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lunes, 16 de julio de 2012

Brasil - "10 años de FAO, por la contrucción de CAB"


Hacia la Coordinación Anarquista Brasilera!
En el inicio de 2002 reempezava de manera más lúcida un proceso de articulación nacional para el anarquismo organizado con inserción social en Brasil. Hace diez años, fue creado el Foro del Anarquismo Organizado (FAO), con el objetivo de articular grupos regionales y también luchar por la construcción de una organización anarquista brasilera dotada de un proyecto político común. Hasta hoy, venimos avanzando en este proceso con la consolidación de organizaciones especificamente anarquistas en algunos estados.
En el inicio de 2002 reempezava de manera más lúcida un proceso de articulación nacional para el anarquismo organizado con inserción social en Brasil. Hace diez años, fue creado el Foro del Anarquismo Organizado (FAO), con el objetivo de articular grupos regionales y también luchar por la construcción de una organización anarquista brasilera dotada de un proyecto político común. Hasta hoy, venimos avanzando en este proceso con la consolidación de organizaciones especificamente anarquistas en algunos estados.
Modestamente, contribuímos para poner el anarquismo en el campo de la lucha de clases tomando parte importante en luchas de la ciudad y del campo, con presencia en distintos localidades del país. Actualmente, contando con la participación y incidéncia en más de diez estados brasileros, decidimos dar un paso a frente en el proceso nacional con la creación de la Coordinación Anarquista Brasilera (CAB). No estamos creando una mera sigla o algo aparente sin correspondéncia con la realidad. Por lo contrário, decidimos por la coordinación de organizaciones anarquistas especifistas pues necesitamos de una organicidad que sea correspondiente a nuestra capacidad y necesidad de intervenir en la realidad brasilera con perspectiva de cambio en prol del proyecto socialista y libertario.
Estaremos realizando en este año de 2012 un Congreso Anarquista con delegaciones de las organizaciones regionales que iran fundar la CAB y hacemos una invitación a las organizaciones anarquistas internacionales para que participen de las actividades seguientes en Río de Janeiro:
- 9 de Junio – Debate sobre la Organización Específica Anarquista com los compañeros de la Federación Anarquista Uruguaya y de la Coordinación Anarquista Brasilera. (inscriciones: secfao@riseup.net)
- 10 de Junio – Acto Publico de lanzamiento de ça
CREAR UN PUEBLO FUERTE!
Declaración de Princípios y Intenciones del FAO

domingo, 27 de mayo de 2012

"La Estrategia del Especifismo: Juan Carlos Mechoso (FAU) es entrevistado por Felipe Corrêa"

La entrevista que sigue fue realizada entre mayo y agosto de 2009 por e-mail. En realidad, la idea es traducirla y publicarla en Brasil como un libro, con una introducción un poco larga que estoy escribiendo, que tratará de algunos temas para situarla históricamente y hacer su relación con el anarquismo de Brasil: los orígenes del especifismo y su influencia, el anarquismo y la organización popular en Brasil hasta 1930, el problema de la “pérdida del vector social” a partir de los 1930, y la manera en que ha sido retomado desde de los 1980 hasta los días de hoy.
En medios de los años 1990, nuestra militancia tuvo contacto con la Federación Anarquista Uruguaya (FAU) y esto fue determinante para todo lo que se siguió del anarquismo que podríamos llamar de organizado en Brasil. Todo lo que surgió durante y después del proceso de la Construcción Anarquista Brasilera – impulsada desde Uruguay y Brasil, por la militancia brasilera en contacto directo con la gente de FAU, a fines de 1995 e inicio de 1996 – en términos de anarquismo especifista en Brasil, tuvo influencia directa de FAU.
Y seguimos hasta hoy en la construcción del un anarquismo de base, clasista, que, organizándose específicamente en organizaciones políticas, viene buscando impulsar e influír las luchas populares de nuestro país con vista a la construcción del poder popular, en un proceso de ruptura revolucionaria que conduzca al socialismo libertario.
Conociendo la relevancia de FAU en los aportes al anarquismo en Brasil, y conociendo la reciente producción de J. C. Mechoso sobre la historia de FAU (Acción Directa Anarquista – 4 tomos), pensé que sería interesante tratar de otro tema. No de la historia de FAU, pero de la estrategia de FAU, o como llamamos la entrevista: “la estrategia del especifismo”. En las preguntas, entonces, intenté hablar de temas relevantes para este fin: concepto de especifismo, relación de este tipo de anarquismo con los clásicos y con experiencias similares que surgieron durante la historia, la relación del especifismo con el contexto de América Latina, comparaciones con otras ideologías que defienden la actuación en niveles distintos (partido – movimiento de masas), conceptos de ciencia e ideología y su relación con el socialismo, posiciones programáticas que los anarquistas deben defender en los movimientos populares, conceptos y concepciones de clase, neoliberalismo y modelo de desarrollo en América Latina, poder popular, estrategia, lucha armada, revolución social.
Con varias respuestas muy bien desarrolladas, la entrevista realmente está increíble. Fundamentalmente para los anarquistas interesados en material de formación y también para aquellos que quieran conocer un poco más nuestras ideas. La traduzco en este momento y dentro de breve la tendremos en portugués, publicada como libro y con la introducción en la cual estoy trabajando: “El Anarquismo, la Lucha de Clases en Brasil y el Especifismo de FAU”. Buena lectura!
Felipe Corrêa
Diciembre 2010

LA ESTRATEGIA DEL ESPECIFISMO
Juan Carlos Mechoso (Federación Anarquista Uruguaya)
Entrevistado por Felipe Corrêa


