Mostrando entradas con la etiqueta HISTORIA. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta HISTORIA. Mostrar todas las entradas

lunes, 16 de julio de 2012

La Comuna de Encarnación en Paraguay (1931)


A continuación proponemos 5 textos para reflejar este hecho histórico tan poco difundido. El primer artículo producido por Emilio Crisi esta basado en las actas de “Encarnación: una ciudad con historia” de la Junta municipal de encarnación, publicado el 13 de marzo 2009 en jme.gov.py. El segundo extraído de "Anarcocuento" de Charles da Ponte publicado en Poesiasalvaje.org. El tercero es un artículo publicado en diario Primera Edición de Misiones (Argentina) el 21 de Febrero de 2010. El cuarto fue realizado por el periodista Luis Verón y publicado el 19 de Febrero de 2006 en diario ABC de Paraguay. El último es un extracto del artículo de Sergio Alvez “El anarquista del sapucay” sobre la biografía del anarquista misionero Marcos Kanner, publicado en la revista misionera Superficie. 



“La primera comuna libertaria de América”
El 20 de febrero de 1931 un movimiento de anarco-comunistas paraguayos toma la ciudad de Encarnación –limítrofe con Posadas, Argentina- sin efectuar un solo disparo ni derramar sangre. La Toma de Encarnación se denominó en ese momento como la “Primera Comuna Libertaria de América”. Estaban inspirados en las ideas libertarias de Rafael Barret y la Comuna de París. El movimiento revolucionario elaboró un manifiesto denominado Nuevo Ideario Nacional. Algunos de los referentes del movimiento fueron Oscar Creyd, Ciriaco Duarte, Obdulio Barthe y Cantalicio Aracuyú, entre otros. El operativo duró 16 horas. Las principales autoridades de la ciudad, encabezadas por el Delegado de Gobierno, abandonaron la ciudad apenas da comienzo el levantamiento.
Ante la reacción del Gobierno que envió por tren tropas del ejército para sofocar el movimiento, sumada a la falta de apoyo en el resto del país, sus protagonistas principales debieron huir en un barco a vapor rumbo al Alto Paraná, con dirección a Foz de Iguazú, Brasil, a donde fueron a refugiarse. Otros lograron huir por distintos medios internándose en la selva.
Esta revolución debió haber ocurrido en todo el país, con las principales tomas de Asunción y Villarrica. El golpe en Concepción tampoco se dio por dificultades de comunicación. Solo se concretó en la capital de Itapúa. “Y no es que haya sido así nomás, una intentona a ciegas llevada a cabo por un montón de locos revoltosos. La toma de los puntos extremos y medio de la línea de ferrocarril que unía Asunción, Villarrica y Encarnación obedecía a un plan estratégico: la paralización de la única vía terrestre  de comunicación directa y eje del movimiento comercial interno y externo del país.”[1]
Cantalicio Aracuyú, uno de los organizadores fue herido de bala en la cabeza por la policía, por lo que no pudo escapar con sus compañeros. Tuvo que soportar la cárcel, y los maltratos de los policías. Sin embargo, se recuperó, y continúo luchando por la causa libertaria, hasta su muerte en la década de 1980.
Un fragmento del manifiesto del Nuevo Ideario Nacional rezaba "Para esta lucha llamamos al pueblo a la calle y abrimos, en plazas y boca-calles, la Escuela de la Revolución. Queremos hacer revivir en la conciencia de la nacionalidad el espíritu inmortal del año 1811. Batallamos por la tercera, la última emancipación del pueblo paraguayo"



"La Comuna de Encarnación"
Por Charles da Ponte 
"La toma de Encarnación. Suena tan extraño hoy, tan extranjero, tan improbable ante tanto público y tan pocos y malos actores, pero en la madrugada del 20 de febrero de 1931 la ciudad de Encarnación amanecía tomada. Sin derramamiento de sangre, para que veas. Porque no era pues una cuestión de que un grupo viniera y tomara el poder y listo; aquello fue la culminación de un proceso que fue vivido, palpado por el pueblo, vivenciado por él, por organizaciones de obreros y de estudiantes."

"La toma era parte de un plan preparado que, al malograrse las insurrecciones en Asunción y Villarrica, quedó huérfano del apoyo que se esperaba: No prendió el levantamiento campesino en Arroyos y Esteros; el golpe en Concepción tampoco se dio por dificultades de comunicación… Un enredo. Si hubieran tenido Internet o celulares en aquél entonces, otro pito pu hubiera sonado. Aunque puede que, si disponían de todo ello en aquella época, a lo mejor tampoco se dedicaban a armar revolución alguna. El caso es que las cosas no salieron. Y no es que haya sido así nomás, una intentona a ciegas llevada a cabo por un montón de locos revoltosos. La toma de los puntos extremos y medio de la línea de ferrocarril que unía Asunción, Villarrica y Encarnación obedecía a un plan estratégico: la paralización de la única vía terrestre  de comunicación directa y eje del movimiento comercial interno y externo del país. Lo mitã nio pensaban las cosas. Y había pasión. Y había ideales que tiraban de ellos hacia un futuro deseable. Y se peleaba por ellos. El presidente en ejercicio era José P. Guggiari, quien después de desmantelar el alzamiento, soltó a sus perros  en una violenta persecución para aplastar cualquier foco subversivo.
"


"Ciudad tomada"
Publicado en diario Primera Edición de Misiones (Argentina) el 21 de Febrero de 2010.
Ayer 20 de febrero se conmemoró un nuevo aniversario de una insurrección social catalogada como “La Toma de Encarnación”. Fue en 1931 y estuvo inspirada en la Comuna de París. Historiadores paraguayos y misioneros recuerdan la gesta, que contó con la participación de militantes de nuestra provincia.
“Me basta el sentido etimológico: “ausencia de gobierno”. Hay que destruir el espíritu de autoridad y el prestigio de las leyes. Eso es todo. Será la obra del libre examen. Los ignorantes se figuran que anarquía es desorden y que sin gobierno la sociedad se convertirá siempre en el caos. No conciben otro orden que el orden exteriormente impuesto por el terror de las armas. El anarquismo, tal como lo entiendo, se reduce al libre examen político. (...) ¿Qué hacer? Educarnos y educar. Todo se resume en el libre examen. ¡Que nuestros niños examinen la ley y la desprecien!”.
Mi anarquismo, Rafael Barret, ensayista español que inspiró ideológicamente La Toma de Encarnación.   El 20 de febrero los diarios paraguayos dedicarán algún espacio en sus columnas de efemérides al recuerdo de lo que en 1931 se conoció como La Toma de Encarnación, un suceso histórico que convirtió por 16 horas a la ciudad que hoy comienza a sucumbir bajo el maleficio Yacyretá en la “Primera comuna Libertaria de América Latina”.
Serán espacios pequeños, como ocurre cada año, porque el recuerdo de aquel suceso es incómodo; lo que suele llamarse políticamente incorrecto. Pero en términos de historia, aquella breve revolución social se irgue como uno de los acontecimientos más románticos y fundamentales del vecino país, clave para el entendimiento del contexto que se vivía en albores de la década del 30 tanto en Paraguay como en nuestro país, donde la influencia de ideas que había dejado el sueño trunco de La Comuna de París (breve gobierno popular que gobernó París del 18 de marzo al 28 de mayo de 1871) atravesaban tardíamente el océano, instigando a intelectuales, obreros, estudiantes y activistas surgidos de las canteras del anarquismo y el socialismo de nuestra región, a soñar con construir un continente donde la libertad, la equidad y la democracia directa fueran los pilares de la existencia de todo ser humano, según las banderas erguidas por los protagonistas de esta acción sucedida hace 79 años.
Esa madrugada el río Paraná fue testigo del cruce en canoa de decenas de militantes oriundos de Misiones que se sumaron a la gesta en el otro lado de la orilla, entre ellos una figura de mucho peso en los anales del movimiento anarquista latinoamericano que vivió en Misiones entre 1928 y 1981: Marcos Kaner.
Sin disparar un solo tiro, los revolucionarios obligaron a la retirada del delegado de gobierno de turno y sus súbitos, quienes huyeron pero advirtieron de inmediato de lo sucedido a las autoridades militares del país. Encarnación amanecía convertida en una pequeña república socialista, pero el sueño libertario de aquellos 150 hombres -había mujeres, aunque en mucho menor medida- sería demasiado efímero.
“La toma de Encarnación fue encabezada por un movimiento anarco-comunista inspirado en las ideas de Rafael Barret y en la Comuna de París, con la dirección intelectual de Oscar Creyd y Ciriaco Duarte, encabezado por Obdulio Barthe y por Cantalicio Aracuyú, entre otros, en un operativo que duró 16 horas del 20 de febrero de 1931. Sin derramamiento de sangre, las principales autoridades, encabezadas por el delegado de Gobierno, huyeron dejando inerme a la ciudad”, cuenta el historiador encarnaceno Ramón Reverchón, en su informe Encarnación, ciudad con historia.
Por su parte, el escritor paraguayo Charles Da Ponte apunta que “la toma era parte de un plan preparado que, al malograrse las insurrecciones en Asunción y Villarrica, quedó huérfano del apoyo que se esperaba por dificultades de comunicación. Si hubieran tenido Internet o celulares en aquel entonces, la historia hubiese sido distinta. Aunque puede que, si disponían de todo ello en aquella época, a lo mejor tampoco se dedicaban a armar revolución alguna. El caso es que las cosas no salieron. Y no es que haya sido así nomás, una intentona a ciegas llevada a cabo por un montón de locos revoltosos.
La toma de los puntos extremos y medio de la línea de ferrocarril que unía Asunción, Villarrica y Encarnación obedecía a un plan estratégico: la paralización de la única vía terrestre de comunicación directa y eje del movimiento comercial interno y externo del país. Había pasión. Y había ideales que tiraban de ellos hacia un futuro deseable. Y se peleaba por ellos. El presidente en ejercicio era José P. Guggiari, quien después de desmantelar el alzamiento, soltó a sus perros en una violenta persecución para aplastar cualquier foco subversivo”.
El escribano y ex vocero de la dictadura de Alfredo Stroessner, Juan Benítez Rickman, tiene una visión menos romántica de lo acontecido: “Fue apenas un descabellado plan de atacar la ciudad de Encarnación, donde un grupo armado a cargo de dirigentes comunistas se encargó de atacar la Delegación civil de la Ciudad, teniendo partidarios del movimiento guerrillero en las ciudades de Asunción y Villarrica. Luego de 16 horas de ocupación y de querer proclamar la primera república “Bolche” en América del Sur, ellos al ver que no tenían apoyo popular, se internaron en los montes de entonces y luego retornaron a territorio argentino”.
Nuevamente Ramón Reverchón, nos sintetiza el desenlace que tuvo la toma: “Ante la reacción del Gobierno que envió por tren tropas del ejército para sofocar el movimiento, sus protagonistas principales abandonaron presurosamente Encarnación, embarcándose en el vapor ‘Bell’ de la compañía Barthe rumbo al Alto Paraná, con dirección a Foz de Iguazú, Brasil, a donde fueron a refugiarse”.
La historiadora Silvia Waskiewicz, en su libro “La masacre de Oberá”, analiza la Toma de Encarnación como “un episodio que se constituye como un dato más respecto al clima de conflictos sociales que se vivía en la región. Contó con la participación activa de Marcos Kaner, destacado dirigente del comunismo misionero”.
Con respecto al contexto general de los movimientos obreros de albores de la década del 30 en la región, la historiadora obereña Severa Barrios explica que “el movimiento obrero era un excelente campo de experimentación y de lucha que contaba con una cantidad de militantes de alto valor de origen especialmente español o italiano, aunque desde 1910, comenzó a haber militantes nativos e incluso de sangre aborigen. Se combatía por el derecho de los trabajadores, y las organizaciones obreras eran mantenidas a costa de sacrificios, prisiones, persecuciones y deportaciones”.  


