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viernes, 22 de junio de 2012

El GARI y la lucha antifranquista en los 70 en España


Texto publicado en el libro “Por la memoria anticapitalista. Reflexiones sobre la autonomía”. Segunda edición, junio 2009. Coordinación editorial: Editorial Klinamen.

1. PRESENTACIÓN
En esta exposición sobre los GARI no soy neutral. Tampoco la historia que nos imponen es neutral, ni los noticieros que padecemos un día tras otro. Mienten cuando dicen que son objetivos, neutrales, y veraces. Defiendo las acciones de los grupos armados, la decisión de pasar a la lucha armada y su efectividad para combatir las injusticias y abusos de poder. El primer mérito de los grupos armados es el de no creerse la mayor de las mentiras del Estado y del Imperio de ayer y de hoy, que nos la repiten insistentemente: "No se puede hacer nada contra el Estado, y menos un pequeño grupo de rebeldes". He sido testigo y actor de algunos de las acciones de los GARI. Mi testimonio, a los treinta años, es forzosamente selectivo e influenciado por otras vivencias posteriores, pero no os quepa duda de que es sincero. Es el de un observador implicado en este grupo armado.


2. "LA HISTORIA LA CUENTAN LOS ASESINOS"
En el film argentino "La historia oficial", una profesora les dice a sus alumnos que está convencida de que eso de los desaparecidos son rumores, mentiras, ya que no se habla de ellos en los informativos de la televisión y en la prensa. Un alumno le responde: "La historia oficial la escriben los asesinos, por eso no salen los desaparecidos en los libros y en los medios de comunicación". En las universidades se vanaglorian de impartir historia y conocimientos con imparcialidad y objetividad. No hay imparcialidad. En la universidad se enseña la Historia a base de nombres, reyes, ministros, gobiernos, gobernantes, leyes, elecciones. Pero se olvidan siempre del pueblo. En cambio, para nosotros, lo interesante es siempre la historia de los "damnés de la terre", los explotados, los carentes de derechos y que luchan para conquistarlos. Las Universidades reproducen el pensamiento oficial, la moral oficial de escuelas y familias, "trabajar, estudiar y no meterse a protestar. Si tienes inquietudes, pues muy bien, cuando seas mayor y funcionario de algún organismo, cuando tengas poder, si quieres, propón algunas mejoras. Tendrás poder para arreglarlo. Ahora pierdes el tiempo gritando en la calle y haciendo huelga". El futuro es un engaño lo mismo que el pasado.

Los mandarines tienen sus historiadores a los que se financia generosamente, un montón de profesores dispuestos a repetir, difundir, enseñar y divulgar la historia oficial, a cambio de un cargo y de un sueldo. Pero se les paga sobre todo para que no hablen de las historias silenciadas, de las insurrecciones olvidadas, de las luchas olvidadas del pueblo, expresamente silenciadas. Y los estudiantes, en vez de protestar contra la historia oficial y luchar contra la mentira y la manipulación, pagan para aprenderla. En la universidad, hoy en día, se enseña la historia de los vencedores con más descaro que en la época de Franco. La podredumbre intelectual es aún más patética ya que se supone que hay libertad, y no se entiende que los intelectuales no expongan sus opiniones y hablen como loros. La historia oficial que se enseñó en los 40 años de dictadura, fue escrita por los vencedores, por los asesinos, por los franquistas, por los afines a la ideología oficial. La historia oficial de hoy la siguen escribiendo los que mandan, los vencedores, capaces de convertir a cualquier cachorrito borbónico en héroe nacional y al jefe del Estado franquista, el mismo Juan Carlos de Borbón, en candidato al premio Nobel de la Paz. La rebeldía del pueblo no existe. No aparecen las manifestaciones, huelgas, protestas, sabotajes y acciones armadas, los grupos autónomos y revolucionarios. Son cosas pequeñas para ellos, cosas de grupos sin importancia, de subversivos y asociales. Se citan como anécdotas, o de forma manipulada. Han reducido la historia a algunos mitos consoladores, prescritos para darse buena conciencia. Han reducido la historia a un enfrentamiento entre demócratas y franquistas. Así, ya en la guerra civil, se silencia la revolución. No existe. La historia la fabrican los periodistas pagados por multinacionales, la repiten en las universidades los sumisos historiadores, la empaquetan los más sumisos, normalmente becados por los poderes a los que sirven.

¿Y cómo ha descrito la historia oficial a los grupos autónomos, a los GARI? Igual que a los desaparecidos. No existen, no cuentan, no sirven. Igual que hay poderosas asociaciones de víctimas del terrorismo de ETA, pero no de víctimas del franquismo, del terrorismo franquista, del terrorismo de Estado, y ni siquiera 40 años después existen por consenso de los que mandan. En la historia oficial sobre los últimos años del franquismo, sobre la transición, no aparecen los GARI, el MIL, los grupos autónomos, ni siquiera como nota a pie de página. Vemos como nos imponen los nombres detestables de ministros franquistas. Nos hablan mucho de Suárez, ministro franquista de la Falange, el "Movimiento" fascista de la dictadura, como el gran demócrata, nos hablan mucho de Fraga Iribarne. Los historiadores nos hablan mucho de El País, de Felipe Gozález y Alfonso Guerra, aunque silencian que fueron apoyados por los servicios secretos, que les ayudaron a tomar el poder en el PSOE histórico, o de que esos fantasmas socialistas inexistentes en la dictadura recibieron el apoyo y dinero de la CIA y de los socialdemócratas alemanes y fueron apoyados por el franquismo para impedir el auge de los comunistas, al inicio ilegales. De eso no nos hablan, ni de que los centristas recibieron miles de millones de los dictadores árabes para que ganaran las elecciones.

Mientras miles de obreros, intelectuales, estudiantes… militantes de muchos partidos… se la estaban jugando luchando contra el franquismo, ellos estaban ya preparando el cambio de apariencia. Ni siquiera hubo ruptura, esa continuación y transición fue una obra de arte de los franquistas y de los elementos de la CIA. Su verdadero plan estratégico: convertirse en demócratas y seguir manteniendo el poder y las ideas franquistas. Nosotros no salimos en ningún libro de historia. Sin embargo, hicimos mucho más que el obediente rey, que no hizo nada en contra del franquismo que le educó, para acabar con la dictadura de la que él llegó a ser jefe de estado en funciones. Ni los intelectuales, ni los estudiantes que se manifestaron, ni los obreros que se arriesgaron salen bien parados en la historia oficial. Pero unos politiqueros corruptos con las manos manchadas de sangre, como Fraga Iribarne, siguen controlando los poderes esenciales, el militar, el judicial, el mediático, el académico… y, en cuanto al político, permiten a los españoles ir a votar. A los vascos les encierran los candidatos, y durante tres meses asustan a los ciudadanos con ETA y atentados suicidas yihadistas (antes era con pronunciamientos militares) para que los ciudadanos voten a los partidos centralistas, de Estado, formados en el franquismo, controlados por los poderes fácticos.


3. LOS INICIOS DE LOS GARI
"Es imperativo abandonar la teoría de la "vanguardia dirigente" y adoptar la concepción -mucho más sencilla y mucho más honesta- de minoría actuante, que desempeña una función de fermento permanente, promoviendo la acción sin pretender dirigirla. La fuerza de nuestro movimiento radica, justamente, en que se apoya en una espontaneidad "incontrolable", que impulsa sin pretender canalizarla, sin pretender utilizar en beneficio propio la acción que ha puesto en marcha".

(Daniel Cohn-Bendit. "Movimiento 22 de Marzo")

Los GARI fueron unos grupos autónomos que existieron en Francia y España en los años 1974 y 1975 y que actuaron después de la detención de los militantes del MIL y sobre todo a partir de la condena a muerte y ejecución a garrote vil a Puig Antich. Después de la disolución del MIL, decidieron seguir combatiendo formando y potenciando pequeños grupos autónomos, sin siglas, anónimos, buscando la manera de coordinarse, a partir de la acción. Considerábamos que ése era el tipo de organización eficaz, contra la dictadura y el Capital, la manera menos vulnerable de combatir al Estado franquista. La idea era intervenir en las luchas, en sintonía con las luchas obreras y populares y en sintonía con el entusiasmo revolucionario de acabar con Franco y su principito. Éramos principalmente estudiantes, de clase media, en rebeldía contra el Estado en sus diferentes formas (Dictadura, militares, trabajo, universidad, familia, Capital, Medios de información, violaciones de los derechos más elementales). Muchos proveníamos del entorno libertario. Los franceses estaban relacionados con los exiliados españoles de la CNT por lazos familiares o por afinidad. Otros, como el Grupo Primero de Mayo, provenían directamente de la CNT.

Estábamos influenciados por el mayo del 68 francés y sus ideas antiautoritarias, el situacionismo, los intelectuales franceses Sartre, Camus, Genet, Guy Debord, Baudrillard. Había una predisposición a la solidaridad, a participar en las luchas, a protestar, a insurreccionarse al constatar que el Estado violaba los derechos más elementales. Todos nos fuimos concienciando y formando en las huelgas y manifestaciones, formando parte de piquetes, en grupos que hacíamos pintadas, sabotajes... Nos fuimos radicalizando al pasar a la acción. Estábamos interesados en conocer la historia de las luchas obreras, la historia de los grupos guerrilleros, lo que se decía en el extranjero de España, lo que publicaban los exiliados catalanes, los españoles, lo que se publicaba en Ruedo Ibérico. Nos interesábamos por la lucha de ETA, de los partidos clandestinos, por la historia de la revolución española, de la Guerra Civil. Estábamos interesados por leer lo que nos escondían, ocultaban y censuraban en España. Este afán de informarse, de conocer, era general. Estábamos muy influenciados por el movimiento contracultural, formábamos parte de él de una manera u otra. También estábamos influidos por nuestros antecesores, los maquis, las guerrillas de Latinoamérica, los Tupamaros, el Che, la ETA, grupos históricos como “Nosotros” de Durruti, García Oliver y Ascaso. Lo importante era pasar a la acción, armarse y prepararse, porque estábamos convencidos de que los franquistas no cederían su poder y sus privilegios sin pelear e intentar mantenerlos por la fuerza. Lo importante era asumir nosotros la lucha sin esperar ni el despertar del Proletariado, ni las indicaciones de los líderes, ni el contexto apropiado, ni la muerte de Franco. Nosotros creíamos que, así como la acción de otros nos concienciaba y nos despertaba, la acción nuestra de resistencia iba a provocar igualmente el efecto mariposa, que se añadirían grupos, como así sucedió.

Este tipo de organización autónoma ya existía, y mejor. No es que hiciéramos o descubriéramos nada nuevo. El grupo 22 de marzo de Cohn-bendit, las Brigadas Rojas, la RAF, eran los que marcaban la resistencia al neocapitalismo incipiente y globalizante en Europa. La ETA y sus grupos eran los que tenían en jaque a los militares franquistas y aliados y sus acciones nos alegraban ya que iban debilitando al régimen. Era un tiempo de muchas recetas políticas, de efervescencia de grupos, con escisiones, nuevos grupos, nuevas recetas, nuevos programas, siglas, etc. Los grupos autónomos se quieren desmarcar de esto con la autonomía, cada uno se hace su propia ley, toma las decisiones y actúa de manera propia. Autonomía proviene del griego y significa “el grupo que se hace su propia ley”, que decide las normas y cómo se organiza, que se retroalimenta por sí mismo, que está capacitado para no depender de los demás, que es capaz de emanciparse a sí mismo. Es la autonomía aplicada a la acción de los pequeños grupos, que se puede extender a organizaciones más grandes. Valorábamos la autonomía en oposición a lo automático, a las normas, principios y reglas que regulan a los grupos políticos. Valorábamos la autonomía frente a los grupos que funcionan por encargo o mandato, o los grupos que son dirigidos, o los mueven a capricho, como los robots. Esta autonomía de la que nos reclamábamos, no impedía que fuéramos conscientes de las muchas ataduras que padecemos y a las muchas contradicciones personales entre lo que se piensa y se hace. De ahí la revuelta para llegar a hacer lo que se piensa y pensar lo que se hace.

No éramos muy militantes y en eso nos equivocamos. No nos preparábamos en cuestiones básicas de seguridad, tácticas, estrategias, formación militar, conocimiento del enemigo. Nuestra mediocridad, falta de organización y preparación impidieron que diéramos golpes certeros como los de la ETA, que evidentemente se pueden, y se podían haber dado. Vivíamos al máximo la vida bohemia de París con múltiples relaciones y descubriendo nuevos intereses, amigos, países y pasatiempos. Reaccionamos al asesinato de Puig Antich con ganas de ir a por todas contra la dictadura, y contra cada una de las barbaries del franquismo. Los combatimos con entusiasmo pero no con preparación y persistencia, anticipándonos a ellos o sorprendiéndoles. Más bien actuábamos respondiendo a los crímenes que la Dictadura cometía. Tampoco reflexionábamos mucho sobre lo que íbamos haciendo. De ahí la repetición de errores. La autonomía era igualmente una necesidad ante las fuerzas represivas, el que no cayera toda una organización grande, el que no hubiera infiltrados, y la convicción de que en pequeños grupos invisibles, incontrolados, anónimos, éramos mucho más fuertes.

Éramos miembros de grupos autónomos ya existentes, que nos uníamos por afinidad sin pretensiones de ser vanguardia sino de participar con acciones que respondieran a nuestros deseos y a las necesidades del movimiento popular existente contra la dictadura. El GARI lo forman varios grupos autónomos: los ex MIL Jean Marc Rouillan, Jean Claude Torres, Nicole… a los que se les añaden sus amigos del instituto, en especial, Mario Inés Torres, Michel Camillieri, Pierre Roger (también hubo separaciones: por ejemplo, Jordi y Pilar, que se ocuparon de las ediciones “Mayo 37” y de su difusión); un grupo de apoyo y solidaridad con los presos que habíamos formado en París; algunos del comité de solidaridad con los ex MIL, “Comité Vidal Naquet” de París; el “Grupo Primero de Mayo”, vinculado a la CNT en el exilio; un grupo anarquista de Toulouse que tenían una imprenta donde se imprimían los folletos de “Mayo 37” y hacían una revista llamada “Basta”; y un grupo que actuaba en el país vasco francés. Es la primera vez que se juntan varios grupos diferentes, que no se conocen los unos a los otros. Ya no es un grupo de amigos que decide pasar a la acción, sino una organización de varios grupos autónomos, más fuerte. La coordinación había sido impulsada básicamente por Jean Marc Rouillan. Los ex MIL y el “Grupo Primero de Mayo” ya eran dos grupos históricos en aquel momento, y buscados por la policía española y francesa. Los que estaban buscados vivían en la clandestinidad, otros hacíamos vida normal en Francia.