Felipe Corrêa – Como dije, en esta entrevista a mi me gustaría tratar, no solamente de la historia de Federación Anarquista Uruguaya (FAU) – que viene siendo tratada de manera detallada en los volúmenes de Acción Directa Anarquista: una historia de FAU – sino de la estrategia de transformación social propuesta por la FAU, que implica el especifismo. Tomando en cuenta que el especifismo de FAU tiene amplia influencia en América Latina, y más aún en Brasil (todas las organizaciones especifistas del país, consolidadas o en formación, poseen su influencia directa), ¿como usted lo definiría? Para la FAU, entonces, ¿que es el especifismo?
Juan Carlos Mechoso – Entiendo la prioridad temática que enuncias, aunque me parece útil precisar que el especifismo de FAU también se puede “ver”, se puede “leer” a través de su accionar, de su toma de posiciones frente a algunos problemas, también en la estrategia que va aplicando en el trayecto político militante. Por supuesto que con esto no te digo nada que no sepas, pero me pareció útil que expresamente quedara dicho.
En el otro plano voy a puntualizar en primer término que trataremos de responder en base a posiciones y documentos que ha elaborado la organización en diferentes momentos históricos, claro está que tendrán preferencia, a determinada altura, aquellos que guardan mas relación o aluden más a la posición teórico-política de la organización en la actualidad.
Pues nuestra tarea militante, personal, se ha dado siempre, en estos 54 años, en el marco orgánico y en él hemos participado, a través de distintas instancias, en esa elaboración, adecuación y reafirmación de posiciones que han sido el horizonte para nuestra práctica social y política cotidiana. Nuestra formación es hija de ese contexto. Damos por descontado que lo que más debe interesar son las posiciones que FAU tiene en distintos campos sociales. Por supuesto que esto no excluye que en determinadas cuestiones precisas y quizás de detalles demos opiniones personales. O que por las exigencias técnicas que contiene un reportaje tengamos que redactar de nuevo esos contenidos para hacerlos más breves. De todas maneras trataremos que esas cuestiones se inscriban en la orientación matriz de la organización.
En 1956, cuando se crea la FAU, el común denominador teórico para la militancia que ha procesado esta tarea política es el especifismo. Esta concepción del anarquismo es tomada como una fuerte referencia general, queriendo significar con ello que se está en la construcción de una organización política anarquista. El referente teórico de mayor peso es en aquel momento Enrique Malatesta. Esto no implica, ni siquiera se discutió tal asunto, que se tomarán todas las ideas y propuestas de Malatesta, tal como fueron dadas en su momento histórico. No obstante, muchas de sus opiniones teóricas, políticas y proposiciones para actuar en el medio social-popular fueron especialmente consideradas, sirvieron de inspiración. Vale decir que desde el comienzo el especifismo de FAU si bien tiene como referente a Malatesta no toma, digamos, muchos de sus planteos, de sus proposiciones ni incluso de sus polémicas con otras corrientes del anarquismo. De sus polémicas sí merece especial atención su refutación del individualismo que fue ampliamente compartida. Miguel Bakunin es el otro fuerte referente. También de él se toman algunas temáticas que son las que FAU en ese momento, y en función de tiempo y lugar, prioriza.
Puede preguntarse aquí ¿Porqué FAU toma unas cosas y dejas otras? Esto tiene una explicación fundamentalmente de tipo histórico. En la construcción de FAU hay distintas generaciones militantes, compañeros que vienen desde el 1910, 20 y 30 militando en el anarquismo. Muchos de ellos ya habían participado de variadas polémicas internas, previas a la Revolución Rusa y posterior a ella. Participado en diferentes experiencias organizativas. Compañeros que habían incluso conocido, conversado y discutido con militantes que formaron los primeros sindicatos en Uruguay, es decir militancia de alrededor de 1880. Caso como el de Marzovillo que viene militando desde 1905 y que participara activamente en la formación de comités de apoyo a Zapata en el momento que este combatía en Méjico. También, como ejemplo, varios militantes que habían participado en la Revolución Española del 36. Sin dejar de recordar a anarcosindicalistas que militaron junto a compañeros que fueron activos o estuvieron presentes en la reorganización de Federación Obrera Regional Uruguaya (FORU) en 1911, compañeros estos que hoy adherían al especifismo. En momento de la formación de FAU circuló junto a material de Malatesta otros que propiciaban el especifismo de militantes uruguayos, tal el caso de José María Fosalba, material elaborado en la década del 30; uno de Georges Balkanski sobre anarquismo y organización, él estaba vinculado a la Federación Búlgara (FAKB). Pero había antecedentes concretos especifistas. En 1919 funcionó el “Comité de Relaciones Anarquistas” que además de coordinar la militancia libertaria a nivel sindical y popular tenía el propósito de fundar una organización especifista. En 1926, después de un largo proceso de actividad y discusiones una Plenaria del Comité de Relaciones da vida a la FAU, en ese momento Federación Anarquista del Uruguay. La actual FAU es, de manera compleja, heredera de todo esto.
Pero no obstante las variadas experiencias de la militancia que estaban en la formación de la actual FAU, la discusión teórica no fue tensa ni extendida. Había un acuerdo tácito desde la convocatoria. Los “viejos” compañeros daban como saldadas muchas de aquellas polémicas que en otro momento encararon con pasión.
Puede decirse, acercándonos bastante a como se dio la cuestión “real”, que el carácter político de la organización que se fundaba estaba más en como se encaraba la tarea para los diferentes frentes de trabajo: Sindical, Estudiantil, Barrial, interno. Análisis de la situación histórica uruguaya en la coyuntura en relación con lo político general, con lo sindical, con lo estudiantil y barrial y con especial énfasis en lo latinoamericano. Pues una de las primeras tareas que tiene FAU apenas constituida es la organización del Congreso Anarquista Latinoamericano que se realizará en 1957. Congreso en el que participan: Cuba, Brasil, Argentina, Chile y Uruguay. La preocupación central de la militancia joven, que era la mayoritaria, consistía en que la organización política que se creaba fuera un instrumento que fortaleciera y propiciara la “puesta al día” del anarquismo en lo que hace a nuestra realidad específica latinoamericana y uruguaya. No copiar ni hacer traslados automáticos de esquemas y fórmulas que tuvieron su razón se ser en otras coyunturas históricas. “Sin pereza mental estamos obligados a pensar nuestra realidad y nuestro tiempo y producir repuestas en consecuencia” se decía aproximadamente. Demás está acotar que la prioridad latinoamericana no excluía una fuerte preocupación por lo internacional. Más teniendo en cuenta la impronta internacionalista del anarquismo en Uruguay que venía desde casi 1860 en adelante. Es así que FAU adopta desde el comienzo una posición que aquí se llamó Tercerista, consistente en rechazar de plano a “los imperialismos ruso y yanqui”.
Así que el especifismo de FAU tuvo desde el comienzo si lo traducimos a cosas concretas: Declaración de principios; Carta Orgánica que establecía deberes y derechos; intentos de ubicar la coyuntura histórica general y particular; proyectos de trabajo para los distintos campos que contemplaban lo inmediato junto a lo de mediano y largo plazo. Al mismo tiempo tomaba conciencia que muchas de las posiciones debían ser mejoradas y profundizadas en futuros Congresos. Conviene acotar algo que no nos parece menor, no se daban temas por acabados, había modestia y conciencia acerca de la complejidad de la mayoría de las temáticas tratadas y por otra parte se recordaba con frecuencia el daño que habían hecho ciertos dogmatismos, esquematismos, o abstracciones tomadas fuera de contexto y que se creían tenían valor para todo tiempo y lugar. “El anarquismo hoy más que nunca precisa cabeza abierta” dijo una vez un “viejo” militante. Es también de resaltar que esto no implicó nunca relativismo o pragmatismo. Siempre hubo una estructura conceptual que sostenía los variados discursos. Una estructura conceptual pensada en movimiento, con posibilidades de cambio en función de los nuevos aportes que surgían a nivel del conocimiento. Pero de este cuerpo conceptual se discutían aspectos generales y se sobreentendían muchos otros. Había rechazo al esquema arquitectónico de infra y superestructura; preocupación especial por conceptos como: el poder y el Estado; ideología; papel de la utopía; ciencia y socialismo; el intentar sacar el clasismo sólo de la estructura económica; reformismo y revolución; pacifismo y violencia revolucionaria; método y contenido; elementos permanentes de la estructura capitalista; rechazo al evolucionismo y progresismo. Por mencionar los más relevantes de aquel entonces.
Es de aclarar que el especifismo no resultaba entendido de igual manera por todos, había matices. El mayor o menor grado de organicidad y el compromiso con lo resuelto fue materia que originó sus divergencias. Nunca fue motivo de discusión lo que se ha conocido como “síntesis”, es decir todas las corrientes anarquistas juntas en un mismo organismo. Nadie planteó tal cosa. Pero a determinada altura se dio una práctica, por vía de los hechos, de un par de grupos, que su accionar significaba estrategias y prioridades muy distintas a las que expresaban los sectores sindicales, barriales, populares y parte de militancia proveniente del medio estudiantil. Este fue un factor que sumado a aspectos políticos del momento y a la concepción de ruptura que se comenzaba a instrumentar trajo como resultado en el año 1963 la separación de un grupo de compañeros. Por supuesto los compañeros eran anarquistas pero tenían otra concepción de cómo procesar los cambios sociales.
Señalamos esto para decir al mismo tiempo que la FAU tubo distintos periodos. Después de 1963 se profundizó mucho más el ensamble organizativo, la coherencia estratégica con una concepción de ruptura, el encare del colectivo para una preparación mayor en relación a la represión que ya se manifestaba. Pero esto es tema que podemos tratar mas adelante.
También aquí comenzó a plantearse con más rigor el sistematizar temas teóricos, el organizar la estructura conceptual que sostendría los distintos discursos con la adecuada coherencia. Que una organización política precisaba una herramienta (o caja de herramientas) conceptual consistente que ayudara, que fuera guía, de la estrategia de ruptura que se deseaba llevar adelante, que habilitara ella lecturas lo mas rigurosas posibles de la realidad social y de la construcción de los consiguientes lineamientos políticos a poner en práctica. Esto no quedó como un enunciado o un buen pensamiento deseoso. Para decirlo rápido, se encaró esto como cualquier otro frente de trabajo, tratando de que tuviera la misma regularidad y planificación.
FC – Veo entonces, que el especifismo defendido por la FAU tiene mucha relación con su propia historia. También es posible notar que usted relaciona el especifismo con una tendencia clásica del anarquismo, que defiende la separación entre organización política y los movimientos populares y, de esta forma, creo que es inevitable concordar con la amplia influencia de las concepciones organizacionales de Malatesta y Bakunin, que tenían esta posición. Con todo, estas no son las únicas influencias, ya que podemos identificar en la FAU, también, rasgos del anarcosindicalismo y del anarquismo expropiador de la región del Río de la Plata. Usted podría describirme ¿cuáles son las influencias de cada una de estas “partes” en el concepto de especifismo defendido por ustedes? ¿FAU hoy podría ser considerada heredera de la concepción de organización política revolucionaria bakuninista representada por la Alianza de la Democracia Socialista y también de la concepción de “partido anarquista” de Malatesta?
JCM – Sí, bien puede decirse, en general, que todo esto está presente en el seno de la FAU. Veremos ahora de que manera. Aquí, en Uruguay, las dos concepciones o corrientes anarquistas de peso fueron el anarcosindicalismo y el especifismo. La corriente llamada antiorganizadora y los grupos de afinidad que propiciaban la “propaganda por el hecho” tuvieron poca fuerza y ya habían desaparecido en la década del 40. Quedaban algunos pocos compañeros que habían participado en expropiaciones o colaborado en operaciones armadas, ellos ahora se habían integrado a FAU. Sólo quedaba fuera un referente español que tuvo 24 años presos, él no se integró a FAU pero fue amigo de la organización y más de una vez colaboró en cosas puntuales, era Boadas Ribas, Catalán vinculado a Durruti y, una vez en el Río de la Plata, relacionado con Miguel Arcángel Rosigna.
Lo que se llamó en aquellos tiempos el individualismo nunca tuvo expresión significativa aquí. Pues los denominados “antiorganizadores” eran otra cosa y merecen capítulo aparte.
Varias expresiones del anarquismo que constituyen, tomadas en abstracto puro, cosas distintas, aquí se fueron integrando en un proceso rico y fluido. Pero esa integración, que fue toda una circulación de ideas, experiencias, opiniones, simpatías, no afectó el núcleo duro organizativo. Me refiero a lo que tú mencionas en la pregunta como “partido anarquista”. Quiere decir que: se construyó en la organización un sujeto militante que veía con buenos ojos a los expropiadores y vengadores anarquistas; a la lucha obrera con fines revolucionario y clasista; a los Solidarios que integraba Durrutti; al intento revolucionario en España; a la actitud insurrecionalista, clasista y por momentos con organización clandestina de Bakunin. Pero no fue una colcha de retazos, fue más bien una trama que cierto proceso tejió. Es cierto ese crisol unió más a unos que a otros. Pues en él había implícita una constante: la necesidad de la violencia revolucionaria para procesar y lograr una ruptura del sistema capitalista. Un sistema que la mayoría militante veía como lo teorizaron en lo fundamental Malatesta, Bakunin y otros compañeros, quienes establecían que su basamento de dominación estaba en la violencia. Una violencia ejercida en diversos campos con miras a asegurar una reproducción del sistema aún en su despliegue histórico. Y que a esa configuración violenta, con enorme capacidad de reproducción, solo de una manera se le podría discontinuar.
Volviendo al aspecto organizativo. Vale decir que durante la actividad, que comprende discusiones, elaboración y acción social, se construyó de hecho una trama ideológica-organizativa. En ella, por ejemplo, no se veía como problema alguno el trabajo público y clandestino a un mismo tiempo, o la actividad armada y sindical-popular pública como cosas que debieran tener sí organicidad propia de acuerdo a su especificidad pero no separadas sino en una misma organización. Que la organización política FAU debiera comprender en su seno cuanta actividad fuera necesaria a su estrategia y proyecto de ruptura. La militancia que sigue en FAU después de 1963 se identifica, siente, que ese conjunto es una unidad que organizada en un mismo colectivo posee un potencial operativo social y político que bien puede procesar coherentemente una vía de ruptura y el inicio de nuevas relaciones sociales.
Si por un mal entendido de “los principios” no podemos construir una organización anarquista que comprenda el conjunto de actividades necesarias a un proceso de cambio de estructuras sociales, estaríamos dando un certificado de defunción al anarquismo.
Es entonces que FAU, como organización política, integra esos componentes, se terminan fusionando y al reconstruirse en una unidad le dan el carácter que hoy posee. Esa construcción no fue producto de una decisión política ni de una elucubración intelectual, se amasó en la acción y fue hija de fracasos y de rectificaciones, también de la pasión puesta en construir un anarquismo que estuviera en la escena social-política y no solamente en el salón. No es un proceso terminado, pues estas cuestiones no tienen fin. Las adecuaciones, puestas al día, correcciones, integración de nuevos conceptos, parecen ser cosas permanentes.
Sí, la FAU pretende, tuvo y tiene en los últimos tiempos la intención, de expresar un anarquismo revolucionario, organizado y en concordancia con los tiempos que corren. Esa fue su intención que con modestia y consecuencia trató de llevar adelante. También, por supuesto, con aciertos y errores, cosa casi inherente al hacer, al estar, en medio de un complejo accionar social que está exigiendo respuestas continuas.
Fue preocupación central no transformar el anarquismo solamente en una crítica. Cosa esta que termina creando un mundo de penumbras, de desesperanza. Cuestiones muy emparentadas finalmente con la resignación.
Para evitar cualquier mal entendido diremos que somos partidarios de un pensamiento crítico pero creemos necesario que unido a él vayan propuestas y el accionar consecuente. Lo dice claramente en su declaración de Principios nuestra organización, aproximadamente así: el anarquismo se constituye, básicamente, en torno a una crítica de las relaciones de dominación en todas las esferas del quehacer social (política, económica, militar, jurídica, religiosa, educacional, etc.); crítica que se redefine permanentemente según la sociedad y el momento histórico concretos en que tiene lugar, discriminando y jerarquizado los niveles determinantes en la estructura social pero expresando siempre, en todo su rigor y coherencia, la necesidad de encontrar los fundamentos originales, el núcleo duro, de las injusticias sociales y de las crisis que éstas generan. Con estos elementos de análisis es posible emprender una crítica global de las distintas formaciones sociales y orientar la elaboración de un proyecto social alternativo tendente a suprimir todas las variantes del privilegio, así como habilitar la práctica revolucionaria que tal proyecto requiere en ese largo trayecto de diversas luchas. Una elaboración teórica, un proceso y una lucha que tiene como eje cardinal el trabajo político fuertemente organizado.
FC – Algunos sectores de nuestra corriente terminaron, muchas veces, por estigmatizar a Pedro Kropotkin, principalmente por su concepción evolucionista y en cierto sentido educacionista, muchas veces invalidándolo o disminuyéndolo como un teórico de relevancia al “nuestro” anarquismo. Con esto no estoy de acuerdo, pues creo que Kropotkin, a pesar de tener posiciones diferentes de las nuestras (muchas por el contexto en que vivió), tiene también contribuciones importantes y relevantes, que deben ser tomadas en cuenta. Veo que Kropotkin es citado y utilizado con frecuencia por FAU y también por usted. Desde su punto de vista, ¿cuál es la validez del pensamiento de Kropotkin para el especifismo?
JCM – Kropotkin, su pensamiento, su comunismo anárquico fueron de mucha influencia en el Río de la Plata, también en otros lugares de América Latina. Fueron folletos como La Conquista del Pan, A los Jóvenes y escritos traducidos en periódicos de la época los que difundieron con fuerza el anarquismo y especialmente en su concepción comunista. Tal es así que aquí fueron comunistas anárquicos: los antiorganizadores, los anarcosindicalistas y los especifistas. Cuando comienza a difundirse el comunismo por vía de Malatesta ya era conocido en ciertos medios. Mucho de esto tiene que ver con Kropotkin y lo que la fuerte inmigración trajo a estas playas: cantidad de militantes libertarios de España, Italia y Francia que ya manejaban bastante de estos elementos teóricos-políticos.
No hay dudas, respeto aparte, de que puede bien decirse que Kropotkin tiene sus pros y sus contras, esto referido a algunas propuestas teóricas, políticas y posturas a nivel internacional.
Pero también es de tener presente que estuvo vinculado a la Primera Internacional ya en 1872, vinculación que provino de una estadía en Suiza. Que muy poco después comenzó la elaboración de su concepción de comunismo anárquico en oposición a lo que era dominante por entonces: el colectivismo bakuniniano. Tampoco puede decirse que era una persona dedicada a la labor intelectual y de investigación en detrimento de la labor militante comprometida. Estuvo preso en Rusia cerca de dos años en 1874, se fugó posteriormente y viajó por algunos países europeos realizando propaganda. En ese tiempo funda Le Revolté, periódico definidamente anarquista que llegaba al Río de la Plata y donde fue muy leído, especialmente por inmigrantes que luego difundían sus planteos. Estuvo vinculado a huelgas obreras, integrando la Asociación Internacional de Trabajadores, y a raíz de ello lo procesaron con cinco años de prisión en Lyon. Dada la movilización por su libertad no estuvo todos esos años encarcelado, fue liberado dos años antes. ¿Porqué digo esto? Sé bien que no digo nada original, pero conviene siempre dar la estatura del militante a quien nos referimos y con el que tenemos variadas diferencias.
Su producción es amplia y de temática variada, va: Del espíritu de rebelión, Las Prisiones, al Apoyo Mutuo, Consideraciones sobre el Estado y la Revolución Francesa. Está claro que no es este lugar para intentar un comentario más amplio sobre su producción.
Agreguemos para evitar posible confusión que en relación a la propuesta organizativa general, a su entusiasta optimismo de que la revolución ya viene, concepción optimista aún para aquel contexto social revuelto; su fatalismo: “marchan ya los estados como fatalidad histórica hacia la decadencia”; “su concepción mecánica del universo” le reprocharía Malatesta, todo esto no contó por estos lugares con adhesión y menos en FAU donde este enfoque no fue siquiera considerado. Su entusiasmo teórico-político, cuando uno lo encuentra reproducido en materiales que resalta en el Río de la Plata el movimiento obrero, no se “ve” al mismo tiempo que ello arroje efectos negativos. Seguramente es de tener en cuenta que son momentos de gran impulso del movimiento obrero de orientación anarquista y se tiene muy presente el objetivo final revolucionario. Descontando que, la mayoría de los materiales escogidos para difundir, podría decirse que no eran de carácter teórico o filosófico, sino más bien agitativo.
Lejos de nosotros cualquier planteo que se parezca a “un regreso a Kropotkin”. No fue teórico de peso en la formación de la militancia de FAU, tampoco puede decirse que estuvo ausente. Se han editado por parte de la organización algunos materiales, lo decimos con total franqueza, previamente muy evaluados, procurando que sirvan como contribución a la orientación y estrategia que llevamos adelante. De esos materiales bastante de ellos vinculados al medio obrero o temáticas como las prisiones. Puede decirse que en FAU Kropotkin cuenta con mucho respeto y reconocimiento por su amplio trabajo militante y por los escritos tan difundidos a fines del siglo XIX y principios del XX. Se estima que tuvo preocupaciones de sistematizar temáticas, de proporcionar herramientas teóricas y de análisis y que la episteme que manejaba por entonces, muy de esa época, en muchas ocasiones lo limitó, le hizo creer poseedor de un saber que aún estaba lejos y lo metió en callejones sin salida. Su producción no puede desecharse a partir de zonas no compartibles (que sin duda son muchas). Reiteramos entonces, hay materiales suyos que significan un aporte histórico y que admiten ser seleccionados con miras a volcarlos en aspectos parciales de una organización anarquista que no tiene su concepción “filosófica”.