"Encarnación, capital de la República"


Por Luis Verón, publicado el 19 de Febrero de 2006 en diario ABC de Paraguay.

Mañana se cumple el septuagésimo quinto aniversario de la toma de la ciudad de Encarnación por un grupo revolucionario izquierdista y su declaración como capital de una República Socialista del Paraguay.
El intento de golpe revolucionario que derivó en la toma, por 16 horas de la ciudad de Encarnación el 20 de febrero de 1931, tenía meses de preparación. Era propósito de los complotados la socialización o popularización de las funciones políticas y administrativas del país, constituir una "república comunera ", organizar un sistema federativo de sindicatos o corporaciones privadas, organizar la economía nacional sobre la socialización, nacionalización o fiscalización de los medios de producción, limitación de las fortunas privadas, etc.
Los dirigentes más visibles del movimiento fueron Obdulio Barthe, Humberto Amábile, Carlos Codas, Francisco Sánchez Palacios, Facundo Duarte y Cantalicio Aracayú, entre otros.

El ambiente
Recordemos que era plena época de efervescencias políticas en que se trataba de constituir una tercera fuerza política que minara el histórico bipartidismo en la política paraguaya.
La idea de instalar una república socialista venía madurándose en ciertos círculos. El punto de arranque tenía que ser una huelga obrera en Asunción, pero la muerte de uno de los dirigentes derivó en una violenta represión policial, que llevó al fracaso el proyecto. Tres días antes del día fijado para los levantamientos de importantes puntos del país, los dirigentes y organizadores del proyecto revolucionario estaban fuera de circulación con sus huesos en las mazmorras policiales. La consecuencia: la descoordinación. El resultado: el fracaso revolucionario.

Los hechos
En la madrugada del 20 de febrero de 1931, los revolucionarios, sin disparar un solo tiro y sin derramamiento inútil de sangre, tomaron el cuartel de Subprefectura del Puerto, donde se constituyó el comando revolucionario; el local policial y la delegación civil. Según parece y de acuerdo con sus reacciones, el personal de las instituciones tomadas por los revolucionarios simpatizaban con el movimiento, pues no hubo reacciones adversas que dificultaran el operativo.
También se tomó la estación del ferrocarril, donde se instaló un comando de comunicaciones para contactar con otros puntos a sublevarse, como Villa Rica y la capital del país, donde el intento fue abortado ocasionando la descoordinación de las acciones en otros puntos como Arroyos y Esteros, Yhú, Maciel, Sosa y Concepción. La falta de coordinación -con instrucciones que debían partir desde Asunción- convenció a los complotados del fracaso del conato, por lo que 16 horas después de haber tomado la ciudad sureña se dieron por derrotados y abandonaron la aventura, embarcándose en un vapor de la compañía Barthe y en una chata, dirigiéndose hacia Foz do Yguazú, donde se entregaron a las autoridades, quienes los trataron como emigrantes políticos.

Toma frustrada
Coordinadamente con la toma de Encarnación debía realizarse la de Villa Rica, la de Asunción y otros puntos del país. Para levantar la ciudad de Villa Rica a favor de la revolución se habían trasladado hasta allí los señores CarlosCodas y Francisco Sánchez Palacios.
En la noche del 19 de febrero se realizó un baile de carnaval, al que asistió, además de las autoridades, lo más granado de la sociedad guaireña. Propósito de los revolucionarios era aprovechar esa reunión social para tomar los puntos más importantes de la ciudad. Todo parecía transcurrir a pedir de boca, pero la confidencia de un curioso que notó los movimientos raros de los involucrados puso en alerta al delegado civil de gobierno, Leonardo Appleyard, quien empezó a investigar, lo que puso sobreaviso a los complotados, quienes asaltaron a mano armada a dos propietarios de automóviles y huyeron hasta Paso Yobái, y desde allí, a caballo, se marcharon hacia el Alto Paraná. Así terminó aquella efímera aventura revolucionaria cuyo 75º aniversario se recuerda mañana.



“Primera toma libertaria de América Latina”

Extracto del artículo de Sergio Alvez El anarquista del sapucay” sobre la biografía del anarquista misionero Marcos Kanner, publicado en la revista misionera Superficie. 

El 20 de febrero de 1931, Kanner ocupó un rol determinante en lo que se conocería como “La toma de Encarnación”, suceso recordado como la primera toma libertaria de América Latina.
“La toma de Encarnación fue encabezada por un movimiento anarco-comunista inspirado en las ideas de Rafael Barret y en la Comuna de París, con la dirección intelectual de Oscar Creyd y Ciriaco Duarte, encabezado por Obdulio Barthe y por Cantalicio Aracuyú, y Marcos Kanner, en un operativo que duró 16 horas del día 20 de febrero de 1931. Sin derramamiento de sangre, las principales autoridades, encabezadas por el Delegado de Gobierno, huyeron de la ciudad, que quedó al mando de los 150 revolucionarios que protagonizaron la acción” cuenta el historiador encarnaceno Ramón Reverchón, en su informe “Encarnación, ciudad con historia”.
El escribano y  ex vocero de la dictadura de Alfredo Stroessner, Juan Benítez Rickman, tiene una visión menos romántica de lo acontecido: “fue apenas un descabellado plan de atacar la ciudad de Encarnación, donde un grupo armado a cargo de dirigentes comunistas se encargó de atacar la Delegación civil de la Ciudad, teniendo partidarios del movimiento guerrillero en las ciudades de Asunción y Villarrica. Luego de 16 horas de ocupación y de querer proclamar la primera répública “Bolche” en América del Sur, ellos al ver que no tenían apoyo popular, se internaron en los montes de entonces y luego retornaron a territorio argentino”.
En la Toma de Encarnación, Marcos Kanner fue el encargado de oficiar de nexo organizativo entre los militantes de uno y otro lado del Paraná. Las reuniones organizativas del “soviet” se venían realizando ya desde principios de 1929 en un subsuelo del centro posadeño, siempre de madrugada.
El Comando Revolucionario se estableció en el cuartel de la Subprefectura del Puerto de Encarnación instalada en el depósito de la Aduana. Desde allí se nombró a Oscar Creydt (paraguayo, abogado, profesor universitario y militante comunista ) como Presidente de la República del Paraguay. A Marcos Kanner se lo nombró como Subprefecto de la Aduana.
Entre otras consignas, la toma se había establecido en respuesta a la salvaje implementación del modelo agro exportador que regía en Paraguay, al igual que en Argentina, que venía provocando el empobrecimiento acelerado de miles de campesinos y obreros.
Luego de 16 horas de toma, la revolución había sido abortada por las fuerzas militares paraguayas. Algunos revolucionarios fueron enviados a la Isla Margarita de Paraguay como presos comunes. Otros, detenidos y torturados en cárceles infrahumanas. Kanner, alcanzó a huir en la deteriorada embarcación paraguaya Bell, remontando el río Paraná hacia el Brasil. En su fuga acuática, Kanner y otros revolucionarios fueron perseguidos por la policía paraguaya, que se movía en embarcaciones mucho más veloces que la de los perseguidos. Marcos, el hijo homónimo de Kanner (que aún vive en Oberá) recuerda: “el maquinista de la lancha de la policía paraguaya en un determinado momento sacó una pieza clave del motor, lo que hizo que ésta se quede sin fuerzas hasta detenerse completamente. Los policías preguntaban qué pasó y el maquinista les respondía que no sabía lo que había sucedido con el motor. Mucho tiempo después, éste señor se encontró con mi padre y le contó lo sucedido en esa oportunidad. Mi padre le preguntó porqué había hecho eso a lo que el entonces maquinista contestó: Es que yo, también estaba con ustedes”. 





[1] “La toma de Encarnación” Versión libre de Charles Da Ponte, basado en el libro "1931 - La toma de Encarnación" de Fernando Quesada, 1985.