Los GARI englobaban diferentes grupos autónomos anónimos que intervenían sin utilizar sigla. El único que tenía sigla, y más antigüedad en el activismo, era el “Grupo Primero de Mayo”. La sigla GARI aparece más tarde, después del secuestro de Suárez y se utiliza para reivindicar el secuestro y dar una imagen de fuerza que no teníamos, ante el régimen franquista, para mostrarnos como una organización con capacidad de actuar, en París, Toulouse, Montpellier, Barcelona, y bien coordinada. Aunque personalmente considero que siempre es más eficaz el anonimato, en este caso tiene su justificación. Paradoja. A los diferentes grupos anónimos nos pusieron en los archvos de la Cour de Securité de l`Etat en una carpeta llamada “GARI”, y fuimos el último caso que investigó esta Corte, ya que luego desaparecería. En cambio, Alberola y los de su grupo, que cayeron con el secuestro Suárez, y que sí tenían sigla, fueron judicializados por el derecho normal, sin quedar enmarcados bajo el nombre “GARI”, a pesar de que el nombre apareció en la prensa con el secuestro Suárez. Insisto en lo de las siglas, porque la sigla MIL, aunque fuera una broma, facilitó el trabajo de la policía, sobre todo estando algunas acciones detalladas en la revista CIA. Y también supuso un problema para los obreros de Plataformas o militantes vinculados a las ediciones “Mayo 37”, que se vieron de golpe vinculados con los atracos del MIL, hecho que finalmente provocó la autodisolución, para que cualquiera quedara libre de la vinculación con el MIL. Y la OLLA fue bautizada por la policía, como dijeron los propios compañeros del MIL, por su necesidad de englobar en un grupo a incontrolados que actuaban autónomamente.

“No somos ni la vanguardia del proletariado ni el partido revolucionario. No representamos a nadie más que a nosotros mismos. Somos engranajes de una sociedad que nos explota y nos oprime y queremos VIVIR y COMPRENDER.

Lo esencial de nuestra trayectoria es haber intentado VIVIR cambiando en nuestra vida cotidiana las relaciones estereotipadas, jerarquizadas, artificiales, entre individuos. Esto nos ha llevado a una tentativa de comprensión más amplia de nuestra situación en la sociedad.

Nos ha llevado a luchar contra todo lo que nos aliena (el capital, su Estado tentacular y todo lo que se le someta: partidos y grupúsculos políticos, burocracias sindicales etc.). Y también nos ha llevado a intentar socorrer realmente a los amigos amenazados de muerte, empleando excepcionalmente medios particulares que se corresponden con esta situación concreta (y no con la intención de priorizar en el futuro este tipo de métodos).”

(De un texto de noviembre de 1974 firmado “Los Dinamiteros vascos”)


4. LA INUTILIDAD DE LAS ACCIONES PACÍFICAS
La coordinación inicialmente era para intensificar la campaña para salvar a Puig Antich. No estaba en ella, al menos en los primeros contactos en Toulouse, la idea de acciones violentas. Podían tener un efecto contraproducente como lo tuvo el atentado de Carrero Blanco. No pensábamos que lo fueran a ejecutar tan rápido, ni siquiera que el nuevo gobierno que se presentaba como liberal, de apertura y progresista, iba a cometer el crimen. Pero las acciones legales, las peticiones, las recogidas de firmas, la búsqueda de apoyos, la solidaridad de la población… no funcionaron. Eso nos llevó a una impotencia, decepción, desesperanza y a decidir que sólo podíamos contar con nosotros mismos.

Manuel Vázquez Montalbán, dirigente del PCE por aquel entonces, en la novela, “Autobiografía de Franco”, explica en pocas palabras cómo el PCE y la oposición democrática decidieron no hacer nada, priorizando así los pactos con los franquistas a la muerte de un anarquista:

“Difícil explicarle a usted el porqué de la escasa reacción española, ante el asesinato legal de Puig Antich, un joven anarquista que mató a un policía mientras forcejeaban por una pistola. Tampoco reaccionó la oposición. La oposición empezaba a ver la salida del túnel, con su féretro por delante, excelencia, y no quiso arriesgar territorios de libertad factualmente recuperados, por la muerte de un anarquista… Hubo algunas manifestaciones, sobre todo en Barcelona. Extrema izquierda. Cristianos para el socialismo. Simples horrorizados ante la operación de matar, pero los estados mayores de los partidos trataban de despegarse de la violencia, en busca de una respetabilidad pactante de la futura llegada de la democracia a España. Eso no quiere decir que no nos tragáramos aquél cadáver como un sapo y que no fuera necesaria mucha verbalidad para hacerlo digerible”.

Cualquiera podrá comprender el resultado de la peregrinación a las sedes de los partidos y organizaciones en el exilio para que apoyaran a los MIL en París. Nos echaban. Unos decían que eran gánsters, delincuentes, que este grupo nadie lo conocía, que la población no entiende que se hagan atracos y se mate un policía para combatir a Franco… Otros más decentes, argumentaban que estaban muy ocupados con el proceso 1001, de Camacho y compañía, otros nos daban las gracias por la información y nos decían que estudiarían que podían hacer. En fin, nada. Sólo conseguimos algunas firmas sueltas de intelectuales. Pero en aquel tiempo el partido importante era el PCE, que lideraba las luchas en España. No quisieron. El mismo resultado tuvieron otros compañeros que hicieron las gestiones en Barcelona, contactando con la Asamblea de Catalunya. Lo iban dejando de lado una semana tras otra. No les interesaba. Tenían temas más importantes que discutir.

Años más tarde supimos la causa de esta falta de solidaridad y rechazo a apoyar a los del MIL. Después del atentado contra Carrero Blanco, Carillo pacta con la dictadura. Agentes de la dirección nacional de seguridad lo llaman a París: “Don Santiago, nos vamos a ocupar especialmente de los presos del proceso 1001 –que empezaba aquel día-, y le garantizamos la máxima seguridad. Nuestra lucha no es contra ustedes, sino contra los terroristas”. Aquella misma noche salieron de la Modelo algunos de los ciento trece presos de la Assamblea de Catalunya. Los otros salieron al día siguiente. Carrillo condenó el terrorismo de ETA y a los grupos armados. Ya podíamos nosotros ir llamando a las puertas. Tenían directivas de arriba de que la política a seguir era no apoyar a los que ellos ya también llamaban terroristas. Dejaron a Puig Antich para que los ultras satisficieran su venganza. Decidió la ejecución el gobierno más liberal de la dictadura franquista, después de tres semanas de hacer proclamas de apertura, liberalización, etc. ¿Por qué actuaron así? El gobierno Arias Navarro sabía que Puig Antich no tenía el apoyo de la oposición liderada por el PCE. También lo sabía Fraga Iribarne, embajador en Londres, quien en esta época se estaba reuniendo para crear PRISA y el periódico El País con los franquistas Cebrián y Polanco.

Los GARI surgieron como reacción a la ejecución de Puig Antich, condenado a garrote vil en un Consejo de guerra militar y para defender a los presos del MIL que arriesgaban la pena de muerte. En especial, Oriol Solé Sugranyes y José Luis Pons Llobet. Nació como reacción a un asesinato de Estado, a la violencia del Estado, al terrorismo de la dictadura. El asesinato a garrote vil de Salvador Puig Antich nos conmocionó y nos decidió a pasar a las acciones. Fue un momento de exasperación, de indignación y decepción por no haber podido evitarlo. Estábamos afectados y decidimos implicarnos en la lucha clandestina y violenta contra la dictadura denunciando al mismo tiempo a la oposición democrática. Enseguida sentimos la necesidad de unir esfuerzos y capacidades para realizar acciones más importantes. Decidimos pasar a los atentados y secuestros.

El objetivo concreto de los GARI fue, pues, impedir un nuevo asesinato de militantes del MIL, liberar a los compañeros presos y vengar la muerte de Puig Antich, atacando con fuerza a la dictadura franquista en el exterior. Su objetivo general era potenciar grupos autónomos armados, sabiendo que los ultras y fascistas no iban a desmantelarse por las buenas ni a perder sus privilegios sin pelear. Partíamos de la base de que las reivindicaciones de la oposición, incluso las del rey Juan de Borbón, de desmantelar el aparato franquista, amnistía y libertades democráticas, no se conseguirían pacíficamente. Los ultras pelearían y nosotros debíamos prepararnos como en el 36 ante la posibilidad de sus intentonas asesinas. Mientras nosotros y muchos grupos revolucionarios pensábamos en la revolución, la CIA trabajaba para mantener el aparato franquista con la sucesión de Juan Carlos, y sobre todo sus bases en España y el control de la policía secreta. Los historiadores franquistas, monárquicos y afines llaman a la Transición española “el acontecimiento más importante realizado en España desde los Reyes Católicos”. La historia oficial la siguen escribiendo los vencedores.


5. BIBLIOGRAFIA COMENTADA SOBRE LOS GARI
Para realizar esta investigación, saqué el libro de Telesforo Tajuelo, compañero de lucha de la resistencia a la dictadura franquista e historiador, “El MIL, Puig Antich y los GARI”, y otros libros que tocan el tema de pasada, cuyos autores están relacionados de alguna manera con el GARI, Jean Barrot, Octavio Alberola y Luis Andrés Edo. No hay más libros a mi conocimiento que hablen directamente sobre los GARI.

a) El MIL, Puig Antich y los GARI de Telesforo Tajuelo. Ed. Ruedo Ibérico, 1976
Telesforo Tajuelo ha sido el único en realizar un libro sobre los GARI y el primero en realizar un libro sobre el MIL y Puig Antich. La mayoría de literatura y libros sobre Puig Antich y el MIL aparecen 25 y 30 años después. Su libro fue un acto militante. Tajuelo formó parte de un grupo autónomo anónimo de París y su libro fue fruto de un desafío a los partidos en el exilio que seguían considerando a los encarcelados de los ex MIL como gángsters, delincuentes, y no los querían apoyar políticamente. Cuando propuso el tema del desconocido MIL como tesis para su licenciatura de historia, nosotros estábamos en París buscando apoyos para los presos del MIL, recibiendo un rechazo tras otro de los partidos políticos y organizaciones del exilio: “Sólo han hecho atracos y asesinado a un policía”. “Nadie les conoce, son atracadores”. “No podemos apoyar a atracadores. Son un mal ejemplo para el proletariado”. Los más amables se excusaban: “Dejen la información. Ya nos la miraremos”. “Ahora estamos muy ocupados con el proceso 1001 de Comisiones Obreras”.

También fue un desafío universitario. Tajuelo no lo tenía claro como tema histórico porque nadie tenía conocimiento del MIL, pero los GARI ya empezaban a ser noticia en los periódicos franceses. Al confiarme sus dudas, recuerdo que le insistía en que investigara sobre el MIL, que necesitaba ser conocido como grupo político. Era parte de nuestro trabajo en el Comité de Solidaridad con los presos del ex MIL, la de realizar dossiers sobre el MIL, darlos a conocer y demostrar así que no eran gángsters sino revolucionarios. No recuerdo cuál era el otro tema que pensaba presentar, pero sí que le insistía en la conveniencia de investigar sobre lo que a uno le interesa. Y me decía que no se lo iban a aceptar, que su universidad (Sorbonne) era seria a diferencia de la mía (Vincennes) y que los profesores estaban muy al tanto de lo que pasaba en España, de Comisiones Obreras, y las diferentes escisiones de partidos y sindicatos.

Telesforo Tajuelo, más que ninguno de nosotros, consiguió con su tesis en la Universidad de la Sorbonne “Le MIL et les GARI” dar a conocer y publicitar la relevancia política del MIL que les negaban los medios, los franquistas y la oposición democrática y comunista al franquismo, tanto en el interior como en el exilio. Presentó y defendió su tesis con el título “El MIL y los GARI. Teoría y práctica. 1969-1975”. Y al igual que el título, Telesforo se solidarizó con los presos con la teoría y con la práctica. Hay exageraciones a favor del MIL intensificando o exagerando el organigrama organizativo, el número de militantes, y su vinculación con el movimiento obrero. Fueron exageraciones hechas a propósito y por ello tienen un mérito añadido ya que lo que Tajuelo pretendía, aparte del título de historiador, era publicitar y dar a conocer a los encarcelados del MIL, como militantes políticos y grupo político. Esa es la explicación de las exageraciones, que han ayudado a crear el mito y proyección del MIL. Recuerdo algunas discusiones con Telesforo sobre la conveniencia de dejar o no algunas de las exageraciones ¿Cuáles había que reducir, dejar o eliminar? Tajuelo decidía en base a la composición del tribunal y en base a la documentación que le pudimos conseguir: los libros de la editorial “Mayo 37”, las revistas CIA, documentación de Plataformas y del movimiento obrero de Barcelona.

Certificada la historia del MIL y de los GARI por la Universidad “La Sorbona”, la editorial Ruedo Ibérico publicó su tesis al año siguiente, en el primer trimestre de 1976. Su objetivo lo explica en la introducción: “evitar el olvido del MIL y GARI”. Anticipa al olvido que contrarresta con su libro e investigación. A pesar de la edición de Ruedo Ibérico, su anticipación del olvido político del MIL fue acertada durante las tres décadas siguientes y, en cuanto a los GARI y los grupos autónomos, siguen en el olvido del Sistema: “Este libro, resumen de un trabajo más amplio presentado en la Universidad de París (Sorbona), se propone salvar los MIL y los GARI del olvido al que el poder establecido quisiera relegarlos. Los miembros del MIL están en la cárcel. El “mártir” del grupo está en el cementerio. Antes de desaparecer, este grupo dejó tras sí varios textos que, aunque confusos, representan un esfuerzo considerable en la búsqueda de la autonomía de la clase obrera”.

Asimismo, en la introducción, Tajuelo se anticipa a la recuperación de Puig Antich, como producto de consumo y espectáculo, denunciándola con treinta años de antelación: “Puig Antich ha sido recuperado por el espectáculo, o como dirían los situacionistas, por la sociedad del espectáculo. Puig Antich se convirtió de la noche a la mañana en un antifascista ilustre y amigo de todo el mundo. No sería extraño que un día apareciera la cara de Puig Antich reproducida en las camisas veraniegas de algunos jóvenes progresistas españoles, como hemos tenido la oportunidad de ver con el Che Guevara, por ejemplo”. Incluso en esta broma que a la salida del libro atribuímos al exceso de porros, ha tenido razón. Hemos podido observar en las banderas de los nacionalistas catalanes la imagen de Salvador Puig Antich. No digamos ya después del film “Salvador”, su nombre está en las calles y plazas. Se olvida la lucha y se monta el espectáculo.

No es que Tajuelo fuera adivino y presagiara que el director de TV3 y una multinacional de servicios audiovisuales harían una recuperación del Puig Antich, convirtiéndole en un producto de consumo, en un “Che Guevara catalán” y símbolo catalán de la lucha contra el franquismo. No es que Tajuelo tuviera premoniciones y visiones a treinta años vista, sino que ya en los días siguientes a la ejecución pudimos ver cómo todos los grupos que boicotearon y silenciaron la campaña de Puig Antich y el MIL (entre ellos la Assamblea de Catalunya) salieron con sus banderas a manifestarse contra el asesinato. Ya lo estaban recuperando en 1974. Tajuelo denuncia “los textos hipócritas de partidos, grupúsculos y organizaciones diversas, que antes habían vituperado o silenciado al MIL, y después de la ejecución de Puig ensalzaron la lucha de Salvador Puig Antich, a cuya lectura dan ganas de llorar de rabia al ver la utilización que se hace del MIL por parte de los mismos grupos y partidos que el MIL atacaba a través de sus publicaciones”. Ya en 1974-76 en los ambientes revolucionarios y de izquierda españoles, según Tajuelo, “el MIL y su “mártir” Puig Antich se vendían bien en tanto que nuevo producto de consumo”.

