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lunes, 16 de julio de 2012

El Anarquismo latinoamericano y la lucha revolucionaria de los 60, 70 y 80


A continuación extractos de diferentes fuentes sobre el accionar del Anarquismo durante las décadas del 60, 70 y 80 en latinoamerica. El correspondiente a Uruguay fue extraído de nodo50.org/fau

Uruguay
De nodo50.org/fau
La historia de FAU se vincula con otra historia: la del anarquismo en el Uruguay que arranca ya desde la década de 1870. Es el anarquismo fundador de la mayoría de los primeros sindicatos; su prensa es quien difunde las nuevas ideas socialistas y libertarias en nuestro país; es fundador de la primera Federación obrera; sus ideas y prácticas revolucionarias dejan una impronta en la historia del movimiento popular donde algunos de sus rasgos perduran hasta nuestros días.
Precede a la FAU esta historia y lo que hay concretamente de expresión libertaria en la década del 50: presencia en sectores obreros y estudiantiles. Habla de ello la lucha antifascista y tercerista en el medio universitario, una serie de conflictos obreros con incidencia de acción directa y poco más adelante la lucha de los gremios solidarios de 1951-52.
La FAU es fundada en octubre de 1956 y en ella confluyen militantes sindicales, barriales, así como sectores juveniles y estudiantiles agrupados en las Juventudes Libertarias, también algunos militantes españoles refugiados aquí. 
La nueva Organización, como intento de organizar políticamente a los anarquistas uruguayos, debe actuar en un país y en un continente que comienza a verse sacudido por la crisis y por la profundización de la lucha popular, y donde la injerencia imperialista, especialmente la de Estados Unidos, se hace cada vez mayor y enfrenta crecientes resistencias. Está la reciente instrumentación yanqui del golpe de estado contra los planes de reforma en Guatemala. Son también los años de la "guerra fría", de la invasión a Hungría por las tropas rusas, de la intervención franco-anglo-israelí como respuesta a la nacionalización del Canal de Suez y de las triunfantes guerras de liberación contra el colonialismo en Africa y Asia.
La FAU se desarrollará anclada en la tradición revolucionaria bakuninista, en las posiciones organicistas que tuviera Malatesta uno de sus portadores más reconocidos, en experiencias y epopeyas de la Revolución Española, de cierta influencia clasista del anarcosindicalismo y tomando la tradición de los métodos de acción directa. Al mismo tiempo, la Organización y sus militantes son conscientes de que su actividad se debe desarrollar en un continente y en un país con las características específicas de lo que comienza a ser llamado Tercer Mundo. Nuestra militancia tiene presente el momento histórico, el nuevo contexto en el que debe desarrollar su acción, la necesidad que ello conlleva de ubicar los problemas de este tiempo, con cabeza propia, para operar en consecuencia.
Va estudiando temas, desarrollando su accionar, sorteando dificultades, teniendo aciertos y errores en esa fluida lucha social que un momento histórico revuelto plantea. Una obsesión lo empuja: poner en escena una propuesta y una ideología que considera totalmente vigente. Vendrán dificultades internas que serán rápidamente superadas y que no impiden la continuidad de la estrategia libertaria diseñada.
Para la burguesía un modelo de país entra en crisis y se intentará el reacomodo suprimiendo derechos y conquistas obreras y populares. La represión se intensificará y será en tal coyuntura un instrumento principal de la estructura dominante para efectivizar el modelo que le permita seguir adelante con sus brutales privilegios. Desde el poder, un giro hacia la derecha intenta avanzar a fondo. Los enfrentamientos populares a la regresión y represión se hacen frecuentes. Frente a la situación que se vive cree la Organización necesaria la adopción de formas organizativas que le permitan llevar adelante las diversas actividades que encara: públicas algunas y también semiclandestinas o clandestinas otras. Un Decreto del gobierno declara ilegal a la FAU, junto a otras organizaciones, a fines de 1967. Esto no toma de sorpresa a la Organización y puede entonces continuar el conjunto de sus acciones, incluso aumentar su crecimiento.
Mantuvo entonces una actividad regular y en aumento su incidencia político-social hasta el momento mismo de la llegada de la dictadura. Desde 1964 en adelante su coherencia y eficacia resultó mucho mayor. Fue creadora y dinamizadora de frentes de trabajo que lograron presencia y peso a nivel nacional, fundamentalmente a nivel de su capital. Participó activamente en la fundación de la CNT. Coordinó internamente y con otras fuerzas su participación en el importante Congreso del Pueblo. Hizo el llamamiento para la creación de la Tendencia Combativa. Integró el Coordinador, organismo con preferencia de lucha armada, con organizaciones como MLN, MIR y otros.
Participó, junto a otras fuerzas políticas, en un diario de cierta relevancia: "Epoca", que expresaba a la izquierda de tono combativo. Jugó FAU parte activa en la elaboración de un documento que permitiera una acción conjunta, en importantes zonas estratégicas, a estas fuerzas que integraban el diario.
Sufrió diversos golpes, compañeros presos y torturados, la propia organización legalmente perseguida durante casi cuatro años. Hasta 1971 la FAU realizó su actividad desde una situación de clandestinidad. En este periodo algunos de sus locales clandestinos cayeron y algunos de sus militantes tuvieron que actuar totalmente en la clandestinidad pues aparecían públicamente requeridos. Por momentos tuvo a más de la mitad de su Junta Federal detenida en cuarteles.
La FAU que ya había logrado desarrollar formas organizativas y de actividad que le permitieron mantener su funcionamiento, ya sea en los distintos sindicatos donde nuestros militantes actúan, en los organismos de dirección de la CNT, en el movimiento estudiantil, en tareas políticas, de acción directa armada, en la lucha ideológica contra el reformismo y el colaboracionismo obrero, fundamentalmente expresado por el Partido Comunista. Logra sacar y distribuir su prensa semanalmente durante todo el tiempo de clandestinidad: "Cartas de FAU". También en condiciones de clandestinidad realiza eventos internos consultivos y resolutivos, incluso de cambio en su Junta Nacional. De no menos importancia es la discusión y acuerdos puntuales con otras fuerzas revolucionarias; manteniendo nuestra independencia ideológica y política. Es de destacar que en este periodo, la Organización tiene un importante crecimiento. En 1968, ya en la clandestinidad, después de una decisión orgánica que previamente realiza evaluaciones estratégicas, a iniciativa de nuestro militantes, distintos grupos obreros y estudiantiles dan vida a la ROE (Resistencia Obrero-Estudiantil) que actuará con amplitud pero también como frente externo y de masas de la proscripta FAU. En la ROE actúan militantes de FAU con distinto grado de responsabilidad en la dirección de los sindicatos tales como industria del caucho, gráficos, bancarios, del gas, puerto, industria metalúrgica, textiles, industria química, refinerías de petróleo, transporte, sanidad, industria alimenticia, ferrocarriles, empleados de la Universidad, etc. Los estudiantes son fuertes fundamentalmente en el Instituto de Magisterio, entre los estudiantes de Enseñanza Secundaria, pero débiles en la Universidad donde sólo están presentes en pocas Facultades (Humanidades y Medicina).
El peso de la Organización en el movimiento obrero y popular reviste importancia. Marca una línea de trabajo combativo y cuestionador del sistema. Fue puntal del trabajo de Tendencia que nucleara a los partidarios de formas de trabajo no burocráticas, participativas y movilizadoras. No descuidó la polémica con el reformismo, fundamentando permanentemente el porqué? de su accionar político distinto.  Paralelamente a la actividad de masas, a determinada altura, actuará la OPR (Organizaci¢n Popular Revolucionaria), aparato armado de la FAU que llevará adelante con bastante éxito una serie de acciones (sabotajes, expropiaciones económicas, secuestros de dirigentes políticos y patronales particularmente odiados por el pueblo, apoyatura armada a huelgas y ocupaciones de fábricas, etc.). La FAU inserta su acción armada en una óptica política e ideológica muy distinta de la de la mayoría de los movimientos de liberación latinoamericanos, en gran medida influenciados por el castrismo cubano y los teóricos del "foco guerrillero". El accionar de la FAU a través de la OPR tiene más bien algún parentesco con el de los compañeros de los grupos armados españoles vinculados a la FAI (Federación Anarquista Ibérica) de la década de los 20-30. Claro está que acusando recibo adecuado del contexto histórico que debe enfrentar y de la articulación global que deben tener sus distintas instancias militantes.
Se establece para el aparato armado sólo autonomía táctica, todos los operativos político-sociales son resueltos por la instancia política global. Se estima que su desarrollo y el tipo de violencia que ejecute deben guardar relación con el desarrollo de la lucha global del movimiento obrero-popular en el país.
Se procura evitar niveles de violencia que queden fuera de contexto y aislen. Al mismo tiempo se toman una serie de medidas de funcionamiento para prever y con miras a evitar deformaciones "militaristas". Combatir toda cultura de obediencia. El país sufre una profunda crisis económica y política, la "clase política" no da repuesta a los problemas urgentes que el mantenimiento del sistema plantea. Hay en el país ya instalada una dictadura constitucional. El movimiento obrero-popular responde ante el quite de libertades y derechos. Organizaciones de combate marcan cierta presencia. Es todo un periodo de fuerte represión y enfrentamientos sindicales y populares. Entra el Ejército en escena y hegemoniza la represión. En diferentes lugares, también en el Parlamento, hay denuncias de brutales torturas en los cuarteles. Las llamadas "Fuerzas Conjuntas" (Ejército y policía) suman a su labor de represión física una labor de tipo ideológico, tratan de difundir confusión y miedo a través de comunicados puestos en los distintos medios de comunicación que utiliza.
En dos o tres meses la represión prácticamente desmantela el MLN (Tupamaros). En un marco inseguro y de descenso de las luchas, con inminente amenaza de dictadura, la Organización evalúa la situación y considera necesario replegar parte de su fuerza. Hay en ese momento una treintena de compañeros en condiciones de clandestinidad. Los compañeros de OPR se cuentan entre los primeros que la organización evacúa. Ellos se encargarán en lo inmediato, en la Argentina, de lograr los medios económicos para una lucha contra la dictadura que se prevé larga. Se estima que la Organización debe tomar las medidas pertinentes que permitan durar en el tiempo. "Durar haciendo, durar luchando" se dirá por ese entonces. En Junio de 1973 con la implantación de la dictadura militar, se completa el proceso de tiranización del país en un continente marcado por la presencia de dictaduras militares en Brasil, Chile, Bolivia, Paraguay, etc. Ya en ese momento centenares de presos políticos pueblan las cárceles de Uruguay, la mayoría de las organizaciones revolucionarias han sido diezmadas. La FAU vuelca todos sus esfuerzos en la huelga general que durante quince días paralizará el país. Debe redoblar esfuerzos ya que la fuerza mayoritaria, el PC, repliega, en ese momento, gran parte de su fuerza militante y procura determinado diálogo con los militares. La huelga general sobrevive en la memoria de los trabajadores uruguayos como ejemplo de su decisión de lucha.
En estas condiciones, la FAU ordena ahora la evacuación de la mayoría de sus militantes hacia Buenos Aires, donde ya se encuentran los "más quemados", parte de la Junta Federal y los compañeros de la OPR, con la intención de iniciar desde ahí las tareas políticas que impone la resitencia contra la dictadura. En parte del año 73 y durante 74 y 75 la Organización desarrolla una importante labor desde la Argentina. Apuntalando el trabajo en Uruguay, logrando los medios materiales necesarios para sostener una larga resistencia. Militantes en Uruguay y militantes en el exilio ven a la Organización como una expectativa real. Comienza en ella en estos años un proceso hacia una apertura política que de cabida a mucha militancia que no procede del anarquismo. Un Congreso definirá una posición que apunta a tal objetivo. De cualquier manera se mantiene una estrategia de intención revolucionaria, antielectoralista y de matriz libertaria. Pero la situación Argentina se deteriora rápidamente. En setiembre de 1976 los militares toman el poder e instauran allí una brutal y genocida dictadura. Acorralados por la represión de los servicios especiales del ejército argentino y del uruguayo, operando el Plan Cóndor, una cincuentena de compañeros son asesinados y "desaparecidos", luego de soportar indescriptibles torturas, otros tantos son condenados a largos años de prisión. Dentro de los asesinados se encuentran compañeros viejos de decisiva gravitación para el accionar del conjunto de la organización, por ejemplo Gerardo Gatti, León Duarte, Alberto Mechoso. Compañeros de formación intelectual y emotiva anarquista. El gran golpe sufrido genera dispersión, confusión y sensación de derrota. Una gran pérdida humana y militante que dejará profundas huellas en esta historia. La FAU, llevando en sus entrañas aquel periodo de lucha y en el mejor de los recuerdos a aquellos compañeros caídos seguirá el derrotero libertario hasta nuestros días.
Además de la existencia de FAU-OPR33, otro grupo de libertarios decidieron fundar el Partido Por la Victoria del Pueblo –PVP- así como también sumarse al Movimiento 26 de Marzo del MLN-Tupamaros.




