Eran buenos compañeros, nos enseñaron lo que era vivir, porque prácticamente nosotros vivíamos para trabajar, para poner el lomo pero para defendernos ninguno, donde yo no digo que aprendí mucho pero hace poco tuve unas andazas fieras, donde me toco discutir y gracias a dios con lo que uno aprendió porque lleva en la memoria, me defendí lo mas pancho.
Cuando se empezó a armar el sindicato éramos, los trabajadores, unos pobres muchachos. Yo soy de los primeros que me acerco, nos reuníamos pocos obreros. Si el viejo les decía, una cosa, ahí estaban todos. Yo no fui para que me gritaran. Pero los que habían eran unos pobres diablos. La gente laburaba como leones y cobraban monedas y así. Yo no le digo que nosotros nos pusimos ricos pero calcule de lo que le estoy explicando que éramos 117 y teníamos un solo baño y nadie decía nada. Si había dos enfermos del estomago que necesitaban ir urgente al baño ¿que es lo que hacíamos? Y ellos se quedaban callados.

Entrevistador: los obreros eran afiliados al sindicato de Salazar -Secretario General del FOCAYA, representaba y representa aun hoy a la burocrácia sindical-?

Adriana: nosotros no, y en la fábrica algunos si y otros no. Empezamos a plantear todo lo que hacia el sindicato de Salazar, en ese momento se esta dando la lucha entre la derecha y la izquierda gremial y tenemos una recepción extraordinaria de los compañero: Fue una respuesta única porque en 4 o 5 meses, era tal el abandono que tenía el sindicato que en 4 o 5 meses la piecita no nos alcanzaba. Nosotros no teníamos personería jurídica, no teníamos nada más que la intención de trabajar. Empezamos a tramitar una casa vieja que logramos, la de la calle Rivera Indarte. Ahí empezamos a armar la comisión gremial, Caro era el secretario general, Rafa el adjunto, empezamos a organizar cosas para tener fondos, para tramitar los papeles porque no podíamos ser sindicato paralelo. No obstante en la esquina estaba paralelo al oficial de Perkins, en ese momento con el negro Vila. Recibimos mucho apoyo de la coordinadora de Tosco.

Chato (trabajador en EPEC y militante de Luz y Fuerza): Estaba el militante casado con su militancia permanente y el militante que estaba inserto en la vida cotidiana normal. Yo planteaba, como podían conocer las necesidades de la gente si estábamos “casados con el movimiento y veíamos desde afuera las circunstancias de la vida cotidiana”. Vos tenías que saber que estaba cara la papa, como le iba a tus hijos en la escuela, que no podes vivir con 2 pesos diarios que no podes vivir tomando mate todo el día, que tenés que ir a llevar a tus hijos a la escuela.

Sara (compañera de Chato): Recién descubro que los chicos por ejemplo, me decían “Sara no laves los platos, los lavamos nosotros, hoy vos hiciste la comida.” Otra chica me decía “no, hoy llevo los chicos al cine”, eran tan solidarias, es lo que yo rescate de toda esa gente.

Entrevistador: ¿con la militancia que tenían dejaban mucho de lado?

Sara: le sacaban tiempo a la familia pero a la vez en el momento que estaba se lo devolvía a la familia. Intensamente. Quizás a lo mejor, el Chato era uno de los más ocupados, pero había un compañero que estaba, que llevaba a los chicos a la plaza. Ósea que era como una familia grande.  Pero las ideas de ellos para mi eran buenas. A pesar de todo lo que les han hecho después. Debieron creer que mataron esas ideas pero no las mataron. Sufrieron pero me parece que estaban preparados para eso. (…)Siempre había alguien en casa.
Entrevistador: ¿Recordás alguno que te haya marcado?

Sara: El que más recuerdo es a Marcelo –Tello-.[1]Con mis hijos Marcelo era como de la familia, con Anita (su compañera). Hace un tiempo mi hijo nos escribió una carta diciéndonos lo importante que fue para él la presencia de toda esa gente que por aquellos años estaban en casa. (…)


[1] Marcelo Tello: Carpintero. Llega a Córdoba por un acuerdo con los compañeros Resistencia Libertaria de La Plata por consolidar la formación política y apoyar a la construcción del Sindicato del Caucho. Desapareció el 9 de marzo de 1976.

lunes, 28 de mayo de 2012

"Semana Trágica", luchas obreras y represión en Argentina (1919)

Elaborado por el Grupo de Investigación Periodística compuesto por Carolina Uribe, Horacio Silva (Iconoclasta) y Daniel Gutiérrez (Visceral) y publicado en setiembre de 2006 en La Hidra de Mil Cabezas de Mendoza.

GUIÓN Nº 24: PRIMERA INSURRECCION OBRERA EN ARGENTINA:

LA LLAMADA “SEMANA TRAGICA” (1919)