En cuanto al capítulo dedicado a los GARI, no hay exageraciones como en el del MIL, considerados por los medios políticos como delincuentes. Los análisis y observaciones sobre los GARI fueron más precisos y críticos, sin exageración, ya que los GARI no necesitaban créditos políticos, ni reivindicarse como políticos. Y él formaba parte de uno de los grupos autónomos vinculados a los GARI. Su libro es el testimonio implicado de un activista, camuflado de historiador, o bien, la investigación de un historiador novel, que desde la distancia y siguiendo los parámetros de la Universidad, explica didácticamente y con profundidad la primera historia del MIL y de los GARI. En cualquier caso es un libro meritorio, audaz. Una historia de las ideas y las acciones de los grupos autónomos de combate contextualizada en su época. A muchos de los historiadores y afines, tan centrados en el tema de su investigación, se les olvida el contexto. Además, sus escritos sobre el GARI, más que historia, eran actualidad historiada, pero reforzaban y probaban el carácter político del desconocido grupo MIL.

b) Jean Barrot, La violencia y movimiento social en España. Ediciones Mayo 37.
Jean Barrot fue uno de los teóricos del Mil y líder del Movimiento Comunista francés, una organización comunista no autoritaria, consejista, asamblearia, a la que los militantes del MIL estaban vinculados, influenciados por los situacionistas y mayo 68 y vinculada a la librería y editorial “La Vieille taupe” (El Viejo Topo). Exhortaban a la lucha armada y proclamaban la necesidad de pequeños grupos que sirvieran de detonadores, de chispa, para acelerar el proceso revolucionario. Las discusiones a partir de “l´ affaire” Puig Antich fueron el detonador de su derrumbe.

Sobre el GARI dijo que se trataba de “una deriva terrorista, aislados del movimiento real, y conformando un poder paralelo”. Asimismo señaló otras críticas más aceptables como “la repetición de errores en las detenciones”, o “el culto al poder armado para compensar un vacío de análisis”. Barrot con su libro sobre el movimiento obrero en Barcelona pretendía llenar ese vacío de reflexión y análisis, que criticaba a los MIL. La crítica de Barrot merece tenerse en cuenta tanto en el análisis de los errores, trabajo siempre positivo, como en la condena de “terrorismo” a los GARI, que considero como una cuchillada por la espalda viniendo de compañeros de lucha. La condena a los GARI de grupo terrorista es la misma que hicieron los franquistas, los demócratas franceses, los partidos políticos, incluidos el Partido Comunista, y los medios de comunicación nacionales.

La contradicción flagrante de Barrot es que el Movimiento Comunista, MC, la organización más radical de la extrema izquierda francesa, proponía la lucha armada y orientó a los MIL a través de Jean Barrot en la lucha armada en España. Pero cuando Rouillan y los grupos que contacta (los GARI) practican la lucha armada en Francia, entonces Barrot los tacha de terroristas ¿Qué diferencia podría haber entre el capitalismo de forma dictatorial y militar español y el capitalismo colonial francés bajo forma liberal? Además los GARI no mataron ningún representante y símbolo del poder represivo del Estado, objetivo acorde a los grupos revolucionarios que deseaban acabar con el capitalismo. Los GARI tampoco eliminaron a un civil, razón por la que no se nos podría llamar terroristas, al ser los civiles los objetivos del terrorismo de Estado. Los GARI se limitaron a acciones violentas contra edificios y personajes del Poder, poniendo en juego nuestra libertad y padecer años de prisión.

Lo más curioso es que Barrot, mientras condenaba a los GARI de terroristas por sus acciones simbólicas en Francia, al mismo tiempo promulgaba la violencia y lucha armada del proletariado, grito de guerra de su grupo contra el capitalismo e imperialismo. Con lo cual vemos que la dialéctica marxista da para mucho. Sospecho que la condena a los GARI se debe en parte a la osadía de Jean Marc Rouillan que se unió con grupos autónomos de sensibilidad libertaria, y siguió en Francia con la lucha armada en solidaridad con sus amigos encarcelados. Pues la foto de vista después de 30 años sería la siguiente: el teórico de la lucha armada y líder del MC propone, para evitar el fusilamiento o garrote de los encarcelados del MIL, realizar reuniones, octavillas, manifestaciones, mientras Jean Marc Rouillan se separa del MC y se une a grupos autónomos anarquistas y empiezan acciones violentas contra el régimen franquista en Francia. Podemos ver el libro de Barrot sobre el MIL y el GARI como una manera de salvar la cara, de nadar y guardar la ropa, de seguir proclamando la lucha armada y al mismo tiempo criticar a los anarquistas del GARI como un grupo terrorista y desligado del proletariado.

Hay otra razón, seguramente más escondida, que motivó a Barrot a condenar públicamente las acciones del GARI en Francia. La de no verse vinculado e involucrado judicialmente. Barrot explicó su vinculación al MIL, a Jean Marc Rouillan cuando actuaban en España, por lo que lo más cómodo y seguro era condenarlos cuando actuaron en Francia y desvincularse. Es una reacción típica y previsible: cuando un grupo es condenado, cuando empiezan las detenciones y la persecución, algunos compañeros los ignoran en menos que canta el gallo. En el País Vasco obligan a condenar a los activistas de ETA y a sus acciones. Eso explicaría como las mismas acciones en España fueran legítimas y revolucionarias, y en Francia fueran terroristas y contraproducentes para el movimiento obrero.

La ejecución de Puig Antich provocó las tensiones previsibles dentro del MC por estar proclamando la lucha armada en teoría durante años y proponiendo a sus militantes ante la caída de sus camaradas de Barcelona comités de solidaridad y distribución de panfletos. Las bases no lo comprendieron. Fue el hundimiento del Movimiento Comunista, mientras iban discutiendo sobre la legitimidad y oportunidad de la lucha armada y proponiendo folletos y discusiones para salvar a los encarcelados. Igual como en el Titanic algunos aristócratas se fueron al abismo vestidos de frac y bebiendo champagne, los líderes del MC se hundieron con el uniforme comunista puesto. Fue de los más activos en la solidaridad con los ex MIL.

También hay que reconocerle la propuesta de la famosa autodisolución de los MIL, que era una necesidad para evitar más detenciones. Barrot los animó a una reunión para autodisolverse (que se llamó Congreso), visto que una parte de “los milis” ya estaban controlados por la policía, y quedarían quemados los equipos político, obrero, intelectual, vinculados a ellos. Había que separar los que hacían atracos de los obreros e intelectuales que participaban o recibían los libros de ediciones “Mayo 37”. De hecho también influenció el que los obreros de Plataformas autónomas no quisieran recibir ni distribuir el material editado por los del MIL, de miedo a ser considerados cómplices de banda terrorista y de atracadores.

Jean Barrot era el seudónimo de Gilles Dauvé. Eso lo sabíamos, pero no sabíamos que la razón de su seudónimo era para esconderse de su propio padre, un notorio extremista de derecha, el Comisario General de Información. Guy Dauvé se mantuvo en los más altos cargos durante varios gobiernos, responsable de la represión de las diferencias disidencias, desde el FLP argelino, a los independentistas corsos, bretones, vascos, “Le Canard Enchain”, a quienes amenazó con sacar fotos comprometidas de sus periodistas, y a los grupos autónomos de combate, entre ellos al GARI, que al igual que el hijo, consideró y nombró como terroristas. Más interesante, es que los métodos del Comisario Dauvé, dirigente de las cloacas de la extrema derecha y con rango ministerial, fueron eficaces y dieron sus resultados. El Comisario Guy Dauvé preparó e infiltró a sus hombres en los grupos revolucionarios, creó grupos de mercenarios, a imagen y semejanza de los grupos revolucionarios, y utilizó estos provocadores y mercenarios en las manifestaciones izquierdistas, para así criminalizarlos y asociarlos a delincuentes, y hacerlos aparecer como el gran peligro que amenazaba la sociedad. En especial estos “grupos autónomos” de mercenarios los activaban antes de las elecciones para que los ciudadanos convenientemente asustados, fueran a votar correctamente. Y finalmente, antes de jubilarse, en los años 80 con la llegada de los socialistas, amenazó de mil y una maneras al clown Coluche, cuando decidió presentarse como candidato presidencial. Siempre al servicio de los poderosos y del Estado.

La inevitable discusión de la lucha armada de los oprimidos. Esta discusión no debería darse. Los ejércitos de mercenarios matan a miles de civiles y defienden los intereses de unos pocos ricos y no aparecen discusiones sobre la violencia y la legitimidad de los asesinatos de civiles que provocan a diario. Tampoco hay discusión cuando sus asesinatos y torturas aparecen probadas y publicadas. Los servicios secretos matan y provocan los atentados necesarios para aterrorizar a las poblaciones y armar guerras civiles, como en Iraq. No hay discusión sobre los métodos sino sobre lo que cobran por matar. Los ejércitos oficiales mantienen dictaduras y a los cuatro ricos con violencia y terror. En todos estos años ¿Alguien ha visto a los civilizados y humanistas norteamericanos discutir sobre la pertinencia de la lucha armada de su país apoyando a las dictaduras, que matan y asesinan a civiles? ¿Alguien ha visto alguna crítica a la peor dictadura del planeta, a estos monos asesinos de Arabia Saudita? No hay discusión sobre los métodos criminales de los amos del mundo. Ellos sólo piensan en mantener el terror e impedir que algunos de los millones de súbditos se rebelen y maten a algunos de ellos. EEUU se impone en el mundo matando a cientos de miles de civiles ¿Hay que cuestionarse y discutir la legitimidad o ilegitimidad para liquidar a los asesinos? Buena parte de sus robos los dedican a aumentar los ejércitos de mercenarios y de guardaespaldas, a engañar a los ciudadanos para que piensen que no se puede atacar al Estado y que los terroristas y asesinos son los rebeldes, a exigir a los jueces penas ejemplares para los que se hayan rebelado, etc. ¿Por qué durante cien años estuvo prohibido hablar de las rebeliones de esclavos contra sus amos? ¿Por qué Batasuna o las FARC son considerados grupos terroristas? Lo que digan los estados terroristas, los amos del mundo, no tiene que ser motivo de discusión, y menos de condena.

El tema de la lucha armada es tema de discusión actual, pasado y futuro. De todo ello lo más importante es el miedo de los pocos ricos y cía a que algunos ciudadanos tomen conciencia y se den cuenta que cualquier persona o grupo puede ser motor de la historia por solos que estén. Los pocos ricos pueden asesinar o mandar a asesinar a un millón de iraquíes. Pero tienen que saber que cualquier persona puede liquidar a los asesinos, a los pocos ricos y a sus ejércitos de mercenarios y crear un efecto dominó o el efecto mariposa de la teoría del caos. Es la lucha de clases. Lucha de clases que ni siquiera se puede nombrar, como en la época de los romanos, expresión prohibida en TV3 incluso en programas de historia, o sobre la revolución española. Es suficiente con saber que los pocos que mandan son unos mediocres y vulnerables si uno no se cree su principal mentira “Los pequeños grupos no pueden hacer nada contra el Estado. Un grupo pequeño no está capacitado para cambiar el sistema, o derrocar un gobierno”. “No se puede cambiar el régimen, y menos el capitalismo”.

c) El anarquismo español y la acción revolucionaria (1961-1975). Octavio Alberola y Ariane Gransac. Editorial Ruedo Ibérico, 1975.
Octavio Alberola cita a los GARI sin apenas explicar su procedencia, sus objetivos y efectos, informando sobre el secuestro de Suárez a partir de citaciones de la prensa que le catalogan a él como cerebro y máximo responsable, hecho que como mínimo debería rectificar como una mentira más de las muchas que se distribuyeron desde la prensa. Este error de protagonismo se justifica porque su remarcable investigación sobre el activismo revolucionario la realiza a partir de su propia experiencia y la de compañeros próximos. Hay que dejar claro que si alguien coordinaba a los diferentes grupos autónomos que englobaron los GARI, ese era Jean Marc Rouillan, ex MIL. Eso Alberola lo sabe.

Difiero asimismo de Alberola cuando considera las otras acciones del GARI en las que no participó como “espectaculares e inofensivas”. Estoy de acuerdo con lo de espectacular pero no con lo de inofensivas. Las acciones del GARI tuvieron un impacto en el aislamiento del régimen franquista, por ser las primeras que se hacían de manera múltiple, plural y coordinadas en el extranjero. Aumentaron el miedo de los franquistas y disminuyeron sus salidas a Europa y aumentó la mala reputación y rechazo europeo al régimen de Franco. A cada atentado simbólico, se recordaba al régimen franquista y se le culpaba de la agitación existente en Europa. Los ataques a las entidades representativas de la España franquista en suelo europeo: bancos, Iberia, consulados, etc., eran como banderillas al Régimen. ETA atacaba en el Interior dando golpes al corazón del Régimen como en el caso de Carrero. Nosotros seguimos dando banderillazos al Régimen, aprovechando la facilidad de movimiento y el rechazo de las democracias europeas al régimen de Franco.

Luego nos enteramos que los que acabaron con el franquismo fueron el Rey Juan Carlos, el jefe de estado de Franco y sucesor, el falangista Suárez, el franquista Fraga Iribane, etc. Ellos solitos, los fascistas procuradores de las Cortes franquistas, se hicieron el harakiri, se convirtieron a demócratas y nos dieron la democracia, es decir, la posibilidad de votar, manteniendo intacto todo el aparato franquista militar, judicial, etc. Los obreros, manifestantes, estudiantes, no tuvieron casi nada que ver en la transición según historiadores oficiales. Se convirtieron en adornos nuestras huelgas, manifestaciones, luchas. Y los GARI ni siquiera salen en la foto como adorno o en alguna esquina, lo cual es de agradecer. Por lo cual, viendo como recuperaron luego la historia, hay que dejar claro tanto nuestros golpes como potenciadores del fin del franquismo, como la participación en las prisas de los liberales (PRISA) y franquistas de ir preparando una transición controlada. El miedo a una revuelta social que pusiera fin al aparato franquista, puso en marcha en estos años, en pleno franquismo, la operación de la transición. Se crea el grupo PRISA en 1974, Bilderberg apoya el plan de una transición controlada con el príncipe Juan Carlos como sucesor. Lo pactan con Fraga Iribane y los socialistas. EE.UU y la CIA apoyan al príncipe franquista. Las acciones de ETA, junto a las de los grupos autónomos en el exterior, provocaron y aceleraron el plan de una transición a la democracia manteniendo el aparato franquista intacto, incluido en el paquete, el príncipe y la Monarquía.

d) “La CNT en la encrucijada. Aventuras de un heterodoxo”. Luis Andrés Edo. 2006
Es otro ensayo testimonial sobre el anarquismo, el activismo revolucionario y la CNT. Tanto Alberola, como Edo participaron en el secuestro de Baltasar Suárez y contactaron a los grupos autónomos que estaban funcionando en aquel tiempo. Son testimonios relevantes, importantes para conocer los GARI y su contexto desde diferentes puntos de vista. Cuantos más testimonios, mejor. En este libro de Edo, como en muchos de los libros realizados por activistas, se ve el itinerario de lucha, autoformación, lucha, prisión, formación y rebeldía sucediéndose constantemente. La teoría y la práctica combinándose y uniéndose, siguiendo la máxima guevarista de “Hacer lo que se piensa, y pensar lo que se hace”. Luis Andrés Edo destaca el potencial de los grupos autónomos, que desde la CNT no se quiso tener en cuenta, tanto por dejar claro ante las Autoridades que no había ninguna vinculación de la CNT con los “autónomos”, como por las críticas que hacíamos a la burocracia sindical anquilosada en el pasado.