Argentina
A continuación extracto de la Introducción de Chuck Morse a entrevista a Fernando Lopez Trujillo, 13 de octubre de 2002. Traducida del inglés al español por Frank Mintz.

La confluencia mas conocida de grupos libertarios fue Resistencia Anticapitalista Libertaria, donde se fusionaron grupos como Línea Anarco Comunista, Grupo Anarquista Revolucionario, Acción Directa, Organización Anarquista y Resistencia Libertaria La Plata. “Resistencia Libertaria (RL) era activa en los movimientos estudiantil, laboral y barrial y también tenía un ala militar con la que defendió y financió sus actividades. En su mejor momento, tenía entre 100 y 130 miembros y una red mucho mayor de simpatizantes. La organización fue diezmada en 1978 y el 80 % de sus miembros pereció en los campos de concentración y las cámaras de tortura de la dictadura.”




Chile
En este país se pudo desarrollar la experiencia de autodefensa de pobladores conocida como Brigadas del Pueblo conformada por militantes libertarios a fines de los `70. También se pudo conocer la participación de anarquistas en la Vanguardia Organizada del Pueblo y el MIR a fines de los `60.




Brasil
A fines de los 60 la dictadura brasilera logró perseguir y encarcelar a militantes del Movimento Estudantil Libertário quienes ya habían empezado a practicar una alternativa revolucionaria como resistencia. Por otro lado hacia fines de los 70 podemos mencionar a los grupos en torno al periódico “O Inimigo do Rei”, actuantes en São Paulo, Bahia, Río de Janeiro y Rio Grande do Sul.




Perú
Extraído de "Historia del MRTA", periódico Voz Rebelde, nadir.org/nadir/initiativ/mrta/

Durante la génesis del Movimiento Revolucionario Túpac Amaru (MRTA) podemos encontrar participación de posiciones y tendencias anarquistas. Como se detalla en el texto de la Comisión Política del MRTA, hacia 1982 cuando se estaban definiendo las estrategias revolucionarias que se iban a utilizar, se expresaron “marcadas reminiscencias anarquistas que pretendía (…) un golpe de mano liderado por dirigentes gremiales”. Así mismo dirigentes del MRTA como Néstor Cerpa Cartolini y Miguel Rincón Rincón reconocían influencias del anarquismo en sus pensamientos.




Colombia
Llegados los años ochenta, en Colombia muchos libertarios deciden entrar a formar parte de las distintas guerrillas, principalmente el ELN, donde ingresa la organización anarquista Antorcha Libertaria. Aunque en mucha menor medida también algunos libertarios se unieron a las FARC o al M19. Además podemos destacar la lucha del Comité Regional Indígena del Cauca (CRIC) de pueblos originarios Nasas, quienes mantienen durante todos los `80 una insurgencia armada en el valle de Cauca a través de su organización Movimiento Armado Quintín Lame. Habiendo abandonado las armas a principios de los `90 actualmente estos pueblos se organizaron en asambleas autogestionadas y federales denominadas Asociación de Cabildos Indígenas del Norte del Cauca.


Brasil - "10 años de FAO, por la contrucción de CAB"


Hacia la Coordinación Anarquista Brasilera!
En el inicio de 2002 reempezava de manera más lúcida un proceso de articulación nacional para el anarquismo organizado con inserción social en Brasil. Hace diez años, fue creado el Foro del Anarquismo Organizado (FAO), con el objetivo de articular grupos regionales y también luchar por la construcción de una organización anarquista brasilera dotada de un proyecto político común. Hasta hoy, venimos avanzando en este proceso con la consolidación de organizaciones especificamente anarquistas en algunos estados.
En el inicio de 2002 reempezava de manera más lúcida un proceso de articulación nacional para el anarquismo organizado con inserción social en Brasil. Hace diez años, fue creado el Foro del Anarquismo Organizado (FAO), con el objetivo de articular grupos regionales y también luchar por la construcción de una organización anarquista brasilera dotada de un proyecto político común. Hasta hoy, venimos avanzando en este proceso con la consolidación de organizaciones especificamente anarquistas en algunos estados.
Modestamente, contribuímos para poner el anarquismo en el campo de la lucha de clases tomando parte importante en luchas de la ciudad y del campo, con presencia en distintos localidades del país. Actualmente, contando con la participación y incidéncia en más de diez estados brasileros, decidimos dar un paso a frente en el proceso nacional con la creación de la Coordinación Anarquista Brasilera (CAB). No estamos creando una mera sigla o algo aparente sin correspondéncia con la realidad. Por lo contrário, decidimos por la coordinación de organizaciones anarquistas especifistas pues necesitamos de una organicidad que sea correspondiente a nuestra capacidad y necesidad de intervenir en la realidad brasilera con perspectiva de cambio en prol del proyecto socialista y libertario.
Estaremos realizando en este año de 2012 un Congreso Anarquista con delegaciones de las organizaciones regionales que iran fundar la CAB y hacemos una invitación a las organizaciones anarquistas internacionales para que participen de las actividades seguientes en Río de Janeiro:
- 9 de Junio – Debate sobre la Organización Específica Anarquista com los compañeros de la Federación Anarquista Uruguaya y de la Coordinación Anarquista Brasilera. (inscriciones: secfao@riseup.net)
- 10 de Junio – Acto Publico de lanzamiento de ça
CREAR UN PUEBLO FUERTE!
Declaración de Princípios y Intenciones del FAO

lunes, 28 de mayo de 2012

Felipe Corrêa – “Organización e inserción social”