[BLOQUE I]
Obreros, a luchar; a la revolución. Con decisión, a conquistar nuestra emancipación “Oh, histriónico cretino Oh, satánico bribón, los clarines tocan notas de vibrantes clamoreos, preanunciando los derrumbes de tu casta y tu sistema Y ni leyes, ni poderes ni las fuerzas equipadas podrán nunca detener la avasallante acometida de la próxima revuelta proletaria que fermenta en muchos pechos ya cercana a reventar. Barricadas a millares se alzaran por esas calles, y a la música infernal de los fusiles, y a la voz alentadora de la brava dinamita reventando en arsenales, en palacios y en conventos y doquiera y fuerza viva defendiendo el tambaleante simbolismo gubernal Verás rostros encendidos, verás testas desgreñadas, verás ropas destrozadas, empapadas en la sangre de su mismo cuerpo herido. Verás puños levantados, verás dientes afilados, verás ojos llenos de odio escrutando tu forteza, para ver si tu carroña aún resiste a los embates de la furia popular Para ti no habrá perdón, para ti no habrá piedad, tus infames fechorías no se borran, no se olvidan ni se dejan de saldar Mefistófeles infame, traficante de conciencias obreriles, inservil, degenerado, libertino, licencioso, disoluto, pervertido, buhonero miserable sin conciencia y sin pudor, vil chupóptero insaciable de la sangre dulce y pura de este pueblo laborioso Vil criatura indecorosa, que no vales lo que vale el defecado de un obrero. Hombre triste, hombre malo hombre inútil, hombre inmundo, pernicioso, testaferro, larva fétida y biliosa. yo te lanzo la blasfemia de este siglo, yo compárate al infame papa negro de la Rusia, yo te aplasto con la carga miserable de otro nombre, yo te llamo, tenlo en cuenta, con el nombre más inmundo yo te llamo Rasputín…”.[i]
De esta manera los anarquistas apostrofaban a Hipólito Yrigoyen, que fue, durante el período que abarcó su gobierno, el cómplice objetivo de la represión policial, militar y paramilitar que produjo las peores masacres sufridas por el movimiento obrero.
Los 26 muertos, los más de cien heridos y las 138 huelgas que se producen en 1917, que aumentarían a 196 en 1918, definirán, claramente de qué lado estaban los radicales y su caudillo.
         La huelga general que tuvo como protagonista al conjunto del proletariado en enero de 1919 es uno de los acontecimientos más importantes de la historia social argentina del siglo XX. Durante estos sucesos que se conocen, a través de la prensa de la oligarquía, como la “Semana Trágica” hubo una voluntad que intentó hundirse como un puñal en las entrañas de esa sociedad burguesa para arrancarlas de raíz. Entrañas que eran, ayer como hoy, la explotación y sus sostenedores. Pero la misma convicción que esperanzaba a los obreros llenaba de miedo a la clase dominante. El pánico cundió entre ellos ante la posibilidad de perder sus privilegios, y desató una de las represiones más feroces e impunes, aniquilando indiscriminadamente a cientos de personas.
En las postrimerías del siglo XIX, la población del país sufría los efectos del desarrollo de un capitalismo embrionario, incipiente. A la burguesía terrateniente se le hacía imprescindible poblar el país, para generar las condiciones que hicieran posible la explotación. Vio entonces en las masas que los Estados europeos abandonaban y condenaban al hambre y a la miseria, la mano de obra barata que les permitiría concretarla. Iniciando una política de inmigración logran, entre los años 1880 y 1924, introducir al país más de cinco millones y medio de personas. Pero estos trabajadores, como veremos, además de su fuerza de trabajo, traían cerebro, y en él, ideales de libertad e igualdad que ninguna aduana pudo confiscar ni detener. Alentados por una minoría de trabajadores, entre los que se destacó el anarquista italiano Errico Malatesta, y como reflejo de sus experiencias vividas en las luchas obreras en el “viejo mundo”, comenzaron a intensificarse las tensiones sociales que se habían insinuado ya en las décadas del ‘80 y del ‘90, las cuales posibilitarían finalmente la concreción de una organización gremial que pudiera enfrentar a la autoridad del hambre.
El 25 de mayo de 1901 nace la Federación Obrera Regional Argentina, la FORA, organización sobre la que hacían pie las ideas de libertad e igualdad, y cuya objetivo fue la Revolución Social, planteando que “no veía en el sindicalismo en sí otra cosa de lo que en realidad puede ser un medio (...) una modalidad de organización sistemática impuesta por necesidades materiales(...) que deberá desaparecer paralelamente con la causa que le dio vida: el presente económico y social”. La FORA se mostró sin tapujos como la organización anarquista del país, e insistió sin tregua y sin pausa con su finalidad que era el Comunismo Anárquico, al que adhiere a partir de su Quinto Congreso en 1905, y que la diferenciaría de las demás organizaciones sindicalistas, incluyendo a las revolucionarias o anarcosindicalistas. Juan Lazarte, anarquista y de oficio escritor, dirá en 1933: “No hay crimen que no se haya cometido con el movimiento obrero, no hay pena que no se le haya infligido ni infamia con que no cargara sobre su desarrollo (...) Sobre los militantes de la FORA pesan más de medio millón de años de presidio, más de 5.000 muertos, decenas de miles de allanamientos, devastaciones, incendio de centenares de bibliotecas obreras (...) y otros hechos que caracterizarán la ética de la civilización burguesa”.[ii]
El triunfo de la revolución contra el zarismo en Rusia, en octubre de 1917, provoca una gran conmoción en el ambiente de los trabajadores. Se suman a este hecho los movimientos revolucionarios de Alemania, Italia y España, lo que produce una ola de esperanza en el proletariado de todo el mundo. Tanto 1917 como 1918 fueron años de mucha agitación para los trabajadores en la Argentina. En Buenos Aires, en Córdoba y en otras ciudades del país hubo huelgas prolongadas a través de las cuales los obreros lograron imponer sus reclamos a los sectores patronales. En las organizaciones sindicales aparecían dos líneas bien definidas, por un lado la FORA del Quinto Congreso, conocida así a partir del 2 de mayo de 1915, que mantenía como finalidad el comunismo anárquico, impulsando la huelga revolucionaria, siendo sus métodos de lucha  la huelga, el boicot y el sabotaje. Del otro lado estaba la FORA del Noveno Congreso, de tendencia sindicalista que propiciaba la neutralidad del sindicalismo, argumentando que cualquier definición ideológica era un obstáculo para la unidad de la clase trabajadora, mientras aceptaba la intervención del Estado como mediador en los conflictos, acción en la cual terminaba su “neutralidad ideológica”. La FORA del Noveno derivará, años después, en la creación de la Unión Sindical Argentina, para terminar, en la década del ’30, transformándose en la actual CGT.