6. EL FINAL DE LOS GARI
Los GARI no fueron desmantelados por la represión, se autodisolvieron a finales de Agosto de 1974. A partir de esta fecha, ya no reivindicarían ninguna acción. Las siglas perduraron en los medios de comunicación a causa del encarcelamiento de algunos de sus miembros. La autodisolución estaba prevista desde la constitución del grupo y no se planteó nunca crear una organización de lucha armada. Un escrito de febrero de 1975 firmado por “un grupo que participó en la coordinación GARI” explica los motivos:

“No queremos perpetuar unas siglas, un momento de la lucha. Sería hacer lo contrario de lo que pensamos. Porque la lucha no tiene principio ni fin, porque una revolución no tiene principio ni fin, excepto para quien cuenta el tiempo en función de su acceso al poder. Porque todo nos demuestra que una organización que se petrifica acaba por tener demasiadas cosas que perder, unas siglas, una representación, para ser realmente un medio de lucha; se convierte en un fin en sí misma, pretende ser un interlocutor válido, y esto CONTRA aquellos que rechazan sus tácticas politiqueras, frentistas. Contra los proletarios mismos, todos ellos convertidos en provocadores, delincuentes… Los GARI no existen ya como coordinación de grupos. Mañana, puede que se establezca otra coordinación con otros objetivos o con los mismos; con otros grupos autónomos o con los mismos. Otras siglas verán la luz y después desaparecerán. Para nosotros, la verdadera constante es el grupo autónomo, constituidos por proletarios reunidos sobre la base de una afinidad real, teniendo por costumbre vivir, luchar, discutir, criticar, conjuntamente. Los acuerdos provisionales contraídos con otros grupos son para nosotros una de las condiciones esenciales para evitar el militantismo y la burocracia, para evitar que la gente se desresponsabilice individual y colectivamente en el seno de una estructura fija, hecha para proporcionar seguridad. Conocemos demasiado bien el papel de los burós políticos, de las organizaciones, de las federaciones, de los grupúsculos, para confiar en una coordinación permanente. Cuando la base se dota de una representación permanente, partido, federación, sindicato, coordinadora, se instala la burocracia, se crean jefes, delegados permanentes, protegidos por un aparato en el cual la falta de transparencia hace necesaria la división de tareas. Esas tareas se convierten en especialización. Esta especialización se convierte en jerarquía de hecho…”.

miércoles, 13 de junio de 2012

Defensa Interior y el Grupo Primero de Mayo en la lucha antifranquista en España (1962-1968)


A continuación tres trabajos sobre la resistencia al franquismo de la década del 60. El primero refiere a la organización DI (Defensa Interior) y fue escrito por uno de sus militantes Octavio Alberola y publicado en portal de anarquismo OACA.  El segundo titulado “San Sebastián. Objetivo: Matar a Franco” realizado por Barricada Libertaria. El tercero es un material extraído del trabajo de Jovenes Anarcosindicalistas de la CGT española, publicado en jovenesanarcosindicalistas.blogspot.com.ar.





“El DI y la resistencia libertaria contra el franquismo”


Por Octavio Alberola
Por razones generalmente partidistas, la resistencia libertaria contra el franquismo ha sido frecuentemente olvidada en la historiografía del antifranquismo. Pero este “olvido” es aún más notorio en el caso de la resistencia libertaria de los años sesenta, por ser en esos años cuando los libertarios intentaron organizar y poner en marcha su proyecto resistencial más consecuente, el DI (“Defensa Interior”), y cuando sus acciones obtuvieron mayor repercusión internacional.
Efectivamente, al reactualizar la lucha activa contra el franquismo y la presencia del anarquismo, el DI fue el blanco de todos los que, inclusive entre los libertarios, no veían con buenos ojos una reactualización que ponía en evidencia su inmovilismo o que contrariaba sus planes y objetivos políticos.
No es de extrañar pues que coincidieran tantos intereses en ocultar la historia del DI y que por ello ésta sea hoy en día, hasta en los propios medios libertarios, tan poco conocida. Un desconocimiento que, gracias a la reactualización del caso Granado-Delgado en el marco del actual proceso de recuperación de la memoria histórica, está comenzando a ser paliado. No sólo porque al hablar de este caso se ha tenido necesariamente que hablar del DI, sino también porque las nuevas generaciones de militantes y de historiadores están demostrando un gran interés por descubrir la resistencia libertaria de esos años, que tantos intereses coincidieron en ocultar.
Este interés exige pues un deber de información de parte de los que podemos aportarla. Y esto es lo que me han pedido hacer hoy aquí; pero, antes de hacerlo me parece necesario hacer algunas puntualizaciones sobre el franquismo y el antifranquismo, desde el final de la guerra hasta 1960.

 

EL FRANQUISMO

Con el pretexto de restablecer el orden, los militares facciosos se sublevan en 1936 contra el gobierno de la Segunda República. La sublevación triunfa en algunas zonas del país; pero en otras,  gracias a la reacción popular, la sublevación fracasa y comienza la llamada “Guerra Civil”…
Franco es uno de los generales comprometidos en la conspiración y uno de los primeros en sublevarse; pero es gracias a una serie de circunstancias (Sanjurjo muere en un accidente de aviación al regresar a España y Mola encuentra muchas dificultades en el norte) que consigue ser nombrado Generalísimo de los Ejércitos y Jefe del Gobierno faccioso por la Junta militar reunida en Salamanca. Y así es como, tras apartar a los jefes históricos del alzamiento y “unificar” la masa de militantes y dirigentes fascistas en un partido único, Franco consigue ser, además de Jefe del Estado, el Jefe Nacional de Falange Española Tradicionalista y de la JONS y el supremo Caudillo del Movimiento. Por eso, al terminar la guerra, logra asumir -“en su entera plenitud” y con el título de “Caudillo de España por la gracia de Dios”- la absoluta autoridad de ese “Estado nuevo” que, hasta el fin, será un “reino sin Rey” y en todo momento una feroz y brutal dictadura castrense.
El franquismo, ese régimen que dura hasta la muerte de Franco, no es otra cosa que la alianza tradicional entre caciques, curas y militares, aunque adaptándose a los aires de la época, adopta el ropaje y el ceremonial fascistas de la Falange. Ésta, que se considera el tercer pilar del Régimen, copia y trata de imponer la ideología totalitaria de los fascismos europeos; pero, ya desde el comienzo de la Guerra Civil, el Ejército, la Iglesia y la Derecha reaccionaria, que son los verdaderos poderes que configuran el franquismo, ven en la Falange un aliado circunstancial, pero embarazoso para sus planes. Por ello, a partir de 1943, tras los desastres militares de Mussolini y su arresto por orden del rey Víctor Manuel III, comienza la desfalangización del país y el franquismo aparece como lo que realmente es: una dictadura reaccionaria, militar y clerical.
El objetivo de estos poderes es simplemente imponer una dictadura que garantice sus privilegios, una dictadura dispuesta a reprimir toda forma de protesta popular, intransigente e implacable con los sectores sociales que habían querido reformar la sociedad española y más aún con los que habían intentado transformarla revolucionariamente.
El franquismo no sólo es un régimen que no reconoce ninguna de las libertades fundamentales (de reunión, de organización y de expresión), sino un régimen inquisitorial, implacable en la vindicta y en la represión de todos cuantos se atreven a reclamar esas libertades. Entre 1939 y 1944, la represión franquista alcanza sus niveles más altos de brutalidad y las víctimas se cuentan en cientos de miles. Sólo cuando sus padrinos Hitler y Mussolini son derrotados, Franco hace una “pausa” en su política represiva; pero esta “pausa” es corta, no dura más que el tiempo necesario para que el Caudillo pulse el sentir de los Aliados sobre la continuidad de su régimen. Después, a medida que las connivencias de las Potencias “democráticas” con Franco aumentan y se esfuma la posibilidad de su derrocamiento, el franquismo vuelve a ser esencial y brutalmente represivo.

 

EL ANTIFRANQUISMO

Al terminar la guerra, con la victoria franquista, la mayoría de los vencidos acepta e interioriza la derrota; pero los hay que deciden resistir y proseguir el combate contra el franquismo por las armas. Más tarde, tras la derrota del nazi-fascismo, otros -confiando en el respaldo de las Democracias vencedoras- deciden dedicar sus esfuerzos a la constitución, en España y en el exilio, de una “oposición política” para “luchar” contra Franco en las Cancillerías y esperar...

El antifranquismo institucional:
Esta Oposición espera el milagro, la caída de Franco, gracias a la buena voluntad de las Grandes Potencias. Pero no sólo las Democracias no provocan la caída de Franco, sino que ni siquiera hacen evolucionar al franquismo hacia posiciones menos intransigentes, más conciliantes. Al contrario, las Democracias pasan, poco a poco, de una condena más o menos formal a un reconocimiento, de más en más oficial, del régimen franquista. Por eso el tan esperado milagro acaba en una amarga decepción.
La historia de esta derrota es aleccionadora:
Comienza con triunfos aparentes: en 1945, con la Declaracion de la ONU condenado el régimen franquista, y en 1946, con la Nota tripartita propugnando la ruptura de relaciones con el régimen de Franco. Pero estos “triunfos” tienen efectos más bien negativos, ya que relanzan la polémica sobre la acción armada, dividiendo al antifranquismo y reduciendo el apoyo a los grupos resistenciales. En 1948, España y Francia normalizan sus relaciones y otros muchos países envían sus embajadores a Madrid. Y a partir de 1949, con el pretexto del expansionismo soviético, termina prácticamente -aunque no oficialmente- el aislamiento internacional del régimen franquista. Las Democracias occidentales siguen entonces propiciando el ingreso de la España franquista en las Organizaciones internacionales del llamado “mundo libre”, y en 1950, a pesar de que , desde hace mucho tiempo, abroga la Declaración de San Francisco de 1945 y deja libre el camino a Franco para conseguir el pleno reconocimiento internacional para su Régimen.
Esta decisión es un verdadero mazazo para el antifranquismo en general; pero particularmente para aquellos sectores que han puesto todas sus energías y esperanzas en conseguir el aislamiento internacional del régimen franquista. No sólo no lo han conseguido sino que han hecho perder el tiempo en absurdas conjeturas sobre el “posfranquismo” y en quiméricas negociaciones para prepararlo, lo que ha facilitado los designios de continuidad del Régimen.
Pese a este fracaso, el antifranquismo institucional no cambia de estrategia y se resigna a seguir en una oposición puramente simbólica... Y así pasan los años hasta que, en 1975, el franquismo -en tanto que Régimen- acaba al morir Franco. Entonces, los prohombres de este antifranquismo institucional se prestan a garantizar a los poderes fácticos su continuidad y privilegios a través de una “transición” sin ruptura. Una “transición” que es un simple cambio de fachada institucional para transformar la Dictadura en Democracia, pero sin restauración de la República. De ahí que los herederos del franquismo la acepten tan fácilmente, puesto que saben, desde hace mucho tiempo,  que el franquismo es un anacronismo político y que la “transición” consagra la continuidad de los poderes fácticos y el capitalismo en todo su esplendor.

El antifranquismo resistencial:
Durante todos esos años, los que han decidido resistir al franquismo por las armas, son conscientes de que  no es en el terreno político o en el diplomático que Franco puede perder el Poder. Están convencidos de que las Democracias acabarán acomodándose con la dictadura franquista; pero saben que el descontento popular es enorme y que al Régimen le preocupa la continuidad de las acciones resistenciales, porque éstas pueden hacer perder el miedo a la población y el descontento popular transformarse en insurrección.
Las instancias dirigentes de la oposición política también lo saben; pero siguen afirmando que no hay otra alternativa que la “solución pacífica del problema español”. La esperanza de obtener un día el respaldo de las Democracias occidentales les impide ver la realidad, y ni siquiera la brutalidad y la persistencia de la represión franquista les hacen reflexionar y reconsiderar tan quimérica y desmovilizadora actitud. Su resignación y capitulación son tales que, al considerar inoportuno todo cuanto “molesta” a las Democracias victoriosas, llegan incluso a condenar las acciones resistenciales.
Es verdad que los primeros años son terribles para el antifascismo en España, en Europa y en otras partes del mundo. No sólo el totalitarismo nazi-fascista está a punto de imponer su dominación planetaria, sino que, en España, la represión es masiva y brutal: se denuncia, se detiene, se depura, se tortura y se fusila. Por todas partes, pero sobre todo en la zona que fue republicana, se maltrata y se humilla a la gente del pueblo simplemente por suponer que sigue siendo republicana. Esta represión, tiene una dimensión diferente a la que se ha ejercido ya en la zona nacionalista con el pretexto del “terror rojo” (los miembros del clero, militares, falangistas y ricachones fusilados en la zona republicana durante los primeros meses de la Guerra), y no ce cifra en miles sino en cientos de miles.
No es de extrañar pues que, destrozados por los tres años de guerra, por la cruel e implacable represión y por la desunión y la indecisión combativa de las organizaciones antifranquistas, el derrotismo se extienda entre los vencidos. De ahí el aislamiento y el abandono en que se encuentran, en los primeros años de la posguerra, los grupos resistenciales: tanto los que se han quedado en España para continuar el combate guerrillero en las sierras,  como los que han entrado para crear grupos de guerrilla urbana en diferentes ciudades y responder, golpe por golpe, a la represión.
No obstante, y pese a esta difícil situación, estos núcleos guerrilleros -constituidos de ex combatientes republicanos (socialistas, comunistas y anarquistas)- tratan de mantenerse en España. Y cuando el sur de Francia es liberado, el Partido Comunista Español crea la Agrupación de Guerrilleros Españoles (AGE), comenzando, el 19 de octubre de 1944, una expedición guerrillera (compuesta de unos 3.000 milicianos) por el Valle de Arán. Esta expedición acaba, diez días después, en una estrepitosa retirada. Por su parte, los republicanos también se han proclamado partidarios de la lucha armada contra Franco, creando, ese mismo año, la Agrupación Militar Republicana Española (AMRE) y la Acción de Fuerzas Armadas de la República Española (AFARE); pero ninguna de las dos llega a protagonizar ni siquiera una tentativa de acción armada.
Entre 1945 y 1949, la polémica en torno a la “lucha armada”, que “moviliza” la atención de todas las fuerzas de la Oposición, es perjudicial para los grupos resistenciales. Sólo algunos grupos, integrados por comunistas o por libertarios, continúan las acciones de resistencia; pero casi exclusivamente en Cataluña. Después, y hasta comienzos de los años sesenta, los grupos que continúan el combate en España son verdaderamente residuales. Lo que aún puede llamarse resistencia armada está reducida a las acciones esporádicas de algunos de los grupos de acción anarquistas que la policía franquista no ha logrado exterminar. Casi todos estos grupos provienen del exilio en Francia y están compuestos por militantes de las juventudes libertarias y de la fracción “apolítica” de la CNT; pero en pocas ocasiones cuentan con un verdadero apoyo orgánico.
La lista de militantes anarquistas que sucumben bajo las balas de la policía franquista es, durante este periodo, larguísima. De ella cabe destacar los nombres de los considerados como los más irreductibles: José Luis Facerías y Francisco Sabater Llopart (El Quico). El primero, abatido en una emboscada el 30 de agosto de 1957 en Barcelona, combatía desde hacía veinte años contra el franquismo. El segundo, herido en la madrugada del 4 de enero de 1960 en un combate en el que mueren cuatro compañeros suyos, es finalmente abatido el día siguiente en San Celoni tras veinticuatro años de combatir armas en la mano al franquismo.
Este episodio causa gran sensación en España y Francia “por ser una pervivencia de los viejos esquemas resistenciales”, y, de cierta manera, pone punto final a una etapa, de la resistencia antifranquista, en la que el protagonismo resistencial ha estado principalmente a cargo de los grupos de acción anarquistas. Y ello porque los comunistas han optado, a partir de 1948,  por el abandono de la lucha armada, la liquidación de los últimos focos guerrilleros y la estrategia de infiltración en las organizaciones de masas del franquismo. Y también porque la oposición política clásica sigue conformándose en ser únicamente espectadora...