El Anarquismo latinoamericano y la lucha revolucionaria de los 60, 70 y 80


A continuación extractos de diferentes fuentes sobre el accionar del Anarquismo durante las décadas del 60, 70 y 80 en latinoamerica. El correspondiente a Uruguay fue extraído de nodo50.org/fau

Uruguay
De nodo50.org/fau
La historia de FAU se vincula con otra historia: la del anarquismo en el Uruguay que arranca ya desde la década de 1870. Es el anarquismo fundador de la mayoría de los primeros sindicatos; su prensa es quien difunde las nuevas ideas socialistas y libertarias en nuestro país; es fundador de la primera Federación obrera; sus ideas y prácticas revolucionarias dejan una impronta en la historia del movimiento popular donde algunos de sus rasgos perduran hasta nuestros días.
Precede a la FAU esta historia y lo que hay concretamente de expresión libertaria en la década del 50: presencia en sectores obreros y estudiantiles. Habla de ello la lucha antifascista y tercerista en el medio universitario, una serie de conflictos obreros con incidencia de acción directa y poco más adelante la lucha de los gremios solidarios de 1951-52.
La FAU es fundada en octubre de 1956 y en ella confluyen militantes sindicales, barriales, así como sectores juveniles y estudiantiles agrupados en las Juventudes Libertarias, también algunos militantes españoles refugiados aquí. 
La nueva Organización, como intento de organizar políticamente a los anarquistas uruguayos, debe actuar en un país y en un continente que comienza a verse sacudido por la crisis y por la profundización de la lucha popular, y donde la injerencia imperialista, especialmente la de Estados Unidos, se hace cada vez mayor y enfrenta crecientes resistencias. Está la reciente instrumentación yanqui del golpe de estado contra los planes de reforma en Guatemala. Son también los años de la "guerra fría", de la invasión a Hungría por las tropas rusas, de la intervención franco-anglo-israelí como respuesta a la nacionalización del Canal de Suez y de las triunfantes guerras de liberación contra el colonialismo en Africa y Asia.
La FAU se desarrollará anclada en la tradición revolucionaria bakuninista, en las posiciones organicistas que tuviera Malatesta uno de sus portadores más reconocidos, en experiencias y epopeyas de la Revolución Española, de cierta influencia clasista del anarcosindicalismo y tomando la tradición de los métodos de acción directa. Al mismo tiempo, la Organización y sus militantes son conscientes de que su actividad se debe desarrollar en un continente y en un país con las características específicas de lo que comienza a ser llamado Tercer Mundo. Nuestra militancia tiene presente el momento histórico, el nuevo contexto en el que debe desarrollar su acción, la necesidad que ello conlleva de ubicar los problemas de este tiempo, con cabeza propia, para operar en consecuencia.
Va estudiando temas, desarrollando su accionar, sorteando dificultades, teniendo aciertos y errores en esa fluida lucha social que un momento histórico revuelto plantea. Una obsesión lo empuja: poner en escena una propuesta y una ideología que considera totalmente vigente. Vendrán dificultades internas que serán rápidamente superadas y que no impiden la continuidad de la estrategia libertaria diseñada.
Para la burguesía un modelo de país entra en crisis y se intentará el reacomodo suprimiendo derechos y conquistas obreras y populares. La represión se intensificará y será en tal coyuntura un instrumento principal de la estructura dominante para efectivizar el modelo que le permita seguir adelante con sus brutales privilegios. Desde el poder, un giro hacia la derecha intenta avanzar a fondo. Los enfrentamientos populares a la regresión y represión se hacen frecuentes. Frente a la situación que se vive cree la Organización necesaria la adopción de formas organizativas que le permitan llevar adelante las diversas actividades que encara: públicas algunas y también semiclandestinas o clandestinas otras. Un Decreto del gobierno declara ilegal a la FAU, junto a otras organizaciones, a fines de 1967. Esto no toma de sorpresa a la Organización y puede entonces continuar el conjunto de sus acciones, incluso aumentar su crecimiento.
Mantuvo entonces una actividad regular y en aumento su incidencia político-social hasta el momento mismo de la llegada de la dictadura. Desde 1964 en adelante su coherencia y eficacia resultó mucho mayor. Fue creadora y dinamizadora de frentes de trabajo que lograron presencia y peso a nivel nacional, fundamentalmente a nivel de su capital. Participó activamente en la fundación de la CNT. Coordinó internamente y con otras fuerzas su participación en el importante Congreso del Pueblo. Hizo el llamamiento para la creación de la Tendencia Combativa. Integró el Coordinador, organismo con preferencia de lucha armada, con organizaciones como MLN, MIR y otros.
Participó, junto a otras fuerzas políticas, en un diario de cierta relevancia: "Epoca", que expresaba a la izquierda de tono combativo. Jugó FAU parte activa en la elaboración de un documento que permitiera una acción conjunta, en importantes zonas estratégicas, a estas fuerzas que integraban el diario.
Sufrió diversos golpes, compañeros presos y torturados, la propia organización legalmente perseguida durante casi cuatro años. Hasta 1971 la FAU realizó su actividad desde una situación de clandestinidad. En este periodo algunos de sus locales clandestinos cayeron y algunos de sus militantes tuvieron que actuar totalmente en la clandestinidad pues aparecían públicamente requeridos. Por momentos tuvo a más de la mitad de su Junta Federal detenida en cuarteles.
La FAU que ya había logrado desarrollar formas organizativas y de actividad que le permitieron mantener su funcionamiento, ya sea en los distintos sindicatos donde nuestros militantes actúan, en los organismos de dirección de la CNT, en el movimiento estudiantil, en tareas políticas, de acción directa armada, en la lucha ideológica contra el reformismo y el colaboracionismo obrero, fundamentalmente expresado por el Partido Comunista. Logra sacar y distribuir su prensa semanalmente durante todo el tiempo de clandestinidad: "Cartas de FAU". También en condiciones de clandestinidad realiza eventos internos consultivos y resolutivos, incluso de cambio en su Junta Nacional. De no menos importancia es la discusión y acuerdos puntuales con otras fuerzas revolucionarias; manteniendo nuestra independencia ideológica y política. Es de destacar que en este periodo, la Organización tiene un importante crecimiento. En 1968, ya en la clandestinidad, después de una decisión orgánica que previamente realiza evaluaciones estratégicas, a iniciativa de nuestro militantes, distintos grupos obreros y estudiantiles dan vida a la ROE (Resistencia Obrero-Estudiantil) que actuará con amplitud pero también como frente externo y de masas de la proscripta FAU. En la ROE actúan militantes de FAU con distinto grado de responsabilidad en la dirección de los sindicatos tales como industria del caucho, gráficos, bancarios, del gas, puerto, industria metalúrgica, textiles, industria química, refinerías de petróleo, transporte, sanidad, industria alimenticia, ferrocarriles, empleados de la Universidad, etc. Los estudiantes son fuertes fundamentalmente en el Instituto de Magisterio, entre los estudiantes de Enseñanza Secundaria, pero débiles en la Universidad donde sólo están presentes en pocas Facultades (Humanidades y Medicina).
El peso de la Organización en el movimiento obrero y popular reviste importancia. Marca una línea de trabajo combativo y cuestionador del sistema. Fue puntal del trabajo de Tendencia que nucleara a los partidarios de formas de trabajo no burocráticas, participativas y movilizadoras. No descuidó la polémica con el reformismo, fundamentando permanentemente el porqué? de su accionar político distinto.  Paralelamente a la actividad de masas, a determinada altura, actuará la OPR (Organizaci¢n Popular Revolucionaria), aparato armado de la FAU que llevará adelante con bastante éxito una serie de acciones (sabotajes, expropiaciones económicas, secuestros de dirigentes políticos y patronales particularmente odiados por el pueblo, apoyatura armada a huelgas y ocupaciones de fábricas, etc.). La FAU inserta su acción armada en una óptica política e ideológica muy distinta de la de la mayoría de los movimientos de liberación latinoamericanos, en gran medida influenciados por el castrismo cubano y los teóricos del "foco guerrillero". El accionar de la FAU a través de la OPR tiene más bien algún parentesco con el de los compañeros de los grupos armados españoles vinculados a la FAI (Federación Anarquista Ibérica) de la década de los 20-30. Claro está que acusando recibo adecuado del contexto histórico que debe enfrentar y de la articulación global que deben tener sus distintas instancias militantes.
Se establece para el aparato armado sólo autonomía táctica, todos los operativos político-sociales son resueltos por la instancia política global. Se estima que su desarrollo y el tipo de violencia que ejecute deben guardar relación con el desarrollo de la lucha global del movimiento obrero-popular en el país.
Se procura evitar niveles de violencia que queden fuera de contexto y aislen. Al mismo tiempo se toman una serie de medidas de funcionamiento para prever y con miras a evitar deformaciones "militaristas". Combatir toda cultura de obediencia. El país sufre una profunda crisis económica y política, la "clase política" no da repuesta a los problemas urgentes que el mantenimiento del sistema plantea. Hay en el país ya instalada una dictadura constitucional. El movimiento obrero-popular responde ante el quite de libertades y derechos. Organizaciones de combate marcan cierta presencia. Es todo un periodo de fuerte represión y enfrentamientos sindicales y populares. Entra el Ejército en escena y hegemoniza la represión. En diferentes lugares, también en el Parlamento, hay denuncias de brutales torturas en los cuarteles. Las llamadas "Fuerzas Conjuntas" (Ejército y policía) suman a su labor de represión física una labor de tipo ideológico, tratan de difundir confusión y miedo a través de comunicados puestos en los distintos medios de comunicación que utiliza.
En dos o tres meses la represión prácticamente desmantela el MLN (Tupamaros). En un marco inseguro y de descenso de las luchas, con inminente amenaza de dictadura, la Organización evalúa la situación y considera necesario replegar parte de su fuerza. Hay en ese momento una treintena de compañeros en condiciones de clandestinidad. Los compañeros de OPR se cuentan entre los primeros que la organización evacúa. Ellos se encargarán en lo inmediato, en la Argentina, de lograr los medios económicos para una lucha contra la dictadura que se prevé larga. Se estima que la Organización debe tomar las medidas pertinentes que permitan durar en el tiempo. "Durar haciendo, durar luchando" se dirá por ese entonces. En Junio de 1973 con la implantación de la dictadura militar, se completa el proceso de tiranización del país en un continente marcado por la presencia de dictaduras militares en Brasil, Chile, Bolivia, Paraguay, etc. Ya en ese momento centenares de presos políticos pueblan las cárceles de Uruguay, la mayoría de las organizaciones revolucionarias han sido diezmadas. La FAU vuelca todos sus esfuerzos en la huelga general que durante quince días paralizará el país. Debe redoblar esfuerzos ya que la fuerza mayoritaria, el PC, repliega, en ese momento, gran parte de su fuerza militante y procura determinado diálogo con los militares. La huelga general sobrevive en la memoria de los trabajadores uruguayos como ejemplo de su decisión de lucha.
En estas condiciones, la FAU ordena ahora la evacuación de la mayoría de sus militantes hacia Buenos Aires, donde ya se encuentran los "más quemados", parte de la Junta Federal y los compañeros de la OPR, con la intención de iniciar desde ahí las tareas políticas que impone la resitencia contra la dictadura. En parte del año 73 y durante 74 y 75 la Organización desarrolla una importante labor desde la Argentina. Apuntalando el trabajo en Uruguay, logrando los medios materiales necesarios para sostener una larga resistencia. Militantes en Uruguay y militantes en el exilio ven a la Organización como una expectativa real. Comienza en ella en estos años un proceso hacia una apertura política que de cabida a mucha militancia que no procede del anarquismo. Un Congreso definirá una posición que apunta a tal objetivo. De cualquier manera se mantiene una estrategia de intención revolucionaria, antielectoralista y de matriz libertaria. Pero la situación Argentina se deteriora rápidamente. En setiembre de 1976 los militares toman el poder e instauran allí una brutal y genocida dictadura. Acorralados por la represión de los servicios especiales del ejército argentino y del uruguayo, operando el Plan Cóndor, una cincuentena de compañeros son asesinados y "desaparecidos", luego de soportar indescriptibles torturas, otros tantos son condenados a largos años de prisión. Dentro de los asesinados se encuentran compañeros viejos de decisiva gravitación para el accionar del conjunto de la organización, por ejemplo Gerardo Gatti, León Duarte, Alberto Mechoso. Compañeros de formación intelectual y emotiva anarquista. El gran golpe sufrido genera dispersión, confusión y sensación de derrota. Una gran pérdida humana y militante que dejará profundas huellas en esta historia. La FAU, llevando en sus entrañas aquel periodo de lucha y en el mejor de los recuerdos a aquellos compañeros caídos seguirá el derrotero libertario hasta nuestros días.
Además de la existencia de FAU-OPR33, otro grupo de libertarios decidieron fundar el Partido Por la Victoria del Pueblo –PVP- así como también sumarse al Movimiento 26 de Marzo del MLN-Tupamaros.