En este contexto histórico y social dio comienzo una huelga general sangrienta, que provocó el primer alzamiento insurreccional de los trabajadores de esta región.
[BLOQUE II] En la mañana del 2 de diciembre de 1918, patrocinada por la anarquista Sociedad de Resistencia “Metalúrgicos Unidos”, estalló la huelga en la Casa Vasena, a la cual se plegó el personal del lavadero de lanas, propiedad de la misma firma. La Compañía Argentina de Hierros y Aceros Pedro Vasena e Hijos poseía grandes depósitos en el barrio de Nueva Pompeya, y sus talleres de producción estaban en la calle Cochabamba al 3000.
Los obreros reclamaban la reducción de la jornada laboral de once a ocho horas, aumento escalonado de los salarios, vigencia del descanso dominical y el cese de persecución a los militantes de su organización. Los principales referentes de los trabajadores eran Juan Zapetini y el secretario de la comisión de huelga, Mario Boratto. Su hija Clorinda recordaba cómo intentaron sobornar a su padre para que traicionara a sus compañeros: “De Vasena lo llamaron y le daban, no sé si 5.000 pesos en aquel tiempo; y dice que le daban eso y una casa, que ellos le iban a pasar para que nos mantenga a nosotros. Ellos lo llamaron a él para ver si llegaban a un acuerdo. Mi papá dijo que no, de ninguna manera. Que él era un obrero, y que tenía cuatro hijos que tenían que ir con la cabeza levantada”.
        Ante la negativa de Boratto a entregar la huelga, Vasena no dudó en emplear métodos más “persuasivos” para lograr sus objetivos. Raúl Boratto, su nieto, relató: “La cabeza de mi abuelo tenía precio, por parte de Vasena. Al que lo matara a mi abuelo le daba 5.000 pesos, Vasena. Y según una tía mía que todavía vive, que tiene 93 años, a él lo habían rodeado para matarlo. Mi abuela iba con mi papá de la mano, la hermana más chica en brazos, y un revólver acá para defenderlo a mi abuelo” y Clorinda agregará: “Mi papá estaba parado así, frente al mostrador, y los tipos ahí. Y mi vieja iba con la nena chiquita en el brazo y el revólver acá... y si le hacen algo, alguno también va a caer también, ¿no?...”.
Vasena rechazó tajantemente el pliego con los reclamos de los trabajadores y contrató crumiros, conocidos hoy como “carneros”, para quebrar la huelga.
La Asociación Nacional del Trabajo... ajeno, dirán los obreros, estaba integrada por todo el empresariado y era la encargada de proveer matones y rompehuelgas a las empresas en conflicto. Este organismo era apoyado por la Iglesia Católica que en 1892 había creado los primeros Círculos Obreros Católicos, cuyo fundador fue el padre Grotte. El obispo Miguel Angel D’Andrea sería, a partir de 1912, la cara visible de la Iglesia en defensa de los intereses patronales. Una nota publicada el 9 de enero en La Razón relata que la Asociación Nacional del Trabajo: “ha resuelto intervenir en actitud conciliatoria en el conflicto de Vasena y a esos efectos, los Sres.  Christophersen, Macadam, Dell’Oro y Mogay concurrieron a la casa de Vasena y ofrecieron sus buenos oficios, en momentos en que el establecimiento era apedreado por los huelguistas. Hasta la 1pm. todos los señores nombrados seguían en los escritorios sin poder salir y reclamando la presencia de la policía”.
En esa época, Pedro Fiano era portero de la escuela “La Banderita”, que quedaba cerca de los depósitos de Pompeya, y desde donde se disparó a los trabajadores. Roberto Fiano, su hijo, dirá: “El viejo Vasena, según me contaba, cuando descubría entre el grupo de gente que laburaba a alguno que era comunista o socialista, con la gente de seguridad que eran policías retirados, vio, malandras que andaban por ahí, los llevaba a la oficina a los que sindicaban que eran comunistas, los hacía besar la bandera, les decía: “besá la bandera, hijo de puta...”.
Durante el mes de diciembre, al prolongarse la huelga, era inevitable que se produjeran enfrentamientos entre los crumiros —custodiados por la policía— y los huelguistas, resultando varios de estos últimos con heridas de bala. Mientras el conflicto de los metalúrgicos continuaba, la solidaridad de los otros gremios y los pequeños comerciantes del barrio seguía en marcha, y crecía día a día.
En los primeros días de enero, los obreros deciden levantar una barricada en la esquina de Alcorta y Pepirí. Lidia Fiano, hija menor de Pedro Fiano, cuenta: “Los huelguistas, ayudados por una mujer del barrio, llamada ‘La Marinera’, levantaron una barricada desde la vereda de la escuela hasta la vereda de enfrente, para impedir que las chatas que llevaban la mercadería, tuvieran paso libre; tanto para entrar, como para salir”.
El viernes 3 de enero se producen dos enfrentamientos; uno de ellos, muy importante. A las cinco de la tarde, un grupo de obreros quiso detener un convoy de seis o siete chatas con materiales, custodiadas por varios soldados.
Esta vez el tiroteo fue nutrido; hubo muchos heridos, y se registró por primera vez la muerte de un policía: el cabo Chaves, siendo quizá este hecho el preludio de lo que sucedería en los días posteriores.
El martes 7 de enero de 1919 fue un día agobiante; el termómetro marcará, a las 14 horas, casi 36º. A pesar del sofocante calor, en la barriada de Nueva Pompeya se verificaba una inusual actividad: efectivos del cuerpo de Bomberos y personal de la comisaría 34ª ocupaban desde temprano posiciones estratégicas en la escuela “La Banderita” y en la fábrica textil de Alfredo Bozalla. Un piquete obrero se disponía a interceptar una vez más las chatas de la empresa, conducidas por crumiros.
Un insulto a los carneros, el arrogante gesto policial de amartillar las armas, un palo blandido por una mujer del pueblo, un piedrazo que surcó la avenida Alcorta; la chata se detuvo y sus guardianes se cubrieron detrás del vehículo. Y apenas sonó el primer tiro, se inició un verdadero pandemonium: como obedeciendo a una señal bomberos, policías y esquiroles comenzaron a hacer un nutrido fuego de fusilería, desde el edificio de la escuela, la fábrica de Bozalla, y otras áreas menores de tiro, ametrallando prolija y sistemáticamente las viviendas obreras y los pequeños comercios que tenían frente a sí.