El anarquismo especifista reivindicado por la Federación Anarquista de Rio de Janeiro (FARJ), o simplemente “especifismo”, es una concepción de organización anarquista. Traído de Uruguay, el término “especifismo”, se refiere a los ejes fundamentales que marcan la actuación anarquista: la organización y la inserción social, basados en los conceptos clásicos del anarquismo, que son la actuación diferenciada en los niveles político y social, (concepto de Bakunin) y la organización específica anarquista, (concepto de Malatesta). Los primeros en utilizar este término fueron los compañeros de la Federación Anarquista Uruguaya (FAU), a pesar de que se referían a una forma de organización que comenzó a desarrollarse en el siglo XIX y que fue perfeccionada en durante el siglo XX. En su Declaración de Principios, la FAU relaciona el concepto de especifismo con el de anarquismo organizado:
“Nuestra crítica y nuestro proyecto no se agotan en el levantamiento, la protesta y la rebelión sino que maduran en un modelo de sociedad libertaria inconfundiblemente socialista, en una estrategia de ruptura revolucionaria y en un estilo militante combativo y de agitación permanente en dirección a las transformaciones sociales en gran escala. Este proyecto se canaliza a través de la organización revolucionaria específica y es por tanto, lucha organizada.”
La organización y la inserción social no son defendidas por todas las corrientes anarquistas. Sabemos que el anarquismo es bastante amplio y por eso abarca diversas concepciones, muchas de ellas contradictorias.
El especifismo defiende una posición clara en la polémica histórica sobre la cuestión de organización y de la práctica anarquista, es por eso que tiene en su primer eje la organización. En primer lugar, defiende que los anarquistas deben organizarse específicamente, como anarquistas, para entonces trabajar con los movimientos sociales. En este modelo organizacional vale la idea que, para actuar con eficiencia en la lucha de clases, es preciso que los anarquistas estén organizados, en el nivel político como un grupo de cohesión, con discusión política e ideológica avanzada, con una estrategia bien definida, de forma que eso les dé fuerza suficiente para actuar en el ámbito de las luchas de los movimientos sociales.
La organización específica anarquista, que trabaja en el ámbito político, actúa en el seno de la lucha de clases, en los movimientos sociales y populares, que constituyen el ámbito social. En este trabajo, los anarquistas, organizados como minoría activa, los influencian en cuanto pueden, haciéndolos funcionar de la forma más libertaria posible. Organizados como un agrupamiento específico de cohesión, los anarquistas constituirán una fuerza social mucho mayor y podrán funcionar como un elemento sólido de influencia y persuasión, que tendrá menos chance de ser “atropellado”, por un partido de izquierda, por autoritarios de cualquier estirpe, por la iglesia, otros individuos y grupos que tentan a todo hora usar el movimiento social para su propio beneficio.
El segundo eje del anarquismo especifista es la inserción social. La idea de inserción social está ligada a aquella búsqueda del vector social perdido por el anarquismo, cuando este terminó por desligarse de la lucha de clases y de los movimientos sociales. Con el episodio del alejamiento de los anarquistas del movimiento sindical en Brasil, ocurrido entre los años 1920 y 1930, hay una pérdida de ese vector social del anarquismo, que termina por organizarse en centros de cultura, ateneos, escuelas, etc. La inserción social refuerza la idea de que los anarquistas deben buscar, además de estos aspectos de refuerzo de la memoria y de la promoción de la cultura libertaria, principalmente tener un papel relevante en la lucha de los movimientos sociales y populares. Muchos tienen un poco de recelo con el término “inserción social”, por que lo asocian al viejo “entrismo”, de la izquierda autoritaria en movimientos para intentar aparejarlos, o hacerlos funcionar en su propio beneficio. En realidad, eso no es verdad. Este concepto de inserción social de los anarquistas está ligado, solamente, a la idea de retorno organizado de los anarquistas a la lucha de clases y a los movimientos sociales. No en un sentido de vanguardia, de luchar por el movimiento, sino defendiendo la minoría activa que lucha con el movimiento.
Hay algunas otras ideas que caminan junto con los conceptos presentados encima. Por ejemplo, la crítica a la falta de organización de la mayoría de los anarquistas, proponiendo por lo tanto, esa forma de anarquismo organizado, orientado por la concepción de organización específica explicada anteriormente. Hay también una clara oposición al anarquismo individualista y a la exacerbación de los egos, proponiendo una forma de anarquismo comunista o colectivista, que hace de la libertad colectiva su norte estratégico y que sin ella, considera imposible la libertad individual. Esa forma de organización se opone al modelo sintetista, por creer que no funciona, colocar una serie de individuos y organizaciones bajo el “paragua” del anarquismo, simplemente realzando una identidad alrededor de la crítica – pues generalmente solo hay acuerdo en la crítica del Estado, del capitalismo, de la democracia representativa – o mismo de la sociedad futura; eso por que no hay ninguna unidad en términos organizacionales, o en las cuestiones constructivas. O sea, no hay una posición clara entorno de la forma de organización adecuada, en “como actuar”. Muchos anarquistas no consideran la organización tan necesaria y otros la hallan hasta autoritaria. En el modelo de organización especifista, se defiende la idea de trabajar con unidad táctica y teórica, lo que facilita enormemente el trabajo con proyectos estratégicos bien definidos y con todos trabajando en el mismo sentido. En esta forma de organización, hay también un papel preponderante para la cuestión de la responsabilidad y del compromiso, lo que veremos con algunos detalles a seguir.

Ética y responsabilidad
Junto con la noción de organización e inserción social, caminan dos principios: la ética y la responsabilidad.
La ética es entendida siempre como un sinónimo del anarquismo, constituyéndose en su “espina dorsal”. No debe ser entendida como un sistema de ideas y valores teóricos; no aplicables, sino como un principio aplicable, de valores que toma en cuenta los intereses colectivos y universales; que define los principios de conducta. La ética anarquista es justamente una necesidad de coherencia entre nuestra conducta y los principios que defendemos, en el caso de la FARJ, por ejemplo, libertad, federalismo, autogestión, internacionalismo, acción directa, clasismo, práctica política, inserción social y apoyo mutuo.
La ética se diferencia radicalmente de la moral. La moral es algo que se coloca de fuera para dentro, un contenido no elaborado y que por medio de la coerción, se acepta, o simplemente se somete a ella. Distintamente, la ética es algo que viene de dentro hacia fuera, o sea, algo que es procesado, pensado sin coerción, que después norteará la conducta. La moral puede ser considerada una victoria sobre el individuo, al paso que la ética es el “vencer con” (o convencer), siendo la conducta orientada por la ética el resultado de la elaboración y del procesamiento de los conceptos.
Se relacionó mucho, durante la historia del anarquismo, la ética con la coherencia entre los medios y los fines. Por eso se defiende una forma de actuación, que sea adecuada con el fin que se desea alcanzar, la llamada coherencia entre los medios y los fines. Se entiende que si la lucha tiene por objetivo la libertad, debe ser hecha en libertad. Eso se explica de diferentes formas, desde rechazando un medio autoritario como el Estado para llegar a la libertad – el concepto marxista de socialismo –, hasta defendiendo una actuación honrada, íntegra y honesta políticamente, muy al contrario de las historias de militancia de Netchaiev, por ejemplo, que creía que todo valía la pena, para llegar a la revolución, mismo mintiendo, engañando, chantajeando, traicionando compañeros, etc.
En la propia historia del anarquismo en Rio de Janeiro, se relacionó bastante a la ética con el respeto mutuo, entendiéndola como un principio que exigiría la necesidad de respetar a los compañeros de lucha y hacer del ambiente político un lugar de solidaridad, sea con militantes antiguos, sus compañeros, sea con los nuevos interesados. Se recomienda así, una consideración a la pluralidad de ideas, un derecho a la manifestación y a la voz, siempre tratando a las personas con el debido respeto y repudiando conductas antisociales, desagregadoras y divisionistas.
Además se puede relacionar le ética con la responsabilidad, de la forma que lo hizo Ideal Peres, cuando afirmo que “un sujeto que tiene una ética libertaria sabe por que está luchando y consigue explicar los motivos ideológicos de la lucha, tiene compromisos y autodisciplina para llevar a cabo las tareas asumidas”. En esta relación Ideal Peres, que siempre reforzó los valores de ética y responsabilidad, coloco la necesidad de los militantes anarquistas, de conocer los motivos de la lucha, es decir, contra lo que se lucha y por lo que se lucha, consiguiendo justificar ideológicamente sus argumentos. El compromiso y la autodisciplina serían fundamentales para colocar en práctica esa ética libertaria, siendo por lo tanto antiéticos, los anarquistas que defienden una posición muy común en el universo libertario de descompromiso e irresponsabilidad.
Al entender que la responsabilidad es contraria a la libertad, muchos anarquistas imposibilitan la relación de cualquier actividad seria, con objetivos mínimos. Los anarquistas que defienden la idea de responsabilidad creen que sin ella es imposible hacer cualquier proyecto de medio o largo plazo, de colocar en práctica un proyecto de corto plazo, o establecer una forma de acción y cumplirla. A partir de esa división se entiende que para la realización de cualquier actividad en una organización, debe haber una discusión previa, un planeamiento estratégico que se desdoble, en un planeamiento táctico, con las diversas acciones que la organización realizará. Para que esto ocurra, se deben dividir las responsabilidades y cada uno debe hacer lo que asumió. Como recientemente escribió la FARJ, “la autodisciplina es el motor de la organización autogestionaria” , y debe funcionar sin disciplina servil, mas con coherencia con las ideas aceptadas, con la realización de las tareas asumidas y con la obligación severa, para con el trabajo de militancia y de lucha.

FARJ - "Reflexiones sobre el compromiso, la responsabilidad y la autodisciplina"

Material publicado en el sitio de FARJ.org. 
Traducción al castellano por Neto do Caldeireiro (GZ)
"Un sujeto que tiene una Ética Libertaria
sabe por que está luchando y consigue explicar los motivos
ideológicos de la lucha, tiene compromisos y autodisciplina
para llevar a cabo las tareas asumidas"