FC – Veo por lo que dice que hubo (y hay aún) una preocupación de FAU de no importar una teoría terminada de Europa, o mismo de los teóricos clásicos, sino también incluir elementos latinos y reflexiones propias en el anarquismo, de manera a adaptarlo a nuestra realidad. Me parece claramente que hubo una sensible preocupación de adaptar la ideología a la coyuntura, al momento histórico y a nuestra localidad. ¿Cuáles fueron estos elementos y reflexiones locales incorporados al anarquismo para que fuese adaptado a la realidad latinoamericana?
JCM – Sí, hasta expresamente se planteo no hacer importaciones teóricas, esquemas, métodos, propuestas, que tuvieron su momento histórico y que hoy no constituían una contribución efectiva para operar en lo social-político. Pero deseamos evitar confusiones, así que aclararemos que nunca estuvo en el ambiente temas como que debíamos producir nuestra propia teoría, nuestro propio cuerpo conceptual, latinoamericano por fuera de lo que se producía en Europa u otras partes del mundo. Es decir, nunca se conversó sobre una ciencia latinoamericana y otra ciencia de otras partes del mundo. El conocimiento científico que se produzca, si es consistente, tiene valor para cualquier parte del mundo. Para decirlo un poco en broma, no estaba la ocurrencia de que había que rechazar la teoría de la relatividad, su noción de tiempo y espacio, porque Einstein no era latinoamericano. Lo que podría parecerse a aquella absurda ocurrencia de la URSS de endemoniar las investigaciones de Mendel o producciones de Jacobson por no ajustarse al esquema de la lógica dialéctica.
Se planteaba que había nuevas investigaciones, nuevos conocimientos, que descontinuaban nociones anteriores, que ofrecían nuevas miradas y que el anarquismo debía necesariamente incorporar so pena de quedar como reliquia histórica.
Lo que se pretendía entonces, era que aquel cuerpo categorial que se adoptara como poseedor de un rigor adecuado, ya con la noción de que el conocimiento es infinito y en consecuencia que ese cuerpo no puede tornarse dogmático, debe llenarse con la carne de cada lugar específico. Se ponía el acento en que las realidades existentes en Latinoamérica, su dependencia, su opresión imperial, su historia toda, exigían un estudio de cada realidad, de cada formación social, para que las herramientas teóricas y las coordenadas políticas tuvieran donde agarrarse, que constituyeran propuestas no en función de un pueblo fabricado en el pensamiento sino el efectivamente existente.
La historia de la emancipación de los pueblos latinoamericanos de sus verdugos coloniales, las características de esos movimientos y de su población fueron motivo de ciclo de charlas que alternaban con otras de experiencias libertarias, caso La Historia del Movimiento Makhnovista, el Méjico de Magón y Zapata y diversos materiales sobre la Revolución Española. Sobre realidades presentes de América Latina circulaban revistas varias y el aporte de militantes que recorrían distintos países y que tenían inserción efectiva en medios obrero-populares de países con fuerte población indígena y mestiza. Interesaban mucho las ideas y luchas federales de José Gervasio Artigas. Todo ello no tenía nada que ver con nacionalismo, como alguna vez se dijo acerca de FAU. Siempre hubo una clara definición internacionalista pero sabíamos que no estábamos parados en el aire sino en un terreno concreto que tenía gente e historia. Es cierto, algunas de estas cosas estaban a contrapelo de la “cultura” de la época muy fijada en ciertos parámetros muy generales y reduccionistas. Se decía por momentos América Latina como si fuera una cosa homogénea y que podía ser descripta e interpretada con un manojo muy reducido de conceptos.
Teníamos cosas vendidas como ciencia. Cosas hoy muy conocidas, como que los lugares donde surgirían primeramente condiciones para el socialismo serían aquellos donde se había dado un desarrollo importante industrial y un gran proletariado concentrado, que lo central a considerar eran aspectos de ese orden y que lo demás sólo eran remanentes que el desarrollo iría liquidando más bien rápido que despacio. Y por estos lados teníamos “remanentes” de mucha fuerza tales como las poblaciones originarias y pueblos oprimidos que realizaban luchas por reivindicaciones importantes y muchas veces resistencias muy profundas. Algunas de ellas inscriptas y motivadas en ideologías milenarias.
Claro que estás concepciones totalizantes, de un tono casi mecánico, tal como la enunciamos más arriba, no venían de nuestras tiendas, pero a veces se nos colaba algún trozo de ellas y como por arrastre traían más elementos similares que coadayudaban en tornar confuso y muchas veces bastante contradictorio nuestro despliegue teórico-político. Por ejemplo, se colaban por el lado reduccionista de la interpretación economicista o por el eurocentrismo, el progresismo, el evolucionismo. Precisamente había cierta prevención contra el eurocentrismo y su bagaje viniera de la tienda ideológica que viniera. También prevenciones por nuestro colonialismo cultural internalizado, esa tendencia a poner de moda temáticas sociales, propuestas, formas organizativas que no tenían relación con estos lugares, con lo que la gente estaba viviendo por aquí, con lo que estaba imperiosamente necesitando. Traer paracaidísticamente proyectos y estrategias por fuera de todo análisis de cómo es nuestra formación social, cual es nuestro imaginario (nuestro sujeto histórico latinoamericano y de cada uno de estos lugares), de que cosas son las que permiten una relación efectiva con la gente, con el pueblo, para iniciar procesos dentro y con el pueblo y no de acuerdo a ocurrencias o decretando condiciones y características únicamente vía de un proceso intelectual. Por supuesto que cuando decimos eurocentrismo no metemos en esa bolsa cualquier aporte de rigor, consistente, que provenga de Europa. Eso sería una especie de discriminación al revés.
FC – De esta manera, es posible concluir que el especifismo no es algo creado por ustedes en la segunda mitad del siglo XX, sino un nombre dado a una práctica que viene del anarquismo clásico. Veo que usted se refiere como “especifismo” el coletivismo bakuniniano o, principalmente, como el anarco-comunismo que hubo en América Latina y en tantos otros lugares del mundo, que defendía los “niveles” distintos de organización, de la organización anarquista y los movimientos populares. ¿Por qué entonces la opción por el nombre “especifismo” y cuándo pasaron a utilizarlo?
JCM – De ninguna manera el especifismo fue pensado como una creación nuestra. Nunca se pensó o dijo algo así. Eso hubiera sido una infantil vanidad, por decir lo menos. El especifismo ya tenía su rica historia y su producción ideológica. Y como hemos ya dicho veíamos en Malatesta su expresión más clara y desarrollada en aquel momento. Especialmente en determinados trabajos de Malatesta. Es de tener presente que Malatesta estuvo un tiempo en Argentina (incluso pasó por Montevideo) en los años 1885-89. Fue, a pedido de Polinice Mattei, un anarquista italiano perteneciente ya al movimiento obrero, que redactó los primeros estatutos de una sociedad de Resistencia, en este caso para el gremio de panaderos. En poco tiempo los sindicatos de Resistencia tuvieron gran desarrollo y constituyeron la espina dorsal de aquellas grandes “centrales” obreras (Federación Obrera Regional Argentina – FORA y FORU) que comprendían en su seno a cerca del 90% del movimiento obrero organizado. Claro está que, esto no se produjo al sólo influjo de Malatesta. Pues sería transformar nuestra simpatía y respeto en religión. En el ambiente obrero había una búsqueda que logró éste dar forma, igualmente no es poca cosa. Con su intensa actividad y apoyo de la colectividad italiana y de muchos otros anarquistas fundó o dio gran impulso a grupos especifistas en Argentina. Es en este momento que los colectivistas, especialmente españoles, residentes en la Argentina se integran al comunismo anárquico que propiciaban estos nucleamientos. Por supuesto esto repercutió rápidamente en Uruguay, la relación con la militancia anarquista Argentina era muy fluida.
Para que el tema no se haga demasiado largo, agregaríamos a esta altura, que en la década del 20 hubo otra FAU (Federación Anarquista del Uruguay) inspirada en las ideas especifistas.
Con respeto a parte de tu pregunta te diré que: la opción era necesaria para señalar en que parte del espectro ideológico anarquista nos ubicábamos. Lo de especifismo se ha usado fundamentalmente para indicar que somos partidarios de una organización política del anarquismo. También que nuestros planteos, estrategia, orientación general, programa, difieren de la de otras expresiones anarquistas. Expresiones con las que podemos tener coincidencias puntuales, pero que tienen un accionar regular que no se corresponde con el que tenemos nosotros como labor cotidiana en lo social-político en articulación con una estrategia y táctica que pensamos coherente y necesaria para el proceso de ruptura que constituye el objeto final.
Al mismo tiempo agregaremos que no pensábamos al especifismo como un cuerpo teórico-político acabado sino como un mojón de importancia que debía seguir desarrollándose y que modestamente nuestra organización debía intentar aportar lo que pudiera para que él no quedara anclado en el pasado. Nuestra organización y todas aquellas organizaciones anarquistas que se identificaban con esa orientación general. Algo así se planteó por parte de FAU en la Conferencia Latinoamericana de 1957: que no bastaba con realizar balances de lo bajo que estaba el anarquismo (en ese momento muy bajo), sino que era nuestra responsabilidad el ubicarlo en este tiempo y en relación con los problemas que el presente planteaba. Que lo primero que nos parecía que teníamos que considerar es que algo no estábamos haciendo bien. Que resultaba fácil buscar culpas afuera, decir que los cambios nos habían desplazado de la escena social y tantas otras cosas que sonaban a autojustificación, a cierto conformismo, a no ubicar el desafío histórico que teníamos por delante, no asumir la ausencia de adecuación y de acompañamiento a las trasformaciones operadas en el seno del capitalismo. El repetirnos, el meternos para adentro, el no haber tenido la sensibilidad social para ponernos a todo con nuestros pueblos, el haber ido transformándonos, en los hechos, en una especie de elite, aptos para hipercríticas y con mayúsculas dificultades para aprender tanta cosa que los tiempos nuevos iban trayendo. En este evento latinoamericano, este tipo de consideraciones no sólo fueron de FAU; la delegación Argentina por momentos con gran lucidez dio un panorama prolijo de nuestras dificultades actuales.
Pensamos nosotros que la mayoría de las veces nos plateábamos mal la pregunta y en consecuencia las respuestas no pueden ser las apropiadas. Como indica Gastón Bachelard ya es un gran paso plantearse bien la pregunta. Darnos un baño de modestia y saber en que situación estamos y reconocer que daremos muchos tumbos en la búsqueda de salir de ese laberinto social, el de haber perdido pié en un largo trecho histórico, el no habernos planteado ¿Qué nos está pasando? Uno no puede menos que admirar a aquellos viejos congresos en los que participaban los “viejos” teóricos y donde planteaban con audacia y creatividad posiciones filosóficas y políticas tratando de no quedar rezagados o diciendo cosas que no sólo interesan a un pequeño colectivo. No es relevante en relación a lo que quiero resaltar que muchas de aquellas consideraciones, de los viejos congresos, estuvieran impregnadas por la estructura de conocimiento de ese momento histórico y que hoy podría verse como cosa poco consistente a la luz de nuevas investigaciones y descubrimientos. Rescato totalmente la actitud política.
Sí, la militancia anarquista en cierta época, que no fue tan corta, trató de analizar la problemática que tenía enfrente y formular propuestas de acción. Pues en todos los periodos hubo muchos cambios y si no había respuestas adecuadas eso no indicaba otra cosa de que no se ubicaba la problemática que estaba llegando, también que faltaba ausencia de creación, ausencia de audacia política para explorar lo nuevo, para ejercitar ese pensamiento crítico que tan bien practicaron los “viejos” teóricos que dieron vida a la corriente anarquista y que tantos movimientos posteriores continuaron.
Acotamos que nuestra presentación “pública” en nuestro medio y frente a otras organizaciones políticas y sociales no es como especifistas, sino como una organización política anarquista. Lo de especifismo es fundamentalmente para lo interno anarquista o para aquella pregunta que muchas veces en reportajes que le hacen a militantes de la organización los periodistas dicen: “que anarquismo es el de Uds.”. A nivel popular si dijéramos somos especifistas esto casi implicaría que anduviéramos con un folleto explicativo en el bolsillo para entregar después de haberlo dicho.
Pero claro al interior de la organización y del anarquismo en general está expreso que nos inscribimos dentro de esa correntada ideológica y que siempre hemos deseado aportar aunque fuera un pequeño grano de arena para que su desarrollo continúe. Un desarrollo que no excluye nutrirse de diversos aportes, estudios, investigaciones que por aquí y por allá van apareciendo. Tanto en una labor de arqueología histórica como de cosas nuevas.
Agregamos que a esta altura ya son muchos los compañeros nuestros que prefieren, desde el vamos, una definición precisa y gráfica, de ahí que sencillamente definen a FAU como una organización política anarquista y nada más.
FC – ¿Desde el inicio de FAU ustedes trabajan con este concepto organizacional del especifismo? Digo esto, pues cuando la FAU fue fundada ya había algunos documentos que, por lo menos de mi punto de vista, son resultados de este mismo “caldo” en que se forma el especifismo de FAU y que poseen ciertas semblanzas. Hablo particularmente de la Plataforma Organizativa de los Comunistas Libertarios del Dielo Trouda de 1926, la Plataforma de la Federación de los Anarco-Comunistas de Bulgaria, de 1945 y del Manifiesto Comunista Libertario de George Fontenis de 1953. ¿Ustedes tuvieron contacto con estos documentos en el momento de constitución de la FAU y de aplicación/actualización de este concepto de especifismo? ¿Ellos tuvieron alguna influencia en la creación del especifismo de FAU?
JCM – Parte de esta pregunta de hecho ya fue respondida en considerando anteriores. Pero podemos reiterar que ninguno de estos documentos circuló en la previa de FAU. Salvo el material de Balkansky quien pertenecía a la Federación Búlgara. Esta previa se llamó: Comisión Pro Federación Libertaria Uruguaya (CPFLU) y trabajó durante el año 1955, designada por un Pleno Nacional para la circulación de posiciones sobre variados temas. Verbalmente, en los trabajos de comisiones se mencionaban experiencias como la formación de la Federación Libertaria en Argentina, en 1901. En momentos de la Declaración de Principios o Carta Orgánica había aportes de los “viejos” compañeros que habían participado en muchas instancias organizativas en el Río de la Plata, desde 1905 a 1950. También de militancia joven, especialmente Juventudes Libertarias (JJLL) que tenía gravitación decisiva en ese momento en la Federación de Estudiantes Universitarios que funcionaba con toda una estructura federal de matriz libertaria. La otra agrupación, Cerro, tenía compañeros que habían estado en instancias organizativas diversas, uno en la Revolución Española, que tenían experiencia y ya habían elaborados propuestas concretas en un sentido organizativo, no solo para Principios y Carta Orgánica, sino para Estrategia y Programa. Salieron muchos boletines preparatorios con documentos, ellos incorporaban cualquier propuesta que hubiera para ser considerada en la instancia fundadora. Si alguien lo hubiera propuesto cualquiera de esos documentos que mencionas se hubieran incorporado, el criterio dominante era ese. Vale decir, que el poner el acento en el “Aquí y Ahora”, como se decía, no implicaba ninguna disposición a echar en saco roto experiencias, documentos y luchas anteriores.
No se excluyó nada, simplemente que así como hemos narrado es que se dio la cuestión relativa a documentos que circularon en el proceso de fundación.
Aunque en el proceso de fundación no apareciera ninguno de los documentos mencionados no quiere decir que alguno de los “viejos” compañeros no los conociera. Por ejemplo, las figuras de esos militantes ejemplares como Makhno y Archinov eran de mención frecuente en conversaciones en años anteriores a la fundación de FAU, tanto en el Ateneo del Cerro como en JJLL, y la edición de Argonauta sobre el Movimiento Makhnovista era de circulación regular. Te agrego como curiosidad que todavía hay una versión en ruso, es que había algunos militantes nuestros provenientes de aquellos lugares, que estuvieron vinculados a actividades de FAU.
FC – Hoy, estos documentos que cité arriba constituyen la base de la estrategia de organizaciones que reivindican la tradición plataformista y que se llaman anarco-comunistas. Como el especifismo (con este nombre) es reivindicado solamente acá, en América Latina, muchas de estas organizaciones han sido nuestras interlocutoras en otros países. Primeramente, me gustaría saber si ustedes tienen acceso a estos documentos y que me colocasen sus comentarios sobre ellos. Después, me gustaría saber: ¿para usted, cuál es la diferencia entre especifismo y plataformismo?
JCM – El criterio sobre información y formación militante fue muy amplio. Incluso antes de constituirse la FAU había organizaciones sociales como el Ateneo del Cerro y sindicatos que tenían grandes bibliotecas. El ambiente era impulsar la lectura y crear ambiente para el intercambio. Se leía variados materiales anarquistas y otras obras afines o de interés general. Me estoy refiriendo especialmente al medio obrero. En ese contexto fue mucha la militancia libertaria o afín a nuestras ideas que leyeron: Luigi Fabbri, Rudolf Rocker, Fausto Falaschi, Ricardo Mella, Anselmo Lorenzo, Pedro Archinov, Ricardo Flores Magón, Rafael Barret, Manuel Gonzalez Prada. Obviamente: Bakunin, Malatesta y Kropotkin.
Esto por citar algunos de los materiales que merecieron lecturas comentadas o instancias de discusión informal. Junto a todo esto, folletos y artículos de nuevos enfoques que llegaban como, por ejemplo, planteos de Gastón Leval y otros.
El Plataformismo es más que probable que fuera nococido por mucha militancia. Pero que haya sido un material gravitante por estos lugares no tenemos referencia. No solamente a nivel de FAU, no lo fue tampoco en el Congreso Latinoamericano y nunca mencionado en instancias libertarias que se dieron en la década del 50 y 60. Los anarcocomunistas partidarios de la organización, ya en Argentina, ya en Chile, en esos tiempos iban de la mano de Malatesta.
Menciones regulares a quienes fueron redactores de la Plataforma, en tanto militantes ejemplares, fue cosa común. Siempre se habló de ellos con gran simpatía y respeto. Pero en ese plano.
A mí, personalmente, me quedó la impresión, años después, de que el planteo de los plataformistas era muy afín con el especifismo, particularmente con el que FAU desarrollaba. Un análisis de diferencias y coincidencias entre estos dos planteos; que tienen de actualidad y que cuestiones están estrechamente vinculadas a determinadas coyunturas históricas requieren de un trabajo específico. Podría ser un trabajo más que interesante. Pero eso lleva tiempo, dedicación, mucha consulta de documentación. Es una delicada tarea, un tema sobre el que no se puede improvisar, por lo pronto nosotros no nos animamos a ello. Ni siquiera pensamos en la posibilidad de confeccionar un esquema con un desarrollo básico sin muchas pretensiones. Pues como te había dicho antes de empezar la entrevista, hoy estamos abocados a terminar una parte histórica sobre nuestra organización y el tiempo no da. Así que dejaríamos la respuesta en ese plano de la “impresión”. Como cosa gráfica, te puedo agregar que si preguntaras a compañeros de FAU de anteriores generaciones que es el Plataformismo, supongo que dirían algo así: Un grupo especifista como el nuestro que se nutrió de otra historia y otra experiencia. Esto en base a como se dieron las cosas en este lugar.
Hemos hecho varias menciones a problemas que tenemos que superar, a desafíos que hay por delante, a la necesidad de comenzar a pisar firme para ir recuperando tanto terreno perdido. Todo ello lo decimos de la perspectiva que el anarquismo fue mucho ayer y tiene mucho hoy para decir y hacer. Obvio es que la historia libertaria no empieza hoy. Somos herederos de un pasado lleno de combates, de militantes ejemplares, de verdaderos héroes del pueblo. El anarquismo tiene escritas grandes páginas en la historia. El mundo obrero sabe de su abnegación y entereza. Un pasado que hasta nos asusta. Concepción que ha tenido una consecuencia plena con respecto a la necesidad de cambiar las estructuras del sistema capitalista y marcado con precisión líneas generales de reconstrucción social que tienen, en lo fundamental, una incuestionable vigencia. Puso el acento en la participación popular, en la acción directa, en no entrar “en el corral de ramas” de la burguesía. Ante el fracaso de los otros planteos socialistas hoy puede, ante la historia, reclamar su derecho a aplicar su modelo de sociedad. Claro sólo ante la historia, no ante el poder existente a quien hay que desalojar por que solo no se va y estas, nuestras cosas, las combate a sangre y fuego.
FC – Dentro de las corrientes socialistas (autoritarias y antiautoritarias) hay sectores que, como nosotros, defienden esta separación entre la organización política y el movimiento popular. ¿Usted podría decir cuál es la diferencia de las relaciones entre organización anarquista y los movimientos populares y las relaciones de los partidos leninistas/trotskistas con estos movimientos? O sea, ¿qué diferencia una organización anarquista especifista de un partido autoritario? ¿Usted podría hablar sobre la relación entre la organización anarquista y los movimientos populares?
JCM – Separaríamos los temas a los efectos de intentar hacer más clara la respuesta. Tomaremos inicialmente lo que se ha denominado tradicionalmente partidos autoritarios. Este tema nos lleva de la mano a otro, una nueva forma de hacer política. Lo que equivale a simultáneamente a encarar la forma organizativa política de otra manera y poniendo el acento en un polo prácticamente opuesto al de los grupos marxistas en general. Todos ellos poseen una estrategia en la que se asigna una participación mínima o pasiva a la clase trabajadora y al movimiento popular en general. Ellos estiman que representan los intereses de los trabajadores y que es el partido al que hay que fortalecer ya que los cambios o en algunos casos el evento revolucionario vendrá desde arriba digitado por tal partido. En todos los casos, grados más grados menos, las llamadas “masas” ofician de furgón de cola. Es el partido quien dirige el proceso y lo que se debe hacer y no le deja al movimiento de “masas” alternativa alguna de participación decisoria en nada relevante.