El terror se apoderó del barrio. En medio de la mayor confusión, todos —huelguistas, vecinos, mujeres, pibes—, corrían hacia cualquier parte, desesperados por escapar de esa gigantesca vorágine de plomo y pólvora, que se abatía sin piedad sobre quien no atinara a buscar refugio.
Hacia las cinco y media de la tarde, cuando cesaron las últimas descargas, con el humo producido por la ignición de la pólvora flotando todavía en el aire, los aún aturdidos vecinos salieron a la vereda para encontrarse con un cuadro dantesco: toda la cuadra de Alcorta al 3400 —donde estaba el local de la Sociedad de Resistencia Metalúrgicos Unidos— fue literalmente acribillada a balazos. La densidad del fuego fue tal, que hasta las dos únicas bombitas de luz, que alumbraban la peluquería de don José del Cármine, fueron alcanzadas por los tiros.
La cantidad de víctimas de la masacre será de cuatro muertos y más de 36 heridos. Al recolector de basura Toribio Barrios, de 50 años, lo mató a sablazos en la cabeza un agente del escuadrón desde su caballo; a Santiago Gómez, una bala de Máuser le impactó en el cráneo mientras intentaba cubrirse detrás de una puerta cancel; en el patio de su casa, el joven Juan Fiorini, recibió un proyectil que le atravesó el pecho, mientras tomaba mate con su madre. Y Eduardo Basualdo, de 50 años, morirá al día siguiente en el hospital a causa de las heridas recibidas.
La conmoción por el salvajismo de este verdadero atentado terrorista se extendió velozmente por la ciudad, impulsada por los adherentes de la FORA del Quinto Congreso, que declaró de inmediato la huelga general por tiempo indeterminado, en repudio al bárbaro crimen.
De esta manera comenzaba la más importante insurrección obrera que haya conocido la historia argentina, por su extensión y profundidad: la “Semana de Enero de 1919”
[BLOQUE III] La respuesta popular a la convocatoria de la FORA del Quinto Congreso a la huelga general fue unánime e inmediata, hasta el punto de extenderse a los sindicatos de la FORA “novenaria”; de esta manera, los afiliados de los gremios de zapateros, tabacaleros, curtidores, toneleros y otros abandonaron el trabajo sin esperar la orden de sus vacilantes líderes.
El Consejo Federal de la FORA “camaleónica” —como les llamaban despectivamente los obreros anarquistas— en su declaración del día 8 de enero, decía que dicha organización “expresa su entusiasta solidaridad con los valientes huelguistas de aquella casa metalúrgica y su intensa protesta por el proceder de las fuerzas del estado...”[iii]. El texto estaba firmado por su secretario general, Sebastián Marotta... de la convocatoria a la huelga general... ni noticias.
Por su parte. la FORA del Quinto convocaba a las sociedades obreras del interior del país a “mantenerse en contacto”.
Vicente Francomano, obrero y militante anarquista que participó activamente de la huelga, relató: “Ya habíamos comenzado en el trabajo a hacer efectiva la jornada. En eso, vienen delegados de la FORA, de la Local Bonaerense, informando a los talleres la declaración de la huelga general, por el motivo que era. Era una casa que éramos como cien obreros, y era un barrio completamente obrero, Villa Crespo, donde estábamos instalados. Entonces empieza a repartirse por grupos visitando las grandes fábricas, curtiembres, fábricas de cajones, talleristas, y así llegamos en manifestación al local de la FORA. En el transcurso que se iba ahí se paraban los tranvías, se le cortaba la soga de los troles para que no caminaran; en fin, un hecho de rebeldía”[iv].
Durante todo el día una multitud silenciosa desfiló por el local de los metalúrgicos. Es de imaginarse la honda impresión que debió causar a la gran cantidad de gente que pasó por allí, después de atravesar la puerta despedazada a tiros, encontrarse con una sala cuyas paredes estaban completamente cubiertas de agujeros de bala; y en cuyo centro se hallaban los cadáveres ensangrentados de Gómez, Barrios y Basualdo, rodeados de obreros de rostros lívidos y puños apretados, todos sumergidos en un ambiente cargado de tensión, donde sólo el silencio podía expresar la ira contenida mejor que los gritos y las imprecaciones.
El 9 de enero, día fijado para el entierro de las víctimas, Buenos Aires estaba casi completamente paralizada; desde temprano los piquetes de huelguistas recorrían las calles cerrando los comercios y deteniendo los tranvías que aún no se habían plegado a la medida de fuerza. Cerca de la una de la tarde, un monumental cortejo fúnebre —calculado en unas doscientas mil personas— partió desde Pompeya llevando los féretros a pulso, encabezado por un grupo de autodefensa armado con revólveres. Desde mucho antes la muchedumbre se había ubicado en las esquinas, a la espera del paso de la manifestación.
Al pasar por los talleres Vasena, ocurrió la primera agresión a la columna: los matones contratados por Vasena hicieron fuego contra ella desde la azotea. El grueso continuó su marcha hacia la avenida Corrientes, para dirigirse a la Chacarita, mientras que importantes grupos se desprendían e intentaban incendiar las instalaciones embistiendo los portones con carros de basura  convertidos en carrozas de fuego.
La hija de Mario Boratto, Clorinda, recuerda: “Los obreros querían encender la fábrica. Yo en aquel tiempo no sabía; pero ahora, que soy una re-vieja, digo: ¡qué locos que eran! Porque agarraban los carros de basurero, por ejemplo; sacaban los caballos y los ataban en el árbol con las correas. Y agarraban los cosos ésos, los traían, y cuando doblaban, ahí lo encendían y venían con los carros. Yo eso lo veía desde arriba de mi casa; venían con los carros así, y empujaban; ¡y qué iban a empujar, si eso era una chapa que...! Qué iban a empujar...”.
En la intersección de San Juan y 24 de Noviembre es incendiado el auto del jefe de policía, Elpidio González, mientras que en San Juan y Matheu es asaltada y desvalijada una armería; lo mismo pasaría en Boedo y Carlos Calvo.