 

LA RESISTENCIA DE LOS AÑOS SESENTA Y EL DI

Cuando en 1960 Sabater decide volver a España han caído las dictaduras de Pérez Jiménez, en Venezuela, y la de Batista, en Cuba, despertado nuevas esperanzas en el seno de la oposición antifranquista, del interior y del exilio. En España se ha creado el Frente de Liberación Popular (FLP), que se presenta como “frente antifranquista y organización revolucionaria”. En México, los jóvenes comunistas, socialistas, republicanos y libertarios crean el Movimiento Español 59 (ME 59) y algunos cenetistas, socialistas y republicanos fundan, al margen de sus organizaciones, la Acción de Liberación Española (ALE), exigiendo la unión y la acción. En Francia, los exiliados también despiertan de su letargo y, principalmente, entre los libertarios comienzan a replantearse proyectos de acción. Fruto de estas preocupaciones surge el Movimiento Popular de Resistencia (MPR), con posiciones y propósitos unitarios y combativos. 
Apenas transcurrido poco más de un mes de la muerte de Sabater, el 18 de febrero, estallan en Madrid dos bombas y otras tres son encontradas sin estallar. El recientemente creado Directorio Revolucionario Ibérico de Liberación (DRIL) reivindica estas acciones. La policía detiene y acusa a Antonio Abad Donoso de ser uno de sus miembros. Abad es ejecutado en la madrugada del 8 de marzo de 1960.
Han pasado ya más de veinte años desde que el franquismo celebró su Victoria, y si bien la sociedad española ha cambiado sociológicamente, políticamente no ha habido ningún cambio substancial. Se habla mucho de “liberalización”; pero el Régimen sigue impermeable a toda idea de apertura -por mínima que ésta sea- en el terreno político y en el social. Sólo se “liberaliza” la economía, y por ello las protestas populares resurgen a partir de 1960. Para desalentar toda veleidad de resistencia, Franco hace promulgar, el 26 de septiembre de 1960, un decreto endureciendo aún más la represión.
A principios de 1961, en la noche del 21 al 22 de enero, el DRIL despierta una inmensa oleada de entusiasmo al apoderarse del trasatlántico portugués Santa María y recordar al mundo la existencia de una resistencia activa contra las dictaduras de España y Portugal. Esta acción tiene una gran repercusión internacional. La hazaña impacta la conciencia del antifranquismo, particularmente en el seno del movimiento libertario por formar parte del comando varios cenetistas. Pasados unos meses, en julio, los jóvenes nacionalistas vascos fundan el movimiento Euskadi Ta Askatasuna (ETA) e intentan sabotear la vía férrea cerca de San Sebastián. El 8 de agosto, El Campesino (el célebre comandante comunista de la Guerra civil) inicia una acción guerrillera, atacando con 13 hombres armados la central eléctrica de Irabia, en Orbaiceta.
Estas acciones confirman el resurgir de tendencias activistas hasta en los medios nacionalistas vascos y en los comunistas. Ante este panorama, el antifranquismo clásico comienza a tomar conciencia de su responsabilidad y de la urgencia de reaccionar… Comienzan a proliferar grupos denunciando el derrotismo del antifranquismo “oficial” y propugnando actitudes más combativas y unitarias. En el seno del Movimiento libertario exiliado comienzan también a oírse de más en más voces con propósitos unitarios y combativos. La militancia critica las posiciones inmovilistas de los comités y acaba poniendo en marcha una dinámica imparable en pro de la unidad confederal. Una dinámica que se concretiza en 1960, en el Primer Congreso intercontinental de Federaciones Locales de la CNT de España en el exilio, a través de una moción que permite dar un paso decisivo hacia la solución del cisma interno: “para no forzar la voluntad de nadie” y “con vistas a dar facilidades” se da “a cada Federación Local la autonomía de procedimientos para su liquidación”.
Así, apoyándose en esta moción, los partidarios de la unidad confederal comienzan a hacerla efectiva en todas las Federaciones Locales en donde la corriente unitaria es mayoritaria y a concertarse para hacerla definitiva en el próximo comicio. La dinámica “pro unidad” se extiende rápidamente a toda la organización, y, aunque aún subsisten antagonismos en otras Federaciones Locales, esta voluntad de unión y de acción se afirma definitivamente en el congreso de la CNT que se celebra en la ciudad de Limoges del 26 de agosto al 3 de septiembre de 1961. A este congreso asiste una delegación directa del Comité nacional de la CNT del Interior ya reunificada.
La presencia de esta delegación, que se pronuncia firmemente por la continuación “de la acción revolucionaria”, no es sólo decisiva para oficializar la reunificación del movimiento libertario en el Congreso sino también para que se apruebe -en sesión reservada y por unanimidad- el dictamen sobre “defensa interior”. Este dictamen, elaborado por Germinal Esgleas, Vicente Llansola y Miguel Celma, propone la constitución de un organismo secreto para relanzar la lucha contra el régimen franquista y afirmar la presencia libertaria en España.
La “reunificación” y la aprobación de este Dictamen despiertan muchas expectativas en el seno de la militancia libertaria. Una buena parte de ella espera que ahora sí se dinamice la lucha contra el franquismo, y, desde finales de 1961, se crean comisiones para recoger fondos para el DI en las Federaciones Locales ya reunificadas. En cambio, el sector opuesto a la reunificación persiste en mantener vivos los conflictos personales que han impedido la reunificación en otras Federaciones Locales: sobre todo en las de Marsella y Venezuela.
A pesar de ello, y tras la aprobación del dictamen de Defensa Interior por la FAI y la FIJL, a principios del mes de enero de 1962 se reúne la Comisión de Defensa del MLE (integrada por los secretarios de la CNT, de la FAI y de la FIJL, más el secretario de coordinación de la CNT) para nombrar a los integrantes del DI. Cada organización presenta una lista y finalmente son nombrados los conocidos cenetistas Germinal Esgleas, Vicente Llansola, Cipriano Mera, Juan García Oliver, Acracio Ruiz, Juan Jimeno y Octavio Alberola en representación de las Juventudes Libertarias.
Los nombres de los miembros del DI sólo debían ser conocidos, en principio, por los integrantes de la Comisión de Defensa; pero, dada la situación conflictiva en el Movimiento, sus nombres comenzaron a circular entre la base, comprometiendo su situación personal e inclusive las tareas que el DI debía realizar. Es verdad que, dadas las circunstancias por las que atravesaba el Movimiento, era importante que el DI estuviese integrado por militantes de sólido historial: no sólo porque era muy importante consolidar la unidad del Movimiento, sino también porque de poco podía servir el criterio de capacidad “técnica” después de más de veinte años de exilio.
Por eso, aunque a la base se le dijo que se les había nombrado porque “por su pasado revolucionario constituían una sólida garantía en cuanto a la seriedad de las tareas específicas que el DI debía realizar”, la realidad es que habían sido nombrados más bien en tanto que representaban a las principales tendencias del Movimiento y para que estuviesen “representadas” las tres principales zonas del exilio: tres (Esgleas, Llansola y Mera) por los libertarios exilados en Francia, uno (García Oliver) por los de América, uno (Jimeno) por los de África del Norte y otro (Ruiz) por los de Inglaterra, puesto que yo representaba a la FIJL.
Dos meses después de haber sido nombrados, los miembros del DI se reúnen  con la Comisión de Defensa en un pueblito de los alrededores de Toulouse. A esta reunión sólo ha faltado García Oliver, que ha enviado por escrito (a través mío) su punto de vista sobre la estrategia a seguir para alcanzar los objetivos que al DI se le fijaron. La mañana y la tarde son dedicadas a analizar la situación del Movimiento en el exilio y en el interior de España, así como el contexto político y social nacional e internacional. Esgleas plantea algunas divergencias de tipo ideológico y táctico, pero se aprueba la visión estratégica desarrollada por García Oliver en su escrito. En esta reunión, la Comisión de Defensa queda responsabilizada de aportar, a través de su secretario (el secretario de coordinación de la CNT), los fondos necesarios para sufragar las actividades del DI, que el Dictamen Defensa Interior había evaluado, para una primera fase, a diez millones de Francos (viejos).
Unos días después se reúnen de nuevo los seis miembros del DI, presentes en la primera reunión, para decidir -en función de lo estipulado en el Dictamen Defensa Interior- el modo de funcionamiento del DI y evaluar las posibilidades humanas y materiales que el Movimiento podía ofrecer para aplicar el plan de acción aprobado. En esa reunión, Germinal Esgleas se propone para asumir la responsabilidad de la sección de propaganda y Vicente Llansola para preparar un atentado contra Franco. Los cuatro restantes quedamos encargados de preparar los grupos de acción, y yo, además, debo asegurar la coordinación entre los miembros del DI, así como entre las diferentes actividades... Esgleas recibe 100.000 francos (viejos), para comenzar a preparar las actividades de  propaganda, y Llansola recibe un millón de francos (viejos), para organizar el atentado contra Franco. A los cinco miembros restantes se nos atribuyen, en principio, cinco millones de francos (viejos), para  comenzar a preparar las actividades que se nos han encomendado; pero, de esta cantidad, el secretario de la Comisión de Defensa (Angel Carballeira)sólo nos entrega 500.000, en dos ocasiones. La razón argüida es que ha entregado todos los fondos a los “compañeros de España”. Pero la verdadera razón es que Esgleas, al constatar la voluntad y empeño de los otros cinco miembros de cumplir los acuerdos y que el DI se le escapa de las manos, ha decidido impedir su puesta en marcha y, para ello, se vale de Carballeira. A esta labor obstruccionista se suma también LLansola y todo el sector opuesto a la reunificación de la CNT.
Al constatar tal propósito, los otros miembros del DI -respaldados por el secretario del Comité Intercontinental (SI) de la CNT y el de la Comisión de Relaciones de la FIJL- deciden mantener el DI y seguir adelante con los planes de acción aprobados. El tiempo es un factor crucial para el relanzamiento de la lucha contra la dictadura franquista, y, por el momento, no se debe perder éste en denunciar orgánicamente a los que actúan de manera tan irresponsable. Hay que dejarlo para más tarde. Lo primero es “recordar” a la opinión pública nacional e internacional que, en España, hay una dictadura, que la represión continua y que en las cárceles hay todavía miles de presos políticos. Y, al mismo tiempo que se recuerda esto, hay que tratar de interesar a las otras fuerzas antifranquistas a sumarse a esta acción. Además, y puesto que Llansola se niega a informar sobre el “avance” de su misión, se decide asumir la preparación del atentado contra Franco...
La reactivación de las acciones resistenciales comienza el 5 de junio de ese mismo año con la explosión de dos bombas en Madrid, una en la Vicaría general castrense y otra en la Nunciatura. El 8 de junio, también en Madrid, estalla una bomba en el Banco Popular Español (Opus Dei). El l3 de junio estalla en Madrid una bomba en el Instituto de Previsión Social (Falange), y, el 30 de junio, en Barcelona, estallan bombas en la Residencia de Monterolas y en el Instituto Nacional de Previsión Social, así como en la Residencia de Falange. Todas estas acciones son reivindicadas por la Federación Ibérica de Juventudes Libertarias (FIJL). El 15 de julio estalla una bomba en el balcón de la Casa consistorial de Valencia, desde el que días antes Franco había pronunciado un discurso. El comunicado dice: “te seguimos los pasos”. El 12 de agosto estalla una bomba en la Basílica del Valle de los Caídos, y el comunicado dice: “ni en tu tumba descansarás tranquilo”. Estas dos acciones son reivindicadas por el DI y el MLE. El 19 de agosto, en San Sebastián, explosiona una fuerte carga de plástico cerca de la entrada del Palacio de Ayete, residencia estival de Franco. En la prensa  se habla de una tentativa de atentado contra Franco. El comunicado dice: “la próxima ocasión será la buena”. Ese mismo día, en Madrid, estallan bombas en las sedes de los diarios YA y PUEBLO. El 20 de agosto, en Barcelona, estallan bombas en las sedes de los diarios LA VANGUARDIA y ABC. El 23 de septiembre, en Roma, estallan dos bombas incendiarias en la Basílica de San Pedro, poco antes del Concilio Vaticano. El 7 de octubre, en Nueva York, estalla una bomba en la ventana de la residencia del Cardenal Spellman, gran amigo del régimen franquista. Las reivindicaciones enviadas a la prensa recuerdan el apoyo de la Iglesia a Franco. El 29 de septiembre, en Milán, es raptado el vicecónsul Elías para impedir la condena a muerte del estudiante libertario catalán Jorge Conill que había sido detenido unas semanas antes al mismo tiempo que otros jóvenes libertarios de Barcelona, Madrid, Zaragoza y Valladolid. Entre el 2 y el 3 de diciembre estallan bombas en la residencia del gobernador militar de San Sebastián, en el Palacio de Justicia de Valencia, en el Tribunal de Cuentas del Reino de Madrid y en el Palacio de Justicia de Lisboa, así como en el consulado español de Amsterdam. Estas acciones son reivindicadas por el Consejo Ibérico de Liberación (CIL).
En 1963, en Roma, estallan bombas en las oficinas de Iberia y en la Delegación del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, con grandes inscripciones contra el turismo en España. Ese mismo día, en los aeropuertos de Las Palmas, Barcelona y Madrid son saboteados diversos aviones de Iberia y de Aviaco antes de despegar. El 16 de abril, en Valencia  y en Alicante, estallan bombas en las oficinas de Iberia, así como en el barco Ciudad de Ibiza que llegaba al puerto de Barcelona. Las acciones de la campaña cpntre el turismo son reivindicadas por el CIL. Pocos días después son detenidos tres jóvenes estudiantes franceses. El 13 de junio, en los aeropuertos de Londres, Frankfort y Ginebra, estallan bombas en los aviones de Iberia y de la Tap antes de despegar. El 29 de julio, en Madrid, estalla una bomba en la Dirección General de Seguridad y poco después otra en la sede de los Sindicatos Verticales. El 1 de agosto, cerca de Port-Bou es saboteada la vía del ferrocarril de Barcelona a Perpiñán. El 2 de agosto, en la zona de Sabadell, se producen varios sabotajes en torres de conducción eléctrica. Al día siguiente, la Guardia Civil abate al célebre guerrillero libertario Ramón Vila Capdevila (“Caraquemada”). Ese mismo día, la prensa española da la noticia de la detención tres días antes en Madrid de los jóvenes libertarios Francisco Granado Gata y Joaquín Delgado Martínez, a quienes la policía franquista acusa de ser los responsables de los atentados del 29 de julio en esa ciudad. La prensa afirma que “ulteriores investigaciones descubrieron que poseían un arsenal compuesto por 20 kilos y 950 gramos de explosivo plástico, una ametralladora, cierta cantidad de balas y un radiotransmisor destinado a provocar explosiones a distancia por medio de onda corta.” (ABC, del 2-8-1963). En algunos comentarios de prensa posteriores se insinúa que ese material podía estar destinado a un atentado contra Franco en preparación.
El 13 de agosto por la tarde las agencias de prensa reciben un comunicado oficial informando de que Granado y Delgado han sido juzgados ese día por un Consejo de Guerra Sumarísimo (“El proceso ha sido abierto sin previo aviso a la prensa, a las 8 de la mañana, y los debates han sido llevados con toda rapidez.” Le Monde, del 14-8-1963) y que se les han impuesto condenas a muerte. Cuatro días más tarde, un nuevo y escueto comunicado oficial enviado a la prensa anuncia su ejecución.
La muerte de Caraquemada y luego la rápida ejecución de Granado y Delgado caen como un mazazo sobre los libertarios. No han podido organizar grandes manifestaciones de protesta -como las que se organizaron en el caso del comunista Julián Grimau-, ya que se está en pleno mes de agosto, con más de media Europa de vacaciones... Además, las presiones de las autoridades francesas sobre el SI se vuelven imperativas y éste decide suspender la ayuda económica al DI para paralizar “provisoriamente” sus acciones. En tales condiciones, el DI se ve en la imposibilidad de reaccionar, como se hizo en el caso Conill, y ni siquiera puede tomar las medidas de seguridad que la situación exige, pues se tiene conciencia de que la represión no se ejercerá exclusivamente en España.
Efectivamente, el 11 de septiembre, apenas terminado el periodo vacacional, las autoridades francesas inician una redada de detenciones contra responsables y militantes conocidos de la FIJL en todo el territorio francés. Son detenidos más de sesenta jóvenes libertarios y dos viejos compañeros de la CNT, Cipriano Mera y José Pascual, cuya vinculación con el DI es “conocida”. La mayoría de los detenidos recupera la libertad pocos días después; pero 21 quedan en prisión bajo la acusación de “asociación de malhechores”.. Cipriano Mera es dejado en libertad gracias a su avanzada edad y estado de salud. El objetivo de esta medida represiva es evidente para todos: satisfacer las exigencias franquistas y ejercer presión sobre la CNT, que debe celebrar en el mes de octubre un congreso en Toulouse, para que abandone la línea de acción aprobada en 1961 y  ponga fin al DI. Prueba de ello es que, una vez terminado el Congreso y al quedar el SI en manos del sector opuesto al DI, las autoridades francesas proceden a liberar a uno tras otro a los jóvenes libertarios detenidos y a José Pascual, sin que en ningún momento hayan sido objeto de una verdadera instrucción judicial.
La represión en España y Francia y el obstruccionismo del sector confederal inmovilista logran su objetivo, parar la acción del DI; pero no su continuidad orgánica... El sector inmovilista, con Esgleas a la cabeza, ha aprovechado la ocasión para retomar las riendas de la CNT y de la Comisión de Defensa en el congreso –que las autoridades franceses no suspenden-, y dejar al DI definitivamente sin recursos para actuar; pero no ha podido impedir que las delegaciones asistentes al congreso aprueben la gestión del DI y, en consecuencia, su continuidad... La explicación es simple: ni Esgleas ni Llansola han informado, antes o en el curso del congreso, de que son dimisionarios del DI y de que han sido impugnados por los otros miembros de este organismo.
El hecho es que en el congreso se han tomado dos decisiones contradictorias: aprobación de la gestión del DI y nombramiento, para los cargos del SI, de Esgleas y Llansola que, además de ser dimisionarios del DI, están impugnados por los otros miembros de este organismo.
El problema orgánico es pues serio, ya que Esgleas y Llansola han dimitido por estar opuestos a la continuidad del DI y han recibido como mandato del Congreso el de proseguir cumplimentando el dictamen “Defensa Interior”. Pero ni el uno ni el otro reconocen esta incompatibilidad, sino que, al contrario, se apresuran a tomar posesión de sus cargos en el SI para controlar  el funcionamiento de la organización confederal e impedir que la impugnación contra ellos sea debatida. De ahí que dedique todos sus esfuerzos y gestión -que, con diferentes excusas, prolongan de un año- a “justificar” sus dimisiones y el incumplimiento de las misiones que se habían auto asignado en el DI, además de seguir exacerbando el enfrentamiento interno para “justificar” el incumplimiento del acuerdo del congreso de continuidad del organismo conspirativo y preparar su entierro “orgánico”.