Ideal Peres
Una de las características más importantes de la organización FARJ es el compromiso militante de sus miembros. Creemos que para que nuestra lucha tenga frutos prometedores, es fundamental que cada un@ de l@s militantes de la organización tenga un alto grado de compromiso, responsabilidad y autodisciplina.
Cuando nuestro querido Ideal Peres profirió las palabras de arriba, él expreso, en una sola frase, una serie de opiniones de suma importancia para nuestra organización. Él enfatizaba, antes de nada, la importancia de la conciencia del militante en relación a los motivos de la lucha. Eso significa que el militante anarquista no debe simplemente obedecer aquello que determina una dirección desligada de la base o servir de "mano de obra" para una élite con intereses personales por el dominio de personas y/o por otros intereses anti-éticos, desde nuestro punto de vista. El militante anarquista es un sujeto que participa activamente de todas las discusiones que se dan en el ámbito de la Federación. De él, se espera que se involucre en las discusiones que suceden, posicionandose, discutiendo las mejores salidas para las cuestiones presentadas e participando en los rumbos tácticos y estratégicos adoptados por la organización.
Es por eso que todos los militantes deben tener claro de por qué se lucha, contra el qué se lucha y en favor de qué se lucha. Para eso, es fundamental el compromiso de cada un@ con su autoformación, independientemente de las tareas de formación política que estén siendo realizadas por la organización. Es obligación del militante buscar informarse y, constantemente, formarse políticamente, para poder tener plena conciencia de los objetivos de la organización, de las discusiones que suceden y de las actividades que se están desarrollando. Así, el militante consigue comprender los rumbos de la organización (en términos prácticos y teóricos), estando preparado para conversar, discutir y debatir con l@s otr@s, o incluso ponerse frente a una asamblea o hablar en publico en cualquier circunstancia, evitando que recaiga en manos de un@s pocos, el ejercício de tales tareas. También se espera que la organización dé soporte a l@s militantes, auxiliando a aquell@s que tuvieran alguna dificultad.
El/la militante anarquista no es alienado. Él/ella no sigue ordenes que vienen de arriba y no es "base" para intereses de vanguardias (o élites), como sucede en los partidos políticos y en otras organizaciones jerárquicas.
La opinión del militante anarquista en el seno de la organización no es apenas consultiva, y sí deliberativa. Es decir, son l@s militantes de la organización que deciden su rumbo, y no hay vanguardias (élites), cuya opinión vale más que la de l@s otros. Para nosotr@s, en una discusión, la opinión de tod@s l@s miembros plenos de la organización tiene el mismo peso.
Cuando Ideal Peres hablaba de compromiso y autodisciplina, él decía fundamentalmente un compromiso individual con las decisiones colectivas. ¿Pero cómo funciona eso?
Es muy común en las organizaciones que se dicen horizontales y apartidarias, una falta de compromiso enorme de l@s militantes en relación a las cuestiones de compromiso y autodisciplina. Un ejemplo de eso es la gran cantidad de personas que frecuentan reuniones (de grupos que son relativamente abiertos), dando opiniones sobre asuntos que desconocen o asumiendo responsabilidades, sabiendo que no podrán cumplirlas. Es muy común que esas personas no aparezcan más en las próximas reuniones y ni cumplan con aquello que prometieron, alegando que no pudieron, por un motivo o por otro, o si quiera dando satisfacción al colectivo. Lo peor de todo es que muchas de esas personas, al ser cuestionadas, se sienten en cima víctimas de algún tipo de autoritarismo.
Hay un ejemplo muy ilustrativo en relación a la situación que señalamos arriba: en una "radio libre" del sur del país (preferimos no decir el nombre) que decía funcionar bajo autogestión, las personas que querian hacer sus programas iban a las reuniones de la radio y marcaban sus programas en la parrilla, de común acuerdo. Después de esto, muchas de las personas que habían marcado sus programas simplemente no aparecían, dejando la radio sin funcionar y impidiendo la oportunidad de que otras personas pudiesen utilizar aquel horario. Al ser cuestionad@s por l@s otr@s miembr@s del colectivo de la radio, l@s faltantes decían que aquello era autoritarismo, pues ell@s estaban ejerciendo su derecho, su "libertad", al no aparecer para hacer el programa, aunque se hubiesen comprometido a ello desde el principio.
Este es un ejemplo aislado, pero desgraciadamente, situaciones como esas son muy recurrentes en el llamado "medio libertario". Para nosotr@s, lo que sucede es que hay una inversión de valores al juzgar que determinado tipo de comportamiento es el/la autoritari@ – es decir, aquel/aquella que se ha comprometido en algo con el colectivo y no cumple – se cree víctima de autoritarismo.
El "compromiso y la autodisciplina para llevar a cabo las tareas asumidas" resaltados por Ideal Peres huyen radicalmente del modelo presentado arriba. En este tipo de actitud de compromiso y autodisciplina, coincidimos con Ideal que, dentro de la organización, debe haber un gran espacio para todas las discusiones y todos los puntos de vista deben ser analizados con todo el cuidado y, como dijimos antes, tener el mismo "peso" en las tomas de decisión de la organización. En esas reuniones, son deliberadas todas las actividades que la organización hará, lo que quiere decir que sus miembros las llevarán a cabo. Al final, la organización no hace nada por si sola. Ella no tiene cerebro, brazos y piernas para poder ejecutar las actividades que se discuten en su seno. Es por eso que todas las actividades que se deliberan y que fueron responsabilidad de la organización tendrán, de una manera o de otra, ser ejecutadas por sus miembros. Era sobre eso que Bakunin se posicionaba, ya en el siglo 19, discutiendo la cuestión de la disciplina:
"Por enemigo que sea de lo que llaman, en Francia, disciplina, reconozco, con todo, que cierta disciplina, no automática, y si voluntaria y reflejada, está perfectamente de acuerdo con la libertad de los individuos, fue y será necesaria, siempre que muchos individuos, libremente unidos, emprendan un trabajo o una acción colectiva cualquiera. Esta disciplina no es más que la concordancia voluntaria y reflejo de todos los esfuerzos individuales para un fin común. En el momento de la acción, en medio de la lucha, los papeles se dividen de forma natural, de acuerdo con las aptitudes de cada uno, apreciadas y juzgadas por toda la colectividad: unos dirigen y ordenan, otros ejecutan ordenes. Pero ninguna función se petrifica, ni se fija y no permanece irrevocablemente ligada a una persona. Los niveles y la promoción jerárquica no existen, de modo que el comandante de ayer puede ser el subalterno de hoy. Nadie se eleva por encima de los demás, o si se eleva, es solamente para caer al instante siguiente, como las olas del mar, volviendo siempre al nivel saludable de la igualdad. En este sistema, de hecho, ya no hay poder. El poder se funde en la colectividad, y resulta la expresión sincera de la libertad de cada uno, en la realización fiel y seria de la voluntad de todos [...]"
[Mikhail Bakunin. Imperio Knuto-Germánico. Extraído de Frank Mintz. Bakunin: crítica y acción. Buenos Aires: Colección Utopía Libertaria pp. 74-75.]
Cabe aquí abrir un paréntesis para decir que, de la misma manera que no existe un "espíritu de organización" que resuelve problemas y que desarrolla las tareas. Es fundamental, en el momento en que las decisiones fueron tomadas, que se dividan las responsabilidades, quedando los miembros formalmente responsables por su ejecución. Esto es importante, pues otro problema común en las organizaciones horizontales está en la deliberación de que se debe hacer esto o aquello y después todos se van para casa, sin resolver quien se hace responsable por cual o tal actividad. En este modelo, pasa una de las dos opciones: o nadie realiza esas actividades, o las actividades caen en las espaldas de los miembros más activos de la organización. Por eso, creemos la necesidad de dividir las actividades entre los militantes, buscando siempre un modelo que distribuya bien esas actividades y que huya de la concentración de tareas sobre los miembros más activos o capaces.
A partir del momento en que un militante asume una o más tareas para con la organización, tiene la obligación de realizarla y una gran responsabilidad ante al grupo en relación a esa(s) tarea(s). Es la relación de compromiso que el militante asume con la organización. Como las discusiones en el seno de la organización son ampliamente democráticas y nadie asume las tareas porque está obligado, cada compromiso es un compromiso asumido por iniciativa del propio militante, siendo de su completa responsabilidad. Si sucede un imprevisto y el militante cree que no podrá realizar aquello con lo que se comprometió, es su responsabilidad informar a la organización con tiempo y transferir su responsabilidad a otro miembro.
No creemos que el cobro, por parte de la organización, de las responsabilidades asumidas por el militante sea algo autoritario. Debe existir y, si se da esa irresponsabilidad o falta de compromiso constante, debe haber una conversación franca de los otros militantes con él, a fin de resolver la cuestión y no perjudicar los trabajos de la organización.
La autodisciplina es el motor de la organización autogestionaria. Como en una organización de ese tipo – que es nuestro caso en la FARJ – no hay jefes que "cobran" los funcionarios o la base para la ejecución de las tareas, el que asume una responsabilidad debe tener la disciplina suficiente para ejecutarla. De la misma manera, cuando la organización determina una linea a seguir o algo a realizarse, es la disciplina individual que hará que aquello que se delibero colectivamente se realice. No debe haber necesidad de compensación, pues se espera que cada uno en el grupo informe por la realización de las tareas determinadas en la organización, pero el individuo debe satisfación a la organización, debiendo informarla del desarrollo de las actividades bajo su responsabilidad y cuando no se realizan, explicar al colectivo el motivo, pudiendo ser impelido por ello. Cuando hay problemas en el desarrollo de las actividades de un miembro u otro, la organización puede "cobrar" a los responsables por el desarrollo de las actividades, también con el objetivo de no perjudicar los trabajos y la lucha. Obviamente que la forma de ese cobro debe estar dentro de los criterios de respeto mutuo y de ética anarquista.
Errico Malatesta, al discutir la cuestión de la disciplina, en 1920, la trato de la siguiente forma:
"Disciplina: ete aquí la gran palabra de la cual se sirven para paralizar la voluntad de los trabajadores conscientes. Nosotros también pedimos disciplina, porque, sin entendimiento, sin coordinación de los esfuerzos de cada uno hacia una acción común y simultanea, la victoria no es materialmente posible. Pero la disciplina no debe ser una disciplina servil, una devoción ciega a los jefes, una obediencia a aquel que siempre habla para no tener que moverse. La disciplina revolucionaria es la coherencia con las ideas aceptadas, la fidelidad a los compromisos asumidos, es sentirse obligado a compartir el trabajo y los riesgos con los compañeros de lucha."
[Errico Malatesta. Anarquistas, Socialistas y Comunistas. São Paulo: Cortes p. 24.] (comillas nuestras)
Es relevante observar los comentarios de Malatesta, de acuerdo con que esa disciplina y ese cobro no debe seguir el modelo autoritario, tanto de opresión de los miembros del grupo como por la forma de esos cobros, que, conforme mencionamos, también debe considerar el respeto y la ética entre los miembros del grupo. Es una gran preocupación diferenciar la autodisciplina que aquí proclamamos de la disciplina militar, explotadora y opresora en su esencia y que, desde nuestro punto de vista, no sigue rumbos diferentes de los de otros autoritarismos que bien conocemos.
Sobre la cuestión de la disciplina en el medio libertario, vale la pena observar con atención el debate que se dio en torno a la Plataforma Organizativa de los Comunistas Libertarios, publicada por el grupo Dielo Trouda, en su exilio en Francia. Tras su publicación en 1926, surgieron diversas respuestas y un debate riquísimo, primeramente sobre los aspectos organizativos del anarquismo, y también otras importantes cuestiones, entre ellas la cuestión de la disciplina, sobre la cual nos detendremos en este momento.
Son importantes las fuentes para este debate, tanto la propia Plataforma, como las respuestas y discusiones que se dieron posteriormente como la Síntesis y la "Respuesta" de 1927 a la Plataforma escritas por Volin y otros miembros de la NABAT (Confederación Anarquista de Ucrania), la crítica más detallada a la Plataforma fue la de G. P. Maximov llamada de Constructive Anarchism [Anarquismo Constructivo], el debate entre Nestor Makhno y Errico Malatesta – un riquísimo intercambio de cartas que van desde 1927 a 1929 –, la respuesta de Piotr Arshinov a Malatesta, conocida como Lo Viejo y lo Nuevo en el Anarquismo, además de varios artículos de este periodo. Podemos citar importantes textos como La Response aux Confusionistes de l'Anarchisme [La Respuesta a los Confusionistas del Anarquismo] de Piotr Arshinov, la serie de artículos publicados en Solidaridad Obrera por Alexandre Schapiro en 1932, otros artículos de Volin, así como de pensadores como Sebastien Faure, Luigi Fabbri y Camilo Berneri. Hay artículos centrales de Makhno (Sobre la Defensa de la Revolución y Sobre la Disciplina Revolucionaria) y de Malatesta (A Propósito de la Responsabilidad Colectiva), que también traen argumentos relevantes a la discusión de la Plataforma.