 Parte de la crónica callejera publicada en un boletín de La Protesta dirá: “El pueblo está para la revolución. Lo ha demostrado ayer al hacer causa común con los huelguistas de los talleres Vasena. El trabajo se paralizó en la ciudad y barrios subterráneos. Ni un solo proletario traicionó la causa de sus hermanos de dolor (...) Por la calle Rivadavia el pueblo marcha armado con revólveres, escopetas y máuseres. En Cochabamba y Rioja fue volcada  una chata cargada de mercadería y repartida ésta entre el pueblo...”.[v]
El barrio de Almagro también fue testigo de aquellas jornadas: en la esquina de Corrientes y Angel Gallardo se cambiaron varios tiros entre los manifestantes y los bomberos, logrando poner en fuga a estos últimos; en Corrientes, entre Yatay y Lambaré, se quemaron completamente dos coches de la compañía Lacroze; un muchacho, creyendo que los primeros tiros provenían desde el convento Jesús Sacramentado, comenzó a tirarle piedras; desde el edificio religioso se abrió fuego, y la multitud furiosa atacó la iglesia, armando una gran pira en la nave central, donde se quemaron imágenes y bancos de madera.
El asustado capellán Usscher escribirá poco después al arzobispo Espinosa: “Con muebles y objetos diversos hicieron una gran fogata en el templo, y dos más en la calle, sin contar la de los tranvías de la esquina, que también fue alimentada largo rato con objetos del colegio e iglesia”[vi]. Hoy todavía puede verse en el centro de la nave unas cerámicas en forma de rombo; es el lugar donde se hizo la pira, que quedó así por no conseguir reponerse las baldosas del piso original.
Reiniciada la marcha, se produjo un nuevo tiroteo al pasar frente a la comisaría 21ª, seis cuadras más adelante.
La columna arribó finalmente a la Chacarita hacia las siete de la tarde. Y en momentos en que hablaba el concejal socialista Antonio Zaccagnini, un pelotón del Regimiento de Granaderos a Caballo —apostado en los altos murallones, desde las cinco de la tarde— abrió fuego contra los asistentes, quienes debieron desbandarse para salvar sus vidas, llegando incluso a esconderse en las fosas recién abiertas.
Vicente Francomano relató así los hechos: “A la tarde es el entierro. Mientras se está preparando el entierro, esperando los féretros que venían del barrio de Boedo, se asaltan armerías, se asaltan comisarías; hay un desconcierto total, tanto en la policía, como en los hechos que hacen los trabajadores. Y además el pueblo en la calle también es descontrolado. Se acercan los féretros, que se llevaban a pulso, hay un gentío enorme. Nosotros, que estábamos esperando en la calle Triunvirato y Río de Janeiro, nos aplicamos en la columna que venía con los féretros. Yo entré en Chacarita. Cuando entra cierta cantidad de gente en Chacarita, cierran los portones y empieza la descarga de fusilería. La gente que estaba en Chacarita estaría con algún revólver, y se sentía un ¡pum!; pero no era de ahí.
Se va del lado contrario de donde vienen las balas, se va hacia los finales de Chacarita que están sobre la calle Warnes, en el Ferrocarril Pacífico que era en aquel entonces, hoy el San Martín; y de ahí se escapa mucha gente. Creo, como ya lo dije en otra oportunidad, que mucha gente quedó durmiendo en la Chacarita”[vii].
Esa noche, mientras se producían disturbios en toda la ciudad, el Ejército —al mando del general Luis Dellepiane— concentraba en Buenos Aires una tropa de 30.000 hombres, incluido un cuerpo de soldados provenientes de Salta. Entre esta jauría de criminales, a los cuales Yrigoyen les soltó el bozal, se tendría que destacar al general Juan Domingo Perón, que en ese entonces era teniente y tenía destino en el Arsenal de Guerra “Esteban de Luca”, ubicado muy cerca de los talleres Vasena. El teniente ya había tenido su bautismo de fuego en 1917: bajo las órdenes del capitán Bartolomé Descalzo habían ocupado en Rosario las playas de tranvías ante la huelga de los obreros, en previsión de supuestos atentados anarquistas. Pero su historial de reprimir a los trabajadores no finalizaría en el ’19, continuaría en la provincia de Santa Fe, persiguiendo y capturando como animales a los obreros de la empresa inglesa “La Forestal”, que estaban en huelga en 1921. Tiempo después iría de custodia en el estribo del auto que conducía al general Uriburu hacia la casa de gobierno, el día del primer golpe militar en la Argentina. Lo mismo haría en la década del ’40 y en el golpe a Illia, para terminar sus días dejando en manos de su amigo y confidente, José López Rega, la banda de asesinos conocida como la Triple “A”, heredera de la Liga Patriótica.
[BLOQUE IV]A pesar de no haber convocado nunca a la huelga general, la FORA sindicalista declaró el nueve de enero que “el Consejo Federal acuerda asumir la conducción del movimiento de la Capital Federal y llamar a una reunión de delegados y secretarios de organizaciones sindicales(...) Las delegaciones se reunirán hoy a las 8 pm en la Secretaría de la FORA, Mejico 2070, donde de acuerdo con la anterior orden del día del Consejo deberá considerar, en primer término, el plazo de la huelga y las aspiraciones del mismo”[viii].
La reunión novenaria elevó su propuesta mediante una carta dirigida al “Estimado señor Jefe de la Policía”, rogándole “se sirva transmitirla al Superior Gobierno de la Nación”.
Esta posición motivó una inmediata réplica de la FORA del Quinto, que en su comunicado del 10 de enero, decía:
Reunido este Consejo con representantes de todas las sociedades federadas y autónomas, resuelve:
Proseguir el movimiento huelguístico como acto de protesta contra los crímenes del Estado consumados en el día de ayer y anteayer.
Fijar un verdadero objetivo al movimiento, el cual es pedir la excarcelación de todos los presos por cuestiones sociales.
Conseguir la libertad de Radowitzky y Barrera, que en estos momentos puede hacerse, ya que Radowitzky es el vengador de los caídos en la masacre de 1909 y sintetiza una aspiración superior.
Desmentir categóricamente las afirmaciones hechas por la titulada F.O.R.A. del IX congreso, que hasta el miércoles a la noche sólo ‘protestó moralmente’, sin ordenar ningún paro. La única que lo hizo fue esta Federación.
En consecuencia, la huelga sigue por tiempo indeterminado. A las iras populares no es posible ponerles plazo; hacerlo es traicionar al pueblo que lucha. Se hace un llamamiento a la acción.
¡Reivindicaos, proletarios! ¡Viva la huelga general revolucionaria!
El Consejo Federal[ix]