Argentina
A continuación extracto de la Introducción de Chuck Morse a entrevista a Fernando Lopez Trujillo, 13 de octubre de 2002. Traducida del inglés al español por Frank Mintz.

La confluencia mas conocida de grupos libertarios fue Resistencia Anticapitalista Libertaria, donde se fusionaron grupos como Línea Anarco Comunista, Grupo Anarquista Revolucionario, Acción Directa, Organización Anarquista y Resistencia Libertaria La Plata. “Resistencia Libertaria (RL) era activa en los movimientos estudiantil, laboral y barrial y también tenía un ala militar con la que defendió y financió sus actividades. En su mejor momento, tenía entre 100 y 130 miembros y una red mucho mayor de simpatizantes. La organización fue diezmada en 1978 y el 80 % de sus miembros pereció en los campos de concentración y las cámaras de tortura de la dictadura.”




Chile
En este país se pudo desarrollar la experiencia de autodefensa de pobladores conocida como Brigadas del Pueblo conformada por militantes libertarios a fines de los `70. También se pudo conocer la participación de anarquistas en la Vanguardia Organizada del Pueblo y el MIR a fines de los `60.




Brasil
A fines de los 60 la dictadura brasilera logró perseguir y encarcelar a militantes del Movimento Estudantil Libertário quienes ya habían empezado a practicar una alternativa revolucionaria como resistencia. Por otro lado hacia fines de los 70 podemos mencionar a los grupos en torno al periódico “O Inimigo do Rei”, actuantes en São Paulo, Bahia, Río de Janeiro y Rio Grande do Sul.




Perú
Extraído de "Historia del MRTA", periódico Voz Rebelde, nadir.org/nadir/initiativ/mrta/

Durante la génesis del Movimiento Revolucionario Túpac Amaru (MRTA) podemos encontrar participación de posiciones y tendencias anarquistas. Como se detalla en el texto de la Comisión Política del MRTA, hacia 1982 cuando se estaban definiendo las estrategias revolucionarias que se iban a utilizar, se expresaron “marcadas reminiscencias anarquistas que pretendía (…) un golpe de mano liderado por dirigentes gremiales”. Así mismo dirigentes del MRTA como Néstor Cerpa Cartolini y Miguel Rincón Rincón reconocían influencias del anarquismo en sus pensamientos.




Colombia
Llegados los años ochenta, en Colombia muchos libertarios deciden entrar a formar parte de las distintas guerrillas, principalmente el ELN, donde ingresa la organización anarquista Antorcha Libertaria. Aunque en mucha menor medida también algunos libertarios se unieron a las FARC o al M19. Además podemos destacar la lucha del Comité Regional Indígena del Cauca (CRIC) de pueblos originarios Nasas, quienes mantienen durante todos los `80 una insurgencia armada en el valle de Cauca a través de su organización Movimiento Armado Quintín Lame. Habiendo abandonado las armas a principios de los `90 actualmente estos pueblos se organizaron en asambleas autogestionadas y federales denominadas Asociación de Cabildos Indígenas del Norte del Cauca.


Los Anarquistas en la Huelga General de 1936 en Argentina


A continuación dos extractos de trabajos que profundizaron no solo sobre la Huelga General del 36 sino también sobre las organizaciones que actuaron en ella, una de ellas la Alianza Obrera Spartacus. El primer extracto es sobre el trabajo de Nicolás Iñigo Carrera “La Alianza Obrera Spartacus” publicada como Documento de Trabajo Nº 26 del Programa de Investigación sobre el Movimiento de la Sociedad Argentina, publicada en pimsa.secyt.gov.ar. El segundo es un extracto del trabajo de Javier Benyo “La Alianza Obrera Spartacus” publicado en la colección Utopía Libertaria; Editorial Anarres, Buenos Aires 2005.

“La Alianza Obrera Spartacus”
Por Nicolás Iñigo Carrera

El momento histórico y la situación de la clase obrera
“El momento que estamos analizando, las décadas de 1930 y 1940, se ubica dentro del período de  la  historia  del  capitalismo  argentino  caracterizado  por  el  desarrollo  del  capitalismo  en general (relación capital - trabajo asalariado) más en extensión que en profundidad  y que se manifiesta en un crecimiento de la industria.

A  esta  expansión  se  corresponde  en  el  campo  de  las  relaciones  políticas,  un  proceso  de creciente ciudadanización e institucionalización de distintas fracciones sociales que se hace evidente desde mediados de la década del ’40 pero se desarrolla desde la década del ’30, si bien no en forma lineal.”

“En la esfera de las relaciones de fuerza internacionales, es el momento en que a pesar de las simpatías que despierta el fascismo triunfante en Europa en una parte de la clase dominante argentina, se refuerzan  los  lazos  de  pertenencia a la cadena de países dependientes  del  imperialismo  inglés, aunque se incremente la presencia de capitales norteamericanos  en el país.  Como ocurre en todo el mundo, en las relaciones de fuerzas políticas adquiere relevancia el  alineamiento con relación al fascismo, y en particular al proceso revolucionario y la guerra civil que se desarrollan en España.”



“En el campo de las relaciones políticas, la crisis del sistema electoral se había hecho evidente con la deposición de Yrigoyen. El golpe de estado  del 6 de septiembre de 1930 aseguró a la cúpula de la burguesía  argentina  el control  total del gobierno  del estado,  para poder  implementar,  según  sus intereses, las políticas necesarias para adecuar el país a las nuevas condiciones que imponía la crisis económica mundial desatada en 1929. La proscripción del  radicalismo en 1931 y el fraude electoral, mantuvieron fuera del gobierno a fracciones de  burguesía y pequeña burguesía que, afectadas por la política gubernamental,  comenzaron  a  buscar  alguna  alianza  con  fracciones de la clase obrera. El fracaso de los cuadros militares radicales que intentaron recuperar el gobierno por las armas, apelando

incluso  a un entendimiento  con grupos  anarquistas, llevó a los cuadros políticos del  radicalismo a abandonar la abstención electoral, en 1935. (Nota del Autor: Aunque existieron conspiraciones que incluían a militantes del anarquismo, los dirigentes radicales fueron renuentes  a entregarles armas y nunca se concretaron.  Referencias en  Riera Díaz, Laureano; Memorias de un luchador social (1926-1940); Buenos Aires, edición del autor, 1981.)”

“Para la clase obrera, 1935 se ubica en un momento ascendente de sus luchas. Los efectos de la  crisis  económica  mundial  de 1929 sobre la población  obrera  habían  tenido  una  de  sus mayores manifestaciones en el incremento  de la desocupación.   El Censo de  Desocupados  realizado  por el Departamento Nacional  del Trabajo,  que por la manera en que  fue realizado  tendía a subestimar  el número de las personas sin empleo, registró un total de  334.000 desocupados en el país. Sólo en el Albergue  oficial  de Puerto  Nuevo  se alojaban  2.000,  “cuidadosamente  fichados  y  controlados” (Nota del Autor: Archivo General de la Nación  – Fondo Justo; Caja 45 (Período 1920-1933); Ministerio del  Interior; Documento N° 152; foja 407.) De manera que un aspecto que presentó la lucha de los obreros en los comienzos de la década de 1930 fueron las manifestaciones de desocupados en la ciudad de Buenos Aires y, en 1933, los saqueos y destrozos  contra  las  Grandes   Despensas   Argentinas  y  otros  comercios  de  la   Avda. Canning, protagonizados por desocupados de la Villa Esperanza (Puerto Nuevo).“

“El gobierno del general Uriburu persiguió con especial saña a los militantes anarquistas. En 1930 fue fusilado Joaquín Penina, acusado de ser el autor de un volante contra el gobierno. El mismo año los choferes anarquistas José Santos Ares, José Montero y Florindo Gayoso,  apresados por un conflicto en la General Motors, fueron condenados a muerte por un tribunal militar (con la confirmación del Consejo Supremo de Guerra y Marina) acusados de atentado, incendio, asaltos y tiroteos con la policía; pero la movilización en contra de la medida, que incluyó gestiones de la C.G.T. y de la colonia española, logró que se les permutara esa pena por la de  cadena perpetua. En 1931 fueron fusilados Severino Di Giovanni y Paulino Scarfó.