FAG - "Elementos da Organização Específica Anarquista"

A aliança é o necessário complemento da Internacional. Mas a Internacional e a Aliança, ainda quando têm a mesma finalidade, ao mesmo tempo perseguem objetivos diferentes. Uma tem a missão de agrupar as massas operárias, os milhões de trabalhadores, através dos diferentes países e nações, através das fronteiras de todos os estados; a outra, a Aliança, – tem a missão de dar a estas massas uma orientação realmente revolucionária. Os programas de uma e de outra, sem que de modo algum sejam opostos, são diferentes pelo grau de seu respectivo desenvolvimento. O da Internacional, se o tomamos com toda a serenidade que exige o caso, convém o germe, mas solo em germe, todo o programa da Aliança, O programa da Aliança é a explicação última do programa da Internacional.
Nunca se deve renunciar ao programa revolucionário claramente estabelecido, nem pelo que tange à forma, nem pelo que tange a sua substância. As reticências, as meias verdades os pensamentos castrados e as complacentes atenuações e concessões de uma diplomacia covarde não são os elementos com que se formam as grandes coisas; estas só se formam em corações com espírito justo e firme, com uma finalidade claramente determinada e com uma grande valentia.
Sabemos que em política não há prática sincera e útil possível sem uma teoria e uma finalidade claramente determinada. Não cabe dúvida de que o número de nossos aderentes será maior se evitarmos precisar nosso real caráter. Mas já disse o provérbio que quem muito abarca mal abraça: compraríamos todas estas preciosas adesões ao preço de nossa completa aniquilação.
Nós, bem ou mal, conseguimos formar um pequeno partido; pequeno em relação ao número de pessoas que aderiu a ele com conhecimento de causa, mas imenso com respeito a seus aderentes instintivos, a estas massas populares cujas necessidades representamos melhor que qualquer outro partido. Agora deveremos navegar todos juntos no oceano revolucionário, e daqui para frente devemos propagar nossos princípios, não com palavras, mas com fatos, porque afinal é a mais popular, poderosa e irresistível forma de todas propagandas.
O que devem fazer as autoridades revolucionárias (e procuremos que estas sejam as menos possíveis)? O que devem fazer para estender e organizar a revolução? Não devem fazer a revolução por decreto: não devem impô-la as massas. Não devem impor a elas uma organização, seja a que for, mas, promovendo sua organização autônoma de baixo pra cima, devem trabalhar por enlace, com ajuda da influência individual sobre os indivíduos mais inteligentes e influentes de cada localidade, afim de que essa organização seja adequada na maior medida possível a nossos princípios.
Não pensem que eu estou advogando em prol da anarquia absoluta nos movimentos populares. Uma anarquia como essa não seria nada mais que a completa ausência de pensamento, de finalidade e de conduta comum, e necessariamente haveria de desembocar em uma impotência geral.
Tudo o que existe, tudo é viável se produz dentro de certa ordem, que lhe é inerente e que demonstra o que há em si. Os revolucionários políticos, os partidários da ditadura ostensiva, recomendam, uma vez que a revolução tenha obtido sua primeira vitória, o apaziguamento das paixões, a ordem, a confiança e a submissão aos novos poderes estabelecidos. Desta maneira reconstituem o estado.
Para que se possa atuar é necessário que exista uma organização, e para isso é necessário prepará-la e organizá-la antecipadamente, pois não se fará por si só, nem por discussões, nem por exposições e debates de princípios, nem por assembléias populares. Por mais inimigo que seja do que na França se chama disciplina, reconheço que uma certa disciplina, não automática mas sim refletida, é e será sempre necessária cada vez que muitos indivíduos, livremente unidos, empreendam um trabalho ou uma ação coletiva; não importa qual.
Em tais casos a disciplina não é nada mais que a concordância voluntária e reflexiva de todos os esforços individuais rumo a um fim comum. No momento da ação, em meio à luta, os papéis se dividem naturalmente segundo as aptidões de cada um, apreciadas e julgadas por toda a coletividade: uns dirigem e mandam, e outros executam ordens. Mas nenhuma função se petrifica, se fixa, nem permanece irrevogavelmente aderida a pessoa. A ordem e a promoção hierárquicas não existem, de maneira que o comandante de ontem pode ser o subalterno de hoje. Nesse sistema já não há, a rigor, poder. O poder se funde na coletividade e se converte em sincera expressão da liberdade de cada um, na realização fiel e seria da vontade de todos. Todos obedecem somente porque o chefe de cada dia não ordena senão o que todos querem. Tal é a disciplina verdadeiramente humana, a disciplina necessária para a organização da liberdade. A unidade viva, verdadeiramente poderosa, e a que queremos todos, é a unidade que a liberdade cria nas entranhas das diversas e livres manifestações da vida, expressando-se pela luta.
M. Bakunin. A Aliança e a Internacional.