La policía, completamente desbordada por los acontecimientos, se replegó en las comisarías dominada por el terror; a tal punto que, como relató uno de los represores, el comisario Romariz, llegó a tirotearse entre sí en el interior del Departamento Central de Policía, dejando un saldo de quince heridos, al creer que una columna huelguista efectuaba un ataque armado.[x]
Respecto de estos acontecimientos la FORA del Noveno emitió un comunicado, dirigido al jefe de policía, Elpidio González, con fecha 11 de enero en donde sostiene que: “...el Consejo de la FORA, hace pública declaración de que solo se solidariza con la acción propia de la clase obrera, rechazando toda responsabilidad por actos como el asalto al Correo y al Departamento de Policía, hechos con intervención de elementos extraños, ajenos por completo a la FORA...” y firman Sebastián Marotta, Manuel González Maseda, Juan Cuomo y Pedro Vengut.[xi]
 Si no fueron los novenarios, iba de suyo que la policía debía concentrar la represión sobre los “elementos extraños”, que no podían ser otros que los anarquistas del Quinto Congreso... una acción propia de soplones, ya que mientras los hijos del pueblo se jugaban la vida en la calle, estos “dirigentes” dialogaban y se excusaban como pusilánimes ante la policía...
En 1956 Marotta tergiversó los hechos, tratando de explicar la actitud policíaca de los “novenarios”; en su libro El movimiento sindical argentino, falsificó su propio documento expresando que el Consejo Federal sólo se solidarizaba  con los actos propios de la clase obrera, rechazando toda responsabilidad con el supuesto asalto al Correo y al Departamento de Policía, ajeno a los propósitos de protesta que persigue la clase obrera”. Lo que en el 19 eran asaltos concretos, treinta años después pasaban por arte de magia a ser sólo “un supuesto asalto”...
Si bien ese ataque nunca ocurrió, sí es verdad que las calles habían quedado en poder de los obreros, quienes dispusieron que los únicos vehículos autorizados para circular debían estar identificados con la sigla de la FORA pintada en una bandera roja. Los canillitas, por resolución de su sindicato, voceaban solamente los dos periódicos obreros más importantes de la época: La Protesta y La Vanguardia.
El movimiento cobró fuerza en el interior del país, principalmente en las ciudades de Córdoba, Mar del Plata y Rosario, y en innumerables localidades de provincia, como lo prueban los telegramas que llovían sobre el ministro del Interior yrigoyenista pidiéndole más tropas para reprimir.
En esos momentos en que las fuerzas represivas del Estado se hallaban en la incertidumbre, irrumpió en las calles un grupo de civiles —todos miembros de familias “cajetillas”— armados y organizados en el Centro Naval por el almirante Domeq García, monseñor D’Andrea y el vicario general de la Armada, monseñor Piaggio. Su misión principal consistió en atacar huelguistas y miembros de la comunidad judía: eran los “Defensores del Orden” o “Guardia Blanca”, nombre que cambiaron a los pocos días por el de “Liga Patriótica Argentina”. Fue este grupo el que incendió la imprenta del diario anarquista La Protesta.
En Junín y Corrientes, Monseñor Napal, arengó a los grupos antisemitas diciendo: “Los judios son los únicos culpables de la escasez, son sanguijuelas, expulsados de todos los países...”. Los “rusos”, así llamados por esta horda de fascistas, eran atormentados con saña feroz por los polizontes, y no pocos fueron ultimados a palos y bayonetazos. Se puede afirmar que estas acciones dieron comienzo a los pogroms en Argentina, y decir que ni un solo judío salió ileso de las garras  policiales y parapoliciales. Estos hechos se produjeron principalmente en los barrios de Once y Villa Crespo.
El enemigo, para los hombres de la Liga, no eran ni el radicalismo ni Yrigoyen, sino quienes predicaban la revolución social, es decir los anarquistas. Muchos radicales integraron la Liga desde sus comienzos, y en un principio el gobierno elogiaba sus acciones en defensa del orden.
El 20 de enero de 1919 se realizó formalmente la reunión constitutiva de la Liga, aunque su accionar represivo comenzó prácticamente con la huelga. La presidencia de la Liga fue ocupada por Domecq García hasta abril de 1919, cuando las brigadas eligieron a Manuel Carlés, quien la conduciría hasta su muerte en 1946. Su Junta Central contó con la colaboración de varios medios de prensa como La Nación, La Prensa y La Fronda, entre otros. Jorge y Luis Mitre, al igual que Francisco Uriburu, serán miembros activos de la Junta; la Iglesia Católica también tuvo su lugar, reservado para dos de sus más conspicuos representantes, Monseñor D’Andrea y el Vicario General de la Armada Argentina, Monseñor Piaggio.[xii]
Pero la Junta Central provisoria contó con apellidos que aún hoy pueden encontrarse en nombres de calles, localidades y monumentos, tales como Joaquín Anchorena, Dardo Rocha, Pastor Pueyrredón, Estanislao Cevallos, Luis Agote, Federico Leloir, Carlos Ibarguren, Felipe Yofré, Angel Gallardo... sin olvidar a las Señoras, cuya Comisión Directiva de apoyo a la Liga era un espejo de la clase alta porteña. Su presidenta llevaba un doble apellido de nefasto recuerdo para los trabajadores: doña Julia Elena Acevedo de Martínez de Hoz.[xiii]
En el Quinto Congreso de la Liga Patriótica, en 1920, Carlés dejó bien clara la metodología a utilizarse, afirmando: “...es necesario vigilar al enemigo del orden público con el dedo en el gatillo, hasta que se convenza que la intimidación y la violencia es el peor camino para conseguir nada entre nosotros”.
Con el paso de los días y la militarización de la ciudad el movimiento huelguístico comenzó a debilitarse. La FORA “novenaria”  a través de un comunicado del 11 de enero resolvió “...dar por terminado el movimiento recomendando a todos los huelguistas de inmediato la vuelta al trabajo (...) dando la prueba elocuente de que el proletariado organizado sabe cumplir sus compromisos y tiene el derecho a reclamar que sean cumplidos”[xiv]haciendo referencia a su acuerdo con el gobierno, que al igual que la CGT actual, cuando no traicionó, arrastró la dignidad de los trabajadores a los pies de los gobernantes, sus ministros, los militares y jefes de policía., sin importarles el asesinato de cientos de compañeros en esos días.
Poco a poco la cacería de anarquistas y todo lo que estuviera relacionado con ellos fue ganando las calles. Al mismo tiempo la FORA del Quinto ratificaba la huelga y hacia esfuerzos inauditos por prolongar la lucha; lo que concentró sobre ellos todo el peso de la represión hasta que, finalmente, tuvieron que dar la huelga por terminada, debiendo pasar a la clandestinidad.