Aunque no refiere directamente  al tema de este trabajo debe recordarse  que aun  durante el gobierno de  Uriburu  los  anarquistas  no  habían  dejado  de  actuar  en  el  movimiento  sindical[1], ni de realizar acciones  contra quienes los perseguían[2].  Muchos fueron apresados y  encarcelados en Villa Devoto y en Ushuaia, junto con militantes comunistas. Entre los enviados a Ushuaia estaban Horacio Badaraco  y  Domingo  Varone,  que  más  tarde  formarán  parte  de  Spartacus.” 

“El 7 y 8 de enero de 1936 se produjo la primera y más importante huelga general con  repercusión nacional en la década de 1930. Declarada  como demostración  de fuerza y apoyo  por el Comité de Solidaridad y Ayuda con los Obreros de la Construcción, en huelga desde octubre de 1935, la huelga general devino  en combate  de masas  en la mañana  del  día  7,  cuando  manifestantes  de distintas fracciones  y  capas  proletarias  y  populares  (obreros  de   fábricas,  talleres  y  de  la construcción, trabajadores domiciliarios, mujeres, jóvenes, pobres), que pretendían hacer efectivo el cumplimiento de la huelga y realizar mitines -asambleas, enfrentaron a la policía obligándola a abandonar las calles de buena parte de la ciudad de Buenos Aires. En esta huelga, lo mismo que en la huelga de los obreros de la construcción,  se hizo  manifiesta  la confrontación  entre las distintas  alternativas  (insertarse  en el sistema   institucional  político   y  jurídico   en  las  mejores   condiciones   posibles   sin  pretender  su transformación de raíz, realizar una lucha “mejorativista” sin perder de vista la transformación radical del sistema social o rechazar toda vinculación con el sistema institucional)  planteadas a  la clase obrera argentina.”

“Los  miembros  de  la  Alianza  Obrera  Spartacus  tuvieron  una  importante  participación  en  la organización de la huelga general de 1936 y en las acciones de masas en las calles. Y, a diferencia de otras organizaciones políticas vinculadas al movimiento obrero, asumieron la autoría de esas acciones, lo mismo que el Comité Regional de Relaciones  Anarquistas  (C.R.R.A.). (Nota del Autor: El  C.R.R.A.  y  Spartacus  asumieron  públicamente  las  acciones  callejeras  mientras  la  F.O.R.A. rechazaba  la  declaración  de  la  huelga,  los  socialistas  repudiaban  esas  acciones,  que  atribuían  a individuos ajenos al movimiento obrero, y los comunistas se desentendían de ellas atribuyéndolas a los fascistas infiltrados.

“Antonio Cabrera y Lorenzo Cruz, los principales dirigentes del Sindicato de Pintores, que se integró a la Federación Obrera  de Sindicatos de la Construcción (F.O.S.C.), eran miembros de Spartacus. Horacio Badaraco, orientador de la Alianza Obrera Spartacus, redactó los boletines de huelga y a él se atribuye el plan del Comité de  Solidaridad  con  los  Obreros  de  la  Construcción  para  desarrollar  las  acciones  en  las  calles  de Buenos Aires, organizando  mitines -asambleas sucesivas avanzando  desde la periferia al centro de la ciudad[3]”.

Nicolás Iñigo Carrera en este trabajo cita una entrevista a Romano: “Sí, en las  acciones callejeras tuvo mucho que ver. No sé cómo habría que llamarlo, como estratega (...);  pero él desde luego que tuvo mucho que ver con la planificación de esos actos; porque no fueron actos hechos así a tontas y a locas; fueron actos que tuvieron más o menos una calculada efectividad; en los distintos barrios las cosas fueron... había una conexión, había una relación; en eso Badaraco tuvo mucho que ver”[4]. Un  miembro  de  Spartacus  que  estuvo  entre  los  que  realizaron  acciones  para  garantizar  el cumplimiento de la huelga en la zona de Villa Mitre y  Villa  del Parque recuerda que “la consigna de nosotros era los dos días meterle fuego al barrio. Era una directiva que teníamos, que la había traído Antonio Cabrera de parte de Horacio Badaraco. Los dos días en el barrio”

 

 

 

 

 

 

 

 “La Alianza Obrera Spartacus”

Por Javier Benyo

 

La Huelga General de Enero de 1936

La huelga general de enero de 1936 no sólo es la cúspide de las luchas obreras  de la década,  sino también  el pico de la in- fluencia política  de Spartacus.  El movimiento  huelguístico  de los obreros de la construcción culminó con dos días de intensos combates que hicieron recordar a los de enero de 1919. La huelga había comenzado  el 23 de octubre del año anterior. De acuerdo con lo decidido tres días antes en una asamblea  general de los albañiles,  los trabajadores abandonaron el trabajo  ante la negativa de la patronal de aceptar  el pliego de condiciones  que exigía aumentos  de salarios,  mejores condiciones  de trabajo  y el reconocimiento del Sindicato  Obreros  Albañiles,  Cemento Armado  y Anexos. El 15 de noviembre  en una multitudinaria asamblea  en el Luna Park se decidió el paro de todos los gremios afiliados a la Federación Obrera de Sindicatos de la Construcción.  Spartacus  dio una vívida descripción  de una de las asambleas  que dictaminó  una suspensión  total de la actividad del ramo durante  casi 60 días:

Por sobre el rumor  de colmena de la muchedumbre que llena el estadio, puñados  de blancos volantes flamean en el aire. Las manos  se alzan y cazan al vuelo los papeles. Hay sed de leer todo lo que pueda decir una palabra nueva de la huelga; manifiestos y periódicos tiemblan en esas manos endurecidas por los trabajos  más rudos. Cuando  el altavoz grita su primer palabra, el rumor  se ahoga en un suspiro denso y los millares de ojos buscan la cara amiga de los camaradas del comité de huelga y de los delegados.[5]

 

La FOSC, que tuvo en los comienzos la dirección del movimiento,  había nacido por una iniciativa  de Spartacus  a través del Sindicato  de Obreros  Pintores  comandado por  Cabrera. Además de la organización de orientación espartaquista, la federación  reunía  al Sindicato  Obreros  Albañiles  (de dirección comunista), y a una serie de pequeños gremios que en su mayor parte, según Durruty, estaban dirigidos por anarquistas: el Sindicato de Obreros  Marmolistas, Sindicato de Obreros  de la Industria  Eléctrica,  Sindicato  de Obreros  Yeseros, Sindicato  de Obreros Picapedreros, Sindicato de Colocadores de Vidrio, Sindicato Obreros  Montadores de Calefacción.[6]  Este proceso de unificación, cuyo ejemplo Spartacus  esperaba  que cundiera  en otras  ramas  industriales, fue calurosamente saludado  por  el grupo como la realización  de una de sus principales  aspiraciones: la creación de sindicatos  por rama de industria:

El movimiento  de concentración proletaria se está operando en todas las ramas.  La construcción, con millares de trabaja- dores en vísperas de una total reorganización unitaria, con los centenares  de  huelguistas  que  en los últimos  tiempos  han revistado en sus cuadros gremiales, opondrá al capitalismo de empresa el compacto block de un proletariado que ha elaborado, bajo las normas del más nítido federalismo  obrero, verdaderas  armas para la lucha sindical revolucionaria.[7]

Una vez declarada  la medida de fuerza se procedió a la formación de un Comité de Huelga.  Los militantes  de Spartacus Cruz y Cabrera, en representación de los pintores, participaron en él de manera destacada. Ellos invitaron  a Badaraco a una de las reuniones  y, luego de una de sus intervenciones,  se decidió que fuera él, con la colaboración de Romano, quien redactara los boletines del Comité.[8]

El modo de acción sindical adoptado por la FOSC se correspondía  en todo  con  la acción  directa  propugnada por  los anarquistas. La secuencia de los hechos se condice a la perfección con la descripción dada por Basanta acerca de las características de la acción directa: se decidió en una asamblea general los puntos  que integrarían el pliego de condiciones,  se lo pre- sentó  a los empresarios y ante  la negativa  de la patronal de satisfacer las demandas, se llamó  a la huelga.  Como  afirma Durruty: “El movimiento  no está precedido  por  una  fase de negociaciones;  el 22 de octubre  el sindicato  hace llegar a las empresas un pliego de condiciones; al día siguiente comienza la huelga”.[9]  Si a esto se le agrega  que la FOSC no había  sido reconocida  oficialmente,  y por el momento  no buscaba  ese re- conocimiento sino el de las cámaras  empresariales, la actuación en su interior  no implicaba  para  Spartacus  grandes  contradicciones con los principios anarquistas. Cabrera, el dirigen- te espartaquista que tuvo mayor protagonismo en la constitución de la federación,  alcanzó en la primera  época el cargo de secretario  de la Comisión  de Organización. Posteriormente, integró en varias ocasiones tanto el Consejo Federal de la FONC como la Comisión Directiva del Sindicato Único de Obreros  de la Construcción.

La huelga despertó  enormes caudales de solidaridad entre la población. Se llevaron adelante exitosamente numerosas campañas en los barrios  de la Capital  Federal para reunir fondos destinados a los comedores obreros dispuestos para alimentar a  los huelguistas  y sus familias.  Con  el correr  de los días el conflicto fue tomando un carácter  cada vez más violento.  Fue así que, en uno de los actos realizados  en diciembre para apoyar el paro,  fue asesinado  por la policía un obrero  anarquista en el barrio de Flores. Por esa misma época se formaba  el Comité de Solidaridad  y Defensa con los Obreros  de la Construcción que sería el encargado  de declarar la huelga general del 7 de enero  y su extensión  por  24 horas  más. El Comité,  cuyo secretario  era Mateo  Fossa (del Partido  Socialista  Obrero  y dirigente  del sindicato  de la madera),  fue establecido  a partir de un núcleo original  de organizaciones que estaba integrado por la Federación  Obrera  Marítima, la Federación  Obrera  en Construcciones Navales, la Federación Obrera  de San Fernando, el Sindicato  Único de Obreros  en Madera  y la FOSC. De este núcleo, el Comité de Solidaridad  se expandió  hasta agrupar  a 68 organizaciones de distinta  importancia. Spartacus ocupó  un lugar de relevancia  en su interior  principalmente a través  del Sindicato  de Obreros  Pintores,  pero  también  mediante  otras  organizaciones. Las crónicas  registran  la inclusión de una  “Seccional  de Lavadores  y Limpiadores  de Autos”:  es probable  que se trate  de una fracción  del gremio en que  militaba  Badaraco, acaudillada por  el dirigente  espartaquista. También  estaba presente la Federación  Local de San Fernando en la que, como ya se ha visto, el grupo parecía tener algún predicamento.