Para el tema que aquí estamos discutiendo, creemos que la fuente más rica sea el debate entre Nestor Makhno y Errico Malatesta. No es el caso aquí tomar la defensa de uno u otro lado, pero si de observar las posiciones pertinentes tanto de un lado como de otro, ya que tenemos un gran aprecio por los dos militantes en cuestión y creemos que hay argumentos correctos en ambos lados.
Estaremos de acuerdo con lo que presentan los exiliados rusos en la Plataforma cuando afirman que "la situación miserable en la cual el movimiento libertario vegeta, tiene su explicación en un número de causas, de las cuales la más importante, la principal es la falta de principios y prácticas organizativas en el movimiento anarquista". Los rusos enfatizaban que hay "una falsa interpretación del principio de individualidad en el anarquismo: siendo esta teoría frecuentemente confundida con la total falta de responsabilidad". Sabemos que uno de los grandes problemas del universo libertario es que el principio de la libertad y del antiautoritarismo es entendido muchas veces como falta de compromiso, la tal "falta de responsabilidad" apuntada por los compañeros rusos. Debemos recordar también que, conforme mencionan, "los elementos individualistas y caóticos entienden con el título 'principios anarquistas' indiferencia política, negligencia y total falta de responsabilidad".
Sabemos que la crítica del principio individualista en el anarquismo tiene sentido y e por eso que concordamos también que "el principio federalista ha sido deformado en los puestos anarquistas: éste ha sido interpretado como el derecho, por encima de todo, de manifestar el 'ego' de alguién, sin la obligación de acarrear con los deberes para con la organización". Juzgamos correctos a los rusos cuando reivindican que "todos los participantes del acuerdo y la Unión cumplan completamente los deberes asumidos, y conforme a las decisiones compartidas" y que "el tipo federalista de organización anarquista, al mismo tiempo en que reconoce los derechos de independencia, opinión libre, libertad individual e iniciativa de cada miembro, requiere de ellos que asuman deberes organizacionales fijos, y exige la ejecución de decisiones compartidas".
Debemos llamar la atención también sobre las disertaciones de Malatesta en su respuesta, titulada Un Proyecto de Organización Anarquista, en que resalta:
"Al revés de estimular en los anarquistas un mayor deseo por la organización, [la Plataforma] parece deliberadamente reforzar el prejuicio de muchos compañeros que creen que organizarse significa someterse a jefes, adherir a un organismo autoritario y centralizador, que sofoca toda libre iniciativa".
Cabe entonces una reflexión sobre eses asuntos que no están tan claramente expuestos en la Plataforma. Malatesta exageró, pero vale observar sus comentários y tener en cuenta para que la necesidad de responsabilidad que defendemos, no signifique la jerarquía y autoritarismo. Los comentários de Malatesta implican exactamente los medios en que utilizamos para llegar a nuestros objetivos; por eso, él resalta todavía que "es inconcebible que los mismos que profesan ideas anarquistas y quieren realizar la anarquía, o como mínimo anticipar su realización – hoy, en lugar de mañana – renieguen de los princípios básicos del anarquismo en la organización con la cual se proponen luchar por su victoria". Aún sobre el tema, enfatiza que su proyecto de organización anarquista debe contar con "total autonomia, total independencia , por tanto, total responsabilidad de individuos y grupos; libre acuerdo entre los que creen útil unirse para cooperar en la obra común; deber moral de mantener los compromisos asumidos y de nada hacer en contradición con el programa aceptado". Para finalizar, y volviendo a la discusión de los medios, él afirma que "para vivir y vencer, no necesitamos abandonar las raciones de nuestra vida y deformar el carácter de la victoria eventual. Nosotros queremos luchar y vencer, pero como anarquistas y para la anarquía" (las comillas son nuestras). Aquí también cabe coincidir con Malatesta, pués si deseamos conseguir nuestros objetivos con la máxima urgéncia, no tendremos que dejar de lado los principios que acaban implicados en el como haremos eso.
En su "Respuesta", Makhno afirma, con razón: "Tú mismo, querido Malatesta, admites la responsabilidad individual del revolucionario anarquista. Es más, tu la apoyaste durante toda tu vida como militante". Algo que se comprueba si observamos la cita sobre disciplina de Malatesta de más arriba, que data de 1920 y sustenta los mismos argumentos de Makhno. Con mucha razón, y deacuerdo con las afirmaciones de Malatesta, Makhno dice que "ninguno de nosotros tiene derecho de escatimar tal responsabilidad. Al contrario, si fue hasta ahora ignorada, en las filas anarquistas, es necesario volverla ya, para nosotros, anarquistas comunistas, un artículo de nuestro programa teórico y práctico"; además de eso, "apenas el espíritu colectivo y la responsabilidad colectiva de sus militantes permitirán al anarquismo moderno eliminar de sus círculos la idea, históricamente falsa, de que el anarquismo no puede ser una guía – sea ilógicamente, sea en la práctica – para la masa trabajadora en un periodo revolucionario, y, por tanto no podría exigir la responsabilidad total".
Malatesta respondió nuevamente, ya aproximando cierto acuerdo con Makhno, cuando escribió: "ciertamente, acepto y apoyo la visión de que cualquiera que se asocia y coopera con otros por una causa común debe coordinar sus acciones con las de sus compañeros y no hacer nada que perjudique la acción de los otros y, por tanto, la causa común; respetar los acuerdos hechos – excepto cuando pretenden dejar la asociación por diferencias de opinión, cambio de circunstancias o conflicto sobre métodos escogidos vuelvan la cooperación imposible o impropia. Así, yo sustento que aquellos que no sienten ni practican tales deberes han de ser expulsados de la asociación. Tal vez, hablando de responsabilidad colectiva, te refieras precisamente al acuerdo y a la solidaridad que deben existir entre los miembros de una asociación. Si es así, tu expresión significa, en mi opinión, un uso incorrecto del lenguaje, pero eso sería apenas una cuestión irrelevante de fraseología y luego alcanzaríamos el acuerdo".
Creemos también importante citar pedazos de un artículo de 1926 de Makhno, llamado Sobre la Disciplina Revolucionaria, cuando él afirma: "entiendo la disciplina revolucionaria como una autodisciplina del individuo, establecida en un colectivo que actúa, de modo igual para todos, y rigurosamente elaborada. Debe ser la linea de conducta responsable de los miembros de ese colectivo, induciendo a un acuerdo estricto entre su práctica y su teoría.". Makhno cierra el artículo, con una frase muy importante: "la responsabilidad y la disciplina organizacionales no deben horrorizar: ellas son compañeras de viaje de la práctica del anarquismo social."
Malatesta, un año después el debate con Makhno, publica un artículo llamado A Propósito de la Responsabilidad Colectiva en que afirma: "la responsabilidad moral (pues en nuestro caso no puede sino tratarse de responsabilidad moral) es individual por su propia naturaleza". Afirma, en seguida, que "Si entre hombres que se pusieron deacuerdo para hacer alguna cosa, alguno de estes, faltando a su compromiso, hace fracasar la iniciativa, todos dirán que es él el culpable y, por tanto, el responsable, y no aquellos que hicieron hasta el final todo lo que debían hacer."
Pensamos que todos los retazos citados traen enseñanzas a los libertarios sobre las cuestiones discutidas. El objetivo de nuestra organización es exactamente estar concebida para exaltar los elementos de compromiso, responsabilidad y autodisciplina, sin que eso levante posturas autoritarias, que huyan de los limites aceptables por la ética, como ya hablamos. La ética la definimos como uno de los ejes centrales de nuestra organización.
Esos elementos, hoy y siempre, son fundamentales para la realización de las actividades de cualquier organización que se diga seria y que tenga objetivos de transformación social.
Tratemos la cuestión con ejemplos prácticos de nuestra organización. La FARJ, como bien se sabe, trabaja en dos frentes fundamentales: el frente comunitario y el frente de ocupaciones. Tanto en una como en otra, compromiso, responsabilidad y autodisciplina son imprescindibles.
Por ejemplo, para las actividades del frente comunitario. La gestión del Centro de Cultura Social do Rio de Janeiro (CCS-RJ) implica que existan unos acuerdos para que haya personas de la organización en el CCS en los días acordados, con el objetivo de realizar las actividades programadas y que el espacio no se quede "muerto". Esa gestión trata de desarrollar actividades que apunten hacia rumbos marcados por la organización, cuidar para que las cuentas de agua, luz, etc. se paguen en el día (hacemos otro paréntesis aquí para parafrasear a un compañero de nuestra organización que nos recordaba, diciendo que no adelanta llegar a fin de mes para pagar la cuenta del supermercado y decir en la caja "pero yo soy anarquista, estoy contra el capitalismo"; eso no resuelve los problemas de quien todavía vive dentro del capitalismo). En fin, existe toda una exigéncia de tareas que la organización se dispone a hacer y que, si no las hace, está perjudicando el camino rumbo aquello que se pretende conseguir con la programación de estas tareas. De la misma manera funciona el compromiso de un militante con el frente: si el frente delegó a uno de los militantes la tarea de abrir el CCS, por ejemplo, se espera de este militante que vaya hasta el local en la fecha y horario previstos y que realice su tarea. Lo mismo vale para todos los otros proyectos que se llevan a cabo por el frente comunitario: para que la Biblioteca Fábio Luz abra en los días y horarios previstos, para que los libros sean registrados, para que se produzca teoría en el Núcleo de Pesquisa Marques da Costa, etc.
En el frente de ocupaciones, las cosas funcionan de la misma forma. Hay una gran necesidad de que los militantes frecuenten las asambleas de las ocupaciones y que para eso, estén informados de los horarios, de los días y de los temas a ser tratados en esas asambleas. Después de eso, es importante que los militantes participen de las asambleas de la forma como se ha acordado con el frente, respetando los debidos acuerdos y los objetivos que se pretenden conseguir. Los militantes deben trabajar también, para que las ocupaciones se articulen con las otras, en el foro que hoy llamamos Frente Internacionalista de los Sin Tech (FIST). El compromiso en este caso de las ocupaciones es todavía más crítico que en el frente comunitario, visto que en el frente comunitario, muchas veces, se actúa entre compañeros que tienen valores éticos semejantes a los nuestros, lo que hace que el grado de organización y compromiso puedan ser un poco más flexibles. En el ambiente de las ocupaciones urbanas, como en otros movimientos sociales, se dan muchas disputas y que, algunas veces, tenemos que lidiar con enemigos como crimen organizado, iglesia, partidos políticos, organizaciones oportunistas de izquierda, entre otros. En este contexto, debemos resaltar la importancia de la organización, del compromiso y de la disciplina, pues hay una fuerte disputa por el espacio político (poder), lo que significa que si los anarquistas abren espacio, o tienen problemas de compromiso, etc., generan espacio para que las otras organizaciones que están en el movimiento social ganen hegemonía. No hay vacío de espacio político (o poder), por eso, una falta de compromiso y responsabilidad en la realización de las actividades significa que estamos generando espacio para que los otros lo tomen. Si queremos que los libertarios tengan una posición preponderante y que puedan influir en el movimiento social más que las otras fuerzas en cuestión, es fundamental saber que debemos trabajar con el máximo de responsabilidad.
Concluimos resaltando que nuestro trabajo no puede ser algo que se de puntualmente y que podemos hacer a veces, cuando nos apetece. El compromiso que establecemos, como organización, exige que tengamos responsabilidad y constancia de nuestras acciones. Eso muchas veces es duro, pues las batallas son, muchas veces, perdidas. Es la voluntad y el compromiso militante que harán que caminemos día tras día, para el desarrollo de las actividades de la organización y para que podamos superar los obstáculos y preparar terreno para nuestros objetivos a largo plazo. Es de esta manera que entendemos poder caminar rumbo a la libertad.