El 17 de enero los últimos sectores volvieron al trabajo. La huelga fue ganada por los obreros metalúrgicos y su recalcitrante patrón, Pedro Vasena, tuvo que aceptar totalmente el pliego de condiciones presentado al comienzo del conflicto...
Una resolución policial del 4 de mayo, prohibió la prensa anarquista.
Algunas fuentes sostienen que en el transcurso del movimiento fueron asesinadas entre 700 y 2.000 personas, heridas más de 4.000, y detenidas unas 55.000 en todo el país. La isla Martín García fue la antesala de la deportación para los extranjeros, mientras que los argentinos  fueron a dar con sus huesos al penal de Ushuaia.
Nunca pudo ni podrá saberse con certeza el número exacto de trabajadores muertos, ya que la bancada radical en el Congreso, aliada a los conservadores, obstaculizó toda investigación sobre la represión. La misma actitud tendría en 1921 con las masacres de La Forestal y de la Patagonia; y décadas más tarde, alzarían las manos para amnistiar, con las leyes de Obediencia Debida y Punto Final, a los genocidas del ’76.
Sin embargo, no sólo los radicales han intentado borrar de la memoria de los trabajadores sus crímenes de Estado; el teniente general Perón, co-autor material de los mismos, protagonizará el primero de mayo de 1948 un acto organizado por la cegetista Unión Obrera Metalúrgica, en el lugar donde se levantaban los talleres Vasena, y que hoy ocupa la plaza “Martín Fierro”.
En el mismo, aquel represor de los huelguistas descubrirá una placa dedicada a “los compañeros muertos por la causa obrera”, y confirmará las acusaciones que lo denunciaban como verdugo de los trabajadores, diciendo que “yo era teniente y estaba en el Arsenal de Guerra; hice guardia acá precisamente al día siguiente de los sucesos”.
Y en el colmo del cinismo, llegó a afirmar que “es un honor para los metalúrgicos de hoy recordar a sus propios muertos, y ese recuerdo he querido compartir”[xv].
Consecuentemente, ni los radicales ni los peronistas se acusaron jamás mutuamente de esas masacres; entre ellos se respetó siempre un pacto de silencio que aseguró la impunidad de sus caudillos, similar a la ley de la omertá practicada por la mafia siciliana.
A pesar de la brutal represión que significó asesinatos, torturas, cárceles y deportaciones, y en virtud a su posición intransigente ante el Estado y sus representantes, la FORA del Quinto Congreso se vio fortalecida con la incorporación a sus filas de miles de trabajadores. Prueba de ello es la cantidad de huelgas realizadas durante 1919, que ascendió a 367, siendo la mayor en la historia del movimiento obrero. El único parlamento que reconocía eran los trabajadores en las calles, y sus únicas “leyes” eran las que emanaban de las asambleas obreras. Su prédica fue la misma cuando contaba con 40.000 afiliados, que cuando llegó a contener a más de medio millón de trabajadores después de 1920. Nunca se detuvo: fomentó el internacionalismo y el antimilitarismo, luchando por la igualdad de los derechos de hombres y mujeres, en la construcción de un mundo mejor. Esta construcción  no fue derrotada en el terreno de la confrontación de ideas, sobre la ética y moral de los principios e ideales que sostenían, sino en la sistematización de la represión que los distintos gobiernos ejercieron contra ella.
A sus métodos de lucha, la huelga, el boicot y el sabotaje, hay que acreditarle también su gran aporte cultural, que se plasmó en infinidad de bibliotecas populares esparcidas por todo el país, ateneos, centros recreativos y la creación de escuelas racionalistas. Su prensa necesitaría un capítulo aparte; constituyó su herramienta más eficaz y, por consiguiente, fue la más atacada.
La FORA no estuvo exenta de errores; así como se equivoca el individuo, lo hace también cualquier organización que sólo se nutre de ellos para la toma de decisiones.
Tratar de entender  lo que aquellos hijos e hijas del pueblo pudieron hacer, sin comprender lo que querían hacer, es enfocar la historia social como una cuestión meramente numérica, de sumar y restar datos. Los Anarquistas estuvieron en ese momento, como lo están ahora, predispuestos a destruir al Estado; y la oportunidad creyó darse, durante los episodios que la memoria popular recuerda como la “Semana de Enero”.
La presente investigación no se propone registrar estos acontecimientos como una experiencia puramente testimonial, como lo hacen algunos historiadores —“desinformados” o no—, que insisten con curiosa vehemencia en practicarle la autopsia al pensamiento anarquista como si fuera un cadáver insepulto, y presentarlo como una bella utopía del pasado, que hoy ya no tendría vigencia.
Por el contrario, aquellos ideales reviven hoy en miles de nuevas voluntades, que en un reto frontal le presentan batalla a la estructura del poder vigente, proporcionando herramientas teóricas y opciones prácticas, para quienes con fundadas razones rechazan la “fiesta” de la globalización, el “fin de la historia” y el pensamiento único.
La lucha por la libertad, inherente a la naturaleza humana, es y será alentada por los ideales igualitarios; y ha costado y seguirá costando un alto tributo de vidas, muchas de ellas nobles y generosas. Al respecto, el anarquista y de oficio escritor Rodolfo González Pacheco escribió:
En el vía crucis del pueblo la huelga no es un alivio, sino una carga; no es un umbral en que echarse, sino un peñasco en que erguirse. Doble trabajo, fatiga doble, sudar por fuera y por dentro: ¡eso es la huelga! (...) ¡Ah, sí! Mientras la vida del que produce sea esclava, la huelga, será siempre más fecunda que el trabajo. (...) Lanzados a propagar la Anarquía, también nosotros somos huelguistas. Huelguistas de los diarios de los amos, de las cátedras patrióticas, de la criminal mentira del Estado. Con vosotros y entre vosotros, para subir a la luz o caer a la oscuridad (...)[xvi].
Lo que se aspira, lo que se sueña, es tan importante, por lo menos, como lo que se hace. La historia no alza cadáveres ni se nutre únicamente de gestos; perpetúa ideas, alumbra definiciones. Lo que pasa de pueblo en pueblo, de siglo en siglo, no es sólo el cálido oleaje de la sangre de los mártires, sino también el concepto cada vez más alto, cada vez más amplio, de la libertad humana.[xvii]