Para expresar su posición ante la huelga, la agrupación anarquista emitió un manifiesto dirigido “a todo el proletariado, a los obreros de todos los sectores, a los trabajadores volcados en la lucha”.  Allí sostenía:

Hoy, por resolución vuestra,  por voluntad  vuestra,  es la huelga general. Desde vuestro seno, a vuestro lado, luchando  junto a vosotros,  los trabajadores anarquistas os invitamos  a levantar  la causa  de la  huelga  general,  lo más alto que os sea posible para sacarla de lo más profundo de las masas proletarias,  del corazón  y los puños  de los millares  de jóvenes,  de obreras y obreros ardientemente identificados en la calle, como una sola y enérgica voluntad de clase, de la inmensa clase obrera que por sobre todas las defecciones, los derrotismos, el terror, las prisiones,  deportaciones y procesos,  sabe concentrar en sí misma  la vigorosa  respuesta  de la huelga  general  contra  el patronato industrial, la reacción y el fascismo.

Sea la huelga general la afirmación  totalitaria del vuelco del proletariado en la calle. Sea el creciente y vigoroso acto donde todos los trabajadores, unidos en la lucha, por sobre las defecciones y las sombras de derrota, las jefaturas parlamentarias y de partido, divisionismo  de las burocracias sindicales y todos los  emboscados  propósitos de entrega,  hagan  la  recapitulación de su verdadera  fraternización proletaria. Alzad, entonces, el movimiento  de la huelga general al nivel de las grandes demandas  del proletariado.[10]

La huelga era vista como el momento  decisivo de un proceso de creciente agitación entre las masas. Se estaba entrando en una etapa de definiciones  en la que las fuerzas burocráticas y aquellos que formaban parte de la oposición  a las direcciones obreras, pero que pregonaban la acción de tipo institucional, se verían desbordados y derrotados por la potencia del proletaria- do en lucha. Por otra parte, Spartacus  promovía  que la huelga de la construcción no terminara en el reclamo de un solo sector del proletariado. La gigantesca  energía  movilizada  alrededor de la lucha de los albañiles debía transformarse en una huelga general para que en ella encontraran cauce una multiplicidad de luchas y reclamos que hasta el momento  se hallaban  dispersos. De esta manera,  confluirían  el pedido por los procesados de Bragado y otros  presos  sociales,  la lucha  contra  las leyes 4144 y de Asociación Ilícita, el antifascismo, y los reclamos por los derechos de libertad de prensa, reunión y organización.

La influencia  de Spartacus  en el movimiento  puede  apreciarse en el hecho de que buena parte de estos reclamos fueron tenidos  en cuenta  por  el Comité  de Solidaridad  a la hora  de declarar la huelga general. En un comunicado redactado el mismo día en que se convocaba  al paro,  el Comité  expresaba  su solidaridad con los presos de Bragado, los panaderos condena- dos a cadena perpetua y los procesados por asociación ilícita de los gremios de Chauffeurs, Panaderos  y Lavadores de Autos. Se exhortaba, finalmente, al pueblo a “proseguir firmemente en la lucha por la liberación  de todos los presos sociales”.[11]

Para el día 7, el Comité  había  dispuesto  la realización  de asambleas  por la mañana  en numerosos  puntos  de la Capital Federal. En cada una de las reuniones  hablarían dirigentes de los gremios de la construcción y de los que se habían plegado a la lucha. Las asambleas debían confluir en un acto central a las 16 horas en Plaza Once. La organización de la huelga preveía que Cabrera  hablara  a las 10, en Almirante  Brown y Pedro de Mendoza, barrio de la Boca. Cruz, por su parte,  lo haría a las 11 en Rivadavia y Centenera. Algunos testimonios  indican que este plan fue diseñado por Badaraco.[12] Los hechos de violencia sucedidos desde horas muy tempranas impidieron  que este es- quema se pudiera  llevar adelante.  Los espartaquistas tuvieron un rol fundamental en la organización de los combates callejeros. De acuerdo  con el relato  de Romano: “[Badaraco] tuvo mucho  que ver en la planificación  de esos actos;  porque  no fueron actos hechos a tontas y locas; fueron actos que tuvieron una más o menos calculada  efectividad”.[13]  Otro militante  sostiene: “la consigna que nosotros  teníamos era meterle fuego al barrio.  Era  una  directiva  de Antonio Cabrera  de parte de Horacio Badaraco”. Los piquetes se adueñaron de las calles antes del mediodía, no sin antes hacer uso de violencia, en especial contra  los medios  de transporte, para  hacer  cumplir  las directivas del Comité de Solidaridad. “En Nazca y Arregui encontramos un ómnibus  Imperial,  bajamos  a los pasajeros,  hablamos con el conductor y después lo escupieron, la gente estaba indignada  con el conductor, finalmente quemamos  el ómnibus”, relata el mismo militante  de Spartacus.

Más temprano, alrededor de las siete de la mañana  se había producido  en Villa Urquiza el primer  enfrentamiento armado que tuvo como resultado  tres muertos,  dos policías y un manifestante, y 16 heridos. En el mismo lugar, las fuerzas del orden sufrieron otra baja un par de horas  después cuando  el agente Beloppo  murió  a causa de las heridas  de bala recibida  en un tiroteo con huelguistas. La policía acusó a Basanta de ser quien puso  fin a la vida de uno  de los agentes.  Para  escapar  de la persecución  estatal,  tiempo  después el militante  de Spartacus debió huir de la Capital y refugiarse clandestinamente durante ocho años en San Juan, en donde llegaría a ocupar  el cargo de secretario  general del PC.[14]  De esta manera,  el grupo perdía a uno de sus principales  hombres  de acción.

Otros dos manifestantes murieron  en extrañas  circunstancias. Jaime Chudi  murió en el Hospital Israelita  de una “conmoción cerebral”  luego de haber sido detenido  por la policía. La versión oficial indicaba que Chudi falleció como consecuencia de un golpe al caerse antes  de ser arrestado. El sindicato textil al que pertenecía Chudi denunció que su muerte era producto de los golpes aplicados  por los agentes  de la ley. Algo similar ocurrió  con Jerónimo  Osechuk,  en el barrio  de Nueva Pompeya.  El relato  policial  sostuvo  que  el obrero  panadero murió  en un tiroteo.  El diario  La República  dio una versión diferente del hecho: “Osechuk se hallaba ese día tranquilamente esperando  la iniciación  de la conferencia  autorizada por la policía,  en Sáenz y Roca,  cuando  sin que mediara  incidencia alguna,  se le acercó  un  sargento  y le disparó  un  balazo  a quemarropa”.[15] A esta altura del día, la policía ya había detenido a varios dirigentes de la huelga. Entre ellos figuraban Cruz y el secretario  del Comité de Solidaridad, Mateo  Fossa. A estos se le agregaría en horas de la tarde Guido Fioravanti, el principal dirigente  de la construcción. Al terminar  la jornada  entre 500 y 3.000 personas,  según las distintas  fuentes, habían  sido detenidas.

La gravedad  de los hechos y la necesidad  de luchar  por la libertad  de los detenidos  impulsó  al Comité  de Solidaridad  a extender por 24 horas el paro general. Pese a que se había comprometido a hacerlo, la CGT Independencia no se plegó a la huelga,  así como tampoco  lo hizo en un primer  momento  la Federación  Líneas de Autos Colectivos, que en el correr de las horas cambiaría  de actitud.  El resto de los gremios que habían parado  durante  la primera  jornada  continuó  con la lucha. La huelga prosiguió  con idéntica  intensidad  al día anterior. Nuevamente, los medios de transporte fueron el blanco principal de los manifestantes, que hicieron todo cuanto estuvo a su alcance para  evitar  la circulación  de ómnibus  y trenes.  La actividad comercial  fue prácticamente nula en los barrios  en los que se habían producido los principales focos de violencia.

Hacia las 6 de la tarde, el Comité de Solidaridad, “frente  a las formales promesas de reapertura de los locales y la libertad de los presos”,  da por concluida  la huelga general. A pesar de la directivas sindicales, en algunos puntos de la ciudad, en particular en Mataderos, tuvieron lugar incidentes aislados. Por la noche, lentamente  los detenidos  comenzaron a recobrar  su libertad.  Pero todavía,  el día 10 quedaban 600  detenidos.  En una declaración  firmada por Cabrera, la FOSC afirmaba que el Comité de Solidaridad  se encontraba haciendo  gestiones para que los presos fueran liberados  y los locales reabiertos. Simultáneamente, el Comité de Huelga de la Construcción hacía un llamado  a los trabajadores de la construcción: “a permanecer en sus puestos hasta vencer a la terquedad patronal, única responsable de los hechos sucedidos y del paro decretado”.

El conflicto liderado por los albañiles continuó durante  una semana más. Fue en ese momento que el gobierno nacional tomó cartas en el asunto.  El Poder Ejecutivo, a través del mismísimo presidente Justo, emplazó a las empresas a terminar  con su in- transigencia y llegar a un acuerdo con los huelguistas para evitar la prolongación de un movimiento que “puede degenerar en conflictos de otra clase o facilitarlos”. En el despacho  del ministro del Interior  se llevaron adelante  las negociaciones  entre la parte  obrera  y la patronal. Una asamblea,  realizada  en el Luna Park el 23 de enero, aceptó la propuesta empresaria  que fijaba salarios un tanto  más bajos de los reclamados  original- mente en el pliego de condiciones y puso fin al paro.