 

EL ENTIERRO DEL DI Y EL RELEVO JUVENIL

Este entierro se produce en el Congreso de Montpellier que, por fin, comienza el 31 de julio de 1965 cuando Esgleas está seguro de contar con un número suficiente de delegados, de pequeñas Federaciones Locales adictas, para disponer de una mayoría de votos. Para ello no ha dudado en realizar una intensa campaña electoral (una de las curiosas innovaciones introducidas en los medios libertarios por el esgleísmo) centrada en la "salvación de la Organización", además de asegurarles, a las delegaciones afines, los gastos de desplazamiento y estancia (otra innovación esgleísta). El hecho de haber escogido Montpellier como sede del congreso es porque esa región y la de la cercana Provenza estaban controladas por sus afines.
Desde la primera sesión comienzan los enfrentamientos para nombrar la Comisión de Escrutinio y la Presidencia del congreso. Para les delegaciones esgleístas, la única posibilidad de salvación del anarquismo español es el “purismo” ideológico que encarna Esgleas y la aplicación de “reglas sanitarias, higiénicas, definitivas, contundentes” para expulsar del movimiento a todo militante que no esté de acuerdo con esta línea. Para las otras delegaciones, tanto para las que defienden al DI como para las que simplemente no aceptan la ortodoxia e inmovilismo esgleísta, el anarquismo no debe ser sectario y su futuro depende, precisamente, de su capacidad de actuación en el contexto político y social de su época.
El enfrentamiento es cada vez más virulento, y tras apoderarse de la Presidencia del congreso y de la Comisión de Escrutinio, los esgleístas dedican las primeras sesiones a la eliminación de delegados que habían sido ya objeto de las “reglas sanitarias” (expulsiones) en ciertas federaciones locales y regionales por ellos controladas, y que el SI esgleísta había propiciado. En buen conocedor del estado de ánimo de la organización y de la mecánica orgánica, Esgleas había dejado podrir estos conflictos locales y regionales para que el congreso se desarrollase en un clima de enfrentamiento tal que toda posibilidad de analizar serenamente esos casos y el de la impugnación fuese imposible. Esgleas sabe que su mantenimiento en los cargos (retribuidos) de la Organización depende de ello, y a conseguir tal objetivo dedica todo su tiempo y energía, sin ningún escrúpulo ni problema de conciencia. De ahí que llegue hasta a la ruptura con la organización juvenil (la FIJL) cuando ésta le exige, en la Comisión de Defensa, que él y Llansola den cuentas de su dimisión del DI y pongan sus cargos, en el SI, a disposición de la Organización mientras se estudia y se resuelve la impugnación por incompatibilidad. Y no sólo rompe con la FIJL, sino que utiliza esta ruptura, con los jóvenes, que propician y reclaman el rejuvenecimiento y puesta al día del Movimiento, para presentarse en defensor intransigente de la trilogía “principios, tácticas y finalidades”, que sirve de tapadera ideológica a los que siguen viviendo en el pasado y en el inmovilismo. Esgleas sabe que a estos militantes les arregla este simplismo ideológico y el inmovilismo que él encarna, pues el envejecimiento y los muchos años de exilio les han acostumbrado a una militancia poco comprometedora. Por ello, para conservar su cargo, se permite toda clase de manejos y actitudes impropias de libertarios. Así, al comienzo de su informe al congreso, Esgleas se permite decir que todo ataque contra el SI es un ataque contra la CNT (“De todo lo que se hace y se dice en contra de un Secretariado Intercontinental no es el SI finalmente el perjudicado, sino toda la Confederación Nacional del Trabajo, todo el pueblo español.”). Y más adelante, para justificar el por qué, pese a estar impugnado, había aceptado hacerse cargo del SI, no tiene ningún empacho en presentarse en defensor de la independencia de la CNT.
En su informe al congreso, Esgleas dice:
“(...)En todo momento hemos querido mantener la independencia de la CNT, la hemos mantenido y la hemos defendido, se defenderá siempre que se atente contra ella, venga este atentado de donde viniere. Cuando antes de tomar posesión  de nuestros cargos se nos hace la guerra por el hecho de haber aceptado; cuando casi tres meses después del Congreso de 1963, nos viene una representación -que no era de la CNT- a rogarnos "muy fraternalmente", según ellos, que no tomáramos posesión de los cargos hasta que ciertas cosas fueran aclaradas, cosas ignoradas por este Secretariado, pensamos y les dijimos que no podíamos aceptar esta imposición. Y en virtud de ese concepto obramos y se ajustó nuestra conducta. No puede admitirse otra cosa para no sentar el precedente de que unos compañeros nombrados en un Congreso dejen de ocupar sus puestos por el veto que ponga una organización ajena (...).”
¡Esta organización “ajena” era la FIJL, que con la CNT y la FAI integraban la Comisión de Defensa del MLE que había nombrado a los miembros del DI, y ante la cual había sido presentada la impugnación contra Esgleas y Llansola por los otros miembros del DI que continuaban en sus puestos!
Claro es que a las delegaciones esgleístas les importaba muy poco lo insuficiente de esta “explicación”, pues habían venido al Congreso decididas a imponer la orientación esgleísta aunque fuese a costa de dividir una vez más a la CNT y al MLE.
El día 5 de agosto por la tarde, después de cinco días de agrios y violentos debates, comienza la primera “sesión reservada” dedicada a la elucidación del llamado “problema interno”. A ésta siguen cinco más; pero, a pesar de que se deja hablar a los impugnadores, las delegaciones esgleístas permanecen sordas a sus argumentos. Para ellas, como para Esgleas y Llansola, no era incompatible haber dimitido del organismo conspirativo y haber aceptado después, en el Congreso de 1963, los cargos del SI a pesar de que éste había aprobado la gestión y la continuidad del DI. Como tampoco consideraban grave no haber hecho absolutamente nada, durante su año y medio de gestión al frente del SI, para cumplimentar este acuerdo o para denunciarlo...
El hecho es que la “mayoría” esgleísta termina la quinta “sesión reservada” aprobando, en medio de gritos, insultos y amenazas, una resolución de circunstancias que, tras ratificar su confianza a los impugnados (Esgleas y Llansola) “no aplica sanciones” a los impugnadores  (Mera y Alberola)[1]. En un ambiente tan enrarecido, y al oponerse los esgleístas a reconsiderar esta moción, todas las delegaciones que no quieren caucionar un tal proceder se retiran del Congreso.
Así, ya sin oposición y para que el DI quede definitivamente enterrado, Esgleas hace aprobar la anulación del dictamen de “Acción directa y revolucionaria” aprobado en 1961, que él y sus incondicionales, Llansola y Celma, habían elaborado.
Pero lo que los esgleístas entierran en Montpellier no es tanto el DI como la voluntad de transformar en acción. los acuerdos de lucha contra la dictadura franquista. Por eso, después de Montpellier, la CNT y la FAI vuelven a instalarse en la rutina de aprobar y ratificar acuerdos, en la demagogia y el inmovilismo de antes.
Años después, en su libro de memorias “El eco de los pasos”, Juan García Oliver escribió lo que sigue:
“(…) El DI, que agrupó a unos muy viejos militantes de probado historial revolucionario, con otros jóvenes e inteligentes miembros de las juventudes, realizó una acción de seis meses de duración(…) Fueron, al parecer, solamente seis meses de acción conjunta del DI, brazo armado de la Organización. Hubiese sido menester, por lo menos, un año más para poder terminar la obra emprendida, que no era otra que acabar, a como diese lugar, con la dictadura en España. Desgraciadamente era una lucha que reclamaba la aportación abundante de medios económicos. Ricos siempre de hombres luchadores, pobres siempre en medios económicos, hubieron de suspender la empresa de la liberación de España. Sin embargo, aquella fue la única vez que la Organización se enfrentó con la Dictadura. Y la única también que una organización española, antes de la ETA, emprendiera una lucha colectiva contra el franquismo organizado(…) Se hizo la unidad, se creó el DI, se luchó incipientemente y cuando debía darse un salto más fuerte correspondiendo a la lógica superación de una primera etapa de ensayo, se acabó todo : hasta la unidad, porque otra vez aparecieron las disensiones, las divergencias y las incompatibilidades (…)”
Por supuesto, terminado el vergonzoso congreso de Montpellier, que puso en evidencia la esterilidad de la lucha contra la gerontocracia libertaria exiliada, la FIJL abandonó definitivamente la Comisión de Defensa del MLE y decidió continuar la lucha activa contra el franquismo iniciada por el DI.
Comenzó entonces una nueva etapa en la que los jóvenes libertarios lograron, tras las espectaculares acciones del “Grupo Primero de Mayo”, no sólo poner en jaque al régimen franquista, sino reactualizar el antiautoritarismo que dio, al Mayo del 68, su radicalidad libertaria.
Pero, de esa etapa, hablaremos en otra ocasión...




[1] Es en el curso de esta sesión (del Congreso de Limoges de 1965) que exigí se esclareciera el bulo que los esgleistas habían lanzado para acusar a Cipriano Mera de haberse quedado con 5000 francos (viejos) de la Organización. Lo grave es que a pesar de haberse esclarecido ante todas las delegaciones (de ahí que en el "acuerdo final", no aceptado por las delegaciones que abandonaron el Congreso, los esgleistas no se atrevieran a expulsarnos) que esa cantidad me la había dado a mi el compañero Marcelino Boticario, secretario de la Comisión de Defensa, en septiembre de 1963 (tras las detenciones en Francia) para que me volviera a México, el sector esgleista siguió propalando tal bulo contra el compañero Mera. Cuando digo que quedó esclarecido es porque mi intervención denunciando el bulo fue confirmada por los compañeros Boticario y Santamaría, secretario general del Intercontinental, miembro también de la Comisión de Defensa. 