NOTAS

[i] Voz de Héctor Alterio, en el disco Anarquistas
[ii] Prólogo a la obra de Diego Abad de Santillán: La FORA., ideología y trayectoria. Proyección, Buenos Ares, 1971
[iii] La Vanguardia, 9/1/19
[iv] Entrevista realizada por Leonardo Fernández para su film documental Anarquistas I - Hijos del Pueblo
[v] Citado por Diego Abad de Santillán, op. cit.
[vi] Carta del 23/1/19. Citada por la Hna. Juana J. Vigay en: Historia del Templo Jesús Sacramentado.
[vii] Entrevista realizada por Leonardo Fernández para su film documental Anarquistas I - Hijos del Pueblo
[viii] La Vanguardia, 10/1/19
[ix] Citado por Diego Abad de Santillán, op. cit.
[x] José R. Romariz, La Semana Trágica, Hemisferio, Buenos Aires, 1952.
[xi] El manuscrito original se conserva en el Archivo General de la Nación, legajo Huelgas varias – año 1919 – Series históricas II
[xii] La Nación, 21/01/19, Pág. 7
[xiii] La Nación, 2/2/19, Pág. 9
[xiv] La Vanguardia, 12/1/19
[xv] El laborista, 2/5/48
[xvi]¡Viva la huelga!” en: Carteles II, Americalee, Buenos Aires, 1956
[xvii] Fragmento de un artículo publicado en La Antorcha, Nº 88. En: Carteles I, Americalee, Buenos Aires, 1956