"Viva el 15 aniversario de la FAG!!!" - 21 Noviembre 2010


21 de noviembre de 2010
A nuestros compañeros de la lucha libertaria brasilera, a nuestra hermana FAG:
Con motivo del 15º aniversario de la Federación Anarquista Gaúcha (nuestra hermana FAG) acercamos nuestro abrazo fraterno desde Argentina, desde las columnas libertarias.
Queremos recalcar que vuestras luchas son inspiración y una referencia del anarquismo latinoamericano para toda la región.
Sabemos que el estado (el enemigo del pueblo) los persigue por ser anarquistas, es decir por el compromiso que tienen con vuestro pueblo pobre y oprimido.
En medio de tantos "atajos" desde la izquierda latinoamericana para caer en mediocridades cortoplacistas, saludamos fervorosos una década y media de construcción de poder popular con paciencia, desde abajo, desde la base y de manera contundente, movilizando con nuestra clase. No hay otro camino compañeros, si queremos que las cosas cambien del todo, hemos aprendido de ustedes.
Desde argentina pudimos inspirarnos en construcciones sociales impulsadas por vuestros militantes y han sido un faro generador de esperanza y voluntad libertaria para hacer renacer la esperanza de un mundo sin desiguales ni estados.
Han ayudado a prender la mecha de nuestra ideología en lugares con más de 80 años de ausencia. En ese sentido, y como solemos decir por aquí "recojemos el guante" e intentamos levantar organizaciones libertarias que nos ayuden a proyectar la luchas, a pensar, a hacer criticas de lo que hacemos y no corrernos de nuestra ética política.
Nos es grato inspirarnos en vosotros para seguir construyendo modelos federativos como el de ustedes y otras organizaciones de la región que tanto empuje le ponen.
Mas que, que en el día de hoy puedan encarar este tan importante acto con todo orgullo, no se puede esperar otra cosa.
Finalizamos con una cita dedicatoria de un compañero salido de vuestro pueblo que tan afin es su pensamiento a nuestra forma de pensar las organizaciones:
"Pois nos rude ataques à opressão,
A cada herói que morra ou desanime
Dezenas de outros bravos surgirão."
"Porque en los duros ataques contra la opresión,
Cada héroe que muere o es desanimado
Docenas de otros valientes van a surgir."
José Oiticica
Soneto de la Anarquia, Brasil 1913

Saludos Fraternales a nuestros compañeritos brasileros!!!
VIVA LA ANARQUÍA!!!
VIVAN LOS 15 AÑOS DE ACCION ANARQUISTA EN RIO GRANDE DO SUL!!!
HOY MAS QUE NUNCA ARRIBA LOS QUE LUCHAN!!! ACIMA OS QUE LUTAM!!!
...desde Argentina

Columna Libertaria Errico Malatesta (Buenos Aires)
Columna Libertaria Joaquin Penina (Rosario)

Regionales del Anarquismo Organizado

domingo, 27 de mayo de 2012

FARJ - "Entrevista a la Federación Anarquista de Rio de Janeiro" (Extractos)


Entrevista a la Federación Anarquista de Río de Janeiro (FARJ), de Brasil, realizada por Thierry L. para la revista virtual Divergences, entre diciembre de 2007 y febrero de 2008.
(…) ¿Cuál fue el modelo de organización que escogieron?

FARJ: Optamos por el modelo específico – conocido por otros nombres como “especifismo” o anarquismo organicista – en gran medida inspirado en la FAU. Por las discusiones que tuvimos, llegamos a la conclusión de que sería imprescindible trabajar con movimientos sociales y populares, y que, para ello, deberíamos crear una organización con énfasis en el compromiso militante. Una organización en estos moldes defiende algunas posiciones claras:
· la organización como minoría activa
· el énfasis en la necesidad de organización
· la unidad teórica y la unidad de acción
· la producción de teoría
· la necesidad de trabajo social e inserción social
· el entendimiento del anarquismo como herramienta para la lucha de clases en la búsqueda de un proyecto socialista libertario
· la diferencia entre los niveles de actuación política (de la organización anarquista) y social (de los movimientos populares)
· la defensa de una militancia que se haga con estrategia
Es obvio que la organización no nació trabajando con todos estos conceptos, pero hemos perfeccionado nuestro trabajo en ese aspecto, a lo largo de estos años.

¿Es posible detallar aún más cómo funciona esa manera de organización?