“San Sebastián. Objetivo: Matar a Franco”
 Por Barricada Libertaria.
El Caudillo solía repartir sus vacaciones de verano entre Galicia y San Sebastián. Con la recepción en La Granja para celebrar el aniversario del Alzamiento, el 18 de julio solía significar el fin de la actividad política y el inicio de las vacaciones. Los ministros se dispersaban según sus preferencias en las costas o en la montaña y sólo acudían a un Consejo que se celebraba en La Coruña y, un mes después, en San Sebastián. Cada año se repetía invariablemente el mismo itinerario, pero los periódicos no daban noticia de los desplazamientos del Jefe del Estado. Sólo comunicaban que el Caudillo se hallaba ya en su destino.
Al principio del verano en una reunión de todos los miembros que integraban el “Submarino” - así era conocida familiarmente la sección D - I - se discutieron todos los pasos de una operación que pretendía “ejecutar” al Caudillo en el momento de entrar en su residencia de Ayete, en San Sebastián. Con antelación suficiente era posible minar la carretera exterior del palacio y hacer estallar las cargas en el momento en que el coche de su Excelencia entrara en la zona.
Sólo había un problema: conocer con exactitud el día y la hora de la llegada de la comitiva. La presencia de Franco en San Sebastián tenía carácter privado y no estaba prevista ninguna recepción oficial. La caravana se dirigía directamente al Palacio y al día siguiente acudían las autoridades locales y provinciales a agasajar al Caudillo.
Cipriano Mera y un dirigente libertario de procedencia vasca informaron al D - I que las conversaciones con ETA habían llegado a un punto positivo. Ambas organizaciones se repartirían la misión en los siguiente términos: ETA transportaría el material explosivo -veinticinco kilos de “plástico”- y las armas cortas del comando desde Bayona a San Sebastián por mar. ETA ayudaría al comando del D - I a moverse por el País Vasco y a protegerle en la retirada. Sin embargo, ETA no estaría al corriente de la magnitud del atentado, cuya ejecución se reservaba el D - I. Por ser historia demasiado reciente no ha sido posible divulgar los nombres de las personas que formaban parte del comando conjunto.
El enlace en Madrid para seguir los pasos del Caudillo era un militante de las juventudes libertarias que transmitía por radio mensajes cifrados. La cuenta atrás para la ejecución del atentado empezó al menos un mes y medio antes de la fecha en que se preveía la llegada de Franco a Ayete que solía ser hacia mediados de agosto.
La pequeña embarcación -una de las que por entonces pertenecía a la “flotilla ligera” de la que se servía ETA- se hizo a la mar en San Juan de Luz y amparada por el espeso tráfico pesquero del golfo de Vizcaya tocó tierra un atardecer en una playa cercana a San Sebastián. En aquella época, cuando aún no se había desencadenado la gran ofensiva etarra, la vigilancia no era excesiva y las patrullas costeras, aun sabedoras de que se realizaba un importante trasiego de contrabando, no podían prestar atención a todas las embarcaciones que pululaban en las aguas pesqueras. El comando etarra recogió las armas y el material explosivo. Debidamente empaquetado llegó también un aparato emisor de ondas fabricado por un técnico español de la CNT -hombre cuya vida supera cualquier leyenda- que había recibido el encargo de preparar varios aparatos. Entusiasmado por ese proyecto y por otros que más tarde se llevarían a cabo, Cipriano Mera había decidido contar con un “stock” importante de radioemisores. Por cierto que el técnico no los montó a partir de piezas existentes en el mercado y fácilmente controlables, sino que recurrió a los servicios de un compatriota que trabajaba en una base militar norteamericana. Ningún servicio de información francés detectó la fabricación de estos aparatos.
Mientras el enlace en Madrid se “sepultaba” para empezar a transmitir informaciones, el comando ETA entregó la carga explosiva a los enviados del D - I en San Sebastián. Debían actuar con celeridad pues era de suponer que se establecería un cordón de vigilancia en los alrededores de Ayete tan pronto como Franco saliera de Madrid para Galicia. El comando pudo moverse sin sobresaltos. Por razones de seguridad y para estar cerca de su objetivo rehuyeron las pensiones y los hoteles y se instalaron en un camping junto a la playa. Desde allí, amparándose en la oscuridad y paseando como si fueran dos parejas de novios, se internaron en el monte. Eligieron el tramo de la carretera que conduce a Ayete idóneo para el atentado: visible desde la posición en que se situaría el comando que haría estallar la carga mediante onda y suficientemente ancho para que el coche de su Excelencia se acercara a la zona minada siendo observado por los activistas. El comando procedió a excavar un pequeño túnel desde la cuneta. En pocas horas quedó terminada la operación, incluida la evacuación de la tierra. Depositaron en el interior veinticinco kilos de “plástico”, más que suficientes para cumplir el objetivo. El comando dejó “dormir” el explosivo sin colocar las pilas eléctricas que recibirían la onda para provocar la explosión. Todo dependía ya de la suerte. El atentado había sido reproducido en una base de entrenamiento en Francia y se conocía el comportamiento y la duración de las pilas. No podrían permanecer más de siete días enterradas, lo que añadía una dificultad seria al proyecto. Tendrían que ser colocadas no más de una semana antes de la llegada de la comitiva. La vigilancia se habría incrementado notablemente, pero el comando se consideraba capaz de burlarla para introducir las pilas y poner en marcha el mecanismo. Siete días. La responsabilidad de la acción recaía a partir de entonces en el enlace de Madrid que tendría que seguir a Franco en sus desplazamientos por el Norte de la Península.
El 17 de julio el pueblo de Madrid tributó un homenaje a Franco. Doscientas setenta y cinco mil personas le aclamaron con motivo de la entrega de siete mil quinientas viviendas construidas en el Gran San Blas. Durante el último decenio Madrid había crecido en un 36 por 100. Al día siguiente se celebró la tradicional recepción en La Granja, con motivo del XXVI aniversario del Alzamiento. Franco podía considerarse satisfecho de su buena estrella. La tormenta contra su Régimen había amainado. En el campo internacional -a pesar de que las democracias occidentales seguían mostrándose reticentes- había triunfado. Quedaban lejos los años de la nota tripartita. El Gobierno había abierto las puertas a las inversiones extranjeras y Madrid era la cita obligada de banqueros y de inversores que en los diez años siguientes llegarían a dominar las industrias clave del país. Franco llevaba veintiséis de Gobierno y contaba en esa fecha el mismo número de años que ministros había tenido: sesenta y siete. No tenía problemas con su salud y las fotografías de la época nos lo muestran asombrosamente joven. Quizás un poco demasiado gordo, pero ágil y lucido. Los rumores inventaban toda suerte de enfermedades mortales, nacidos de la impotencia y de la obstinación con que el Jefe del Estado seguía asentado en El Pardo. Poco antes había sufrido un accidente que levantó numerosas especulaciones. En una cacería su escopeta de caza se había reventado, produciéndole una lesión en la mano. También entonces se habló de atentado, perpetrado esta vez por personas que tenían acceso a la armería y al Pardo.
El martes, 24 de julio, la Prensa publica una noticia fechada el 23. Franco ha llegado a La Coruña a las ocho de la noche. Ese mismo día, un veterano faísta, Pedro Sánchez Martínez, cuya mutilación y avanzada edad no le impiden desafiar a las patrullas de la Guardia Civil, sabotea mediante tres cargas de explosivos otros tantos postes eléctricos interrumpiendo la corriente entre las ciudades industriales de Manresa y Sabadell. Le acompaña Ramón Vila Capdevila, Caraquemada. Pedro Sánchez será detenido el ocho de agosto, en un encuentro con la Guardia Civil en el Pirineo, trasladado a Barcelona y condenado a treinta años de cárcel.
Como es habitual los periódicos no han anunciado previamente el viaje de Su Excelencia y los españoles se enteran de que su Caudillo ha emprendido las vacaciones sin que se sepa si ha llegado a Galicia por carretera, en tren o en avión. El viernes 27, Franco recibe al periodista Benjamín Wells, del New York Times, acompañado de Adolfo Martín Gamero, director general de la Oficina de Información Diplomática del Ministerio de Asuntos Exteriores. Franco no concede ninguna importancia a la agitación social que conmueve a España. Invariablemente, repite que las huelgas han sido fomentadas por el comunismo internacional y que los obreros han sido engañados por agentes a sueldo de Moscú. Entre esos “agentes” figuran hijos de leales servidores del Caudillo, ministros y Almirantes (Lacalle y Sartorius). El veinte por ciento de los presos políticos que se almacenan en Carabanchel han sido seminaristas y la mayoría de los otros procede de familias de la derecha tradicional.
Nadie hace vacaciones en el verano de 1962. Once presos, que cumplían condena en el célebre Penal de San Miguel de los Reyes por atracos a manos armada y sabotajes, culminan un ímprobo trabajo de meses. Han construido una galería subterránea que atraviesa el penal y a la que han llevado corriente eléctrica. El 31 de julio logran evadirse. La Guardia Civil se moviliza en la zona levantina y llegan refuerzos de Zaragoza. La invasión de turistas se encuentra con fuertes controles en las carreteras.
Coincidencia o no, cada atentado proyectado contra el Jefe del Estado y después contra el Presidente del Gobierno, concordará con la llegada de una importante personalidad política norteamericana. Kissienger se marchó de Madrid horas antes de que Carrero Blanco saltara por los aires a un tiro de piedra de la Embajada norteamericana. El 5 de agosto de 1962, cuando el comando de Ayete duerme esperando el día cero, llega a España en visita relámpago el embajador USA en la ONU. Adlai Stevenson aterriza en Madrid, se entrevista largamente en San Sebastián con el ministro Castiella y se reúne, en Madrid, con el Capitán General Muñoz Grandes. Existe “un completo acuerdo entre ellos” dice la nota oficial. El día siete de agosto Franco preside un Consejo de Ministros en La Coruña. El ocho presencia una corrida de toros.
El enlace, que se hospeda en una pensión de La Coruña, se impacienta. Trata de conseguir inútilmente una pista sobre los proyectos del Caudillo. Indaga discretamente en las redacciones de los periódicos y recorre el camino de El Pazo de Meirás. La escolta del Caudillo sigue ocupando los alrededores y no hay indicios de que se vaya a levantar la vigilancia en los próximos días. Más inquietos que él, los miembros del comando pasan las horas muerta entre el camping y los alrededores de Ayete. Llovizna en San Sebastián, pero el agua no altera el pavimento removido,. No hay peligro para el material explosivo. Las pilas eléctricas y el radiotransmisor están protegidos por lona militar procedente de una base norteamericana.
Tampoco este verano de 1962 hacen vacaciones los organismos internacionales que canalizan las inversiones hacia España. El nueve de agosto se hace público el informe del Banco Mundial sobre la economía española redactado por un equipo de expertos que recorrieron meses antes la Península. En el Informe, que augura importantes ayudas al Régimen del general Franco, se vierten algunas recomendaciones: aumento de la competencia bancaria, mayor liberación de las importaciones y reducción del arancel de 1960, mejorar el sistema de transportes y emprender una reforma de las carreteras. El diez de agosto Franco se reúne con sus ministros en El Pazo de Meirás. El once, el enlace tiene una buena noticia que ofrecer. El alcalde de la ciudad preside un homenaje de La Coruña al Caudillo. Todo indica que el general Franco se dispone a dar por terminada su estancia en Galicia. El día doce visita Santiago de Compostela.
Ese mismo día el D- I, cuyo objetivo más importante es el atentado de Ayete, despliega fuerzas para realizar una nueva acción espectacular. Una bomba hace explosión en la Basílica de El Valle de los Caídos, el mausoleo de los muertos de la guerra civil. El artefacto estalló detrás del altar, al terminar la misa de la mañana. El D - I reivindica el atentado y se permite redactar esta octavilla: “Franco: ni en tu tumba te dejaremos descansar”.
Pero el día 12 se pierde la pista del Caudillo. El enlace recoge informaciones y las sopesa minuciosamente. Tiene que decidir algo trascendental y lo hace. Cree que Franco ha emprendido viaje por carretera a San Sebastián. El comando en Ayete recibe la noticia y sin esperar una verificación completa desempaqueta las pilas, abre el pavimento y las conecta al mecanismo que recibirá la onda explosiva. La decisión ha sido tomada. Rápida y eficazmente es cerrado el túnel y el comando se aleja del lugar. Los miembros del comando tendrán que permanecer vivaqueando en las cercanías, ocultos en la vegetación y escudriñando con los prismáticos los movimientos de la guardia -que ya ha aparecido- y la llegada de la caravana.
Desde el día 12 desaparecen las noticias sobre el Jefe del Estado. Se sabe que su esposa, doña Carmen Polo, llega el quince a Oviedo y el dieciséis se dirigía a sus posesiones de La Llanera.
El diecisiete el comando se sobresalta. Doña Carmen llega a San Sebastián. Los jóvenes libertarios la ven llegar a Ayete, pero observan que en la comitiva no figura el coche del Jefe del Estado. Con los nervios tensos mantienen dormido el aparato transmisor. Han estado a punto de enviar la onda. En pocos segundos han tenido que decidir no hacerlo.
A las 7’45 de la tarde del veinte de agosto fondeaba en aguas de la bahía de La Concha el Azor, yate privado de Su Excelencia el Jefe del Estado, en el que viajaba el general Franco acompañado de sus ministros del Ejército y de la Marina. Contrariamente a lo que había sido habitual en años anteriores, esta vez se había preparado un aparatoso recibimiento con gran protocolo oficial. La población de la ciudad donostiarra había sido invitada a saludar al Jefe del Estado y las calles aparecieron engalanadas. En el muelle de atraque esperaban al Caudillo, con las autoridades locales y provinciales, el vicepresidente del Gobierno, Capitán General Agustín Muñoz Grandes, el ministro de Jornada Castiella y los directores generales de seguridad y de la Guardia Civil.
Para romper más la tradición, las maniobras de atraque del Azor se prolongaron más de lo habitual y Franco fue saludado largamente por sus servidores. A continuación, el Jefe del Estado subió ostensiblemente a un coche descubierto -en años anteriores, sin recibimiento oficial, había utilizado un automóvil cerrado- y la caravana recorrió despacio las calles de la ciudad para dirigirse a la residencia de Ayete.
¿Qué había ocurrido? Desde la llegada de doña Carmen, el diecisiete de agosto, la ansiedad y el desconcierto se habían apoderado del comando del D - I. Dos días después, el 19, con un incremento inquietante de las patrullas de vigilancia, el grupo se dejó ganar por la inseguridad. Habían interrumpido la conexión con el “Submarino” y el enlace se hallaba tan desconcertado como ellos. El Caudillo había dejado que su esposa siguiera sola a San Sebastián y el grupo ignoraba que se hubiera embarcado en el Azor. Y aun si lo supo, desconocía, cuando decidiría llegar a San Sebastián. La madrugada del diecinueve sorprendió al comando enzarzado en una discusión que había nacido un día antes. El grupo se había dividido en dos posturas. Una aconsejaba dejar “dormir” la mina. Las pilas eléctricas se desactivarían al caer ese día o, a lo sumo, el siguiente y puesto que no habían sido descubiertos lo prudente era mantener enterrado el explosivo a la espera de una ocasión más propicia. La otra postura insistía en la necesidad de explosionar la carga. Dejar “dormir” el proyecto durante más tiempo cuando el grupo tenía otros en cartera significaba aventurarse demasiado. No habiendo podido cumplir el objetivo era conveniente librarse de la carga que suponía, además un peligro para la población civil. La explosión, de todas formas, serviría a efectos propagandísticos y podría ser tenida como la culminación de un valioso proyecto de entrenamiento. Para resarcirse del fracaso el grupo emprendería de nuevo otro proyecto. Esta vez se trataría de matar a Franco en el centro de Madrid. Dos de los jóvenes harían un viaje sin retorno.
El veintiuno de agosto la Prensa española publicaba una noticia sepultada en un rincón de los diarios, según la cual había hecho explosión, el día 20, un artefacto en un descampado de la cuesta de Aldapeta, en la carretera de San Sebastián a Hernani, entre los caseríos de Arquiza y Borda. La explosión, minimizada por la nota y fijada con un día de retraso, “sólo había producido la rotura de cristales en un noviciado de monjas cercano al lugar”. La nota no dijo que hubo gran alarma en San Sebastián y que numerosos turistas suspendieron sus vacaciones, con gran atasco en la frontera de Hendaya. La prensa francesa dio cuenta de un “fallido atentado contra el Jefe del Estado Español”.
Ese mismo día fueron detenidos los presos que se habían fugado del penal de San Miguel de los Reyes.

“Grupo Primero de Mayo”
Por Jovenes Anarcosindicalistas de la CGT española

El «Grupo Primero de Mayo», nacido a partir de militantes de la Federación Ibérica de las Juventudes Libertarias [FIJL], es la consecuencia directa del aislamiento en que había caído esa organización tras su ruptura con las dos otras ramas del Movimiento Libertario Español: la CNT y la FAI.