O fato de que pode existir uma coletividade organizada sem autoridade, isto é, sem coerção, sendo admitido – e os anarquistas devem admiti-lo, senão teria sentido -, nos leva à organização do partido anarquista. Um matemático, um químico, um psicólogo, um sociólogo podem afirmar que não têm programa, ou que seu único programa é a procura da verdade; eles querem conhecer, e não agir. Entretanto o anarquismo e o socialismo não são ciências: são objetivos, projetos que os anarquistas e os socialistas querem pôr em prática e que têm necessidade de ser formulados em programas bem determinados.
Basta ver o que sempre se passou entre nós: quanto menos organizados nos encontramos, mais submissos estivemos à vontade de um indivíduo. É natural que assim seja. Logo, longe de criar a autoridade, a organização é a única solução contra a autoridade e a única maneira de fazer com que cada um de nós se habitue a tomar parte ativa e consciente no trabalho coletivo e deixe de ser um instrumento passivo nas mãos dos chefes. Entretanto, nos dirão, uma organização supõe a obrigação de coordenar sua própria ação com a dos outros, o que viola e impede a iniciativa. Parece-nos que o que realmente priva a liberdade e torna a iniciativa impossível, é o isolamento que reduz à impotência. A liberdade não é um direito abstrato, mas a possibilidade de fazer alguma coisa: é verdade para nós e também para a sociedade em geral. É na cooperação com os outros homens que o homem encontra a razão de ser de sua atividade e de seu poder de iniciativa.
“Ficaríamos muito contentes se pudéssemos estar todos de acordo e unir todas as forças do anarquismo em um movimento forte, etc. É preferível estarmos desunidos que mal unidos. Mas gostaríamos de esperar que cada um una-se a seus companheiros e que não haja forças isoladas, isto é, perdidas.”
E. Malatesta. Anarquismo e Organização