FARJ: Este modelo de organización sostiene que la función de la organización específica anarquista es coordinar y hacer convergir a las fuerzas procedentes de las actividades militantes, construyendo una herramienta de lucha sólida y consistente, que busca un objetivo finalista: revolución social y socialismo libertario. Creemos que el trabajo sin (o con poca) organización, en donde cada cual hace lo que quiere, mal articulado o incluso aislado, es ineficiente. El modelo de organización que defendemos busca multiplicar el resultado y la efectividad de las fuerzas militantes. En este modelo, la organización específica anarquista trabaja como minoría activa, o sea, un grupo de anarquistas que, organizados en el nivel político e ideológico, parte hacia las acciones en el nivel social – movimientos sociales, sindicatos, etc. En este trabajo, la organización de minoría activa se ocupa de influenciar a los movimientos y luchas con los que está involucrado, para que funcionen de la forma más libertaria posible. Siempre que actúan en el nivel social, los miembros de la organización política no buscan posiciones de privilegio, no imponen su voluntad, no luchan por los movimientos sociales, sino que con ellos, por eso se diferencian de una “vanguardia” marxista-leninista. Es así, la ideología dentro del movimiento social y no al inverso. Entendemos la unidad teórica como necesaria, pues la organización no puede trabajar con cualquier teoría, o con múltiples teorías; eso conduce a una falta de articulación, o incluso a una articulación conflictiva del conjunto de conceptos que lleva, sin dudas, a una práctica equivocada, confusa o aun muy poco eficiente. Esta unidad siempre se alcanza colectivamente y de manera horizontal en el seno de la organización.La unidad teórica camina junto con la unidad de acción. Por medio de ella, la organización actúa para poner en práctica las acciones que fueron establecidas dentro de la estrategia de lucha. Habiendo definido una línea teórico-ideológica y un programa estratégico, todos los militantes – después, la organización como un todo – poseen la obligación de realizar las acciones tácticas establecidas dentro del programa estratégico. En suma, todos deben “remar el barco hacia el mismo lado”. Este modelo de organización se caracteriza, aún más, por el énfasis que le da a la necesidad del trabajo social y de la inserción social. El trabajo social es la actividad que realizan los anarquistas organizados en los movimientos sociales y populares; y la inserción social es la inserción de las ideas y de los conceptos libertarios en estos movimientos. Si queremos luchar por una sociedad sin explotación ni dominación, no hay coherencia en hacerlo sin el compromiso de quien es la mayor víctima de la sociedad capitalista de clases: el pueblo explotado y dominado. Asumir esta postura no significa idolatrar al pueblo o creer que es revolucionario en su esencia, sino apenas concordar con la idea de que la lucha contra la explotación se debe dar con la participación de aquellos que son los más explotados. Por eso, estimulamos fuertemente la actuación en movimientos sociales populares, autónomos y combativos o inclusive su creación. Creemos que el anarquismo, para florecer, debe ser utilizado como herramienta para la lucha de clases. Otra característica de este modelo de organización es la diferencia entre los niveles político y social de actuación. No creemos que haya una jerarquía de la organización política sobre el movimiento social (como es para los autoritarios); para nosotros, esta es una relación complementaria y dialéctica, imprescindible para ambos. Así, el nivel político (de la organización anarquista) debe actuar en el nivel social (de los movimientos sociales) que está organizado en torno a cuestiones pragmáticas para la mejoría de las condiciones de vida de la clase explotada. Para que esto se haga con coherencia, se desarrollan estrategias en el seno de la organización anarquista: es en este ámbito donde se hacen los análisis de coyuntura; se tratan los contextos mundial, nacional y regional; se analizan los movimientos y las fuerzas populares en juego, sus influencias, potencialidades; las cuestiones de la política institucional que tienen influencia sobre los ambientes en los que nos proponemos actuar. En este mismo ámbito de la organización específica, se dan las reflexiones sobre los objetivos a largo plazo, o sea, forjar nuestras concepciones de revolución social y del propio socialismo libertario. Tras eso, lo más complicado: pensar en una propuesta de acción que buscará alcanzar tales objetivos, o al menos, hacer que se vuelvan más palpables. La estrategia tendrá que responder la siguiente pregunta:¿cómo salir de donde estamos para llegar a donde queremos? A esa línea “macro” (de diagnóstico, objetivos de corto, medio y largo plazo) designamos estrategia y a los grandes objetivos, los objetivos estratégicos. La estrategia, a continuación, es detallada en una línea más “micro”, o sea, táctica, que determinará las acciones que se colocarán en práctica los militantes o grupos de militantes y que buscarán alcanzar los objetivos tácticos. Obviamente que, la realización de los objetivos tácticos nos acerca de forma importante a los objetivos estratégicos. Así, tal opción de organización exige un alto nivel de compromiso de los militantes.

¿Quién la integra y cómo funciona?

FARJ: La FARJ es una organización de individuos que posee militantes orgánicos y lo que podríamos llamar una “red de apoyo”, compuesta por personas que nos ayudan de diferentes formas. Estamos divididos, los militantes orgánicos, en lo que llamamos “frentes de trabajo”, o “frentes de inserción”. Hasta el año 2007 estuvimos trabajando con dos frentes: uno de ocupaciones urbanas y otro comunitario. A partir de 2008 tenemos nuestro tercer frente: agroecológico. Hay una política determinada colectivamente por la organización que se emplea en los frentes, que poseen cierta autonomía para trabajar esta aplicación. De la misma forma, las líneas maestras de lo que se realiza en los frentes se informan a la organización que las discute colectivamente. El resultado de este proceso de determinación de política, discusión y aplicación de la política en los espacios de inserción, observación, análisis y discusión de los resultados de esa aplicación práctica de la política es lo que constituye nuestro funcionamiento básico.

Gran parte de los países de América Latina ahora posee gobiernos de izquierda, o que se reivindican como tal. Está Lula en Brasil, Bachelet en Chile, Morales en Bolivia, Chávez en Venezuela... ¿Cuál es la posición de ustedes en relación con esta situación? ¿Cómo la analizan?

FARJ: Entendemos esta ola progresista de gobiernos “de izquierda” como resultado de los flujos y reflujos del capitalismo que, como vemos, pueden permitirles a estos gobiernos que sean electos con una posición más progresista, sosteniendo un discurso más “popular” y administrando el capital a favor de la elite económica. No estamos diciendo que una dictadura es la misma cosa que un gobierno de este tipo – sería un completo contrasentido de nuestra parte. Sin embrago, lo que se debe cuestionar es el hecho de que los gobiernos de este tipo tienden a calmar los movimientos sociales más combativos, incentivándolos a empezar a actuar dentro del Estado, ya que un gobierno progresista “puede darles espacio institucional”. Con eso, salen de la acción directa y pasan a ser cooptados y a creer que un gobierno, como el de Lula, por ejemplo, es un gobierno “popular”, que posee espacio para los movimientos y es capaz de realizar los cambios necesarios. Lula, a pesar de haber aumentado los beneficios sociales para las clases más explotadas sostiene, al mismo tiempo, una política económica que beneficia a los bancos y al capital transnacional – una política que es la gran responsable por la situación de explotación del pueblo. En fin, creemos que este nuevo contexto precisa una mayor sofisticación de análisis de nuestra parte, porque las contradicciones del capitalismo quedan más disimuladas. Esto exige una mayor capacitación de los militantes.

Con el movimiento “altermondialista”, el modelo de “democracia participativa”, vivenciado en Porto Alegre, se hizo muy conocido. ¿Cuál es su opinión sobre esto?

FARJ: El anarquismo defiende un modelo de autogestión que es, antes que nada, deliberativo. El modelo de democracia participativa de Porto Alegre es semejante al movimiento dentro de las empresas capitalistas para mejorar el compromiso de los empleados con la empresa y los resultados financieros, utilizando, para eso, la participación, en donde los empleados son oídos en las tomas de decisión de los administradores y patrones. Para nosotros, cualquier sistema de “democratización” – sea de una empresa del sector privado, o de una instancia del Estado (como es el caso de Porto Alegre) – debe venir de abajo, como una exigencia de las clases más explotadas, para que las decisiones se tomen a su favor. Porto Alegre sostiene un modelo consultivo de democracia, en que el Estado viene, de arriba, a preguntar lo que quieren sus ciudadanos, sin la obligación de implantar lo que se decidió y haciendo lo que le parezca mejor. Es lo mismo que la empresa que decide preguntarles a los empleados qué hacer para mejorar el trabajo. Este modelo es radicalmente diferente de modelos de movilización de base que, de abajo hacia arriba, se organizan para obligar al Estado a garantizar un beneficio social u obligar a la empresa a dar un aumento salarial o algo del género. A pesar de esto, es innegable que cualquier modelo que promueva el debate, y que pueda, de una forma u otra, luchar contra la cultura de la omisión y de la delegación política, estimulando la participación popular, posee aspectos positivos. Entretanto, estimulamos que eso venga de abajo, y, principalmente, que se considere un medio para algo más, y no un fin en sí mismo.

(hablando sobre la exclusión social en las favelas de Rio) En esos lugares, donde el Estado casi no interviene, a no ser para reprimir, me imagino que la población debe recurrir a su creatividad y a su capacidad de autoorganización para solucionar directamente parte de los problemas. ¿No hay allí un espacio para articular ciertas prácticas de autoorganización del pueblo con el proyecto autogestionario libertario?

FARJ: No es exactamente así. No es porque el Estado no está en esos espacios que necesariamente afloran la creatividad y la autoorganización. El Estado es necesario para sostener el capitalismo, pero estar sin el Estado no significa que estaremos sin capitalismo y otras formas de dominación, por eso las ideas y prácticas libertarias no surgirán automáticamente. Para nosotros, creer en eso es una equivocación. Y el neoliberalismo y los ultraliberales están ahí para mostrar que aun con una crítica al Estado y con un intento de minimización de su rol, si eso no va junto a un cuestionamiento muy serio sobre el capitalismo y otras formas de dominación no habrá creatividad, autogestión; en síntesis, no habrá anarquismo. Hay una ideología, ya transformada en cultura, que se está transmitiendo por los medios más variados y un desarrollo de dominación que forma parte de toda la historia de Brasil, y del propio mundo. Somos partidarios del anarquismo “voluntarista” de Malatesta y creemos que existen contradicciones y lucha en las relaciones de dominación que suceden en la sociedad. A partir de ahí, pensamos que el rol de los anarquistas es estar en esos lugares que explicitan las contradicciones del capitalismo y de las relaciones de dominación, constituyéndose como herramienta de lucha; para nosotros es solamente en medio de estas contradicciones del sistema que el anarquismo tiene condiciones de florecer. Es la idea del anarquista lusitano Neno Vasco (que formaba parte de los organizacionistas malatestianos citados antes), que decía que tenemos que arrojar nuestras semillas en el terreno más fértil. Y, para nosotros, las semillas del anarquismo se deben arrojar en medio de la lucha de clases y donde las relaciones de dominación (principalmente del capitalismo) son muy explicitas. Con una presencia anarquista fuerte en esos sitios, cuando se den las contradicciones y luchas, el anarquismo será una alternativa. Si no se lo difunde lo suficiente, el anarquismo perderá esos momentos y quedará al margen de los acontecimientos, perderá el tren de la historia. Por nuestra experiencia, cuando el anarquismo se difunde entre el pueblo explotado, tenemos receptividad y podemos trabajar cuestiones como anticapitalismo, acción directa, democracia directa y autogestión (o autoorganización). Si no estamos presentes, aparecerán otras ideas y serán las responsables de continuar la dominación y la explotación. (…)