Los comunistas  exhibieron  el resultado  de la huelga como un rotundo triunfo  para la causa de los trabajadores. Algunos años después Chiarante en su biografía afirma: “La unidad del gremio, la solidaridad de los trabajadores y del pueblo en general, la justa táctica y estrategia de los dirigentes, en su mayoría comunistas, habían  conseguido  doblegar, por  primera  vez, a una  patronal poderosa  y a su aliado  cómplice,  la dictadura justista.”[16]  Sin embargo,  la minoría  anarquista de la FOSC se mostraba en desacuerdo  con el balance  que hacían los comunistas y señalaba que ciertos puntos no habían podido lograrse, en especial el reconocimiento del sindicato por la patronal. La CRRA, que poseía una pequeña fracción en el interior del Sindicato de Albañiles capitaneada por Ángel Geraci, denunciaba en un documento que “se vuelve al trabajo, sin el reconocimiento  del  Sindicato,  aceptándose en  cambio  comisiones paritarias que funcionarán bajo control del Estado”.[17] El lugar otorgado al Estado  en la resolución  del conflicto  era el otro punto  sobre el cual los ácratas  discrepaban con la conducción del gremio. Los pequeños gremios adheridos a la Federación de la Construcción presentaron una queja, argumentando: “nuestras bases establecen claramente  que las tácticas de lucha han de ser las de la acción directa (...) [y no] las gestiones legalistas solicitando los buenos oficios de legisladores y otros personajes de influencia”. Entre los firmantes  de la declaración  se encontraban  los sindicatos  de Obreros  Marmoleros y Anexos,  de Colocadores de Mosaicos  y Azulejos, y de Colocadores de Vidrio y Herreros  de Obra.  La ausencia en esta lista de Obreros Pintores lleva a pensar que el gremio controlado por Spartacus no parece haber opuesto mayores reparos a la forma en que se dio por terminada la huelga.

Cabe  destacar  que la ausencia,  entre  las colecciones  a las que se ha tenido acceso, del número posterior  a la finalización del conflicto hace que no sea posible establecer con certeza cuál fue el balance que hizo el grupo sobre la medida de fuerza. Pero es posible reconstruir hasta  cierto punto su opinión tomando en cuenta documentos posteriores  al conflicto. Spartacus parecía destacar,  por encima de sus discusiones  con otras  tendencias en el interior  de la FOSC, los aspectos positivos de las lu- chas de enero: la unidad en la calle de los distintos sectores, las muestras  de solidaridad y el despliegue  de una  capacidad combativa inédita. En un panfleto fechado en 1937, en ocasión de otra huelga de la construcción, se expresaba:  “la huelga del treinta  y cinco no dio iguales ventajas económicas  para todos los gremios, ella levantó y afirmó la moral combativa  del proletariado  de la edificación, haciendo triunfar  la resistencia, el sacrificio y el corazón solidario de la clase obrera sobre la soberbia y el poderío de los imperialistas”.[18] Al mismo tiempo señalaba que era necesario seguir apoyando a la FONC “a pesar de todas sus fallas, de todos sus vicios, de todas sus debilidades  y desaciertos”.

La huelga  general  de enero  de 1936  implicó  la irrupción dentro  del movimiento  obrero de sectores de trabajadores que no se encontraban encuadrados en organizaciones que tuvieran un cierto grado  de institucionalización. En cierto modo,  esto determinó  la forma  que adoptó  la lucha  obrera,  que rápida- mente se transformó en huelga salvaje. Una metodología que al decir de Durruty, había sido superada  por los núcleos obreros organizados.[19]  La capacidad  combativa  manifestada a  lo largo de las dos jornadas  desbordó  a los propios organizadores de la protesta  y confirmó  las hipótesis  de los  espartaquistas sobre la gestación de una fuerza renovadora en el seno del movimiento obrero.  Estas acciones  radicales, como señala Iñigo Carrera, “están poniendo  en evidencia, no sólo su disposición a enfrentar  las condiciones en que se desarrolla su vida, sino también, al menos embrionariamente, al sistema social mismo”.[20]

El desarrollo  de las huelgas salvajes no está necesariamente librado a un espontaneísmo caótico carente de dirección y objetivos. Por el contrario, la huelga salvaje suele tener estrategias propias  que buscan  eludir las vías oficiales para la resolución de los conflictos.  Estas estrategias tienen como resultado que, al enfrentamiento habitual  con la patronal, se le sume la oposición de hecho al Estado y las burocracias dirigentes.  De allí el cariz violento  que habitualmente adoptan este tipo de paros. La huelga salvaje había  sido por antonomasia el instrumento de lucha antiinstitucional del movimiento  obrero  durante  las dos primeras  décadas del siglo XX. Con la apertura de canales oficiales de negociación y la actitud pragmática de la dirigencia sindicalista, esta metodología de protesta va cayendo en desuso y  reaparece  a mediados  de los treinta  de manera  inesperada para muchos, aunque no para Spartacus. A partir de entonces, el grupo puso más énfasis que nunca en la necesidad de encauzar toda  esta energía  antiinstitucional en organizaciones que no la sofocaran.







[1]           (Nota del autor) Marotta hace referencia a que “la crónica registra en el curso de esos años varias ‘huelgas generales’ patrocinadas por  la F.O.R.A.  anarquista”  (Marotta,  Sebastián;  El movimiento  sindical  argentino. Su génesis y desarrollo; Buenos Aires, Ediciones Calomino, 1970; tomo III, p.330).

[2]          (Nota del autor) En junio de 1931 el mayor José W. Rosasco, nombrado “interventor policial de Avellaneda”  por el presidente, fue muerto a balazos por Juan Antonio Morán, militante de la Federación Obrera Marítima, de la que había sido dos veces secretario general (Ver Bayer, Osvaldo; Los anarquistas expropiadores, Simón Radowitzky y otros ensayos;  Buenos Aires, Editorial Galerna, 1975).



[3]           (Nota del Autor) Fuente: Entrevista Romano y Entrevista A. Badaraco.

[4]           Ibidem.

[5]              “La gran huelga”, en Spartacus, N° 6, noviembre de 1935.

[6]              Celia Durruty. “La Federación Nacional de la Construcción”, pág. 57; en Claseobrera y peronismo, Córdoba, Pasado y Presente, 1969.

[7]              “Luchas y tareas de la FORA en la organización de los trabajadores del transporte urbano”, en Spartacus N° 5, 1/5/1935.

[8]              N. Iñigo Carrera. “La Alianza Obrera Spartacus” pág. 142.

[9]              C. Durruty. op. cit. , pág. 65

[10]             “Manifiesto de Spartacus a los trabajadores en Huelga General”, panfleto,c. enero 1936.

[11]             N. Iñigo Carrera, 1936. La estrategia de la clase obrera., pág. 161.

[12]             N. Iñigo Carrera. “La Alianza Obrera Spartacus.”, pág. 99.

[13]             N. Iñigo Carrera. op. cit. , pág. 142.

[14]             Fuente, entrevista con su hermana Olga.

[15]             La República, 10/1/1936, citado en Iñigo Carrera, op. cit., pág. 197.

[16]             Pedro Chiarante. Ejemplo de dirigente obrero clasista, Bs. As., Fundamen-tos, 1976, pág. 107

[17]             N. Iñigo Carrera. 1936. La estrategia de la clase obrera, pág. 318.

[18]             “Con los albañiles en huelga”, panfleto de la Fracción Spartacus deObreros de la Construcción.

[19]             C. Durruty. op. cit, pág. 66.

[20]             N. Iñigo Carrera. op. cit., pág. 288.




miércoles, 4 de julio de 2012

Huelga General en Tesalónica, Grecia (1936)


Por Emilio Crisi

La Grecia de 1936
En las dos décadas posteriores a la Primera Guerra Mundial (1914-1918) Europa entra en una crisis social, política y económica que afectó sobre todo a los países mas atrasados industrialmente de la región, teniendo a Grecia como uno de ellos. La Depresión Económica Mundial de 1929-33 provocada por el Crack Financiero estadounidense hizo que en la mayoría de los países dependientes del mercado mundial -hegemonizado por las potencias- sufrieran la caída de los precios de productos y materias primas generando altos índices de desocupación. Sumado a esto, en casi todos los países europeos el avance de las fuerzas nacionalistas (fascistas, nazis, franquistas, salazaristas) estaba generando golpes de estado o imponiéndose en las guerras civiles que se iban sucediendo. En Grecia la crisis, el desempleo y el avance organizativo de sectores populares en diferentes ámbitos también generaron una reacción de la burguesía y el llamado fascismo griego.
Hacia 1936 se desarrollan en Grecia elecciones generales en medio de un desconcierto institucional luego de varias intentonas golpistas. Para estas elecciones se postulan con
posibilidades de triunfar el líder del Partido Populista (conservador) Panagis Tsaldaris y el liberal venicelista Themistoklis Sofoulis. Como resultado de las elecciones se produce inmediatamente un estancamiento político luego del empate electoral entre aquellos candidatos del establishment. El Partido Comunista Griego -KKE- de dirección estalinista, había obtenido 15 escaños en alianza con el Partido Agrario y decidió apoyar a la figura de Sofoulis para definir la situación.
 El 5 de marzo el rey Jorge II quiso ganar de mano a la alianza comunista-liberal-agraria y nombra a Kostantinos Demertzis como primer ministro provisional y al general Ioannis Metaxas -un fascista que había sido ministro de guerra- como vice ministro. Demertzis moriría de un infarto el 13 de abril, allanándose el camino al poder del ahora primer ministro. En los papeles el gobierno era ejercido por una comisión parlamentaria. Sin embargo el poder del ejército cada vez mas presente en la institucionalidad estatal griega hicieron que Metaxas pudiera comenzar con el proyecto de Tercer Civilización Helénica (un eufemismo griego del Tercer Reich) aludiendo a las civilizaciones gloriosas de la historia griega como la Antigüedad griega y el Imperio Bizantino de la Edad Media.
  