São as massas as que fazem a revolução, mas as massas não podem prepará-la tecnicamente. Fazem falta os homens, os grupos, os partidos, ligados por livres pactos, comprometidos ao segredo, de posse dos meios necessários que podem criar essa rede de comunicações rápidas indispensáveis para o rápido conhecimento de todos os fatos suscetíveis de provocar um movimento popular e sua rápida propagação. E quando dizemos que a organização revolucionária deve ser uma organização específica construída fora dos partidos oficiais é porque estes tem outras tarefas que excluem o segredo necessário para as coisas ilegais, mas é também, sobretudo, porque não temos confiança na vontade revolucionária dos partidos afins a nós, tal como estão hoje constituídos.
“Toda idéia nova, toda instituição nova, todo progresso e toda revolução tem sido obras de minorias.”
E. Malatesta. El pensamiento de Malatesta. Capítulo IX La revolución

Eu creio que as revoluções não se fazem sem as massas, mas é preciso começar a tomar as massas tal como são. As multidões são móveis, mas se em certo momento nos abandonam as voltaremos a encontrar quando as circunstâncias nos sejam precisas. O importante é que haja uma vontade revolucionária nas minorias mais capazes de reagir e rebelar-se com o próprio esforço contra o ambiente. O importante é formar núcleos, o mais numerosos que se possa, de acordo, mas de gente consciente, segura e abnegada, que em sua hora saibam mover as multidões.
É preciso, portanto, em tempos normais atender ao trabalho longo e paciente de preparação e organização popular e não cair na ilusão da revolução a curto prazo, fatível só por iniciativa de poucos, sem suficiente preparação nas massas. A esta preparação, enquanto sejam possíveis em ambiente adverso, tendem entre outras coisas a propaganda, a agitação e a organização entre as massas, que não devem ser descuidadas nunca.
A um partido autoritário, que procura se apropriar do poder para impor as próprias idéias, interessa que o povo siga sendo uma massa amorfa, incapaz e portanto que siga sendo sempre fácil de dominar. Por conseqüência, não deve desejar mais que aquele pouco de organização, e do tipo que lhe interessa, para alcançar o poder: organização eleitoral, se espera alcançá-lo por meios legais; organização militar se conta, por sua vez, com uma ação violenta.
Temos nos dado o dever de lutar contra a presente organização social e de abater os obstáculos que se opõem ao advento de uma nova sociedade em que liberdade e bem estar estejam garantidos para todos. Para alcançar este objetivo, nos unimos em partido e procuramos ser o mais numerosos e mais forte possível. Mas se só estivesse organizado nosso partido; se os trabalhadores permanecessem isolados como tantas unidades indiferentes umas das outras e unidos só por uma cadeia em comum; se nós mesmos, além de estar organizados em partido enquanto anarquistas, não estivéssemos organizados com os trabalhadores enquanto trabalhadores, não poderíamos conseguir nada, ou no melhor dos casos não poderíamos nos impor…e então já não haveria triunfo do anarquismo mas um triunfo nosso. Por muito que nos chamássemos anarquistas, na realidade não seriamos mais que simples governantes e seriamos impotentes para o bem como são todos os governantes.
Como anarquistas devemos nos organizar, entre gente perfeitamente convencida e de acordo entre si, e entorno de nós devemos organizar, em associações amplas, abertas, a maior quantidade possível de trabalhadores, aceitos como são e nos esforçando para fazê-los progredir o máximo que podemos.
Não basta desejar uma coisa: se sequer obtê-la de verdade tem que se empregar os meios adequados para consegui-la. E estes meios não são arbitrários, senão que derivam necessariamente do fim que se aponta e das circunstâncias em que se luta, já que enganando-se a respeito da escolha dos meios não se chegaria ao fim proposto mas a outro, talvez oposto, que seria conseqüência natural e necessária dos meios empregados.
E. Malatesta. Ideologia Anarquista Editorial Recortes     