ORGANIZACIÓN E INSERCIÓN SOCIAL
Por Felipe Corrêa (militante de la Federación Anarquista de Rio de Janeiro)
El anarquismo especifista reivindicado por la Federación Anarquista de Rio de Janeiro (FARJ), o simplemente “especifismo”, es una concepción de organización anarquista. Traído de Uruguay, el término “especifismo”, se refiere a los ejes fundamentales que marcan la actuación anarquista: la organización y la inserción social, basados en los conceptos clásicos del anarquismo, que son la actuación diferenciada en los niveles político y social, (concepto de Bakunin) y la organización específica anarquista, (concepto de Malatesta). Los primeros en utilizar este término fueron los compañeros de la Federación Anarquista Uruguaya (FAU), a pesar de que se referían a una forma de organización que comenzó a desarrollarse en el siglo XIX y que fue perfeccionada en durante el siglo XX. En su Declaración de Principios, la FAU relaciona el concepto de especifismo con el de anarquismo organizado:
“Nuestra crítica y nuestro proyecto no se agotan en el levantamiento, la protesta y la rebelión sino que maduran en un modelo de sociedad libertaria inconfundiblemente socialista, en una estrategia de ruptura revolucionaria y en un estilo militante combativo y de agitación permanente en dirección a las transformaciones sociales en gran escala. Este proyecto se canaliza a través de la organización revolucionaria específica y es por tanto, lucha organizada.” [1]
La organización y la inserción social no son defendidas por todas las corrientes anarquistas. Sabemos que el anarquismo es bastante amplio y por eso abarca diversas concepciones, muchas de ellas contradictorias.
El especifismo defiende una posición clara en la polémica histórica sobre la cuestión de organización y de la práctica anarquista, es por eso que tiene en su primer eje la organización. En primer lugar, defiende que los anarquistas deben organizarse específicamente, como anarquistas, para entonces trabajar con los movimientos sociales. En este modelo organizacional vale la idea que, para actuar con eficiencia en la lucha de clases, es preciso que los anarquistas estén organizados, en el nivel político como un grupo de cohesión, con discusión política e ideológica avanzada, con una estrategia bien definida, de forma que eso les dé fuerza suficiente para actuar en el ámbito de las luchas de los movimientos sociales.
La organización específica anarquista, que trabaja en el ámbito político, actúa en el seno de la lucha de clases, en los movimientos sociales y populares, que constituyen el ámbito social. En este trabajo, los anarquistas, organizados como minoría activa, los influencian en cuanto pueden, haciéndolos funcionar de la forma más libertaria posible. Organizados como un agrupamiento específico de cohesión, los anarquistas constituirán una fuerza social mucho mayor y podrán funcionar como un elemento sólido de influencia y persuasión, que tendrá menos chance de ser “atropellado”, por un partido de izquierda, por autoritarios de cualquier estirpe, por la iglesia, otros individuos y grupos que tentan a todo hora usar el movimiento social para su propio beneficio.
El segundo eje del anarquismo especifista es la inserción social. La idea de inserción social está ligada a aquella búsqueda del vector social perdido por el anarquismo, cuando este terminó por desligarse de la lucha de clases y de los movimientos sociales. Con el episodio del alejamiento de los anarquistas del movimiento sindical en Brasil, ocurrido entre los años 1920 y 1930, hay una pérdida de ese vector social del anarquismo, que termina por organizarse en centros de cultura, ateneos, escuelas, etc. La inserción social refuerza la idea de que los anarquistas deben buscar, además de estos aspectos de refuerzo de la memoria y de la promoción de la cultura libertaria, principalmente tener un papel relevante en la lucha de los movimientos sociales y populares. Muchos tienen un poco de recelo con el término “inserción social”, por que lo asocian al viejo “entrismo”, de la izquierda autoritaria en movimientos para intentar aparejarlos, o hacerlos funcionar en su propio beneficio. En realidad, eso no es verdad. Este concepto de inserción social de los anarquistas está ligado, solamente, a la idea de retorno organizado de los anarquistas a la lucha de clases y a los movimientos sociales. No en un sentido de vanguardia, de luchar por el movimiento, sino defendiendo la minoría activa que lucha con el movimiento.
Hay algunas otras ideas que caminan junto con los conceptos presentados encima. Por ejemplo, la crítica a la falta de organización de la mayoría de los anarquistas, proponiendo por lo tanto, esa forma de anarquismo organizado, orientado por la concepción de organización específica explicada anteriormente. Hay también una clara oposición al anarquismo individualista y a la exacerbación de los egos, proponiendo una forma de anarquismo comunista o colectivista, que hace de la libertad colectiva su norte estratégico y que sin ella, considera imposible la libertad individual. Esa forma de organización se opone al modelo sintetista, por creer que no funciona, colocar una serie de individuos y organizaciones bajo el “paragua” del anarquismo, simplemente realzando una identidad alrededor de la crítica – pues generalmente solo hay acuerdo en la crítica del Estado, del capitalismo, de la democracia representativa – o mismo de la sociedad futura; eso por que no hay ninguna unidad en términos organizacionales, o en las cuestiones constructivas. O sea, no hay una posición clara entorno de la forma de organización adecuada, en “como actuar”. Muchos anarquistas no consideran la organización tan necesaria y otros la hallan hasta autoritaria. En el modelo de organización especifista, se defiende la idea de trabajar con unidad táctica y teórica, lo que facilita enormemente el trabajo con proyectos estratégicos bien definidos y con todos trabajando en el mismo sentido. En esta forma de organización, hay también un papel preponderante para la cuestión de la responsabilidad y del compromiso, lo que veremos con algunos detalles a seguir.

Ética y responsabilidad
Junto con la noción de organización e inserción social, caminan dos principios: la ética y la responsabilidad.
La ética es entendida siempre como un sinónimo del anarquismo, constituyéndose en su “espina dorsal”. No debe ser entendida como un sistema de ideas y valores teóricos; no aplicables, sino como un principio aplicable, de valores que toma en cuenta los intereses colectivos y universales; que define los principios de conducta. La ética anarquista es justamente una necesidad de coherencia entre nuestra conducta y los principios que defendemos, en el caso de la FARJ, por ejemplo, libertad, federalismo, autogestión, internacionalismo, acción directa, clasismo, práctica política, inserción social y apoyo mutuo.
La ética se diferencia radicalmente de la moral. La moral es algo que se coloca de fuera para dentro, un contenido no elaborado y que por medio de la coerción, se acepta, o simplemente se somete a ella. Distintamente, la ética es algo que viene de dentro hacia fuera, o sea, algo que es procesado, pensado sin coerción, que después norteará la conducta. La moral puede ser considerada una victoria sobre el individuo, al paso que la ética es el “vencer con” (o convencer), siendo la conducta orientada por la ética el resultado de la elaboración y del procesamiento de los conceptos.
Se relacionó mucho, durante la historia del anarquismo, la ética con la coherencia entre los medios y los fines. Por eso se defiende una forma de actuación, que sea adecuada con el fin que se desea alcanzar, la llamada coherencia entre los medios y los fines. Se entiende que si la lucha tiene por objetivo la libertad, debe ser hecha en libertad. Eso se explica de diferentes formas, desde rechazando un medio autoritario como el Estado para llegar a la libertad – el concepto marxista de socialismo –, hasta defendiendo una actuación honrada, íntegra y honesta políticamente, muy al contrario de las historias de militancia de Netchaiev, por ejemplo, que creía que todo valía la pena, para llegar a la revolución, mismo mintiendo, engañando, chantajeando, traicionando compañeros, etc.
En la propia historia del anarquismo en Rio de Janeiro, se relacionó bastante a la ética con el respeto mutuo, entendiéndola como un principio que exigiría la necesidad de respetar a los compañeros de lucha y hacer del ambiente político un lugar de solidaridad, sea con militantes antiguos, sus compañeros, sea con los nuevos interesados. Se recomienda así, una consideración a la pluralidad de ideas, un derecho a la manifestación y a la voz, siempre tratando a las personas con el debido respeto y repudiando conductas antisociales, desagregadoras y divisionistas. [2]
Además se puede relacionar le ética con la responsabilidad, de la forma que lo hizo Ideal Peres, cuando afirmo que “un sujeto que tiene una ética libertaria sabe por que está luchando y consigue explicar los motivos ideológicos de la lucha, tiene compromisos y autodisciplina para llevar a cabo las tareas asumidas”. En esta relación Ideal Peres, que siempre reforzó los valores de ética y responsabilidad, coloco la necesidad de los militantes anarquistas, de conocer los motivos de la lucha, es decir, contra lo que se lucha y por lo que se lucha, consiguiendo justificar ideológicamente sus argumentos. El compromiso y la autodisciplina serían fundamentales para colocar en práctica esa ética libertaria, siendo por lo tanto antiéticos, los anarquistas que defienden una posición muy común en el universo libertario de descompromiso e irresponsabilidad.
Al entender que la responsabilidad es contraria a la libertad, muchos anarquistas imposibilitan la relación de cualquier actividad seria, con objetivos mínimos. Los anarquistas que defienden la idea de responsabilidad creen que sin ella es imposible hacer cualquier proyecto de medio o largo plazo, de colocar en práctica un proyecto de corto plazo, o establecer una forma de acción y cumplirla. A partir de esa división se entiende que para la realización de cualquier actividad en una organización, debe haber una discusión previa, un planeamiento estratégico que se desdoble, en un planeamiento táctico, con las diversas acciones que la organización realizará. Para que esto ocurra, se deben dividir las responsabilidades y cada uno debe hacer lo que asumió. Como recientemente escribió la FARJ, “la autodisciplina es el motor de la organización autogestionaria” [3], y debe funcionar sin disciplina servil, mas con coherencia con las ideas aceptadas, con la realización de las tareas asumidas y con la obligación severa, para con el trabajo de militancia y de lucha.



[1] FAU. Declaración de Princípios
[2] CELIP. Ética no CELIP
[3] FARJ. Reflexões sobre a Responsabilidade, o Comprometimento e a Autodisciplina