El anarquismo griego en la escena
Esta situación de proximidad de un golpe de estado militar, sumada al desempleo y la crisis económica, social y política que perjudicaba por sobre todas las cosas al pueblo helénico, impulsó a diferentes sectores sindicales y sociales a salir a las calles e intentar ganar terreno frente al avance fascista. En este sentido las diferentes organizaciones sindicales comenzaron a gestar movilizaciones, huelgas y protestas en todo el país. Entre los impulsores de las huelgas se encontraban numerosos activistas anarquistas. Uno de ellos era Yannis Tamtakos, un viejo sindicalista de origen trotskysta pero devenido en anarquista debido a sus fuertes críticas sobre el devenir burocrático de los partidos marxistas. Tamtakos, que era un referente en el sindicalismo combativo de Grecia, había participado en numerosas huelgas de Tesalónica desde hacía décadas. Su legitimidad en la lucha social le mereció el reconocimiento siendo elegido miembro de la dirección de la Unión de Trabajadores del Calzado de Tesalónica desde 1926 hasta 1929. A partir de ahí comenzó a ser referente de organizaciones de desocupados que en ese momento rebasaban de participantes. En una manifestación de desocupados en la calle Syntrivani, Tesalónica fue reprimido duramente por la policía griega. Luego de varios balazos, una intervención quirúrgica lo salvó de quedar paralítico.
Otra mención especial merecen los núcleos organizados que quedaban del Sosialistiko
Ergatiko Komma Elladas –SEKE- (Partido Socialista de los Trabajadores de Grecia) y del KEE  - Kommounistiki Enosis Ellados- (Unión Comunista de Grecia) activos en las huelgas de esos años. El SEKE aglutinó desde su fundación en 1918 a anarquistas, anarcosindicalistas, socialistas y estalinistas. Posteriormente el SEKE devendrá en el estalinista KKE. Uno de los grandes referentes del SEKE era el anarquista Konstantinos Speras. E
l mismo venía activo organizando huelgas desde hacía décadas. De hecho la huelga de mineros de Sérifo en 1916 que el mismo ayudó a impulsar tuvo repercusiones de alcance nacional e internacional.
El KEE, mucho más pequeño, contaba entre sus maximos referentes a Stelios Arvanitakis un militante anarquista y obrero del tabaco.  


Resistencia y huelga
Los primeros focos del conflicto del 36 se dan a raíz de los abusos laborales en la tabacalera de Tesalónica “Komersias". La patronal del tabaco como en otros rubros aprovechaba la situación para avanzar sobre las pocas conquistas que tenían los trabajadores, haciéndoles pagar el costo de la crisis a ellos mediante ajustes. “Los trabajadores habían presentado sus demandas al empleador cuando él los rechazó. Ellos ocuparon la fábrica, atrincherados en su interior con pancartas y banderas negras en las ventanas solicitando el apoyo de otras plantas.” [1]
La Federación Panhelénica de Trabajadores del Tabaco tenía desde hacia tiempo una importante influencia del anarcosindicalismo. No solo en Tesalónica –segunda ciudad más grande de Grecia- sino también en otras localidades. No casualmente Konstantinos Speras era un referente en la sección de Atenas.
El 29 de abril la Federación Panhelénica de Trabajadores del Tabaco lanzó una huelga general pidiendo aumento del salario básico a 120 dracmas. El grito de rebelión se hizo sentir con mas de 12 mil trabajadores en las calles de Tesalónica, localidad de gran tradición sindicalista. También se suman a las protestas trabajadores de las localidades de Volos, Serres, Drama y Kavala. Al día siguiente en otras ciudades griegas otros gremios anuncian la adhesión a la huelga. El punto culmine de la huelga fue el 5 de mayo cuando en Tesalónica se suman los gremios de las industrias del papel, textil, del caucho y del calzado entre otros. Vale aclarar que a esta altura los estalinistas del KKE intentaban por todos los medios de que la huelga no sobrepase su capacidad de dirección. Claramente los sectores anarquistas y anarcosindicalistas apostaban a profundizar la medida con el objetivo de frenar el avance de los fascistas ahora en el estado.
El 8 de mayo más de 7 mil trabajadores del tabaco se movilizan al Directorio General del Norte de Grecia (actual Ministerio de las regiones de Macedonia y Tracia). La movilización es recibida por la policía montada y batallones de infantería quienes no dudan en comenzar a reprimir y perseguir a los manifestantes. Inmediatamente a la represión, otros sectores se suman en solidaridad a las protestas en las calles a través de barricadas espontáneas. Enseguida desde el Estado llaman a la intervención del Ejército. Tres horas y media de combates callejeros fuerzan un repliegue de los sectores populares que estaban en las calles. Al caer la noche numerosos sindicatos adhieren a la huelga y miles de trabajadores salen nuevamente a las calles.
Para el sábado 9 la huelga había tomado ya carácter de Huelga General extendiéndose a todos los sectores de la economía y a todo el país. También se suman al estallido estudiantes y pequeños comerciantes. El general Zepou a cargo del cuerpo de ejército que estaba interviniendo propone una mediación y toma las propuestas de la patronal para ofrecer una salida a los huelguistas. Desde ya las propuestas no eran satisfactorias a los intereses obreros, a pesar de que los estalinistas presionaban para aceptar la oferta. 
25 mil personas en las calles rechazaron la proposición volcándose a rearmar los mecanismos de autodefensa ante la posible reacción del ejército. Tasos Tousis, del sindicato de transporte, fue la primera víctima fatal de la represión militar al ser emboscado en las calles Egnatia y Venizelou. [2]“Las escenas que siguieron son escalofriantes. Un fotógrafo captó el momento en que la madre del chofer asesinado lloraba de rodillas frente a su hijo muerto.” [3]
Esa represión había sido comandada por el 5º Departamento de la Policía local que además de Tasos Tousis había fusilado a otros 7 hombres. La multitud enfurecida depositó el cuerpo del chofer en un ataúd improvisado e inició una nueva movilización hacia el Directorio, cuyos accesos se encontraban tabicados y defendidos por las fuerzas represivas griegas. Nuevamente la policía y los militares abren fuego contra la multitud causando más victimas fatales y heridos. Para ese momento Metaxas ya había puesto en marcha un plan de persecución y aniquilamiento del activismo popular y sindical, al tiempo que dictaba el estado de sitio en la región.
A la mañana siguiente más concentraciones fueron dispersadas por la policía y el Cuerpo de Ejército “C” que en ese momento se hacía presente trayendo refuerzos desde Larissa y otras zonas cercanas de la región. Las calles al anochecer fueron tomadas nuevamente por los huelguistas. A la mañana siguiente el ejército de habñia apostado en casi toda la ciudad formando retenes deteniendo a cualquier persona sospechosa.
La masiva asistencia a los funerales de los asesinados –a pesar del estado de sitio- también generó oleadas de represión las víctimas. Una de las movilizaciones al cementerio del distrito de Vardaris fue interceptada y reprimida.
Durante los días 12 y 13 de mayo se generaron las últimas movilizaciones donde el ejército logró controlar la ciudad mediante la persecución, el asesinato y la cárcel de los huelguistas que quedaron en la calle. El saldo fatal de la misma fueron 12 trabajadores asesinados (se estima que pudo haber habido en realidad más de 20) y más de 300 heridos.


La dictadura y el después
Metaxas utilizó los conflictos en Tesalónica para aumentar la represión y persecución en todo el país llegando el 4 de agosto a abolir el Parlamento griego y establecer el estado de sitio en todo el territorio. Así Metaxas dio inicio al período conocido como “fascismo griego” cuyos cinco años le permitieron al "Arhigos" –significa Conductor, como se hacía llamar- no solo un acercamiento a Gran Bretaña en cuanto la dependencia económica sino que logró establecer una dictadura militar donde mas de 30.000 personas fueron encarceladas sumándole a esto la gran cantidad de asesinatos selectivos y torturas por parte de la “Sección Especial” del ministerio de Seguridad Pública como se la conocía a la policía política. La mayoría de los prisioneros eran deportados a los campos de prisioneros en las islas o a lugares remotos. A partir del inicio de la dictadura se prohibió el derecho de manifestación, huelga y asociación. Además como todo régimen nacionalista, el estado se abocó a controlar la cultura y la educación del país.
La suerte de los anarquistas estaba echada luego de la derrota de la huelga. Tamtakos fue condenado a la cárcel por la Corte de Edessa junto a otros 52 compañeros acusados de instigadores de la huelga. Encarcelado desde 1936 a 1942. En esa época junto a militantes libertarios como Agis Stinas y Cornelius Castoriadis redactará una serie de críticas dirigidas a los marxistas y el nivel de burocratización que estaban alcanzando las estructuras organizativas de estos. Tamtakos murió hace solo 4 años, el 4 de enero de 2008 a los 99 años de edad en Tesalónica.
La dictadura fascista de Metaxas llega a su fin tras su muerte en 1941. A esta etapa la sucede la invasión de la Alemania nazi ese mismo año hasta el 44 cuando la invade Gran Bretaña. En ese momento se produce un levantamiento en Atenas contra el gobierno pro-británico. Durante tres semanas de enfrentamientos, los estalinistas persiguieron y aniquilaron a sectores de izquierda ajenos al KKE. Anarquistas, anarcosindicalistas, trotskystas y disidentes de izquierda fueron considerados en esa instancia contrarrevolucionarios y “enemigos de clase”. Posteriormente a la “limpieza” estalinista en los frentes sociales se inicia una guerra civil entre los estalinistas y los promonárquicos quienes estaban volviendo del exilio intentando imponer un gobierno pro inglés.  


Fuentes
-          Tsiliopoulos, Efthymios; “Thessaloniki's bloody May of 1936” publicado en el diario Athens News el 9 de Mayo de 2008.
-          “En el calendario... para el tío John: el 9 de mayo 1936, Tesalónica” en Vrahokipos.net.
-          Dimitri de MACG; "Stelios Arvanitakis: and the Communist Union of Greece"; publicado el 9 de julio de 2008 en anarkismo.net.
-          Stinas, Agis; "The Massacre of the Internationalist Communists in Greece, December 1944" extracto del trabajo "Memoirs: A Revolutionary in 20th Century Greece"; traducido por Mike B.; publicado en el Marxist Internet Archive en 2005.


[1] “En el calendario... para el tío John: el 9 de mayo 1936, Tesalónica” en Vrahokipos.net.
[2] Actualmente la Central de Trabajadores de Tesalónica levantó un monumento en su honor.
[3]Tsiliopoulos, Efthymios; “Thessaloniki's bloody May of 1936” publicado en el diario Athens News el 9 de Mayo de 2008. Esa misma foto fue la tapa de todos los diarios del momento. El poeta Yannis Ritsos escribió el celebre poema “Epitafios” inspirado en los hechos y esa imagen.