Por organização entendemos a união dos anarquistas em grupos e a união federal dos grupos em si, sobre a base de idéias comuns e de um trabalho prático comum a realizar.
Nem mesmo remotamente queremos nos solidarizar com idéias e métodos que não são os nossos e, consequentemente, desejamos evitar a confusão que nos une indiscriminadamente e que torna a nossa propaganda caótica, contraditória e sem resultado.
É preciso reconhecer que a organização é um meio de se diferenciar, de se precisar um programa de idéias e de métodos estabelecidos, um tipo de bandeira de reunião para se partir ao combate sabendo-se com quem se pode contar e tendo-se consciência da força que se pode dispor.
Assumimos o nome porque ele precisa a nossa idéia e as nossas proposições, porque ele possui o valor de um programa. Dizemos, por exemplo, partido anarquista, entendendo simplesmente por isso o conjunto de todos aqueles que combatem pela anarquia. Quando dizemos federação socialista-anarquista, pensamos na união pré-estabelecida dos indivíduos e grupos aderentes que, em determinada localidade, puseram-se de acordo em torno de um programa de idéias e métodos.
Todos aqueles que o aceitam formam a organização cujo programa foi assim auto-estabelecido, sejam eles grupos ou indivíduos; cada grupo e cada federação decide, através de sua correspondência, dos jornais, dos congressos, etc., a maneira pela qual concordam para desenvolver a ação comum, as formas de organização federal e os grupos e modalidades internas.
Entretanto, organizar-se e diferenciar-se daqueles que, em algum ponto essencial, não estão de acordo conosco na interpretação do termo e dos métodos da anarquia, não significa que pretendemos o monopólio do termo e do movimento anarquista ou que queiramos excluir quem quer que seja da grande família libertária. Mas sermos todos da mesma família, não significa que tenhamos todos as mesmas idéias e o mesmo temperamento, nem que queiramos fazer a mesma coisa e que estejamos de acordo sobre tudo. Na maioria da famílias é antes o contrário o que ocorre.
Os anarquistas que estão organizados sabendo já o que fazem pois as prórpias formas exteriores os lembram constantemente que estão associados , que discutem do seu ponto de vista toda a proposição, venha de onde venha, estão menos expostos as surpresas. Justamente porque a união faz a força, eles podem opor uma maior força de resistência as sugestões dos camaradas mais inteligentes, mais simpáticos ou mais ativos. Eles sabem se organizar e é reconhecidamente mais difícil manipular uma massa de pessoas conscientes de sua situação, do que uma numerosa quantidade de inconscientes.
A organização anarquista deve ser a continuação de nossos esforços e da nossa propaganda; ela deve ser a conselheira libertária que nos guia em nossa ação de combate cotidiano. Podemos nos basear em seu programa para difundir a nossa ação em outros campos, em todas as organizações especiais de lutas particulares nas quais possamos penetrar e levar nossa atividade, por exemplo nos sindicatos…Nossa organização especial pode servir igualmente como um terreno para a concentração anarquista (não de centralização!), como um campo de acordo, de entendimento e de solidariedade a mais completa possível entre nós.
Para que exista coerência entre teoria e prática, é preciso antes de mais nada que seja definido o programa teórico, nos limites do qual a prática se apóie para não contradize-lo.
A organização não é um órgão consciente em si, que guie os seus membros; são estes membros que a fazem segundo seus próprios critérios teóricos e práticos. A organização não pode transformar anarquistas em não-anarquistas, mas sim os anarquistas que mudando-se a si mesmos podem transformar uma organização anarquista em autoritária.
Muitos nos objetam que toda coletividade é suscetível de dividir-se em maioria e minoria, e que, em muitos casos a organização fará com que a minoria deva submeter-se a maioria. Nós, ao contrário, não admitimos dominações deste tipo, e por isso não damos nem a maioria nem a minoria o direito e os meios de poder se impor.
Certamente uma divisão de pontos de vista e de opiniões podem surgir. Se a discórdia brota das idéias e da tática fundamental, é preciso que as duas partes se separem, pois elas constituem, a partir de então, dois partidos distintos. Foi desta forma que nós, anarquistas, quando a diferença apareceu como irremediável e muito grande, separamo-nos dos socialistas autoritários no seio da Internacional.
Se for no próprio seio da organização que o desacordo surgir, que a divisão entre maioria e minoria aparecer por questões secundárias, sobre modalidades práticas ou sobre casos especiais, então não se pode acusar de incoerência nenhuma parte nem outra; então poderá ocorrer com maior ou menor facilidade que a minoria se incline a fazer conforme a maioria. Mas, como esta condescendência somente pode ser voluntária, todo o caráter de autoridade e coerção está ausente. É natural que sejam os menos numerosos que cedam pois mesmo estes serão de opinião de que é preferível, para a economia geral das forças, que seja uma minoria e não uma maioria quem suporte um dado inconveniente.
Em toda a convivência existe divisão de trabalho entre os associados; alguns deles devem se encarregar de funções sociais necessárias e úteis a todos. Tais funções possuem hoje em dia um caráter autoritário porque são exercidas em grande parte por organismos autoritários, mas não são em si a autoridade.
Creio que nenhum anarquista sustentará que em anarquia se deva abolir o serviço postal ou o ferroviário somente pelo fato de que hoje os correios e estradas de ferro são geridos de maneira infame pelo estado capitalista. O que vale para a sociedade futura vale para as organizações anarquistas, que delegam a alguns de seus membros responsabilidades para cumprir uma função determinada e não para exercer um poder. Delegação de função e não delegação de poder. Não se pode fazer mais do que delegação de função no momento em que em certo círculo não podem todos os camaradas ser ao mesmo tempo o tesoureiro e o secretário, da mesma forma de que não podem todos por-se a realizar uma função para qual basta o trabalho de um só.
A necessidade de tais mandatos amplia-se e torna-se mais forte quando a organização é maior e os seu campo de atividade mais amplo. Mas basta que os delegados não possam agir em nome da associação a não ser quando seus membros lhes tenham explicitamente autorizado; eles devem executar somente aquilo que os associados decidiram e não ditar aos associados o rumo a seguir.
Se algum gérmen de autoridade pode se personificar nestes representantes da associação este seria uma autoridade moral, sem perigo de que possa se transformar em autoridade coercitiva de fato. E um tal tipo de autoridade assim surgida nunca seria tão forte como aquela que um companheiro ativo e inteligente pode desenvolver em um meio desorganizado.
Luigi Fabbri. A organização anarquista

Há uma concepção que postula que a iniciativa espontânea das massas basta para fazer possível a revolução. Tal mito leva a uma demagogia populista, a apologia da rebelião sem princípios, eventualmente reacionária, a inação e a capitulação.
Em oposição a isto, encontramos uma concepção puramente voluntarista que atribui a iniciativa revolucionária unicamente a organização de vanguarda. Esta idéia contém, de fato, o germe da contra-revolução estatista e burocrática.
Próxima a idéia da espontaneidade, vemos uma teoria afim no qual a organização de massas, sindicatos por exemplo, não só são auto-suficientes, senão que suficientes para tudo.
Longe do espontaneísmo, do voluntarismo e do empirismo, destacamos a necessidade da organização anarquista revolucionária específica, concebida como a vanguarda consciente e ativa das massas populares.
A vanguarda revolucionária, certamente, exerce um rol de guia e liderança em relação ao movimento de massas. A organização revolucionária deve sua criação ao fato de que a maioria dos trabalhadores conscientes sentem sua necessidade, quando se confrontam com o processo desigual e coesão inadequada das massas. O que deve ficar claro é que a organização revolucionária não deve constituir um poder sobre as massas. Seu papel de guia deve ser concebido como a formulação, a expressão de uma orientação ideológica, organizativa e tática; orientação que deve ser precisada, elaborada e adaptada com base nas aspirações e experiências das massas.A função diretiva da organização revolucionária, sem nenhum meio coercitivo, só pode se manifestar em seu esforço por fazer triunfar sua ideologia, intentando que as massas populares se impregnem profundamente de seus princípios teóricos e de suas diretrizes táticas. É uma luta através das idéias e do exemplo. A vanguarda deve se dar por tarefa o desenvolvimento da responsabilidade política direta das massas, sua meta é o desenvolvimento da capacidade de auto-organização das massas. Esta concepção da “direção” é de uma só vez natural e educativo. Do mesmo modo, os militantes melhor preparados e mais maduros no interior da organização, tem o rol de guiar e de educar aos outros membros, para que todos fiquem bem informados e alertas, tanto no terreno teórico como prático, para que todos possam ser protagonistas em seu turno.
Se a minoria ativa se separa das massas, então não pode exercer sua função e se transforma em uma seita ou em uma classe.
Em última instância, a minoria revolucionária não pode ser mais que um servente dos oprimidos. Tem enormes responsabilidades, mas nenhum privilégio.
Sejam quais sejam as circunstâncias, a minoria nunca deve esquecer que seu objetivo final é desaparecer e se fundir nas massas quando estas alcancem seu maior grau de consciência, durante a realização revolucionária.
Na prática há duas formas em que a organização revolucionária pode influenciar as massas: está o trabalho em organizações de massas estabelecidas e está o trabalho na propaganda direta. Este segundo tipo de atividade toma lugar através de periódicos e revistas, campanhas reivindicativas e de agitação, debates culturais, ações solidárias, protestos, conferências e comícios públicos.Este trabalho direto é essencial para ganhar forças e para conquistar certa parcela de opinião pública, que seria de outro modo inacessível.
No interior das organizações de massas, sociais e econômicas, a influência deve ser exercida e fortalecida não através de um sistema de decisões externas, senão que através da presença ativa e coordenada dos militantes anarquistas nelas.
Este trabalho de inserção deve transformar a organização específica de minoritária a majoritária, ao menos desde o ponto de vista da influência.
Também deve ser evitada qualquer monopolização, seja concentrando todas as atividades da organização específica sobre a organização de massas, seja atribuindo inteiramente a direção da organização de massas a membros da organização específica, o que apartaria outras opiniões. Cabe ressaltar aqui que a organização específica deve promover e defender nos organismos de massas, não só um funcionamento e uma estrutura democráticas e federalistas, mas além do mais uma estrutura “aberta”, isto é, que facilite o acesso a estas organizações de todos os elementos que todavia não estão organizados, com o fim de que estas organizações adquiram novas forças sociais, estendam seu caráter representativo e permitam a organização específica ter o maior contato possível com as massas.
Mas no que respeita as questões de tática, o problema é diferente. Pode se buscar a unanimidade, mas só até certo limite, se, para conciliar as distintas posições, haja que renunciar a tomada de decisão: os acordos evasivos transformam a organização em uma casca vazia, sem substância nem utilidade, já que a organização tem por objetivo a coordenação das forças até uma meta comum. Então, quando todos os argumentos para as diferentes propostas tem sido feitos, quando a discussão não pode continuar sendo frutífera, quando as opiniões similares que concordavam em princípio tem se fusionado e ainda fica uma oposição irredutível entre as táticas propostas, então a organização deve encontrar uma saída. E para isso, só há quatro possibilidades:
a) Não decidir nada, rechaçar a ação, perdendo a organização, assim, toda razão para existir .
b) Aceitar as diferenças táticas e deixar cada um com sua própria postura. A organização pode aceitar isto em certos casos, em certos pontos que não sejam de crucial importância.
c) Consultar a organização por um voto que permita determinar uma maioria, a minoria aceitaria calar seu ponto de vista na ação pública, mas poderia seguir o debate no seio da organização, estimando que com o tempo, se sua posição é mais acertada com a realidade, acabará por triunfar. Tem se reprovado as vezes neste método sua falta de objetividade, ao considerar que os números não refletem sempre a verdade, e que as maiorias não tem sempre razão, mas é o único método possível. Além do mais, não apresenta tendências coercitivas, já que só pode ser aplicado ao ser aceito por todos os membros da organização, e ao ser aceito pela minoria como uma necessidade, permitindo assim experimentar as proposições táticas aceitadas.
d) Quando nenhum acordo entre a maioria e a minoria se mostre possível em algum assunto crucial, o qual demande que a organização tome posições, há, natural e inevitavelmente, um fracionamento.
Em todos os casos, a meta é a unidade tática, e se não se tente alcançar isto, então as discussões não são efetivas e as confrontações, infrutuosas. É por isso que a primeira solução possível, não dizer nada, tem de ser rechaçada em qualquer caso, e a segunda, admitir várias táticas distintas, só pode ser um fato excepcional.
Seguramente, é só nos encontros, onde toda a organização está representada (conferencias, congressos, etc…), nos quais podem se decidir a linha tática a seguir.
George Fontenis. Manifesto Comunista Libertário 1953.