Este grupo corresponde a una nueva etapa en el activismo anarquista español, fase definida en el mes de junio de 1965 en una circular de la Comisión de Relaciones de la FIJL, precisando los objetivos y las diferentes fases de la campaña internacional en favor de los presos políticos. Estos objetivos están resumidos en un párrafo de esta circular «Consideramos que los objetivos de la oposición tolerada, secundada en ello por la oposición clásica, se limitan a la simple demanda de libertad sindical y derecho de huelga. Estos [objetivos] deben ser aumentados con un exigencia más general, más concreta, más urgente y más positiva: la libertad para todos los prisioneros políticos [...] Se trata de sensibilizar al máximo, en esta primera fase, a la opinión pública sobre la situación de los prisioneros. Esta campaña servirá, indiscutiblemente, para estimular y desarrollar después todas las otras formas de lucha contra los fascismos ibéricos [España y Portugal en aquel entonces].»

La Comisión de Relaciones de la FIJL se había pronunciado por la autonomía de los grupos de acción. Es exactamente lo que más tarde afirmarán grupos como el MIL o los GARI. Varios de estos grupos autónomos de la FIJL se prepararon para pasar a la segunda fase de hostigimiento del régimen franquista. La primera fase consistía, como ellos mismos explican, en la solidaridad con los presos políticos. Estas dos fases fueron asumidas por separado y ejecutadas por el MIL y los GARI: estos últimos desarrollaron sobre todo la fase de solidaridad y los primeros, la fase de hostilidades.

La primera vez que se oyó hablar del «Grupo Primero de Mayo» fue con un día de adelanto respecto a la fecha que su nombre deja suponer: el 30 de abril de 1966. Ese día, la prensa romana anuncia la «misteriosa desaparición de monseñor Marcos Ussía, consejero eclesiástico de la embajada española en el Vaticano.» El comunicado de la agencia italiana precisaba que el prelado español había sido raptado por un comando anarquista que exigía la liberación de todos los presos políticos encarcelados en España.

Al día siguiente Luis A. Edo, antiguo secretario de la Federación local de la CNT en París -que se encontraba en Madrid desde abril-, en unas declaraciones al corresponsal de la Agencia France-Press, asumía la responsabilidad del rapto. Era la primera vez en la historia de la España franquista que un particular reivindicaba un secuestro; eso es lo que se desprende, al menos, de sus declaraciones a dicha agencia. Cabe subrayar que Luis A. Edo había dado su verdadero nombre al corresponsal, quien no hizo mención en su artículo del «Grupo Primero de Mayo»: Ello se prestó a toda serie de comentarios, pues, como veremos, fue el «Grupo Primero de Mayo» quien en realidad raptó al eclesiástico español. La prensa española temía por su parte las consecuencias de una campaña anarquista y del hecho de que un particular reivindicase un rapto cometido el día anterior a miles de kilómetros.

El día 3, las circunstancias del rapto son ya mejor conocidas por la opinión pública, gracias ante todo a Avanti, portavoz del Partido Socialista Italiano, que publica una carta que le ha sido enviada por un grupo anarquista español que se presenta como «Grupo Primero de Mayo (Sacco y Vanzetti)». La carta de este grupo confirma en general las declaraciones de Luis A. Edo: «Somos un grupo de anarquistas españoles [...] Nos hemos visto obligados a utilizar esta forma de acción con el fin de que el embajador de España ante la Santa Sede envíe una petición al papa a fin de que éste, a su vez, solicite públicamente del gobierno del general Franco la libertad para todos los demócratas que purgan penas en diversas en las cárceles franquistas.»

La CNT, que aún no había acabado de digerir la ruptura de la FIJL y que suponía quiénes eran responsables del rapto, declaró «Ignoramos completamente esta historia. Se trata de una acción marginal, acción que quizás han realizado algunos de los militantes de nuestra organización, pero sin ningún contacto con los órganos de dirección.» Por una extraña coincidencia estas declaraciones fueron reproducidas por el diario Pueblo, portavoz de los sindicatos falangistas, el 5 de mayo de 1966. Esta actitud de los «órganos de dirección» de la CNT era la que había provocado la ruptura de las Juventudes Libertarias y lo que condujo a éstas a pronunciarse por la autonomía de los grupos de acción.

Si el rapto de monseñor Ussía no tuvo otro efecto que una intensa propaganda contra Franco, en el interior, y multitud de entrevistas de los anarquistas más conocidos en Francia y en Italia, en la radio la televisión y los diarios de ambos países, al menos reagrupó a casi todos los partidarios de la acción directa (activistas) en torno a la revista Presencia, cuyo primer número se remontaba a finales de 1965.

Esta revista fue un polo de convergencia, ideológico y práctico, de cuantos, habiendo superado los viejos sectarismos, se mostraban abiertos al diálogo con toda especie de marxistas no dogmáticos. Presencia fue durante un largo periodo, junto con Cuadernos de Ruedo ibérico y Mañana, uno de los portavoces más importantes de la nueva izquierda española en el exilio. Los textos y publicaciones de estas tres revistas influyeron profundamente en el MIL, al menos en lo que al antidogmatismo se refiere. Pero el MIL fue un grupo con características diferentes a las de la revista Presencia; ésta tiene el mérito de haber sido la primera publicación que, siendo profundamente anarquista buscaba el diálogo con los marxistas, excepción hecha del PCE.

A propósito del secuestro de monseñor Ussía, la prensa española citó insistentemente el nombre de Octavio Alberola como responsable del «Grupo Primero de Mayo». El 28 de octubre de 1966 fueron detenidos cinco militantes anarquistas entre los que se encontraba Luis A. Edo. El grupo fue presentado por la prensa como autor material del rapto y el nombre de Alberola volvió a aparecer como «cerebro» de la operación.

Dejando aparte las cuestiones ideológicas, el «Grupo Primero de Mayo» es, por su insistencia en la solidaridad, el grupo que mas se identifica con los GARI. El «Grupo Primero de Mayo» había nacido bajo el signo de la solidaridad y su acción se desarrolló en relación con este punto. Así, en abril de 1967, tras haber retenido durante algunas horas al secretario del embajador y al consejero jurídico de la embajada española en Londres, el «Grupo Primero de Mayo» hizo llegar al embajador español una carta dirigida al ministro de Asuntos Exteriores, en la que amenazaba con retener a otros diplomáticos si la condena impuesta al grupo de Luis A. Edo no era moderada[1]. Después de la condena del grupo de este último, el 4 de julio de 1967, apenas nada moderadas (nueve años de cárcel para Luis A. Edo), el «Grupo Primero de Mayo» desarrollando esa lógica que más tarde seguirán los GARI, trató de responder a esas condenas y de crear un vasto movimiento internacional de solidaridad.

La respuesta a las condenas fue iniciada en la noche del 18 de agosto de 1967, en el curso de la cual fueron ametrallados los coches de sus consejeros de la embajada española en Londres. La acción fue reivindicada al día siguiente por el «Grupo Primero de Mayo» quien, en acciones posteriores, relacionadas con las condenas impuestas a los miembros del grupo de Luis A. Edo, asumirá también la responsabilidad bajo otro nombre.

El 20 de agosto de 1967 la embajada americana en Londres es ametrallada. Un «Movimiento de Solidaridad Revolucionaria Internacional» (MSRI) asume la responsabilidad del acto. En sus orígenes el MSRI estaba compuesto únicamente por los miembros del «Grupo Primero de Mayo», lo que demuestra que cuanto más pequeño es un grupo, más grandilocuente es su nombre.

La tarjeta de presentación del MSRI fue un documento dirigido «A todos los movimientos revolucionarios del mundo», en el que se definen las bases de una práctica de solidaridad entre todos los grupos activistas, si no de todo el mundo, al menos de los europeos. Señalemos enseguida que esta llamada influyó profundamente en cuantos movimientos de solidaridad se crearon con posterioridad al MSRI. El llamamiento, que sirve de título a un folleto, consta de siete puntos que podrían ser resumidos como sigue:

1) Considera que la única vía posible para luchar contra la represión fascista es la lucha armada.
2) Las divergencias ideológicas son el origen de la inacción general.
3) Renuncia a todos los partidos y a todas las ideologías.
4) Propone que la solidaridad se realice únicamente entre grupos que renieguen del Imperialismo y de la coexistencia pacífica.
5) Denuncia a todos los capitalismos (privados o de Estado) como nocivos para la humanidad y considera que el verdadero objetivo revolucionario es la libertad para todos los pueblos.
6) Propone acabar con los antagonismos doctrinales.
7) Y, en consecuencia, una amplia unión en un vasto Movimiento de solidaridad Internacional.

A partir de este llamamiento programático, el «Grupo Primero de Mayo» tratará de establecer contacto con todos los grupos activistas de Europa. No podemos afirmar que haya existido esa cooperación por falta de documentación. No obstante, estamos convencidos de que un solo grupo no es capaz de colocar 10 bombas en un día: esto fue lo que ocurrió el 12 de noviembre de 1967 con motivo del asesinato del Che Guevara en las montañas bolivianas el mes de octubre anterior. Ese día, ocho embajadas y dos oficinas de turismo fueron destruidas por fuertes paquetes de dinamita: en Bonn, las embajadas de Grecia, España y Bolivia; en Roma, la embajada de Venezuela; en La Haya, las embajadas de los Estados Unidos, Grecia y España, en Madrid, la embajada de los Estados Unidos; en Milán y en Ginebra, las correspondientes oficinas de turismo español.

Estos diez atentados fueron explicados, justificados y reivindicados por el MSRI en su boletín de información número 4, aparecido hacia finales de marzo de 1968, es decir algunos meses después de los acontecimientos. El objetivo de estas acciones, según se explica allí era doble:

1) Dar a conocer al público, por intermedio de las agencias de prensa, las reivindicaciones que motivan estas acciones.
2) Mostrar, a través de esas reivindicaciones, la escalada de terror que se desarrolla en el mundo bajo la égida del gobierno de los Estados Unidos.

«La escalada de terror», patrocinada por los Estados Unidos, era uno de los temas favoritos de los guevaristas. La influencia de Ché Guevara en España fue grande: grupos como el FLP, junto con alguna corriente del movimiento libertario, adoptaron sus tesis, aunque la teoría del «foco guerrillero» campesino la remplazasen por el «foco guerrillero» urbano. Esta influencia podría explicar la cascada de bombas del 12 de noviembre de 1967.

Después de haberse inspirado durante cierto tiempo en Che Guevara el «Grupo Primero de Mayo» se adhiere a las tesis del «Movimiento 22 de Marzo»[2]. Daniel Cohn-Bendit, en nombre de ese movimiento, afirmó: «Es imperativo abandonar la teoría de la «vanguardia dirigente» y adoptar la concepción -mucho más sencilla y mucho más honesta- de minoría actuante, que desempeña una función de fermento permanente, promoviendo la acción sin pretender dirigirla. La fuerza de nuestro movimiento radica, justamente, en que se apoya en una espontaneidad «incontrolable», que impulsa sin pretender canalizarla, sin pretender utilizar en beneficio propio la acción que ha puesto en marcha». De estas afirmaciones tomarían buena nota no sólo el «Grupo Primero de Mayo» sino también el MIL y los GARI. Esta crítica antiautoritaria cuajó y del mayo francés saldrían todos los grupúsculos llamados de «extrema izquierda», en cuyo origen se encuentra, efectivamente, una rebelión contra la autoridad.

Inspirados por el «Movimiento 22 de marzo» y en vísperas de la extraordinaria explosión del Mayo francés, el «Grupo Primero de Mayo» envió a todos los grupos y organizaciones anarquistas en los primeros días del mes de abril, un estudio seguido de cinco proposiciones. Este estudio, titulado Para una práctica anarquista internacional considera que, de hecho, existe un status quo establecido por grupos sociales que se pretenden irreconciliables (URSS, China, Estados Unidos) y, a partir de este hecho, un anarquista debe no sólo reafirmar su antiestatismo sino, además, asumir una actitud de rebelión permanente junto a su crítica del autoritarismo.

Para el «Grupo Primero de Mayo» los principios ideológicos son una simple referencia demagógica y no se puede ni se debe esperar nada de los dirigentes políticos o sindicales. Para este grupo, ni la coexistencia pacífica ni la sociedad de consumo han logrado hacer desaparecer las contradicciones, que se traducen en conflictos armados, de nuestras sociedades. Como solución a esta serie de problemas, el grupo afirma la eficacia de la acción, «siempre que ésta responda a una línea ideológica y táctica», y ello a pesar de que en ese mismo documento, en su segunda conclusión se afirme que los principios ideológicos constituyen una simple referencia demagógica. A pesar de la contradicción, retenemos que este grupo ha ocupado una encrucijada ideológica -encrucijada que será ampliamente superada durante el mayo francés-, y que a ella respondió con los conocimientos y experiencias de que disponía. El llamamiento que al final de este documento se formula cayó en el vacío al ser superado por los acontecimientos del mes siguiente.

El «Grupo Primero de Mayo» desapareció en la tempestad de 1968 y no volvió a saberse de él hasta el 1 de mayo de 1973, fecha en que dirigen un documento-llamamiento (y ahora, ¿qué?) a todos los grupos revolucionarios «que coinciden en la necesidad de una solidaridad revolucionaria internacional», en el que sugieren a cuantos «no quieran vivir alienados ni servir de soporte a la Dominación» lo siguiente: (...) [sugerimos] a todos cuantos hayan superado los nocivos sectarismos ideológicos y renunciado a la quimérica lucha legalista, unir sus esfuerzos a los nuestros para fomentar el activismo revolucionario en todas sus formas, con el fin de poner en marcha procesos de presión capaces de sensibilizar las masas en torno a las luchas de los pueblos, de las minorías o de los individuos víctimas de la opresión y de la represión de los Estados y del Capital. Esta unión o colaboración puede estar basada en las premisas ya enunciadas en nuestros documentos, previos a la explosión revolucionaria de mayo de 1968, por estar aún vigentes las causas que motivaron su formulación y por haberse confirmado la eficacia del activismo revolucionario anarquista en la propagación de la inquietud revolucionaria en el seno de la sociedad contemporánea». Como todas las anteriores, esta ultima llamada quedó sin respuesta.

Notas:

El «Grupo Primero de Mayo» no estableció nunca contactos con el MIL, aunque posteriormente, Octavio Alberola[3], antiguo miembro de ese grupo y Jean-Marc Rouillan, antiguo miembro del MIL que logró escapar, viesen sus nombres reunidos por las circunstancias y contra su voluntad en el dossier GARI.


[1] Luis A. Edo y cuatro militantes más de la FIJL habían sido detenidos el 27 de octubre de 1966 en Madrid y fueron acusados de estar en posesión de un abundante arsenal (metralletas, pistolas y dinamita en cantidad), así como del secuestro de monseñor Ussía.
[2] Movimiento estudiantil francés que estuvo en el origen de los acontecimientos de mayo de 1968. Entre sus miembros se contaban Daniel Cohn-Bendit y Geismar. Este último provocaría más tarde una escisión en el «Mouvement du 22 Mars», de donde salió La Cause du Peuple.

[3] Dos años después del rapto de monseñor Ussía, era detenido Alberola inculpado de tenencia ilegítima de armas y estancia ilegal en Bélgica aunque en realidad la razón fue que se le temía más que al diablo por considerársele como el «jefe» (calificación dada por ABC) del «Grupo Primero de Mayo».