A FAU pretende ser expressão política dos interesses das classes exploradas e os grupos dominados, e se põe a serviço dos mesmos, é um motor das lutas sociais.
Um motor que nem as substitui nem as representa. Que sim, pretende dinamizá-las e organizá-las, superar seu mero aspecto espontâneo, transcender os vaivens da conjuntura e assegurar continuidade as rebeldias, as lutas cotidianas, as expectativas e aspirações, etc.
Para nós, a Organização política é também o âmbito onde vai se acumulando a experiência da luta popular, tanto a nível nacional como internacional. Uma instância que impede que se dilua o saber que os explorados e oprimidos vão adquirindo atrvés do tempo.
A Organização Política atua também como o cenário de produção das análises conjunturais e das orientações fundamentais pertinentes. Por isso, é a Organização política a instância adequada para assumir os distintos e complexos níveis de atividade que pode exigir o trabalho revolucionário, a única instância capaz de assegurar o conjunto de recursos técnicos, materiais, políticos, teóricos, etc. que são condição indispensável para uma estratégia de ruptura.
 FAU. Declaración de Princípios 1993.

As atuações empurradas a força são difíceis de manter e podem nos levar a situações que não controlaremos e que não farão senão nos prejudicar. O convencimento e a participação não podem ser substituídos pela coerção, e a utilização desta, se não é em casos muito concretos e pontuais e respaldada por uma maioria forte, costuma ser sintoma de debilidade. Inclusive nestes casos, se temos ganhado essa maioria, o normal seria que seja ela a que exerça, e a coerção da maioria sempre sempre tem recursos para ser mais suave e adequada.
 Chema Berro y Jose Maria Olaizola. Sindicalismo y transformación social 1993.

Compreendo a disciplina revolucionária como uma autodisciplina do indivíduo, estabelecida num coletivo atuante, de modo igual para todos, e rigorosamente elaborada.
Ela deve ser a linha de conduta responsável dos membros desse coletivo, induzindo a um acordo estrito entre sua prática e sua teoria.
Sem disciplina na organização, é impossível empreender qualquer ação revolucionária séria. Sem disciplina, a vanguarda revolucionária não pode existir, porque então ela se encontrará em completa desunião prática e será incapaz de formular as tarefas do momento, de cumprir o papel de iniciador que dela esperam as massas.
Porque os anarquistas “de todo estilo e de todas as tendências” não representavam, mesmo em seus grupos específicos, um coletivo homog~eneo, com uma disciplina de ação bem definida, não puderam suportar o exame político e estratégico que lhes impuseram as circunstâncias revolucionárias.
 Nestor Makhno. Dielo Trouda 1926.

Como a febre amarela, esta doença de desorganização se introduziu no organismo do movimento anarquista e o tem abalado por dezenas de anos.
No entanto, sem sombras de dúvidas, esta desorganização se origina de alguns defeitos de teoria: notavelmente de uma falsa interpretação do princípio de individualidade no anarquismo, sendo esta teoria frequentemente confundida com a total falta de responsabilidade.
Dispersão e quebra de unidade são arruinantes: uma união bem formada é um sinal de vida e desenvolvimento.
Está na hora do anarquismo sair do pântano da desorganização, pôr um fim as infinitas vacilações das questões táticas e teóricas mais importantes, mover-se definitivamente em direção a um ideal claramente reconhecido, e operar uma prática coletiva e organizada.
Não é o bastante reconhecer a necessidade vital de tal organização: é também necessário estabelecer o método para sua criação.
Nós rejeitamos como teoricamente e praticamente inapta a idéia de criar uma organização baseada na receita da “síntese”, que está reunindo os representantes de diferentes tendências anarquistas. Tal organização, tendo incorporado elementos teóricos e práticos heterogêneos, seria apenas uma reunião mecânica de indivíduos, cada qual possuindo um conceito diferente das questões do movimento anarquista, uma reunião que eventualmente se desintegraria ao entrar em contato com a realidade.
O único método que leva à solução do problema de organização geral é, do nosso ponto de vista, reorganizar militantes anarquistas ativos baseando-se em posições precisas: teórica, tática e organizacional, a base mais ou menos perfeita de um programa homogêneo.
Os princípios fundamentais para a organização de uma União Geral de Anarquistas são os seguintes:
Unidade Teórica: a teoria representa a orça que orienta a atividade de pessoas e organizações por uma trilha definida e direcionada a um objetivo determinado. Naturalmente ela deve ser comum a todas as pessoas e organizações aderentes à União Geral.
Unidade Tática ou Método Coletivo de Ação: uma linha tática comum no movimento é de importância decisiva para a existência da organização e para o movimento todo: ela elimina o efeito desastroso de várias que se opõe entre si, concentra as forças do movimento, oferece à elas uma direção em comum levando, portanto, a um objetivo fixo.
Responsabilidade Coletiva: as áreas da vida revolucionária, sociais e políticas, são, acima de tudo, profundamente coletivas por natureza. A união toda será responsável pela atividade política e revolucionária de cada membro; da mesma forma, cada membro será responsável pela atividade política e revolucionária da União como um todo.
Federalismo: o tipo federalista de organização anarquista, ao mesmo tempo que reconhece os direitos de independência, opinião livre, liberdade individual e iniciativa de cada membro, requer deles que assumam deveres organizacionais fixos, e exige a execução de decisões compartilhadas.
Grupo Dielo Trouda. Plataforma de Organização 1926.

A pergunta para os anarquistas de todos os países é a seguinte: nosso movimento pode contentar-se em subsistir na base de velhas formas de organização, de grupos locais que não tem vínculo orgânico entre eles, cada um agindo do seu lado de acordo com sua ideologia particular e com sua prática particular? Ou nosso movimento deve ter recursos para novas formas de organização que irão ajudá-lo a se desenvolver e a arraigá-lo entre uma vasta massa de trabalhadores?
A organização anarquista não será possível se não existir um acordo teórico e organizacional, constituindo uma plataforma comum em que milhares de militantes possam reunir-se. À medida que aceitarem essa plataforma, ela deve ser obrigatória para todos. Aqueles que não reconhecem esses princípios básicos não podem se tornar, e ademais eles mesmos não iriam querer, tornar-se membros da organização.
Dessa forma, essa organização será a união daqueles que terão uma concepção comum de uma linha teórica, tática e política a ser realizada.
É isso o que caracteriza a responsabilidade coletiva: toda a União é responsável pela atividade de cada membro, sabendo que eles realizarão seu trabalho político e revolucionário no espírito da União. Ao mesmo tempo, cada membro é inteiramente responsável por toda a união, enxergando que sua atividade não será contrária aquela elaborada por todos os seus mebros. Isso não significa autoritarismo, como o companheiro Malatesta afirma com firmeza, mas é a expressão de um entendimento consciente e responsável do trabalho militante.
É por isso que ele só confere a assembléias e suas resoluções o papel de uma espécie de conversa entre amigos, na qual se pronunciam somente desejos platônicos.
Na verdade, qual seria o valor de uma assembléia se ela tivesse somente “opiniões”, e não trouxesse fatos que pudessem ser realizados na vida real? Nenhum. Em um movimento vasto, uma responsabilidade unicamente moral e não-organizacional.
Piotr Archinov. Dielo Trouda 1928.